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  • 5.12.15
Hoy he estado saltando en el alambre. Ha llegado el frío y me encanta. Me gusta pasear sintiendo el aire gélido en mi cara, me hace sentir viva, mis sentidos se agudizan y no me importa caminar. Creo que mi corazón despierta del sopor del estío y termina el enjaulamiento que mi tensión me impone. El calor me debilita.



Me maravilla la luz de estos días. El sol se aleja pero, a cambio, nos regala unos atardeceres incendiarios, con unos rojos que harían soñar a Tiziano. La naturaleza vive y el cielo arde. La gran mayoría de la gente prefiere la primavera, las flores, y los días más largos. A mí, sin embargo, me gusta la luz azulada que inunda mi habitación y que contrasta con el naranja de mi estufa.

En esta época mi casa es mi castillo, mi refugio. Aquí me quedo cuando quiero encontrarme. El azul me llama a la introspección, ya sea el ser mar, el del cielo o el de los días de diciembre. Hoy no he salido. El árbol de mi puerta aún no ha perdido todas las hojas, el termómetro marca siete grados en la calle y yo estoy aquí calentita con mi manta y las Memorias de Adriano.

Me acompaña mi mejor amigo: el jazz. Creo que al jazz le pasa como a las matemáticas: dividen el mundo en dos. Están los que lo odian y estamos los que lo amamos. Siempre he sido atea, bueno quizás siempre no, pero desde que tengo uso de razón, sí. Llevo muchos años sin pertenecer a ninguna religión, pero he descubierto que los seguidores de John Coltrane fundaron una iglesia en los noventa en su honor que se reúne cada semana en un pequeño local en San Francisco y me lo estoy pensando: música celestial es lo que sale del saxo en sus manos. Ahora suena su lado más caballeroso en mi iPod. Creo que le seguirá Chet Baker, el trompetista guapo que se dejó atrapar por el abismo y saltó un día de alambre para siempre.

En uno de mis últimos paseos vespertinos me encontré con la felicidad y es que una bolsa volaba bailando en un remolino de hojas secas y entonces recordé esa frase memorable de American Beauty: "A veces hay tantísima belleza en el mundo...". Y yo soy feliz cuando soy consciente de esa belleza, pero sobre todo me embarga la alegría cuando me doy cuenta de que estoy montada en este planeta azul que da vueltas elípticas alrededor de una estrella. Y estoy viva. Aunque sea sobre un alambre.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


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