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  • 26.1.19
Con relativa frecuencia se suelen confundir a los hermanos mellizos y gemelos; sin embargo, desde el punto de vista biológico no hay ninguna posible confusión: los gemelos surgen de la división de un mismo óvulo que ha sido fecundado por un único espermatozoide, y que el cigoto, posteriormente, se divide, de modo que los niños o niñas gemelos comparten la misma carga genética, de ahí el gran parecido entre ellos.



En el caso de los mellizos en el embarazo materno se parte de dos óvulos diferentes que han sido fecundados por dos espermatozoides distintos en la futura madre. Esto conlleva que ambos puedan ser del mismo sexo o de sexo distinto, es decir, un niño y una niña pueden ser mellizos, pero nunca podrían ser gemelos.

De todos modos, también en el caso de los hermanos gemelos lo que apuntamos con respecto al proceso educativo en el artículo dedicado a los mellizos es aplicable a los gemelos: los psicólogos aconsejan que estudien en aulas distintas para favorecer el desarrollo autónomo de cada uno de ellos. Sin embargo, es habitual que los padres quieran que continúen juntos, con cierto carácter de excesivo proteccionismo.

Desde una sencilla lógica, podemos entender que si permanecen juntos de modo constante les va a resultar difícil hacer amistades, puesto que un compañero o compañera del aula tendría que hacerse amigo de los dos al mismo tiempo; cuestión que es muy complicada, dado que la formación de la amistad se lleva de uno en uno.

Por otro lado, por medio del estudio del carácter a través del dibujo de la familia, he comprobado que no siempre se da una relación igualitaria entre ellos o ellas, y que, con bastante frecuencia, aparece que uno tiene una posición dominante sobre el otro, llegando incluso, como comprobaremos, a la intimidación.

Para que entendamos la relación que se establece entre los hermanos gemelos, he seleccionado tres parejas de chicos, puesto que no contaba con parejas de hermanas gemelas, y veremos cómo se representaba cada uno de ellos dentro del tema de la familia.

Por otro lado, como ilustración de la portada de este artículo he elegido el que realizó una niña de 10 años acerca de su familia y en la que aparecían sus hermanos gemelos. Como puede apreciarse, comienza por la izquierda con la figura de su padre; le sigue la de su madre; en tercer lugar, se encuentra ella; y cierra con las de sus hermanos, a los que dibuja iguales, aunque uno de ellos, con el número 4, es de tamaño algo mayor. ¿La pequeña autora lo consideraba con más carácter que su “Henmano” que trazó al final? Esto no lo podemos saber porque no pude dialogar con ella.





De modo general, la compenetración entre los hermanos gemelos es lo más habitual, dado que los padres tienen un trato similar con cada uno de ellos. Ello viene favorecido por el hecho de haber nacido casi al mismo tiempo (para los padres, el primer nacimiento es una referencia para diferenciarlos como bebés).

A medida que crecen, los juegos compartidos es la norma en ellos. Esto puede apreciarse en los dos dibujos que acabamos ver, correspondientes a dos hermanos gemelos de 11 años. Por decisión de los padres, compartían el aula, por lo que, aunque estaban en mesas distanciadas, pudimos recoger sus trabajos en la misma prueba.

En el primero de ellos, podemos ver que L. ha dibujado a sus padres de modo frontal, al tiempo que él se encuentra trazado de perfil, recibiendo un balón que le llega “fuera de campo” y que, fácilmente, se deduce que se lo ha enviado su hermano. En el segundo, que realiza J., muestra a su padre trabajando en la parcela; él se encuentra chutando a la portería en la que se encuentra su hermano; al tiempo que su madre los observa.

Pero no siempre se da la compenetración como la que vimos en los gemelos L. y J. Hay casos en los que uno de ellos se muestra de modo abierto dominante sobre el otro. Es lo que comentaré en las dos parejas siguientes de gemelos.





La relación entre A. y S., hermanos gemelos de 10 años, era la de claro dominio del primero sobre el segundo. En este caso, hubiera sido necesario que se encontraran en aulas distintas, pues la presencia constante de A. se convertía en un problema para el desarrollo de la personalidad autónoma de su hermano. Sin embargo, los padres, equivocadamente, no eran conscientes de que las advertencias del profesorado eran bastantes acertadas, en el sentido de que era conveniente que estuvieran separados.

Como podemos observar en el primero de los dibujos, A. se representa el primero, como signo de seguridad y confianza en sí mismo. Después, a su lado dibuja a su hermano gemelo, pues quiere tenerlo a su lado. Pasa, posteriormente, a hacerlo de su madre y de su padre, de modo que todos se encuentran en un paisaje con árboles y la casa de la familia.

Sin embargo, su hermano gemelo S. comienza dibujando a su padre; pasa a su madre; en tercer lugar, a su hermano; y finalmente traza la figura que le representa. Como podemos apreciar todos sonríen, mientras que él, con las cejas enarcadas y los dientes destacados, expresa el temor que le provoca quien tiene a su lado. Debajo aparece su pez “Santi”, que parece ser la pequeña mascota con la que puede expresar su confianza.





Si en los gemelos anteriores había una clara relación de dominio de uno sobre el otro, en el caso de esta última pareja que presento adquiere carácter de temor. Se trataba de J. M. y de R., dos hermanos gemelos de 11 años, que estudiaban sexto curso de Primaria cuando realizaron sus dibujos. De igual modo, y siguiendo el criterio equivocado de los padres, se encontraban estudiando en la misma aula, cuando, lo más lógico es que estuvieran en espacios distintos para que el segundo empezara a confiar en sí mismo.

J. M., el primero de ellos, era de carácter extrovertido, abierto y muy seguro de sí mismo. En el dibujo que nos entregó, se muestra en el centro de la familia, al lado de su hermano gemelo, con una gorra y mirando a su hermano con gesto de sonrisa malévola, al tiempo que a R. lo traza con una mirada perdida, sonrisa tímida y como temiera la presencia del primero.

En cambio, en el dibujo de R., comprobamos que se representa en uno de lados, con los brazos pegados al cuerpo, junto a su madre, como si fuera su protectora. Sin embargo, a su hermano no lo representa dentro del grupo familiar, como expresión evidente del rechazo que mostraba hacia él, puesto sentía que se burlaba y que lo despreciaba siempre que podía.

AURELIANO SÁINZ

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