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  • 11.11.17
El 31 de octubre de 1517, es decir, hace exactamente 500 años, el monje y teólogo agustino alemán Martín Lutero colgaba en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg sus famosas “95 tesis” por las que cuestionaba algunas de las indulgencias que el Papa concedía a través de las bulas, ya que era para él una manifestación de la avaricia dentro de la Iglesia. Podemos decir que este fue el punto de arranque de lo que posteriormente conduciría, por un lado, a la Reforma protestante y, por el otro, a la Contrarreforma de la Iglesia católica.



La Reforma protestante iniciada en Alemania se extendió por el centro y el norte de Europa, no sin antes dejar una historia de luchas cruentas (Guerra de los Campesinos en Alemania y la Guerra de los Treinta Años) que asolaron gran parte de las tierras del centro del continente y que marcaría definitivamente la separación de las confesiones cristianas.

Puesto que la ética protestante tenía como punto de partida y se centraba en la propia conciencia del individuo en su relación con Dios, la diversidad de ramas cristianas reformadas se hizo pronto patente. Así, en Inglaterra y dentro de estos movimientos reformistas, surgió la de los puritanos, dado que sentían que la Iglesia de Inglaterra no había realizado una ruptura definitiva con la Iglesia de Roma, al tiempo que denunciaban que el anglicanismo era muy dependiente del poder real.

Por otro lado, la búsqueda de una pureza extrema, que los acercara a la integridad que deducían de los propios Evangelios, acabó enfrentándoles con la realeza, por lo que pronto comenzaron a ser abiertamente perseguidos. Esto conllevó a que un grupo del movimiento de los puritanos, liderado por John Winthrop, el 6 de septiembre de 1620 embarcara en el Mayflower rumbo a las colonias de América del Norte para crear una Nueva Jerusalén y purificar a la religión anglicana de todos sus males.

El Mayflower, que llevaba 102 colonos o peregrinos, arribó a la costa este de América del Norte, formando la colonia de Plymouth en Massachussetts. Una vez asentados, el puritanismo, como moral rigurosa, se extendió por lo que hoy es Estados Unidos, marcando a este extenso país como una de sus características. Es bien conocido la multitud de sectas cristianas actualmente existentes, algunas de las cuales, como la de los amish, siguen persistiendo en esa pureza original, por lo que se niegan a aceptar los avances nacidos de la ciencia, como es el caso de la energía eléctrica.

De todos modos, los términos puritano y puritanismo han pasado al uso cotidiano de la lengua española para hacer referencia a la persona sumamente estricta y a una moral rígida, especialmente en el campo de la sexualidad y de las relaciones afectivas. Sobre esto suelen hacer un verdadero alarde como si ello fuera una auténtica virtud. Este va a ser, pues, el significado que nosotros apliquemos al título del artículo que estamos desarrollando.

Volviendo a la sociedad estadounidense, quisiera apuntar que una imagen que siempre me ha parecido que refleja la dureza y la frialdad de los puritanos y del puritanismo de este país es la que emana del cuadro denominado Gótico americano y que realizara, en 1930, el pintor Grant Wood.

En el mismo vemos a un hombre y a una mujer muy delgados, serios, rígidos, de mirada inflexible y de sensualidad reprimida. Detrás de ambos, una casa blanca con una ventada que recuerda a la de una pequeña iglesia de cualquier pequeño pueblo de la América profunda.

Esta sería una buena imagen que nos puede servir como introducción para comentar cómo el puritanismo más alucinante pervive no solo en algunos sectores de la población sino también como estrategia de control de ciertas empresas multinacionales nacidas en ese país y que se ha plasmado en un caso que explicaré a continuación.

Hace unos días recibí la noticia de que el último de los artículos de la serie 'Discos y portadas' no pudo ser distribuido por Facebook, tal como acontece habitualmente, porque esta red social rechazaba el logotipo de Roger Dean que servía de portada del mismo. La sorpresa fue mayúscula, pues ni aun cambiando esa portada, Facebook admitía su difusión. En cambio, sí pudo hacerse por Twitter, otra de las redes sociales utilizadas.

