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  • 9.7.17
Si se hiciera una encuesta de rango internacional para saber quiénes son los arquitectos actuales más conocidos (teniendo en cuenta que la mayoría de la gente conoce pocos nombres), sin lugar a dudas la encabezaría el británico Norman Foster. Y este reconocimiento no se debe a que sea un profesional mediático, sino que sus numerosos proyectos se encuentran esparcidos por los cinco continentes, algo verdaderamente insólito en esta profesión.



Aparte de que Foster tenga estudios en Londres, Madrid, Nueva York, Hong Kong y Abu Dhabi, y que en los mismos trabajen 500 profesionales de este ámbito, habría que calificarle de genio de la arquitectura y de la ingeniería, pues, aunque su título sea el de arquitecto, sus obras mantienen un nivel y una complejidad tecnológica que son necesarios sólidos conocimientos de ambas ramas.

No es de extrañar, pues, que en algunos de los libros que hablan de él lo califiquen de dos formas: maestro de la arquitectura global y referente del high-tech, es decir, de aquella arquitectura en la que los grandes avances tecnológicos son la base de los proyectos, aunque conviene apuntar que Foster busca que sus obras estén dentro de la “arquitectura limpia y sostenible”, según sus propias palabras.

Acerca del arquitecto británico, ya publiqué hace algún tiempo un artículo sobre su trayectoria, aunque, dada su relevancia, no me importa volver a él, pues es tan extensa su producción que daría lugar para varios trabajos. En esta ocasión lo haré en dos partes, de modo que, en esta entrega, me centraré en cinco de sus trabajos más significativos con nivel internacional y, en otra, me referiré a un conjunto de obras que ha realizado en nuestro país.



Brevemente, quisiera recordar que Norman Foster nació el 1 de junio de 1935 en la localidad británica de Reddish, por lo que en la actualidad cuenta con 81 años. En 1990, la Corte británica le invistió caballero y en 1999 le nombró lord con carácter vitalicio.

Tras graduarse en la Universidad de Manchester en 1961, y recibir una beca para estudiar en la estadounidense de Yale, conoció a otro de los grandes arquitectos británicos, Richard Rogers, del que hablé en otra ocasión (ver Arquitectura: Richard Rogers), y con quien compartió sus primeros proyectos bajo la firma Team 4.

Una vez disuelta la compañía con Rogers, creó Foster & Partners, que, como he comentado, ha desarrollado proyectos en los cinco continentes, aunque habría que precisar que el trabajo para África se ha llevado a cabo en Isla Mauricio.

En todas las publicaciones que hablan de la trayectoria de Foster se hace referencia a aquella obra con la que se inició su fama internacional, por lo que de nuevo hago referencia a ella.

Se trata del proyecto que firmara en 1979, tras ganar el concurso internacional, de las oficinas principales del Banco de Hong Kong y Shangái, edificio que se convirtió pronto en un icono de la ciudad, debido a sus más de 178 metros de altura y al hecho que sus cimientos superaban los 30 metros de profundidad.

Para comprender la envergadura de este proyecto, quisiera apuntar que el edificio se organiza a partir de cinco módulos prefabricados, construidos en la ciudad escocesa de Glasgow y transportados por mar hasta Hong Kong.

Para este caso, me parecen oportunas las líneas que Viviana Ortiz escribiera sobre esta obra en su libro dedicado al arquitecto británico: "Estructuralmente, el edificio es ligero: visualmente da la sensación de un gran número de puentes que conectan espacialmente las áreas y están sostenidos por esbeltos mástiles. Esta versatilidad estructural genera una limpieza visual sin obstáculos en el interior, por lo cual se divisan fácilmente la mayoría de los puestos de trabajo desde cualquier punto del edificio”.



Saltando un par de décadas adelante, entre 1997 y 2004 se construyó en Londres un edificio que se convertiría en un icono de la ciudad, no solo por la altura que tiene sino también por su estructura circular en planta, que se transforma en un ovoide en su crecimiento, logrando una forma aerodinámica que recuerda a un misil.

