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  • 16.12.15
A medida que se acercan las elecciones, las conversaciones con familiares y amigos sobre a qué partido votaremos se repiten con mayor o menor pudor. Y también con más o menos recato se tiende a contestar con vaguedades, escurriendo el bulto. El argumento que se suele utilizar para evitar que alguien te encasille, con o sin razón, en algún partido es la de afirmar con cierta resignación que da igual a quien votemos, que siempre ganan los mismos, o que todos prometen pero nunca cumplen.



Este año el destino, o más bien Mariano Rajoy, ha decidido que las elecciones generales sean en Navidad, por lo que los tanteos indisimulados de nuestras tendencias políticas en comidas de empresa, copas de sobremesa y fiestas varias van a ser habituales. Con la única diferencia de que nuestra vieja excusa bajo la que disfrazar la indolencia generalizada hacia los políticos ya no vale. O al menos no funcionará si nuestra audiencia está mínimamente atenta a lo que ocurre en España.

Es cierto que durante las últimas décadas, elegir entre PP o PSOE no ha sido una decisión que alentara precisamente el espíritu democrático, más aún cuando en cada legislatura han hecho lo que han querido, lo cual, en el fondo, ha sido muy parecido. Sin embargo, en esta ocasión son cuatro los partidos que tienen posibilidades de gobernar y que han despertado un interés por la política que nunca antes se había visto en este país.

Desde luego, algo ha cambiado. Y lo ha hecho a todos los niveles. Hace una semana, un debate entre los tres candidatos a la presidencia más una suplente se convirtió en el programa de televisión más visto del año. Era el tema del que se hablaba en las redes sociales, en la calle, en las comidas familiares del día siguiente. Quizás los representantes de estos partidos no sean un ejemplo de coherencia, raciocinio y deliberación, que nuestra democracia no vaya a dar un salto de calidad abismal, pero no cabe duda de que estamos mejor que antes.

Y como prueba, el cara a cara del pasado lunes entre los candidatos del PP y el PSOE, en el que sólo faltó un filtro de blanco y negro para recordarnos en qué consiste la vieja política: en el ‘y tú más’, en las herencias recibidas, los ataques personales, la falta de ideas, el halo de inconsistencia y desconfianza, las mentiras y medias verdades… Todo lo que ha hecho que durante años suspiráramos cada vez que se acercaban las elecciones, porque se trataba de votar entre lo malo y lo peor.

Ya no hay pretextos para esconderse. Ahora hay programas electorales, confrontación de posturas, una considerable ilusión por cambiar las cosas. Es el momento de reivindicar la política y participar en ella, pues sólo así podrá estar al servicio de la sociedad, de todos nosotros. No sé si estas son las elecciones más importantes de la historia, lo que está claro es que, por primera vez, podremos elegir.

JESÚS C. ÁLVAREZ


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