¿Razones de la negativa de Facebook? Suponemos que el “censor digital” de esta red social creía que la portada, basada en el logotipo creado por el diseñador británico, tenía un contenido erótico e, incluso, pornográfico. Tiempo atrás ya se habían tenido similares problemas con imágenes en las que se veía a una madre amamantando o simplemente en aquellas que apareciera un pezón femenino (no así si fuera masculino).

Ante este último disparate, voy a explicar el origen y la evolución del logotipo que Roger Dean creara para Virgin, el nuevo sello discográfico que vería la luz en 1973 con la aparición de un disco que fue un auténtico bombazo en aquel año: Tubular Bells de Mike Oldfield.

¿Quién no conoce? ¿Quién ha oído hablar de él? ¿Quién no ha visto en alguna ocasión la imagen de ese tubo circular que se dobla en el espacio? ¿Quién no ha escuchado nunca nada de Tubular Bells?

Yo me atrevería que es casi imposible que nadie en este mundo hiperglobalizado no haya oído algunas de las notas de este archifamoso disco del que Mike Oldfield se ha encargado de hacer múltiples reinterpretaciones del mismo hasta ya no saber si es posible sacar más provecho de la “sinfonía” que publicara con tan solo 17 años.

Sería el avispado Richard Branson, creador del sello discográfico Virgin, quien viera el auténtico filón que le presentaba ese chico imberbe y que él solito se había encargado de tocar todos los instrumentos electrónicos que se superponían unos a otros a lo largo de los casi 50 minutos que sumaban las dos partes del elepé.

Cuando Branson, el dueño de varias tiendas de discos en el Reino Unido, decidió crear Virgin Records se acordó de Roger Dean para que le diseñara el logotipo de su nuevo sello discográfico. Ya conocía la estética del dibujante británico, por lo que aceptó la propuesta que le ofrecía con el dibujo de una chica duplicada de manera especular (como si se reflejara en un espejo) en plena naturaleza y con un lagarto/dragón debajo de ella.

El conjunto estaría enmarcado en un semicírculo, pues que de este modo el logotipo le serviría no solo como presentación visual de la empresa, sino que también estaría presente en el centro de los elepés que editaría la nueva marca musical.

Nada de erotismo, nada de imagen subliminal, nada de pornografía. Los diseños de Roger Dean siempre aludían a personajes y mundos fantásticos, con ciertos toques de surrealismo dalinianos. La púdica desnudez de la chica que se muestra duplicada hace alusiones a la idea de virginidad que se deriva del propio nombre del sello y no a algo pornográfico (según consideró el “censor digital” de Facebook).

Puesto que la sociedad del actual capitalismo globalizado se mueve a ritmo vertiginoso, lógicamente, el diseño de Roger Dean, por su complejidad y “barroquismo”, quedó pronto desfasado como signo visual para representar a Virgin Group, el conglomerado multinacional hacia el que derivó la primigenia empresa del ahora Sir Richard Brandon. (Su Graciosa Majestad le concedió el título de ‘sir’ como premio a haber acumulado un impresionante emporio comercial. ¡Los milagros que hace el dinero!)

Como podemos ver, ahora el logotipo de Virgin se asemeja a un nombre manuscrito, con letras ascendentes y con una sencilla línea de rúbrica debajo. Todo ello muy en la línea de la simplicidad con la que se presentan los actuales signos visuales de las empresas.

No obstante, y a pesar de los grandes cambios que se producen en la sociedad de consumo en la que estamos insertos, hay cosas que en ese enorme país se resisten al paso del tiempo: el puritanismo, la barbarie y el gusto fanático por las armas, tres “cualidades” que perfectamente encarna y defiende ese alucinante personaje de tupé rubio que preside y representa a la América más profunda.

AURELIANO SÁINZ

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