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  • 30.6.18
Un nombre que ha hecho fortuna, porque han sido las propias trabajadoras las que decidieron ponérselo a sí mismas, es el de las Kellys, cuando las camareras de pisos o limpiadoras de los hoteles determinaron organizarse para plantar batalla ante las durísimas condiciones de laborales y de pérdida salud con las que tienen que afrontar diariamente un trabajo agotador y muy mal pagado.



Por lo que contaron a los medios de comunicación, les abonaban por cada habitación del hotel que limpiaban y dejaban lista para ser ocupada la cifra de 2,00 o 2,25 euros. Una cantidad a todas luces ridícula si tenemos en cuenta lo que pagan los clientes por pernoctar en los hoteles, especialmente los de las grandes ciudades y los de zonas turísticas.

Soy consciente de no ser el más apropiado para hablar de un sector laboral, mayoritariamente femenino, que en nuestro país alcanza una alta cifra de empleadas. Sobre lo que quisiera reflexionar es sobre el llamativo nombre que se pusieron para que claramente se las identificara: las Kellys.

Las pioneras de esta asociación, que portan camisetas de color verde, explicaban que se habían apoyado en un dicho popular “Las Kellys, las que limpian”. Personalmente, nunca había escuchado esa expresión, por lo que pregunté a profesoras amigas por si la habían oído alguna vez. Todas me contestaron que no tenían ninguna noticia de esa frase.

Quise seguir indagando para encontrar alguna explicación convincente que me aclarara las dudas. Al entrar por internet me topé con los argumentos más extraños y peregrinos. Algunos incluso tomaban como referencia al caló, lengua del pueblo gitano, para explicar la semejanza de “Kelly” con otra palabra de este idioma. Incluso en el portal que tiene abierto la RAE para el debate veía explicaciones nada convincentes y sin claro fundamento.

Pasó el tiempo, y hasta que cayó en mis manos el magnífico libro de la investigadora Kassia St Clair titulado Las vidas secretas de los colores no encontré una razón fundamentada del nombre que se han puesto las camareras de pisos de los hoteles.

Tengo que apuntar que el citado libro hace un repaso histórico por los orígenes de numerosos colores, puesto que no solo habla de los que habitualmente conocemos, sino también de las diversas variantes que tienen cada uno de ellos. Así, del verde, que es el que nos ocupa en esta ocasión, estudia la historia de las siguientes tonalidades: esmeralda, celadón, verdigris, absenta, viridiano, tierra verde, verde de Scheele… hasta llegar al verde Kelly o verde irlandés.

A pesar de ser profesor de Educación Artística en la Universidad de Córdoba durante muchos años, resulta no haber escuchado nunca el último nombre. Desconocía que hubiera una tonalidad verde cuya denominación procede de Irlanda y que lleva la denominación de Kelly, apellido muy común en esta isla.



Tras la lectura del capítulo del libro de Kassia St Clair dedicado al verde Kelly, creí haber dado con el motivo de la autodenominación de estas trabajadoras que, tal como he indicado, portan camisetas con este tono verde.

Para explicar con cierta coherencia lo que argumento, quisiera traer unos párrafos del citado libro para que conozcamos algo de la historia de este color, de su relación con la historia irlandesa y de por qué las Kellys han adoptado este nombre. “El verde Kelly, uno de los nombres que se da al primaveral tono hierba que mucha gente luce el día de San Patricio, es un invento bastante reciente que data de principios del siglo XX”.

Cuando St Clair dice que el nombre es reciente hay que entenderlo desde el punto de vista histórico, dado que ella comienza a describir la relación de este verde con la vida de San Patricio, el patrón de este país, remontándose allá por el siglo V.

La mayoría de la gente, si le preguntaran, diría que la conexión entre lo irlandés y el verde Kelly está relacionada con San Patricio. Todo lo que se sabe del santo es por él mismo: a lo largo de su vida, en el siglo V, escribió su Confessio, una crónica en latín de su vida, siendo el primer texto escrito en Irlanda que se conserva (…). Convirtió a muchos irlandeses al cristianismo y -según su fama- explicando el concepto de la Trinidad con una hoja de trébol”.

Ahora podemos entender por qué el trébol verde, tan habitual en los pubs de este país, es uno de los símbolos de la república de Irlanda. Ciertamente, acudir a una rama de trébol que posee tres hojas es un buen recurso para que aquellas gentes, ignorantes de las complicadas sutilezas teológicas, entendieran algo que escapa al raciocinio humano.

El verde (o verde Kelly a comienzos del siglo XX) se convirtió en el color que identificaba a los católicos, que era la mayoría de la población irlandesa; pero las luchas llevadas a cabo con la minoría protestante, cuyo color de identidad, el naranja, procedía de Guillermo de Orange, condujo a que también se introdujera este color en la bandera del país.

Una bandera verde, en ocasiones con un arpa dorada, se convirtió en el símbolo exaltado del movimiento Irish Home Ruling, que preconizaba la independencia irlandesa de Gran Bretaña (…). Al final, los irlandeses decidieron seguir a los franceses en la adopción de la bandera tricolor. El verde simbolizaba a los nacionalistas católicos, el naranja a los protestantes y el blanco a la paz que se confiaba reinaría entre unos y otros”.

Tal como he indicado, creo que la explicación que aporta Kassia St Clair en Las vidas secretas de los colores se convierte en un sólido argumento que, a mi modo de entender, explica el origen del nombre de las Kellys.

Es posible que algunas de ellas en los grandes hoteles de turismo, caso de Benidorm, uno de los lugares en el que nació la asociación, escucharan a visitantes, posiblemente irlandeses o ingleses, que las llamaran “Kellys” por las camisetas verdes que portaban.

Para cerrar, bienvenida sea esta asociación de las camareras de piso que ya también tienen su propio logotipo en el que aparece la “k” dentro de una de las cartulinas perforadas que se ponen en las manecillas de las puertas de las habitaciones con el fin de indicar si están o no disponibles para ser limpiadas (aunque en la portada del artículo se muestra solo el diseño de la letra “k”). Y, cómo no, es el color verde Kelly el que aparece en el fondo del logotipo adoptado. Ojalá sea también el de la esperanza en el logro de sus justas reivindicaciones.

AURELIANO SÁINZ

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