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  • 13.8.19
Un total de 20.951 alumnos de 94 centros docentes públicos de Córdoba han participado durante el curso 2018/19 en la actividades del programa educativo Aldea (Educación Ambiental para la Comunidad Educativa), que tiene como objetivo promover el desarrollo integrado de iniciativas de educación para la conservación de los recursos naturales y el fomento del desarrollo sostenible en el ámbito de la comunidad educativa andaluza. El programa ha contado además con la implicación de 1.838 docentes.



El programa Aldea, que desarrolla la Consejería de Educación y Deporte con la colaboración de la Consejería Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, se asienta en los cuatro pilares educativos que propone la Unesco: Aprender a ser; aprender a convivir; aprender a conocer; y aprender a hacer.

Aldea se configura como una herramienta para favorecer el desarrollo de las competencias clave del alumnado, el intercambio de experiencias educativas, el trabajo en equipo, la creación de redes profesionales, el trabajo por proyectos u otras metodologías activas e innovadoras que propicien, en definitiva, un cambio en conductas ambientales con nuestro entorno y que incida en la práctica educativa diaria.

Asimismo, este programa se estructura en cuatro líneas de intervención que incluyen diversos proyectos y actuaciones: Educación Ambiental e investigación participativa; Educación Ambiental sobre sostenibilidad y cambio global; Educación Ambiental para la conservación de la biodiversidad y Educación Ambiental en los Espacios Naturales.

Dentro de la primera línea dedicada a la investigación participativa, se incluye el programa de la Red Andaluza de Ecoescuelas, que forma parte de una red internacional que se extiende por 59 países. Una ecoescuela es un centro educativo que desarrolla un proceso de mejora ambiental, mediante la investigación a través de una auditoría y posterior corrección de las deficiencias detectadas, que supone asimismo un progreso en la práctica educativa.

Cambio climático, reciclaje y ecohuertos

El segundo ámbito de trabajo, dedicado a la sostenibilidad y el cambio global, tiene como objetivo implicar a la ciudadanía en la defensa del entorno desde la educación. Dentro de este apartado se desarrollan los proyectos Terral, de educación ambiental frente al cambio climático; Recapacicla, de residuos y reciclaje, y Ecohuerto, sobre la utilización de huertos escolares ecológicos como recurso educativo.

En la línea de la Educación Ambiental para la conservación de la biodiversidad, que busca promover actitudes como la curiosidad, el respeto y la valoración del patrimonio natural, se llevan a cabo los proyectos Semilla, sobre los ecosistemas forestales y la flora silvestre; Pleamar, sobre el medio litoral, y Educaves, dedicado a la conservación de las aves y sus hábitats.

Por último, se aborda el conocimiento y búsqueda de soluciones a los problemas socio-ambientales de los espacios naturales a través de los proyectos Doñana, Sierra Nevada, La Naturaleza y tú y actuaciones de educación ambiental en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)
  • 13.8.19
Hace unos días se produjo, desgraciadamente, la enésima matanza de ciudadanos inocentes en Estados Unidos a manos de un fanático descerebrado que, ejerciendo un controvertido derecho existente en aquel país a poseer armas de fuego, la emprende a tiros contra cualquiera que considere objetivo potencial de sus manías. Es, por tanto, el autor de tales crímenes el único culpable de unos hechos que horrorizan a personas dentro y fuera de Estados Unidos.



Y es que asesinar por las buenas –o por las malas, da igual– a clientes de un supermercado en la ciudad de El Paso (Texas), disparando contra la multitud con un arma semiautomática que deja un reguero de más de 20 personas muertas y decenas de heridos, es un crimen del que sólo cabe culpabilizar al que empuña el arma.

Como también lo es el autor de otra matanza en Dayton (Ohio), cometida horas después de la de Texas, en la que otro pistolero abrió fuego en el pleno centro de la ciudad contra los viandantes que andaban de copas a la una de la madrugada, provocando la muerte de, al menos, nueve de ellos y causando decenas de heridos, antes de que la policía abatiera al agresor, sólo un minuto después de comenzar la carnicería. Nadie pone en duda que ambos autores son culpables de sus fechorías asesinas. Y que merecen las consecuencias y castigos derivados de sus actos.

