:::: MENU ::::
  • 4.7.17
Periodista, ensayista, autor de teatro y escritor, Sergio Vila-Sanjuán obtuvo con la novela Estaba en el aire el Premio Nadal 2013. Autor también de la novela Una heredera de Barcelona (2010) y de la obra de teatro El club de la escalera (2014), es miembro de la Real Academia de buenas Letras de Barcelona. Ahora, con El informe Casabona, Sergio Vila-Sanjuán se adentra en el género del misterio periodístico.



—‘El informe Casabona’ arranca con la muerte del empresario y mecenas Alejandro Casabona. A partir de ahí, el periodista Víctor Balmoral reconstruye su vida.

—Esta novela es una investigación sobre un gran hombre de negocios de la España de los últimos 70 años, sus momentos de triunfo y sus zonas oscuras.

—No hablamos de género negro. Eligió otro modelo narrativo a partir de la película de Orson Wells ‘Mr. Arkadin’.

—Es casi una novela negra pero aquí lo importante no es saber quién mató a quién, sino cuál es la verdad de la vida de alguien.

—Como usted bien dice, la literatura siempre maltrató al empresario. Y usted quería que en su novela el empresario fuera una buena persona.

—Yo quería reflejar una generación de empresarios de los años sesenta y setenta que eran europeístas, que eran demócratas y que querían que el país avanzara. Se les ha caricaturizado y yo quería dar una imagen más equilibrada.

—También ha querido destacar a Casabona como mecenas. De hecho, la burguesía catalana siempre fue muy sensible al arte.

—Sí. El mundo del dinero tiene siempre una derivación hacia el mundo del arte. Esto ha pasado en España y ha pasado en Estados Unidos. A mí me interesaba estudiar un poco qué es lo que hace posible este interés.

—Para Casabona crea el Partido Moderado y así poder hablar de la Transición española. Se inspiró en Antonio de Senillosa, político culto y monárquico.

—Senillosa es una de las referencias pero no la única. Pero sí que es verdad que es este tipo de políticos, como los que seguían a Areilza, que luego no acabaron de encontrar su lugar en el panorama político español, los que inspiran a la figura de Casabona. Un centro derecha civilizado con mucha sensibilidad cultural; gente sofisticada, gente elegante.

—¿Qué tiene el periodista Víctor Balmoral de usted? De hecho, en sus comienzos utilizó este mismo nombre como seudónimo.

—Yo le he prestado mi profesión y algunas de mis experiencias, como una anécdota que me pasó en la vida real con Gala Dalí. Le he prestado mi interés en el mundo de la cultura, mi background de investigador que he usado en algunos libros y dos o tres anécdotas.

—Se inició en ‘El Correo’ gracias a que consiguió una entrevista en exclusiva con Dalí. ¿Así de fácil o así de difícil?

—Yo conseguí una exclusiva con Dalí porque le llamé al teléfono y estuvimos media hora hablando. Pero es que luego Gala Dalí se enfadó mucho conmigo por lo que consideraba que era una filtración y me llamó para pegarme una bronca. Yo acabé subiendo a Cadaqués para ver un poco qué quería y, en fin, ahí se acabó la historia. Esta anécdota la cuento y se la pongo a Balmoral en la novela. Pero es la que me sirvió para cobrar mi primera nómina de periodista.

—A través de Casabona accedemos también al cine Western de los años cincuenta que usted veía a los quince años en el Club Capitol. Muy malo, por cierto, pero que a mí también me encantaba.

—Sí. Quería rendirle un homenaje al cine popular de los años cincuenta y sesenta, al cine policiaco español de esa época, que era bastante bueno, y al cine del Oeste, que era bastante malo, pero que nos marcó mucho en la infancia y en la adolescencia y que se hacía en España en dos sitios. Se hacía en Almería y se hacía al lado de Barcelona en Esplugas City, que era un estudio entero que reconstruía un poblado del Oeste y que unos años más tarde se quemó entero y ya no existe.

—Víctor Balmoral vive la precariedad del periodismo. Una característica casi innata al oficio, porque existía mucho antes de esta crisis.

—El pluriempleo es una constante de la profesión, aunque ha habido épocas mejores y peores. El personaje de mi novela trabaja en un periódico pequeño, pero se saca un complemento haciendo investigaciones biográficas. Como estos colegas nuestros que hacen libros familiares, que hacen perfiles de empresarios, etcétera, etcétera. Yo creo que esto es un complemento económico, pero para él también es una forma de meterse en ambientes muy diferentes que también le funcionan bien como periodista.



—Casabona es, de algún modo, un prototipo de empresario procedente del franquismo con convicciones democráticas que apostaron por el centro. ¿Sobreviven estos personajes a los nuevos tiempos?

—Yo creo que Casabona es el último de su generación. Este grupo de gente que eran niños de la guerra y que luego pasaron por el franquismo, por la Transición y muchos acabaron, como él, en el mecenazgo. Yo creo que actualmente haría falta este tipo de capitanes de empresa, pero a la vez con mucha sensibilidad para los temas culturales y, sobre todo, con mucha capacidad de diálogo que en la sociedad actual se echa en falta.

—Su personaje aporta una inteligente forma de resolver sus encuentros transcribiéndolos como entrevistas.

—Sí. A mí me gustaba que el libro tuviera esa palpitación y esa vida que tiene el documento. Es una novela pero trabajada como si fuera un libro de no ficción.

—En la novela introduce otra pequeña novela centrada en la persecución religiosa en la Barcelona de la Revolución anarquista.

—He intentado documentar una organización muy poco conocida y muy olvidada que es el Socorro Blanco, que dentro de la Quinta Columna era el grupo que se dedicaba solo a ayudar a gente a escapar y a salvar a curas y a monjas.

—Para el lector curioso, la novela tiene un hilo conductor simbólico: las corbatas verdes de Víctor Balmoral.

—Con la corbata verde de Balmoral, él, depende de quién se le acerca, le da una explicación diferente. Para unos es un símbolo de esperanza, para otros de dinero, para otros de naturaleza, de ecología. Con esto quiero simbolizar este tipo de personas que son muy magnéticas porque, dependiendo de con quién hablen, ajustan su discurso y cuentan una historia u otra. Esto pasa siempre. Los grandes políticos funcionan así y los grandes hombres de negocios también tienden a funcionar así. Para mí, el verde era un símbolo de esta capacidad de magnetismo.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍAS: ELISA ARROYO

DEPORTES - MONTALBÁN DIGITAL

FIRMAS
Montalbán Digital te escucha Escríbenos