Me refiero a la Torre Swiss Reinsurance, edificio con una altura de 180 metros que puede ser visto en gran parte de Londres. Su forma circular dio lugar a que se implantaran seis intersticios (canales en toda la altura del edificio a modo de ‘pulmones’, en palabras de Foster) con conducciones que actúan como un sistema de ventilación natural, por el doble cristal que posee en la fachada.

La Swiss Reinsurance, tal como he indicado, terminó convirtiéndose en un verdadero icono londinense, al igual que sucedió con la Torre Agbar de Jean Nouvel en Barcelona. Ambas torres mantienen formalmente grandes semejanzas, por lo que, una vez superada la polémica inicial que generaron, han acabado siendo referentes arquitectónicos y visuales de ambas ciudades.



Otra de las grandes obras de Norman Foster fue la reconstrucción del Reichstag, el edificio que alberga el Parlamento alemán o Bundestag. Hemos de recordar que, en 1933, el Reichstag sufrió un incendio, cuyas causas no fueron nunca aclaradas de todo. Posteriormente, en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeado y destruido en su mayor parte. Sobre esos restos, se planteó un concurso restringido para su reconstrucción, recayendo la decisión final sobre el proyecto presentado por Foster.

Quienes visitan Berlín, y se acercan a contemplar el edificio, se encuentran con la parte inferior de estilo neorrenacentista, con la piedra como elemento básico del edificio, puesto que esta era una de las premisas del concurso, y, en la superior, con una cúpula acristalada que sorprende por la audacia del planteamiento.

La cúpula de Foster vino a reemplazar la original del siglo XIX, que estaba fabricada en cobre y cristal. La nueva cúpula, mediante rampas helicoidales, proporciona una plataforma de observación que permite el ascenso del público visitante por encima de las cabezas de los representantes parlamentarios presentes en la cámara en pisos inferiores.

La genial idea de Foster dio lugar a que se cambiara el concepto y función de privacidad de la actividad parlamentaria a considerarse un hecho público, puesto que las transparencias que planteó condujeron a que cualquier ciudadano contemplara la actividad de los políticos, hecho bastante insólito en el cerrado mundo de la política de cualquier país.



Puede sorprender que tras la monumentalidad de las obras de Foster haya un concepto de arquitectura sostenible. Lo cierto es que los términos de generación eléctrica solar, acumulación freática, calefacción geotérmica, energía eólica, refrigeración pasiva, colectores solares, doble vidriado hermético, etc., forman parte de las ideas de una arquitectura energéticamente eficiente y que son básicas en los proyectos que se gestan en las oficinas de este arquitecto.

Así, el centro de ocio Khan Shatyry, que fue inaugurado en el año 2010 en Astaná, la capital de Kazajistán, se rige en gran medida por estos criterios medioambientales.

Hemos de tener en cuenta que el diseño de este gigantesco centro estuvo determinado por el clima inhóspito del lugar en el que se encontraba emplazado, por lo que, después de introducir sistemas de sostenibilidad y de tratamiento de la energía, se logró un ambiente confortable durante todo el año, y ello teniendo en cuenta que la cubierta, que simula una carpa o tienda de campaña inclinada, posee la estructura más elástica del mundo.



La República Popular de China fue la encargada de llevar adelante los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín, una de las ciudades más pobladas del mundo, ya que cuenta con 21 millones de personas. Para tal evento, era necesario construir un nuevo aeropuerto que acogiera a los cientos de miles de visitantes que se esperaba que asistieran a los mismos.

A Foster se le encargó el reto de proyectar el mayor aeropuerto del mundo, dado que tiene una extensión de 1,3 millones de metros cuadrados, y con la capacidad de acoger a unos 50 millones de pasajeros al año. Desde el punto de vista estético, habría que apuntar que la forma de la terminal de pasajeros rememora a la figura del dragón, al tiempo que los cielos rasos de la misma contienen los colores tradicionales de China. Los datos anteriores ya nos dan la magnitud de este proyecto que, en el año 2009, es decir, el posterior a su terminación, recibió el premio al mejor edificio por la AJ100 Architects Journal.

AURELIANO SÁINZ

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