Pero más allá de la autoría material de los hechos, existen responsabilidades morales y políticas en quienes no impiden o, cuando menos, no dificultan que esos comportamientos criminales puedan manifestarse tan fácilmente. Porque un país, en el que comprar un rifle o una pistola es algo tan “normal” como adquirir chucherías en un quiosco, no puede limitarse a condenar sólo al que aprieta el gatillo en los crímenes que se cometen con tales armas de fuego.

Los gobernantes de ese país deberían dejar de escudarse en una mal entendida libertad para regular con el máximo rigor y mayor restricción la adquisición y tenencia de armas letales por parte de cualquier ciudadano, al que le mueve sólo el capricho de poseer un arma de fuego. Ya no se debe aguardar, si no se quiere ser cómplice involuntario, a que se cometa otra matanza de inocentes para abordar con seriedad un problema que sectores de la sociedad estadounidense y representantes políticos son reacios a reconocer y solucionar.

¿Cuántos muertos más hacen falta para admitir que la “libertad” de portar armas causa más estragos mortales entre la población que su prohibición o severa limitación? ¿De verdad sería más insegura la sociedad si careciera de “libertad” a portar armas de fuego? ¿Cuántos inocentes deberán pagar con su vida por una norma legal que ha demostrado su ineficacia para cumplir con su objetivo –la defensa personal– y constituye un peligro creciente para la seguridad del conjunto de la población?

Existen, pues, responsabilidades políticas por parte de aquellas autoridades que paralizan iniciativas tendentes a impedir la venta de armas de fuego a particulares, desoyendo los llantos y el clamor de las familias de las víctimas.

Porque por mucho poder e influencia que tenga la Asociación Nacional del Rifle (NRA en sus siglas inglesas y cuyo rostro fue Charlton Heston) y por mucha capacidad que tenga para ejercer de “lobby” de la industria de armas ligeras ante Congresistas y Senadores, es hora ya de exigir públicas responsabilidades a quienes banalizan la posesión de armas de fuego y hacen apología de las balas como instrumento de una supuesta libertad.

Libertad para matar sin que ninguna ley disuada ni obstaculice la facilidad para cometer asesinatos. ¿Qué impedimento existe para que el poder político regule este aspecto que erosiona la convivencia pacífica de la sociedad, como corresponde a su función? ¿Qué intereses tan formidables impiden una regulación legal más severa en el control de las armas de fuego?

¿Acaso la inmigración provoca más muertes que esa “libertad” de ir armado como para priorizar las leyes contra los flujos migratorios en vez de contra la adquisición y tenencia de armas? Hay, por todo ello, responsabilidades políticas por la desidia ante una lacra mortal que no se extirpa de la sociedad de Estados Unidos.

Pero también existen responsabilidades morales. Hay responsabilidades por avivar el odio y el rechazo a las minorías, especialmente la hispana, entre la población predominantemente blanca del país, por parte de sus máximos dirigentes. No son culpables de matar a nadie, pero sí de propiciar el ambiente de exclusión y hasta de miedo al diferente y de azuzar emocionalmente comportamientos xenófobos y hasta racistas en una población que no puede evitar ser plural y diversa, como es la estadounidense.

Y uno de los que debe asumir su responsabilidad moral y política es el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, quien no ha dejado de sembrar vientos en su campaña electoral y durante su mandato contra los inmigrantes, obsesionado en construir muros fronterizos y criminalizando continuamente al migrante, por lo que ahora recoge las tempestades que desatan sus mensajes supremacistas y sus iniciativas restrictivas de la inmigración por motivos raciales y religiosos.

