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  • 16.11.15
La noche del viernes, los fanáticos islamistas asesinaron a más de cien ciudadanos, varios de ellos españoles, en seis atentados en París, demostrando, una vez más, capacidad para actuar puntualmente en cualquier lugar de Occidente, en este caso Europa, y la suficiente crueldad para asesinar y rematar fríamente a víctimas inocentes y confiadas que, ajenas al odio de los fanáticos, acuden a hacer sus compras a un supermercado o se divierten en una sala de fiestas o en la terraza de un bar.



El presidente francés, François Hollande, decretó el Estado de Emergencia en todo el país, el cierre de fronteras y la prohibición de circular por determinados sitios y medios de transportes, según comunicó en un mensaje televisivo, con la intención de capturar a los terroristas y evitar que puedan seguir cometiendo otros delitos y escapar del país.

Francia, cada vez más implicada militarmente en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico, vuelve a ser golpeada en el corazón del país por el terrorismo islamista, al que el presidente galo señala como autor de la masacre: “Sabemos quiénes son y de dónde vienen”.

La libertad y la democracia que en estos momentos es atacada en Francia por comandos del terrorismo islamistas ya tuvo precedente con el atentado a la revista satírica Charlie Hebdo, el pasado mes de enero, en el que asesinaron a doce personas. Grupos medievales en su mentalidad y modelo social, pero sumamente actuales en armamento y maldad, intentan doblegar a los países libres, tolerantes y democráticos que participan en el combate contra el Estado Islámico que se extiende por Siria e Irak, implantando la barbarie y asesinando despiadadamente a los prisioneros que captura.

Hoy, como ayer, todos somos Francia y nos solidarizamos con su lucha contra el terror y el fanatismo de raíz islamista. Allí, como aquí cuando los atentados de Atocha, los demócratas han de responder con la unión y la fortaleza de sus convicciones por la libertad, la igualdad y la tolerancia, sin que ninguna bala de ningún kalashnikov haga mella en ellas.

El terrorismo islamista o de cualquier otro cuño, como manifestación de odio a quien no comparte su ceguera, sólo socava las demenciales razones de los que lo perpetran, pero no alteran, aun en medio del dolor y la sangre, los ideales de paz, libertad y democracia de quienes lo padecen en nuestras sociedades. Hoy, esta columna se solidariza con Francia en su lucha contra el fanatismo religioso y terrorista.

DANIEL GUERRERO


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