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  • 1.11.15
Hace unos días, exactamente el 22 de octubre, fallecía Gloria Van Aerssen, quien junto con Carmen Santonja formara parte de ese inolvidable y maravilloso dúo llamado Vainica Doble. Inevitablemente, cuando leí la noticia un halo de tristeza me invadió, sabiendo que definitivamente se cerraba una historia a la que me sentí muy unido desde mis tiempos de estudiante.



En esos momentos me vino a la memoria todo un conjunto de recuerdos del largo tiempo en el que disfruté de sus canciones, cargadas de inteligente lucidez; de la ternura que desprendía la mayoría de ellas; de su rebeldía como modo de oponerse a las convenciones y las apariencias sociales; y, de modo especial, del enorme talento que ambas poseían para crear un mundo, tan propio y personal, que no me cabe la menor duda que ha sido irrepetible en el panorama musical español.

Poco después que supe que Gloria se despedía definitivamente de nosotros, comencé a escribir el que sería el último artículo sobre Vainica Doble, aunque no creo que sea el definitivo, ya que la huella que han dejado estas dos singulares mujeres permanecerá largo tiempo entre quienes llegamos a conocerlas.

Dentro lo que pude escribir acerca de ellas, destacaría el trabajo que apareció a finales de 2010 y publicado en el número 249 de la revista-libro Litoral dedicada al rock español y que fue, cómo no, coordinado por Manolo Bellido.

Sé que Vainica Doble nunca fueron lo que podríamos denominar ‘estrellas de la canción’, pues sus planteamientos a lo largo de su existencia estaban muy alejados de ese modelo. Para Carmen y Gloria sus melodías formaban parte de esa vida libre, creativa y sin ataduras que quisieron llevar, y que no se apartaron de la misma con el paso de los años, excepto en un disco en el que, lamentablemente, cedieron a las presiones del sello discográfico.

A pesar del alejamiento del establishment, tal como ellas decían, tuvieron incondicionales, como el que firma este trabajo, que siguieron con devoción todo lo que publicaron, desde su primer disco en formato single, conteniendo La bruja y Un metro cuadrado, nacido a finales de la década de los sesenta, hasta el año 2000, en el que falleció Carmen Santonja.

Con la desaparición de su amiga, Gloria entiende que ya no debe continuar el nombre que las unió durante más de tres décadas, por lo que el inicio del nuevo milenio supone el cierre de esa gran aventura.

Mirando hacia atrás, rememoro mi primer contacto con Vainica Doble que se produjo allá por 1971, siendo estudiante de Arquitectura en la Universidad de Sevilla. Al igual que muchos de mi generación, la música era una de mis grandes aficiones. Esto no es de extrañar, ya por entonces los Beatles, los Rolling Stones, Jimi Hendrix, The Who, Pink Floyd o Jehtro Tull nos alejaban del color gris de un país cuya dictadura alargó su sombra hasta la mitad de los años setenta.

Nunca olvidaré que, por entonces, en una de mis visitas a los anaqueles de las tiendas de discos (más para mirar que para comprar) tropecé con un elepé en el que aparecía dibujado una especie de recortable infantil, con un abigarrado grupo formado por soldados, enfermeras y personajes vendados, y, detrás de ellos, una especie de plaza de toros, en la que asomaban múltiples y pequeñitos rostros contemplando a los primeros.

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Sobreimpreso al recortable se mostraba el nombre de Vainica Doble. En aquellos momentos solo conocía este nombre por haber escuchado en la radio la canción Un metro cuadrado. No tenía más noticias del dúo; sin embargo, la portada me llamó poderosamente la atención, pues iba firmada por Iván Zulueta, uno de los grandes diseñadores españoles de aquellos años. Estas circunstancias me animaron a comprar el disco.

El acierto fue total, ya que no solo adquiría lo que con el tiempo se convirtió en una rareza musical, sino que con este disco se inició una admiración por Vainica Doble que no desaparecería con los años; todo lo contrario, a medida que iban saliendo sus canciones se consolidaba mi convicción de que nos encontrábamos ante dos creadoras inclasificables, que inventaban su propio mundo, sin seguir de ningún modo las directrices que marcaban las casas comerciales.

