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  • 14.3.17
Durante mi campaña a la Dirección General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en junio de 2011, me comprometí, en caso de ser elegido, a erradicar el hambre en el mundo. Algunos de los candidatos se sumaron a mi promesa y, finalmente, todos coincidieron en defender este objetivo. Esta meta se volvió a recoger como prioritaria en la nueva agenda de sostenibilidad aprobada el pasado 25 de septiembre de 2015. Entre los 17 objetivos, el segundo subraya la necesidad de eliminar el hambre en el mundo.



Han pasado ya cinco años de esa elección en la dirección de la FAO y, sin embargo, la hambruna y las crisis alimentarias siguen estando dramáticamente presentes en el mundo. De nuevo, recientemente hemos vuelto a asistir al anuncio oficial del Gobierno de Somalia declarando catástrofe nacional la situación en su país y la necesidad de actuar urgentemente ante la eventualidad de que más de 260.000 personas puedan morir de nuevo de hambre.

Según los datos que ha publicado la OMS entre Somalia, Yemen, Nigeria y Sudán del Sur más de 20 millones de personas están en riesgo de morir de hambre en estos cuatro países. Añade, además, que más de 6,2 millones de personas, la mitad de la población de Somalia, necesitan ayuda alimentaria y otros 3 millones están hambrientos.

En mi programa durante la candidatura a la FAO denuncié las prácticas e inacción de la antigua FAO. Su incapacidad absoluta de predecir y evitar crisis similares. La falta de liderazgo para prevenir esta situación humanamente inaceptable. Señalaba que de no actuar, las "crónicas de hambrunas anunciadas" seguirían repitiéndose en un futuro y se convertiría en el "pan nuestro" de esta organización y que, por lo tanto, después de más de 70 años desde su creación, era la hora de que la FAO finalmente evitara estos dramas humanitarios.

Parece que no aprendemos y cuando escuchamos estas terribles noticias, al mismo tiempo, se anuncia el aumento en un 10 por ciento del presupuesto militar norteamericano y se eleva este a 639.000 millones de dólares. Frente a este incremento militar, la llamada in extremis del nuevo secretario general de Naciones Unidas para atender las necesidades urgentes de más de 22 millones de personas hambrientas en el cuerno de África cae en el más indiferente vacío.

¿Dónde está la FAO? ¿Cuál ha sido su posición? Hoy no caben excusas. Esta organización debería reflexionar y asumir que al no ser capaz de prevenir, evitar y resolver estas catástrofes humanitarias, la razón de ser de la misma desaparece. Sería mejor dotar a otras agencias u organizaciones la tarea de garantizar que no haya más muertos por hambre en este mundo.

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

DEPORTES - MONTALBÁN DIGITAL

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