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  • 12.5.18
Cada cierto tiempo, y desde distintos medios, nos informan de los aniversarios de personajes famosos, sea del nacimiento o del fallecimiento, con la intención de recordarlos o de hacerles algún homenaje como reconocimiento a su obra. Aunque no sea con tanto énfasis, también es frecuente que se haga con entidades o empresas para conmemorar sus aniversarios, una vez que han transcurrido años cuyas cifras contienen algún cero.



Y es que, por ejemplo, haber cumplido medio siglo, un siglo, o más, es signo de distinción y prestancia, puesto que, en esta sociedad de tiempos acelerados en los que una noticia se superpone a la otra sin que la anterior haya concluido, supone recordar que antes de nosotros existía el mundo o, lo que es lo mismo, que el mundo y la vida no nacieron con nosotros, tal como se está tentado a pensar.

Pues bien, ya que hablamos de aniversarios, viene a cuento recordar que el día 5 de este mismo mes de mayo, hace nada menos que doscientos años, es decir, dos siglos atrás, nació un hombre cuya vida y obra supusieron una verdadera conmoción por los cambios y transformaciones sociales que, alentados por su pensamiento, se produjeron en la segunda mitad del siglo XIX y, especialmente, en el pasado siglo XX.

A pesar de ello, no he visto ningún periódico de larga tirada o ningún medio televisivo que hiciera mínimamente una semblanza de este personaje, como si se le quisiera ocultar, como si el paso del tiempo lo hubiera borrado de la faz de la tierra o como si se temiera que sus ideas volvieran a penetrar en los sectores más oprimidos de la desconcertada sociedad en la que vivimos.

Se trata de Karl Marx, o de Carlos Marx (si usamos su nombre castellanizado), quien había nacido, tal como he apuntado, el 5 de mayo de 1818 en la ciudad alemana de Tréveris, hace exactamente dos siglos.

Como no es un santo, ni un rey, ni un papa, ni un magnate, ni un afamado artista, el autor de El Capital o de El manifiesto comunista tiene que conformarse con el recuerdo de algún filósofo, de algún historiador o de algunos izquierdistas irredentos, de esos que siguen creyendo que existen clases sociales y que para entender los males profundos de nuestra sociedad conviene saber que vivimos en un sistema llamado capitalista que perpetúa y ahonda las injusticias sociales.



Puesto que la obra de Carlos Marx, y de los numerosos seguidores que continuaron sus tesis, es enorme, quisiera hacer una breve referencia al pensamiento de este hombre que soñó con una sociedad sin clases, aunque fuera para un futuro lejano. Y, se me ocurre, que lo mejor que podemos hacer es acudir a unos párrafos de El manifiesto comunista, pequeño libro que publicó, en el año 1848, junto a su amigo Federico Engels en Londres. Veamos lo que ambos dicen en el prólogo:

“La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos que se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante; veladas, unas veces, y, otras, franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes”.

De todos modos, lo más conocido de El manifiesto comunista, por la cantidad de veces repetidas, son el párrafo con el que Marx y Engels comienzan y la apelación con la que cierran esta breve obra.

Se inicia así: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”.

(Conviene apuntar que Metternich fue un príncipe austríaco, político y diplomático, de mentalidad altamente reaccionaria; y François Guizot un político francés, también del siglo XIX, con similares ideas a las de Metternich, y que expulsó a Marx de Francia).

El manifiesto comunista se cierra con una frase o llamada muy conocida por todos “¡Proletarios de todos los países uníos!”, arenga escrita con la intención de unir fuerzas obreras de los distintos países para cambiar el sistema capitalista que Marx y Engels conocieron en el siglo XIX.



Pero el capitalismo era mucho más resistente de lo pudieron imaginar ambos revolucionarios alemanes. No llegaron a saber que tiene numerosos resortes que lo hacen ser un auténtico fortín ante las embestidas que pudiera recibir. Así, en la actualidad, uno de los factores psicológicos más potentes que posee el capitalismo globalizado es el consumismo, esa sutil droga que penetra con suavidad en la mente de la gente, hasta lograr instalarse plácidamente en uno de sus rincones.

No es de extrañar, pues, que, también en este mismo 2018, McDonald’s celebre a bombo y platillo, nada más y nada menos, que ¡¡El 50 aniversario de su lanzamiento a escala mundial del Big Mac!! Todo un inmenso acontecimiento, un evento a escala planetaria que rompe barreras y barre fronteras entre las naciones.

Visto desde el panorama actual, a Marx no podía pasársele por la mente que, siglos después, el país que representa los valores capitalistas por excelencia habría lanzado por todo el planeta una bebida llamada Coca-Cola y una comida industrial cargada de calorías con el nombre de McDonald’s, que apasionan a niños, jóvenes y familias de todos los estratos sociales. Y más aún, que sus habitantes, especialmente los sectores más olvidados del sistema capitalista, llevarían a la presidencia a un ridículo y grotesco personaje llamado Donald Trump.

Sorprendentemente, muchos de esos asalariados con sueldos miserables de Estados Unidos acuden gustosos a los McDonald´s a zamparse un Grand Big Mac, bebiéndose medio o un litro de Coca-Cola y enfervorizándose cuando ven en la televisión a Trump, el mismo que les anuncia que les sacará de sus situaciones precarias con la construcción del muro que separará a EEUU de Méjico, para que no entren en el país los proletarios extremos, esos que provienen del Sur huyendo del hambre y la miseria.

Y es que en estos tiempos en que al capitalismo depredador se le llama “economía de mercado” o “democracia capitalista” por los que consideran que solo puede haber democracia con el capitalismo, resulta que quienes sí están verdaderamente convencidos de la existencia real de las clases sociales y de la lucha de clases son los magnates, caso del estadounidense Warren Buffet, quien tiempo atrás llegó a declarar: “Es cierto que la lucha de clases existe; pero también es cierto que la mía la ha ganado”.

Voy cerrando el artículo y, en estos momentos, es posible que alguien piense que se me olvida otro aniversario que no deberíamos dejar de lado: el cincuenta aniversario del Mayo del 68. Tendría toda la razón del mundo, pero ese mayo francés, que se inicia con las revueltas estudiantiles en la universidad francesa de Nanterre, merece la pena que lo tratemos detenidamente en otro artículo. No conviene mezclarlos degustando una ‘exquisita’ hamburguesa Big Mac junto a un gran vaso de Coca-Cola, pues es muy probable que aquella acabaría atragantándosenos.

AURELIANO SÁINZ

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