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  • 28.5.18
Escritor, periodista y especialista en comunicación, Daniel Ruiz (Sevilla, 1976) obtuvo con La gran ola (2016) el XII Premio Tusquets de Novela. Ahora publica Maleza. Su primera novela, Chatarra, obtuvo el Premio de Novela Corta de la Universidad Politécnica de Madrid y, años después, inspiró un corto cinematográfico preseleccionado por los Óscar en 2006. Este nuevo volumen recoge tres nouvelles: el relato inédito Maleza, que da título al conjunto, y dos historias rescatadas: Perrera y Carnaza.



—Nadie dijo que la vida fuera fácil, y menos en un barrio de la periferia como Balseras, cuyo epicentro es “un reducto pacífico, quien lleva navaja se la guarda y quien rumia un insulto se lo come”.

—Balseras viene a ser el barrio que habita en todos nosotros y que en cada cabeza se dibuja de una manera pero que en todos los casos es idéntico. Es un barrio periférico donde estamos obligados a sobrevivir y a aprender a subsistir.

—En efecto, Balseras parece más un bario de nuestra realidad que un producto de la imaginación.

—Está inspirado en barrios donde viví yo en mi infancia pero, efectivamente, es un barrio que es conocido por cualquiera de nosotros, porque hemos andado mil veces por sus calles.

—Maleza contiene tres 'nouvelles'. En la también titulada 'Maleza', Nolito, un disminuido psíquico, nos recuerda que también ellos saben qué es la ética y la venganza.

—Yo creo en un ambiente dominado por la animalidad que está muy presente en las tres nouvelles de este libro. Al final el más humano es el más diferente. Es decir, el disminuido, en este caso, es la persona que se sale de la norma. Ese prototipo que se sale de la norma es el que muestra más humanidad que el resto, porque el resto no son humanos.

—En 'Carnaza', un comercial de electrodomésticos se topa con una mano amputada de mujer. ¿Cómo se te ocurrió que llevársela a su casa era el mejor argumento posible?

—Porque solo un personaje muy desquiciado como este comercial podría incurrir en un gesto así. Es impensable que una persona normal lo haga. Pensé de qué manera el desquiciamiento puede llevar a una persona a incurrir en una conducta de ese tipo.

—En 'Carnaza' también dejas alguna huella de aquella profesión que es el periodismo y que nunca ejerciste del todo.

—Sí. Es verdad que he ejercido de manera intermitente, pero el tiempo suficiente para haber comprobado que no existe una profesión más bella pero, también, que haya sufrido más en los últimos años. Entonces, hay ahí uno de los personajes de la novela que tiene clara intención elegíaca de, digamos, cantar a un negocio que está muriendo.

—'Perrera', el título con el que abres el volumen, es tu segunda novela. En ella, un niño huérfano busca al asesino de su perro Bruto.

—Es una novela de animales humanos que se desenvuelven como animales y animales que tienen más humanidad que los propios hombres.

—Pese a la distancia en el tiempo en que fueron escritas estas tres historias, el lector tal vez no detecte el paso del tiempo. Como si un hilo invisible uniera estos tres relatos.

—Era mi pretensión de hecho, que se pudieran leer como un libro que ha sido escrito en un periodo de 15 años a través de tres momentos distintos pero que tiene una unidad y creo que esa unidad está especialmente conseguida por el broche final del relato final, que lo que busca es poner en relación los mundos. El mundo de la periferia y el mundo de la centralidad.

—Una mirada social, sentido del humor y de la ironía, y ambición estilística. ¿Esas serían las características que definen tu obra?

—Yo creo que has dado en el clavo. Podrían ser perfectamente. La preocupación social. Quizás no tanto la ironía como el sarcasmo. Y la renuncia a considerar que la novela social es una novela donde la forma no importa.

—Dices que tu vida es bastante aburrida para contarla. ¿Esa es la razón por la que tus textos no son autobiográficos o hay que escarbar más abajo?

—Hombre, yo creo que todo texto es autobiográfico y todas mis novelas contienen un elemento importante de autobiografía, pero de manera muy oculta. Yo creo que todos los que escribimos, al final, escribimos contando nuestras vidas de mil formas. Pero hasta ahora no he tenido necesidad de escribir testimonialmente porque, efectivamente, creo que lo que puedo decir desde el yo es menos interesante que lo que puedo contar a través de otras personas.

—Preseleccionado para los Óscars por tu corto 'Chatarra', del que eras coguionista. ¿Eso engorda o adelgaza un currículum?

—Bueno, yo creo que realmente lo distorsiona. Porque yo, antes que guionista, me he considerado siempre, y por encima de todo, incluso antes que periodista, escritor.

—Te interesa la literatura que cuenta las cosas que la Historia se reserva. ¿Ahí se esconde el alma humana?

—No sé si se esconde el alma humana, pero sí se esconden aspectos ocultos del alma que no trascienden o que no están expresados en la historia oficial. Yo siempre pongo el ejemplo de que me interesa, utilizando el símil como humorístico, cuando miramos en el espejo retrovisor y no identificamos los ángulos muertos. El espejo retrovisor sería la Historia y los ángulos muertos son los elementos ocultos de la Historia que raramente salen a la superficie y son esos los que como escritor siempre me han interesado.

—Te licenciaste en Periodismo. ¿Cuántas veces se te pasó por la cabeza emular 'A sangre fría' o 'Hiroshima'?

—Son grandes referentes y yo creo que, de hecho, si hay esperanza para el periodismo está, sobre todo, en los libros. Vamos a ver buen periodismo en los libros y no tanto en los periódicos.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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