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  • 24.10.15
Me ha parecido curioso que en el paseo vespertino que he dado por mi barrio he encontrado una frase escrita en el suelo y otra en la pared. Las dos tenían destinatarios parecidos o quizás eran el mismo o la misma. En cualquier caso, eran mensajes para personas que ya no estaban en la vida del emisor y estaban escritas desde la ansiedad del desamor.



"Aún recuerdo tu sonrisa", rezaba la de la acera, y sobre una pared cochambrosa se podía leer: "Hoy haríamos tres años". Yo los sentí como dos cuadros que tratan de sacar la rabia, la frustración, la pena, como en aquel cuadro donde Munch se representa y nos representa a tantos a los que nos gustaría chillar en medio de la nada. Supongo que los autores querrán hacerle llegar a sus exparejas estas frases para que el amor que no sienten se cree de la nada. Seguimos sin aceptar que no elegimos enamorarnos, simplemente pasa.

Ayer tuve una tarde tranquila en la que la sonrisa no me abandonó. Todo ello vino provocado por el encuentro casual con un chico. Hacía muchos años que no nos veíamos. Me dijo que yo seguía igual que cuando tenía diecisiete años y me miró con los mismos ojos que me observaba en aquella época. Yo sabía que yo le gustaba, pero mi corazón no le correspondía.

Ya sin la pena que me podía generar el no sentir lo mismo, me pareció tierno que recordara las fiestas en las que nos encontrábamos y que, al hacerlo, le brillaran los ojos. Él tiene una familia feliz y encontró su camino en la vida. A mí lo que me hizo sonreír fue el bonito recuerdo que este hombre tenía de esos momentos y la ilusión que desprendían su sonrisa y su mirada.

En este caso, las palabras fluyeron desde la bondad, sin frustración y sin reproches. Tengo solo veintiocho años, pero me siento mayor. Creo que he vivido mucho o quizás demasiado poco...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


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