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  • 24.4.16
Al finalizar el curso universitario, los estudiantes del último año de carrera se encuentran con el acto que celebra la terminación de sus estudios, por lo que es normal que se trate de una ceremonia académica cargada de emotividad, pues, aparte de la presencia de los padres, los alumnos son conscientes que se cierra un ciclo de sus vidas y que a partir de entonces se separarán, dejarán esa vida en grupo que han ido llevando y tendrán que enfrentarse a un mundo con todos los retos personales que ello supone.



El acto suele cerrarse entonándose por parte del profesorado (y del alumnado que lo conoce) el Gaudeamus Igitur, himno solemne que adoptaron las universidades españolas para aquellos eventos relevantes.

No se conoce bien su origen, aunque se sabe que se cantaba en los claustros universitarios alemanes a finales del siglo XVIII. Dado que la letra está escrita en latín, y que lo habitual es que solo se recuerden las primeras estrofas, es normal que el profesorado lo tenga colocado en el asiento dentro del programa de actos para poder seguirlo.

En este cántico, al tiempo que se alaba a los profesores, a la Universidad, a los mecenas, al Estado…, se encuentra un ensalzamiento de la juventud a la que se la invita a disfrutar dado que la vida es breve y, en última instancia, porque, según se dice en el texto, lo que les espera con el paso del tiempo es la triste vejez y la tierra en la que todos seremos sepultados.

Veamos algunas estrofas: Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes. Tras la divertida juventud, tras la incómoda vejez, nos recibirá la tierra. O también: Nuestra vida es corta, en breve se acaba. Viene la muerte velozmente, nos arrastra cruelmente, no respeta a nadie.

Como está escrito en latín, creo que esto aminora ese aroma de tristeza y de radical visión existencialista que se desprenden de algunos párrafos de tan insigne himno.

Pues bien, si en los respetables espacios de las universidades se invita a los jóvenes a que se lo pasen bien, a que disfruten, a que se olviden del futuro que les espera, ¿por qué las empresas no habrían de tomar esta filosofía y llevarla a sus campañas publicitarias? ¿No son los jóvenes los que están más dispuestos a las juergas, a alejar el fantasma de las penurias futuras y a aplicarse aquel aforismo latino que decía Carpe diem, o lo que es lo mismo Aprovecha el momento?

Efectivamente, los jóvenes parecen ser los que entienden mejor eso de que la vida es una fiesta continua, por lo que fácilmente acogen los eslóganes publicitarios de que no hay que hacer mucho caso a tantos ‘sermones’ como les llegan de los padres (y no digamos de las madres) para que se porten bien, para que estudien, que se preparen para el futuro, para que sean “hombres de provecho” (no existe “mujeres de provecho”, por lo dudosa que sería la expresión).

La publicidad entiende y manipula a su antojo los deseos irrefrenables de chicos y chicas jóvenes: no les suelta esos ‘supuestos rollos’ paternos cargados de precauciones en el sentido de que aprovechen el tiempo, de que no hagan locuras, de que lleguen a su hora… No, no, la publicidad está del lado de los jóvenes y les invita a festejar la vida. Adiós, pues, al “valle de lágrimas” o al “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, con el que se educaba a las generaciones precedentes.

Así, los anuncios les muestran un mundo placentero en el que hay que pasárselo bien las veinticuatro horas del día. Sutilmente, les dice que han venido a este mundo para divertirse; nada de penas, nada de lágrimas, nada de responsabilidades que tanto agobian. Ellos están aquí para disfrutar, ya que se lo merecen precisamente por ser jóvenes. ¿Qué sentido tendrían sus vidas si no es para convertirlas en una auténtica fiesta?



Y para que se les quite el sentimiento de culpa (si es que acaso lo tienen) de no querer asumir responsabilidades, veamos como ejemplo la campaña publicitaria que ron Ritual, una marca cubana, ha lanzado en nuestro país con un par de mensajes que podemos contemplar en revistas, en vallas publicitarias o en la Red.

Uno de ellos dirigido a los chicos y otro a las chicas, puesto que ellas deben saber que se acabaron las penurias, por lo que ahora es el momento de desinhibirse y de festejar que ellas también tienen (¿por qué no?) derecho al desenfreno. Veamos, pues, la propuesta de este ron.

En este primer anuncio que muestro se ve, en un entorno nocturno, a un joven lanzado al aire por un numeroso grupo masculino y femenino, como signo de celebración y triunfo. ¿Qué es lo que celebran?, nos podemos preguntar. Es de suponer que haber ganado algo relacionado con la fiesta en la que se encuentran o, quizás, haber aguantado al máximo bebiendo ron Ritual.

Pero lo más llamativo es el eslogan que acompaña, y que dice: “Tus padres estarán orgullos de ti”. Es decir, que los padres muy actuales y muy al día tienen que sentirse orgullosos de que su hijo haya batido un récord (¿de beber?) y que quienes le acompañan lo festejen efusivamente.

No me diréis, amigos lectores, que no es una auténtica invitación a pasárselo bien, a darle un corte de mangas a esos padres tan pesados y tan anacrónicos que constantemente estaban pendientes de lo que uno hacía y que cada cierto tiempo lanzaban consejos sin que uno se los pidiera. Hoy se lleva ser padres muy modernos, muy permisivos, es decir, muy colegas de sus hijos y que les felicitan por ser los reyes de la fiesta (bañada con ron Ritual, claro está).



¿Se ha olvidado el ron Ritual de las chicas? En absoluto. Ellas se han ganado a pulso que también las tengan en cuenta, por lo que esta marca (que, según parece, no tiene nada de machista), se dirige a las jóvenes para que se desinhiban y se lancen sin ningún miedo al ruedo.

El eslogan para ellas: “Ser bueno no significa portarse bien”. Así, en el anuncio vemos a una joven que, aupada por el chico que le acompaña, le saca la lengua al virtual espectador para que sepa que a ella le encanta también el ron Ritual, que está muy bueno, pero que eso no quiere decir que tenga que portarse bien.

No me diréis, amigas lectoras, que no es un auténtico mensaje para las chicas del siglo veintiuno. ¿Para qué narices hay que ser una buena persona si eso no te lleva a ningún lado? ¿No consiste, realmente, la liberación en hacer lo que a uno le viene en gana? ¿Acaso no han triunfado, por ejemplo, Belén Esteban y Olvido Hormigos sin dar un palo al agua y con el apoyo de las cadenas televisivas cuyas estrategias consisten en dar carnaza a una audiencia ávida de morbo?

Adiós a los estudios, adiós a los libros, adiós a pensar en un futuro trabajo con el que poder realizarse y cumplir con los sueños y aspiraciones personales… Hoy se lleva beber mucho, ser el centro de la juerga y convertirla en un ritual con el que cumplir de modo regular.

Como vemos, la publicidad viene en nuestra ayuda para decirnos que fácilmente podemos ser felices (ver Ya no soy tonto), tanto los hombres como las mujeres (ver Yo tampoco soy tonta), y que debemos aplicarnos la filosofía del Gaudeamus Igitur que el ron cubano Ritual actualiza a su modo para confirmarles a los jóvenes de que la vida es una auténtica fiesta.

AURELIANO SÁINZ

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