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  • 28.7.17
El tema de hoy es una patata caliente que va de mano en mano como “la farsa monea”. Desde luego es un tema que quema y provoca enconados enfrentamientos entre defensores y detractores. Este artículo solo pretende razonar no pelear. Soy consciente de que, con estas líneas, es posible que levante polémica, que desde luego ni la quiero ni la pretendo, y por supuesto no quisiera llegar más lejos de lo que pueda sobrepasar el respeto primordial a cada persona y a la defensa de los Derechos Humanos, que es el único paraguas que nos acoge a todos por igual



Aún así, si alguien se ofende vaya por delante mi petición de disculpas. Habrá quien pueda pensar que “excusatio non petita, accusatio manifesta”. Me excuso ante las personas y solo por respeto a ellas, que al leer estas líneas puedan no estar de acuerdo con mi línea de argumentación. Desde luego no me señalo como autor de ninguna falta, es decir no me acuso de nada porque, por expresarlo en términos religiosos, “no he pecado”. Tampoco tengo mala conciencia como para excusarme.

Ya en su momento fui causa de un expediente disciplinario, por parte de las autoridades académicas, al defender este asunto. Motivo: sustentar en público, ante un claustro de profesores, la laicidad de la escuela. Afortunadamente, dicho expediente no tuvo más trascendencia, gracias al buen criterio de algunas personas dentro del ámbito educativo.

Por supuesto no viene a cuento el color político de dichas personas y sí la malévola actitud del “interfecto” que me denunció. Doy toda esta información para que nadie pueda juzgar mi actitud como algo tomado a la ligera. ¡Respetad y seréis respetados!

¿A dónde quiero ir a parar? Todo esta perorata viene a cuento de los hechos que están acaeciendo en nuestro entorno con el tema de las capillas católicas existentes en las universidades públicas españolas, en algunas de las cuales ha habido “gresca”, dato que está pasando casi desapercibido (afortunadamente puesto que ya tenemos bastante problemas económicos, políticos, de eres y no eres, Pazos de Meirás o no me irás) pero que cual mancha de aceite se irá extendiendo por la geografía peninsular.

Los ataques contra los oratorios católicos (únicos existentes en los diversos campus universitarios españoles, que yo sepa) comenzaron en la Universidad de Barcelona en noviembre de 2010, una semana después de que el Papa visitara Barcelona y aludiera al “laicismo agresivo de los años treinta”. Frase desafortunada a mi entender, pues es muy peligroso convocar a los “demonios de un pueblo”.

No estamos para reproducir la historia (¿!?), aunque el pueblo que no la conoce (la historia) está avocado a repetirla. Los ataques reaparecen el 10 de marzo de 2011 en la Universidad Complutense de Madrid, en el Campus de Somosaguas y días después en la Universidad de Medicina de Valencia. El fenómeno laicista se extiende poco a poco.

Por supuesto, que pedir la laicidad de la Universidad no significa en ningún momento ofender la sensibilidad de los practicantes de la religión católica. Tengo que añadir que, a hilo del argumento anterior, me parece muy mal que un grupo de universitarios contrarios a las capillas, entraran en el recinto donde se celebraba el acto religioso, lanzando insultos y provocando a los asistentes.

Lamentablemente ese no es el camino de una posible solución al tema. Recordemos que ¡quien a hierro mata a hierro muere! y esa actitud de ofensa puede ser muy peligrosa. Busquemos el entendimiento entre las partes litigantes, antes que el descarado enfrentamiento, que no favorece a ninguna de los contendientes y sí exacerba y encona posturas.

¿Capillas religiosas en la universidad? ¡Vale!, pero todas o ninguna. Ninguna, ya que el Estado debe mantenerse al margen de cualquier manifestación religiosa, puesto que debe ser laico. Hablo del Estado en abstracto, a sabiendas de que lo componen personas que pueden profesar una u otra religión, pero siempre a título privado.

¿Que el Estado puede asistir oficialmente a un determinado acto religioso? Me parece bien siempre que esté mañana respetuosamente en otro acto de otra inclinación religiosa.

Estoy clamando por un Estado realmente laico. Si una religión está presente dentro de las instituciones del Estado, el mismo derecho tiene cualquier otra confesión para concurrir también. Pero, ¡España es católica! Era y por imperativo estatal. ¡O todas las religiones o ninguna! Evidentemente me decanto por ninguna y así no tendremos enfrentamientos religiosos de ningún tipo.

Pero no basta con que se decante en este sentido un humilde servidor, no. Voy a la ley y la Constitución de 1978 en el artículo 16.1 dice: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”.

Y en el artículo 16.3 dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Y quiero remarcar “y las demás confesiones" pues siempre hemos dado primacía a la religión Católica. De acuerdo que tradicionalmente España ha sido católica y alguna prioridad se le puede dar, pero va siendo hora de que pongamos las cosas en su sitio.

La Escuela (infantil-primaria, secundaria, bachillerato, la universidad) tiene que ser de una vez por todas intencionadamente laica, porque así lo pide la Constitución. Y por ende, quede claro, ideológicamente neutra, es decir que no se deben celebrar en sus dependencias actos políticos de ninguna tendencia o bien sí de todas las ideologías democráticamente admitidas.

Defendamos la neutralidad de la Universidad que siempre se ha caracterizado por ser un lugar abierto a las ideas y respetuosa con todas ellas. ¡O jugamos todos o rompemos la baraja!

No estoy en contra de ninguna confesión, cada cual puede profesar, defender, practicar la religión que le parezca más convincente, “más mejor”, más acertada, más verdadera. Todas ellas son auténticas desde el momento en que sus fieles así lo creen y así lo profesan.

Pero sí estoy a favor de un Estado laico, lo que significa que no se decanta por la exclusiva de ninguna creencia, ni la defiende ni la ampara, ni por supuesto la persigue. O lo que es lo mismo: defiende y atiende a todas por igual.

¿Que Occidente por tradición es de fe cristiana? Nadie lo pone en duda y a la vista están las manifestaciones populares de la misma. ¿Que Oriente en general, es de creencia islámica y algunas partes de mundo también? Seguro estoy de ello. ¿Que en otras partes del planeta hay otros tipos de culto? No tengo la menor duda.

El reparto de religiones en el mundo es un tema muy amplio y variado y desde luego excede de los límites de esta columna. Solo en síntesis, apuntaré que los cristianos son un 33 por ciento aproximadamente; los musulmanes un 21 por ciento; sin religión conocida hay un 16 por ciento de personas; los hinduistas suman un 14 por ciento y los judíos un 0,22 por ciento de la población mundial.

Estos datos aportan solamente una pincelada del posible reparto de posturas religiosas o no religiosas distribuidas en el conjunto total de la población mundial. Desde luego no están todas las que son (religiones) porque el tema es muy amplio y está fuera de página.

En definitiva el mundo se divide en "creyentes de…", que a su vez son "seguidores de…" y un cierto número de ateos, agnósticos y no creyentes. La pluralidad es una de las grandes características de la Humanidad.

PEPE CANTILLO

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