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  • 3.4.16
Vivimos en un mundo en el que las noticias se han multiplicado exponencialmente desde la aparición de Internet y los medios que se difunden digitalmente por la Red. No voy a hacer una valoración negativa de este fenómeno, pues, precisamente, gran parte de los artículos que escribo se divulgan a través de ellos, lo que para mí es un enorme placer, ya que los impresos en los que escribo tienen unos lectores muy determinados.



Lo que sí podemos comprobar es que ahora las informaciones se acumulan unas sobre otras, de modo que, muchas veces, acontecimientos de gran relevancia quedan solapados por mensajes y noticias más recientes que llegan desde distintos rincones del planeta.

Una de esas noticias recientes, que todos hemos conocido, ha sido la visita que ha realizado Barack Obama a la isla de Cuba, la primera de un presidente estadounidense desde la revolución castrista. Sobre ella, quizás no nos hayamos detenido a pensar en el gran cambio que supone no solo para las relaciones de ambos países, sino también para la de Estados Unidos con los pueblos latinoamericanos, relaciones que se encontraban maltrechas y en un estado de claro distanciamiento.

Y es que la historia del gigante norteamericano con los países de Centroamérica, el Caribe y los de América del Sur no fue precisamente modélica, por decirlo con palabras suaves. Ahí está todavía presente el duro e inhumano embargo al que ha sometido a la pequeña isla cubana, y que todavía permanece intacto, aunque, en palabras del propio Obama, se acerca el día en que desaparezca.

Pero he aquí que a la inteligente medida tomada por Obama de visitar durante un par de días al país caribeño se le sumó, de modo casi inmediato, nada menos que la de los Rolling Stones. Y acudían con la intención de actuar gratis ante el pueblo cubano.

De este modo, el 25 de marzo, a las ocho y media de la tarde comenzaba el concierto al aire libre en los aledaños de la Ciudad Deportiva, con Mick Jagger dirigiéndose en un incierto español a los asistentes con las siguientes palabras: “¡Hola, Cuba! Los tiempos están cambiando, ¿verdad?”.



¡Geniales! Jamás me los podría imaginar actuando en la isla de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Celia Cruz o Buena Vista Social Club, por poner unos ejemplos que me vienen ahora a la mente. Y todo ello en una isla en la que se habla un español marcado por los ritmos de la salsa, el son y las guajiras. Pero como preguntaba el inconbustible Mick Jagger, parafraseando a Bob Dylan, los tiempos también están cambiando… hasta en Cuba.

Contemplar las imágenes que nos han llegado de la actuación, no dejan de emocionarme, ya que pertenezco a la generación que conoció el nacimiento de las grandes bandas de rock, allá por la década de los sesenta. Beatles, Rolling Stones y los Beach Boys eran los tres grupos que me entusiasmaban. Por entonces empezaba a hablarse de los incondicionales de los dos primeros y de las polémicas por cuáles eran los mejores.

Recuerdo que en 1965, a mis diecisiete años, estudiando el “preu” en Badajoz, es decir el curso que anticipaba al acceso a la Universidad, me encontraba constantemente tatareando ‘The last time’ de los Rolling, a pesar de que por aquellas mismas fechas había salido el que sería el tema más emblemático que firmaría ese tándem formado por Mick Jagger y Keith Richards, es decir “(I can’t get no) Satisfaction”, el mismo que 51 años después de que saliera al mercado lo volverían a interpretar en La Habana, ante cientos de miles de espectadores.

Hablar de los Rolling Stones en un breve artículo no deja de ser una temeridad, pues, aparte de genialidad de quienes componen la banda británica, su larguísima trayectoria publicando discos y actuando en los escenarios han hecho de ellos un caso verdaderamente insólito y admirable, aunque no se fuera incondicional del grupo.

Bien es cierto que los Beatles pusieron muy alto el listón con los discos que publicaron en la década de los sesenta; pero es que el maratón que han cubierto los Stones impresiona, pues ver a Mick Jagger y compañía en los escenarios cuando han superado nada menos que los setenta años no deja de ser un caso único en la escena del rock.

A pesar de que es muy difícil elegir entre tantos elepés y cedés que han sacado al mercado, para mí, siempre estará en la cima Beggars Banquet (o Banquete de los Pordioseros), editado a finales de 1968, y que un amigo me proporcionó de una edición estadounidense cuando fue a la base de Morón.



Por otro lado, me encuentro entre los que darían cualquier cosa por haber estado en La Habana y verlos allí, en directo, entre el gentío que abarrotaba el entorno de la Ciudad Deportiva. Sé que difícilmente les hubiera vuelto a escuchar ‘The last time’, pues este tema ya ha quedado arrinconado dentro de los que han seleccionado para sus actuaciones; sin embargo, me hubiera traído de recuerdo el cartel que anunciaba su actuación en la capital cubana.

Y es que unir el logotipo que años atrás creara Andy Warhol para los Stones, tomando como referencia los labios y la lengua de Mick Jagger, y transformar esta última en la bandera cubana no deja de ser un claro mensaje de que en Cuba corren nuevos aires favorables al pueblo cubano.

La visita de Barack Obama tenía un claro tinte político de cambio en las relaciones entre ambos países; la de los Rolling Stones, que parecía casi planificada como la continuidad a la realizada por el presidente estadounidense, se entendía como la apertura a nuevas formas culturales y musicales hacia un pueblo que pide que cese el cruel embargo; aunque también, creo yo, es necesario que los logros alcanzados en educación, sanidad y trabajo caminen por los senderos de un socialismo con plenas libertades civiles.

Y es que como anunció Bob Dylan en su canción The Times They Are-Changin’ (Los tiempos están cambiando), allá en los comienzos de los sesenta, y que Mick Jagger lo ha vuelto a actualizar en este mismo año, nuevos vientos soplan en la hermosa isla de Cuba.

AURELIANO SÁINZ

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