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  • 11.10.15
Creo que en la actualidad a nadie le cabe la menor duda de que nos encontramos en la denominada cultura de la imagen, con sus pros y sus contras. A todo esto han contribuido las nuevas tecnologías digitales que en los últimos años han irrumpido con una fuerza inusitada. Es por ello que las imágenes, como formas visibles de los medios de comunicación, llenan las distintas pantallas, grandes y pequeñas, con las que estamos cotidianamente relacionados.



Hemos de tener en cuenta que, debido a esta sobreabundancia, pasado cierto tiempo se vuelven obsoletas de tanto ser vistas, por lo que es necesario renovarlas de vez en cuando. Eso es lo que recientemente hizo Google, el gigante de las comunicaciones digitales, cuando nos comunicó que rediseñaba su conocido logotipo, es decir, le daba una vuelta de tuerca al signo visual que millones de personas ya conocían porque lo utilizaban como buscador en los cinco continentes.

¿Y en qué consistió ese cambio? Pues sencillamente que dejó de utilizar las letras romanas, es decir, aquellas que acaban en ‘picos’ en sus extremos (siendo la Times New Roman, la más conocida) para pasar a un tipo de letras (por ejemplo, la Arial) que se llaman egipcias y que carecen de esos picos pareciendo más redondeadas. De todos modos, mantuvo los colores que las letras que forman el nombre.



Personalmente creo que el nuevo diseño es más simple y menos atractivo que el anterior; sin embargo, la empresa justificó este cambio diciendo que Google también se utilizaba mucho en los teléfonos móviles tipo smartphone y que este nuevo logotipo era más adecuado y próximo a los usuarios.

Pero no solo en el ámbito empresarial se realizan cada cierto tiempo cambios en los diseños que son representativos de las marcas comerciales, también en el político se rediseñan los logotipos con el fin de actualizarlos y hacerlos más cercanos a la gente.

Con relación a estas transformaciones, no hace mucho comenté la que se había producido en el logotipo del Partido Popular, que, por cierto, había sufrido diversas variaciones a lo largo de los años hasta llegar a este último en el que las iniciales, ya en vertical, se encuentran dentro de un círculo y por encima de ellas un trazo de doble curvatura en alusión a la gaviota que tanto tiempo les acompañó.

Lo cierto es que, personalmente, me parecía mejor el anterior al nuevo. Desde el propio partido se dijo fue una idea que nació en ‘Génova’. Y me lo creo, pues un buen diseñador gráfico hubiera apostado por otra forma, ya que la actual presenta algunas deficiencias visuales que no pasan desapercibidas para un buen conocedor del mundo de la imagen.



Pues bien, el cambio más reciente dentro de los símbolos visuales de las formaciones políticas es el que se ha producido en UPyD, es decir, en el denominado partido ‘magenta’, organización hasta hace muy poco liderada por Rosa Díez y que, precisamente ahora, no atraviesa sus mejores momentos, dado que el espacio ideológico en el que se encontraba ubicado se lo está “comiendo” el partido ‘naranja’, es decir, Ciudadanos.

En el caso de UPyD, sí creo que ha sido un cambio positivo el que se ha producido en su nuevo logotipo, puesto que del anterior lo que se recordaba era precisamente su color, dado que la articulación de las letras que lo componían era bastante confusa.

Ahora esas cuatro letras, en mayúsculas y gruesas, se encuentran unidas entre sí, con la singularidad de que la ‘Y’ aparece en negativo, es decir, surge del fondo blanco que se deja entre la ‘P’ y la ‘D’, destacándose de forma clara.



En la presentación del nuevo símbolo, su nuevo secretario, Andrés Herzog, manifestó que con la ‘Y’, que como todos sabemos es una conjunción copulativa, se busca la idea de unidad, de algo que suma, por lo que ellos no se plantean sus estrategias como una disyunción tal como hacen PP o PSOE, partidos que han sido las alternativas que han estado dominando el panorama político español durante décadas.

No sé si la gente será capaz de interpretar lo que manifiesta Herzog cuando vea el nuevo logotipo de UPyD; me temo que es bastante complicado que se saquen esas conclusiones, especialmente por una población saturada de imágenes, porque una cosa es acumular una ingente cantidad de impactos visuales y otra es saber interpretarlos hasta sus más recónditos significados.

De todos modos, y aunque yo me mueva en otra órbita de valores sociales y políticos, le deseo que tengan suerte en las próximas elecciones generales y se recuperen, pues he de reconocer que han trabajado bastante en las denuncias de los casos de corrupción que inundan este país. Aparte de que Andrés Herzog es una persona que me cae bien, pues no insulta ni descalifica gratuitamente, lo que ya es gran valor en este país en el que parece que el “y tú más” dicho a voces se convierte en la forma más normal de argumentar.

AURELIANO SÁINZ

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