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  • 9.4.18
Joaquín Leguina publica, junto a Rubén Buren, Os salvaré la vida, novela que recrea la vida del anarquista Melchor Rodríguez, El Ángel Rojo, quien evitó la muerte de miles de españoles de todo sesgo en la Guerra Civil. Su hazaña, infravalorada y olvidada, es la historia de un hombre justo y valiente, una de esas figuras que devuelve la fe en el ser humano. Esta obra obtuvo el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio 2017.



Leguina es novelista y, durante doce años, fue presidente de la Comunidad de Madrid y, durante once, secretario general de la Federación Socialista Madrileña (FSM). Rubén Buren es profesor universitario, dramaturgo, músico, humorista, pintor, guionista y director de teatro. Su ideología anarquista humanista es heredera de la de su bisabuelo, Melchor Rodríguez.

—'Os salvaré la vida' es un homenaje a la memoria de Melchor Rodríguez, el llamado 'Ángel Rojo', y la de aquellos anarquistas que lucharon por mejorar las cosas.

—Bueno, todos los anarquistas pensaban que mejoraban las cosas. Unos a tiros y otros con palabras. Yo prefiero a los de las palabras.

—Melchor Rodríguez salvó a más de 1.500 personas durante la Guerra Civil, sobre todo a gente contraria a sus ideas.

—Todos eran contrarios a sus ideas. Todos a los que salvó eran contrarios a sus ideas, porque eran gente de derechas. Pero tenían derecho a vivir, ¿no? Bueno, es un héroe.

—Su ejemplo más recordado aconteció el 8 de diciembre de 1936. ¿Qué ocurrió ese día?

—Los aviones de Franco bombardearon Alcalá y murió mucha gente. Además, Alcalá no estaba en el frente ni era un objetivo militar. Como respuesta a esa masacre, mucha gente se fue a la cárcel con la intención de matar a todos los presos. Él se puso enfrente y estuvo conteniéndolos durante horas con palabras y al final se fueron. Y salvó a los presos que había allí, que eran varios miles.

—Su frase más famosa: “Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por las ideas”.

—Es la frase de un humanista que lo define bastante bien a él.

—La auténtica protagonista de la novela es Amapola, hija de Melchor. De hecho, su coautor, Rubén Buren, es nieto de Amapola.

—Sí. Evidentemente sin Amapola y sin lo que contó Amapola a su nieto, esta novela no hubiera existido. Por eso la hemos hecho entre los dos.

—¿Y qué es lo que aporta Amapola?

—Toda la historia personal de Melchor, toda la historia familiar que, si no, no queda la novela tal como es. La novela tiene que tener esa historia de amores y desamores, encuentros y desencuentros.

—Durante la Transición fue intencionadamente olvidado. ¿Se trataba de sepultar las ideas anarquistas?

—No. Yo creo que se trataba de evitar que se supiera al homenajearlo la cantidad de asesinatos que hubo en la retaguardia madrileña republicana.

—Para ustedes, la Guerra Civil no fue una película de buenos y malos.

—No. Como casi siempre pasa, hay buenos y malos en los dos bandos. Evidentemente, los mayores responsables son los que se levantaron contra el orden y la ley, ¿no? Pero no son los únicos responsables de las batallas que luego vinieron.

—Como dice usted, reivindicar a Melchor significa, para la izquierda, aceptar que hubo asesinatos en la retaguardia republicana durante la guerra.

—Es evidente. Pero ¿por qué no se puede aceptar la verdad histórica? Los que levantan ahora la bandera republicana, como si aquello fuera un paraíso, se tendrían que enterar primero de lo que pasó durante la República y durante la guerra.

—Dice Rubén Buren que la derecha reconoce a Melchor como el único anarquista bueno. ¿No le parece demasiado selectivo?

—Bueno, la derecha no es una sola persona. Son muchas. Creo que hay otros anarquistas buenos que ya se encargó la derecha catalana de asesinar. Como Salvador Seguí, conocido como El noi de sucre, asesinado por la patronal catalana simplemente porque les ganaba las huelgas.

—Plantean ustedes que el principal problema de la Segunda República es que no se podía construir una democracia en un país donde no había demócratas.

—Había demasiados pocos. Es verdad. Ni los revolucionarios eran demócratas, ni los fascistas eran demócratas, ni los curas eran demócratas, ni los militares eran demócratas.

—Condenado por delitos de opinión, conoció la cárcel y estuvo condenado a muerte en un juicio amañado. Haga un perfil de Melchor en 140 caracteres.

—Es un obrero anarquista, humanista, salvó a mucha gente y era buena persona.

—Rubén es anarquista. Usted, socialista. No piensan igual. Se pasan el día discutiendo. A veces, imagino. ¿Se puede escribir a cuatro manos sin llegar a las manos?

(Ríe). Se puede y se debe. Pero, además, yo he aprendido mucho y nos lo hemos pasado muy bien los dos. Se va a repetir la jugada.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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