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  • 3.1.16
Se está ya convirtiendo en una tradición que, llegadas las Navidades, la empresa burgalesa de embutidos Campofrío nos obsequie con un spot publicitario en el que la nostalgia se convierta en el punto central de la pequeña película que, en esta ocasión, se desarrolla en tres minutos. Acerca de las campañas de Campofrío hace un par de años escribí un artículo titulado Un gran anuncio con trampa, en el que desmenuzaba el spot dirigido por la directora de cine Icíar Bollaín y encargado por la empresa a la agencia publicitaria estadounidense McCann Erickson.



Para llevarlo a cabo, se realizaba una alta inversión económica, muy por encima de lo habitual, puesto que allí aparecían Alfonso Aragón (Fofito) como principal protagonista del anuncio, junto con un conjunto de caras conocidas del cine, el deporte, la música, el humor o el periodismo, como eran Chus Lampreave, Santiago Segura, Chiquito de la Calzada, los Morancos, Malú, Candela Peña, Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, etc.

Sobre él comentaba que, indudablemente, desde el punto de vista narrativo y fílmico, era una pequeña gran película, con bellas y cuidadas imágenes, que invitaban a la sonrisa, aunque con un fondo bastante cuestionable si analizábamos detenidamente el contenido de la misma, teniendo en cuenta que nos encontrábamos insertos en el centro de una grave crisis económica, política y social.

De todos modos, no es de extrañar que la crisis social que vivimos en este país fuera tratada de un modo un tanto superficial si tenemos en cuenta que la agencia publicitaria encargada de la campaña era estadounidense, aunque cuente con oficinas en nuestro país.

Sobre la agencia publicitaria McCann Erickson habría que apuntar que nació en 1902 de la mano de Alfred Erickson y que en la actualidad es un auténtico holding puesto que tiene oficinas en más de 120 países. Recordemos que uno de sus éxitos más sonoros fue la recreación moderna, allá por 1931, de la imagen de Santa Claus o Papá Noel, al ser transformado por el publicista Haddon Sundblom en el personaje que protagoniza los anuncios de Coca-Cola durante las Navidades, cuestión que ya abordé en el artículo anterior.

Si tenemos en cuenta que la publicidad ahora tiene que desenvolverse en este panorama de crisis para promocionar y vender los productos que salen al mercado, no es de extrañar que estas fechas sean propicias para rebuscar en sentimientos ligados a la añoranza y la nostalgia del pasado, con el fin de llegar a los potenciales consumidores.

En esa línea de rastrear en los buenos sentimientos, el año pasado la palma del éxito se la llevó el spot publicitario que había promovido la Lotería Nacional con motivo del sorteo de Navidad. Sobre el mismo escribí un artículo titulado El buen samaritano en el que realizaba un análisis de los significados que se derivaban de esa pequeña película.

Continuando con esta estrategia, en estas fechas de finales de diciembre de 2015 e inicios del 2016, la empresa Campofrío promociona de nuevo sus productos cárnicos a través de una pequeña y bella película de tres minutos titulada Despertar.



Una vez visto el spot publicitario, hay que apuntar que es una película excelentemente dirigida, otra vez, por Icíar Bollaín y en la que aparecen caras conocidas como Tristán Ulloa, que es el protagonista del relato, acompañado de Emma Suárez, haciendo las funciones de esposa.

El argumento es bien sencillo. En la primera escena, nos encontramos en la habitación de un hospital. Allí vemos a una enfermera que se lleva un buen susto al comprobar que el paciente comienza a abrir los ojos después de permanecer quince años en coma.

A partir de ese momento, y ayudado por su mujer, comienza a acercarse a la vida: reconocer a su hija, a la familia, a los amigos, al pueblo en el que vivía… De fondo, la magnífica voz de Estrella Morente que desgrana el viejo tango ‘Volver’, y que ya escuchamos en la película del mismo nombre de Pedro Almodóvar.

En el final de la película, el protagonista se encuentra con su mujer y sus amigos sentados en unas mesas de una plaza de un cuidado y tradicional pueblo (en este caso, se trata de Chinchón).

Tras el comentario desafortunado de uno de los presentes, el protagonista cierra con las siguientes palabras: “El mundo no ha cambiado tanto, pero, créeme, que hay demasiadas cosas por las que merece la pena abrir los ojos… Esto es la vida”.

Como era de esperar, la historia se cierra con una panorámica en gran plano general de la plaza donde aparece sobreimpreso el lema “Que nadie nos quite nuestra manera de ver la vida”, y, debajo del mismo, el logotipo de Campofrío.

Como he apuntado es un bello y bien construido spot publicitario, del que hemos visto las versiones completa y abreviada por los distintos canales de televisión, que se aleja de la mediocridad y falta de originalidad con las que se nos suelen bombardear otras marcas y empresas, caso de Media Markt o de Coca-Cola, por citar dos ejemplos comentados recientemente.

Sin embargo, no quiero dejar pasar una cierta reflexión crítica: en estos últimos años en los que estamos inmersos en una dura crisis, tal como he apuntado, se he impuesto la nostalgia, ese mirar hacia atrás en el que se entremezclan el sentimiento de un tiempo perdido con la melancólica añoranza de unas vivencias irrepetibles.

El pasado se convierte, pues, en una especie de refugio al que acudir en un mundo convulso, incierto, generador de angustias al no saber qué es lo que pasará más adelante, por lo que se busca amparo en la historia vivida, en la familia y en los amigos más cercanos.

Nadie duda que la familia y los amigos son dos grandes núcleos en los que el ser humano encuentra calidez en un mundo cargado de incertidumbres como es el que vivimos en la actualidad; sin embargo, la creatividad hay que explorarla en la aceptación de los retos que nos imponen los tiempos actuales, para ser capaces de encontrar soluciones al intrincado mundo de hoy. Pero esto es muy complicado para una publicidad cuyo objetivo, por encima de todo, es lograr la mayor venta de los productos que se promocionan.

AURELIANO SÁINZ

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