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  • 8.1.17
Tempranamente, la industria discográfica aprendió que los discos no estaban solamente compuestos de canciones o temas que los artistas interpretaban en esos vinilos que lanzaban al mercado, en cualquiera de los formatos: single, EP o LP. De las ingenuas portadas (tal como ahora las vemos) de la década de los cincuenta, se pasó, en la década de los sesenta, a los diseños de las carátulas de los elepés que realizaban especialistas para articular y reforzar los contenidos musicales con los visuales.



¿Quién, por ejemplo, no identifica el Abbey Road de los Beatles, no solo por algunas de las canciones que contiene el disco, sino por la forma con la que John, Paul, Ringo y George se encuentran cruzando el paso de peatones de esa calle londinense? ¿Es posible imaginar The Dark Side of the Moon de Pink Floyd sin el triángulo que, superpuesto a un fondo negro, es atravesado por un rayo de luz blanca y se descompone en los seis colores básicos?

Ahora somos conscientes de que cuando buscamos en los anaqueles de las tiendas de discos o en las cajas tan preciadas por los coleccionistas lo más inmediato es identificarlos por la imagen que tenemos archivada en nuestra mente.

Esta es la razón por la que, con el paso del tiempo, la historia de la música popular no es posible entenderla sin que se acuda a esas portadas que han ido marcando hitos en un panorama que en la actualidad es casi de especialistas por la cantidad tan ingente de discos que se han publicado a lo largo de décadas.

Pues bien, dentro de la variedad de diseños posibles, uno que merece la pena comentar es aquel que tiene al dibujo con trazos negros como base de la imagen de las portadas. He de reconocer que este tipo de proyecto gráfico no ha sido excesivamente habitual; sin embargo, conviene analizarlo ya que, por ejemplo, aparece en el emblemático Revolver de los Beatles o en el primero de Santana, ambos de la década de los sesenta.



En el número especial de la revista Rolling Stone dedicada a los 500 mejores álbumes de la historia del rock situaba a Revolver en el tercer puesto, tras Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band, de los propios Beatles (primer puesto) y de Pets Sounds de los Beach Boys (segundo lugar). Rockdelux, por otro lado, en su especial dedicado a los 200 mejores álbumes, lo consideraba el mejor de toda la discografía del grupo británico.

Por mi parte, tengo que decir que allí se encontraba esa pequeña maravilla que es Eleanor Rigby, canción por la que siento una especial predilección, pasión que no me ha abandonado con el paso de los años. Bien es cierto que allí también aparecían temas tan innovadores como Tomorrow Never Knows o Taxman.

Sobre este disco, Rolling Stone apuntaba: “Revolver demostró que, a partir de ese momento, en la música popular era posible cualquier cosa, tratar cualquier tema, desarrollar cualquier idea musical”. Cierto, las innovaciones que los Beatles proponían acabaron desarrollándose plenamente en su siguiente disco: Sgt. Pepper's

Pero no solo eran las innovaciones musicales que se planteaban en este elepé, sino que también la portada llevaba una propuesta innovadora en el campo del diseño gráfico. En la misma, a modo de foto-collage, Klaus Voorman, artista amigo de los Beatles de la época iniciática de Hamburgo, había realizado un dibujo a plumilla y tinta negra de los rostros de los cuatro componentes, al tiempo que pequeñas fotografías de los mismos quedaban insertadas en sus cabelleras. Aunque Voorman no volviera a realizar otro trabajo similar para el grupo británico, mereció la pena este diseño que sería continuado por otros grupos.



En 1969 ve la luz un disco en cuya portada se muestra el dibujo frontal de la cabeza de un león que abre la boca de modo amenazante. En la franja vertical de la derecha de la carátula aparece escrito el nombre del grupo: Santana, con las letras características que, naciendo del diseño de carteles y portadas de la psicodelia, se había divulgado por aquella década.

Era el primer elepé del grupo comandado por el guitarrista mexicano, ubicado en Estados Unidos, Carlos Santana. En el mismo se mezclaba el rock con los ritmos afrocubanos, siendo un claro exponente de las futuras fusiones que tanto recorrido tendrían años más tarde en distintos estilos musicales.

Antes de que apareciera este primer disco, Santana había actuado en el mítico festival de Woodstock del verano de 1969. Dentro del triple elepé que se editó de este macrofestival aparecía Soul sacrifice, que suponía un adelanto del estilo apasionado que se gastaba este genial guitarrista. Otro título que se hizo muy popular, e incluido en el disco, fue Jingo, la joya del álbum, donde la furiosa percusión alcanzaba el protagonismo del tema.

Pero el disco no fue solamente conocido por la música que desplegaba Santana, sino que la portada se convirtió en un enigma a descifrar, puesto que más allá del rostro del león aparecían subliminalmente otros rostros.

Si observamos detenidamente, por encima de los ojos surgen tres cabezas, al tiempo que otras dos se muestran de perfil por encima de la boca. Se completa este conjunto de cabezas, con el de la bruja de rostro negro que, cubierta por un gorro, surge por encima de la boca; debajo de los pelos blancos de la barba del león se muestran las piernas, al tiempo que en la lengua y en los colmillos inferiores se sugieren los pechos negros de esta oculta mujer.



La tercera portada que muestro dentro de esta línea de diseño es la que corresponde a Thom Yorke, el líder de Radiohead, cuando, en solitario y en julio de 2006, editó un disco que llevaba por título The Eraser (El borrador) dentro del sello independiente XL.

El disco tuvo una buena acogida, puesto que alcanzó pronto el número tres en las listas de álbumes del Reino Unido y el dos en la American Billboard 200, al tiempo que estuvo elegido entre los mejores de ese año en las revistas Rolling Stone y NME.



Conviene detenerse en el diseño de la portada creada por el artista Stanley Donwood, que ya anteriormente había realizado otras para Radiohead. En este caso, Donwood se basa en paneles de linóleo tallados que comenzó a plasmar en 1995, con el fin de crear distintas panorámicas de famosos edificios de Londres, y que son arrastrados en medio de una inmensa tormenta por el río Times. Por otro lado, todo ello se basa en la leyenda del rey vikingo Canuto el Grande, rey de Inglaterra, Dinamarca, Noruega y Suecia que pretendía contener las mareas del mar que unían sus tierras.

Antes de salir al mercado The Eraser, se llevó a cabo una fuerte promoción de modo que un modelo de tamaño natural similar al de la figura que aparece en la portada se colocó cerca de los emblemáticos monumentos de Londres durante determinadas horas seleccionadas del día.

A los aficionados que se acercaban se les invitaba a hacerse fotos de sí mismos con la goma de borrar, en caso de que la encontraran. Esta promoción continuó, una vez publicado el disco, con ‘merchandising’ en el que se incluían camisetas masculinas y femeninas.



Los grabados de Donwood no terminaron con la promoción indicada, sino que el diseño del disco de Thom Yorke se extendió a la casa XL, editora del disco, cuando fueron pintadas sus fachadas blancas con fragmentos de los largos paneles que había realizado. Ello nos da idea de hasta dónde alcanzó la difusión de la portada de tan esperado disco, que, por cierto, no defraudó las expectativas de los seguidores de Radiohead.

AURELIANO SÁINZ



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