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Un año después, en 1972, saldría su segundo elepé, Heliotropo, en otra casa de discos, pues una constante de Carmen y Gloria era el cambio de sello discográfico. No es que ellas desearan pasar de uno a otro; la razón se encontraba en que, según les decían, eran ‘poco comerciales’ y no seguían las pautas del mercado, sino sus propios gustos creativos. Grave pecado que las condenó de ir de una compañía a otra.

En lo que a mí respecta, a medida que veían la luz sus discos, sus canciones comenzaban a formar parte de ese archivo musical en el que memorizaba sus letras. En Heliotropo, por ejemplo, se encuentra esa pequeña joya titulada “Habanera del primer amor”, canción por la que siento una especial predilección, tanto que, en ocasiones, cuando camino solo por la calle me descubro que la voy silbando en tono bajo.

A medida que entramos en la década de los setenta, Carmen y Gloria amplían sus ámbitos de creación, de modo que ahora no solo serán sus discos, sino también sus trabajos para la televisión y el cine. Así, destinados a la televisión fueron la sintonía y las canciones de la serie Fábulas, dirigida por Jaime de Armiñán, o las sintonías de Tres eran tres, Suspiros de España, Con las manos en la masa… o la banda sonora de la película Furtivos.

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Ver en directo a Vainica Doble se convirtió en una auténtica rareza, dado que Gloria sentía verdadero pánico a los escenarios. Sus actuaciones eran contadas y, si las hacían, sería en locales de un aforo más bien reducido. Es por ello que fue para mí un enorme placer presentarlas en la actuación que tuvieron en Montilla a finales del año 1981 en el Teatro Garnelo. La recuerdo como una función inolvidable, que, por suerte, la conservo grabada como grata evocación del primer contacto que tuve con ellas.

Para entonces, Carmen y Gloria ya tenían publicados cinco elepés. Aparte de los dos indicados contábamos con Contracorriente (1976), El eslabón perdido (1980) y El tigre del Guadarrama (1981).

Estos cinco trabajos forman lo que en la revista Litoral denominé como su primer período creativo. De esta fase quisiera traer hoy un párrafo que aparecía en ese artículo: “Si tuviera que destacar algo, aparte de su inmersión en el mundo de la infancia, comenzaría por una clara identificación de Vainica Doble con la naturaleza y todo lo que gira alrededor de ella. Podríamos considerarlas claramente unas pioneras de la ecología en el mundo musical español, cuando esa palabra era prácticamente desconocida para la mayoría de la gente”.

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Quizás, Carmen y Gloria no estuvieran muy de acuerdo conmigo en clasificar su trayectoria en dos períodos; sin embargo, la aparición de Taquicardia en el año 1984 supuso un cambio importante en la producción y un gran salto en su trayectoria.

El enorme talento y la sabiduría acumulada con el paso de los años se manifiestan en cada una de las quince canciones de este doble elepé, para mí uno de los trabajos más significativos no solo de Vainica Doble, sino del panorama del pop español.

Tras Taquicardia pareciera que se las había tragado la tierra. A sus seguidores no nos consolaba que salieran discos recopilatorios o pequeños trabajos. Nada menos que trece años transcurren entre esa maravilla y Carbono 14, que vería la luz en 1997. Era mucho tiempo. Algo sucedía.

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La salida de Carbono 14 nos sorprende y desconcierta a quienes las seguimos, ya que los arreglos no se correspondían con la trayectoria de las Vainica. Por otro lado, la portada en la que aparecen vestidas de astronautas con escafandras me pareció absurda.

Bien es cierto que allí había canciones magníficas, caso de “La tía Marieta” o “Desde que eres mi ‘marío’ ya no te quiero”, donde la gracia y el desenfado hacen sonreír a quienes las escuchan; sin embargo, los arreglos del resto de temas solo eran comprensibles por la imposición del sello musical en el que grabaron y que intentaba hacer ‘más comerciales’ a dos mujeres que superaban los sesenta años.

El adiós definitivo se produce con En familia, que ve la luz en el año 2000. En este disco ya se escuchaba débilmente la voz de Carmen Santonja, pues la enfermedad que padecía nos anunciaba su cercano fallecimiento.

Años después, lo hace su amiga del alma Gloria. Con su despedida de nosotros se cierra uno de los capítulos más inolvidables para los que seguimos casi con devoción a ese inolvidable dúo de mujeres que se aventuraron por la vida con el nombre de Vainica Doble.

Para mi amigo Manolo Bellido,
que también siguió su trayectoria.

AURELIANO SÁINZ

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