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  • 11.3.17
De nuevo vuelvo a ser tierra arrasada por lluvia ácida. Se ha despertando el monstruo de la rabia y la ira, sin que yo sepa cómo domarlo. Llevo mucho tiempo haciendo como que he aceptado que mis padres me metieran en colegios internos, incluso en verano; que no me cuidaran; que solo me vieran en fotos y que les importara un bledo las noches de miedo que pasaba en esos colegios llenos de monjas frías y agrias. Yo era solo una niña y me abandonaron.



Esta mañana me han despertado los recuerdos, los fríos internos, los huecos emocionales, la rabia ante la desprotección. Todos los psicólogos a los que he ido me dicen que tengo que querer a mis padres para estar bien. Y una mierda. Aquí estoy jugando a hacer que los perdono mientras la frustración me parasita el pecho y quiero gritar que son unos cerdos; quiero pedirle explicaciones al cielo de por qué tuve que nacer.

Hoy la vida se me hace cuesta arriba y preferiría no existir, no haber salido nunca del limbo. No tengo recuerdos de ese sitio y eso es bueno. El limbo debe ser un buen lugar para no existir. No entiendo lo injusto del mundo: gente buena que quiere tener hijos y los criaría bien y no pueden; y gente desalmada que tiene una facilidad increíble para procrear.

¡Que difícil ser madre o padre! Yo lo tengo claro, conmigo se van mis genes. Punto final. Hay mucha gente que tiene hijos porque hay que tenerlos y otros para no estar solos. No quieren romper el cordón umbilical, no les dan libertad, ni los educan para ser responsables de su vida, para buscar su propio camino. Y los míos solo querían la foto. Me cosificaron.

¿Cómo sacar la rabia de dentro? ¿Cómo escupirla? ¿Cómo quererme lo suficiente para perdonarlos y olvidarlos? ¿Cómo puedo sacudirme el polvo de los zapatos del pasado y formatear mi cerebro para que hoy sea el día de mi nacimiento? Quiero hacerlo, necesito empezar de cero si quiero seguir en esta vida. La cuerda se tensa y mi equilibrio peligra.

¿Cómo sacar la mierda de mi mochila invisible? ¿Alguien me lo podrá decir? Los psicólogos no me han ayudado a apegarme a la vida; no han sido capaces de sacarme del valle de la muerte. Dejaré que pase este día como sea. Me iré al cine o me esconderé en un libro. Espero que la lucidez me visite de noche.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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