Trump debe responsabilizarse –moral y políticamente–, al alentar el resentimiento racial, de los actos de violencia racista que han acontecido bajo su mandato, desde el de Charlosttesville (Virginia), donde la ultraderecha dejó un muerto durante un enfrentamiento con grupos antiracistas y del que culpó a ambos bandos, hasta los últimos del pasado fin de semana, uno de los cuales fue el mayor crimen racista contra hispanos en la historia reciente de Estados Unidos. Donald Trump es responsable por acción y omisión.

Por acción, al estar continuamente criminalizando al inmigrante y acusándolo de querer entrar en Estados Unidos para robar y violar, convirtiéndolo en el único culpable de todos los males que aquejan a esa sociedad. Ha sembrado odios y miedos infundados por motivos raciales y religiosos, sin más datos que confirmen sus denuncias del rechazo al inmigrante, sobre todo hispano, que su palabra y su convencimiento, como si fueran verdades reveladas.

Y lo hace cínicamente movido por la rentabilidad electoral que le proporciona blandir un supremacismo blanco y “autóctono” en una sociedad que recela de la multiculturalidad y de una globalización que obliga a competir y perder privilegios comerciales y económicos. Trump, aunque parezca lo contrario, no es tonto, pero es inmoral e indecente, hasta el punto de tener posibilidad de ser reelegido con los votos de aquella “américa profunda”, machista y racista, que teme perder su antiguo modo de vida.

Trump se ha dedicado toda la vida a agitar el miedo al inmigrante, acusándolo de ir a Estados Unidos a abusar de las ayudas sociales, quitar puestos de trabajo y aumentar la criminalidad, porque le depara votos, sin importarle que ello despertara el racismo latente y la xenofobia en una sociedad que hasta hace relativamente poco mantenía políticas de discriminación racial sobre la minoría negra de la población.

Pero también lo es por omisión, por no promover un mayor control sobre las armas de fuego en un país en el que, según un estudio del Servicio de Investigación del Congreso, de 2012, con una población de 321 millones de habitantes, posee 310 millones de armas, supuestamente para defenderse en nombre de la libertad.

Una “defensa” que, en la mayoría de los casos, se hace contra civiles desarmados e inocentes. Y en nombre de una “libertad” que ocasiona una media de 40 muertos al día, según datos de la organización Gun Violence Archive. ¿Y qué hace Trump ente este problema? No hace nada, salvo aventar el racismo, la intransigencia y el miedo entre la población.

Es verdad que la violencia por armas de fuego es crónica en Estados Unidos y no hay que endosársela al actual presidente. Viene de antiguo y obedece a circunstancias históricas que la explican, pero no la justifican. La tenencia y uso de armas está amparado por la Constitución estadounidense. Y cualquier cambio que restringa esa “libertad” es considerado una injerencia o intervencionismo del Gobierno.

Los republicanos y, por supuesto, Donald Trump defienden la consagración de esa “libertad” constitucional, según ellos necesaria para la defensa de cualquier persona. Pero, al menos, podría regularse para evitar que depare más perjuicios –mortales– que beneficios, más inseguridad que seguridad.

Es lo que procuró hacer su antecesor en la Casa Blanca, Barack Obama, quien a pesar de intentar endurecer el control de las armas de fuego, no pudo evitar que sus iniciativas fueran rechazadas por el Congreso y que todos los años de su mandato se vieran salpicados por alguna masacre con víctimas por disparos de armas en poder de particulares.

El único cambio significativo se produjo en 2007, cuando se prohibió la venta de armas a personas con trastornos mentales y antecedentes penales. Fue la mayor restricción jamás impulsada en Estados Unidos sobre la “libertad” de tener armas. Pero Trump ni eso.

Obligado por las circunstancias, Donald Trump condena ahora, por primera vez, “el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco” que han motivado la matanza de El Paso, una ciudad fronteriza con casi un 85 por ciento de población hispana. Y acude a esa ciudad a expiar su responsabilidad política y moral en un atentado de odio que el autor material del mismo ha confesado que responde “a la invasión hispana de Texas”.

Resulta un sarcasmo que el propio Trump, quien ha inoculado hasta la saciedad el miedo a la invasión para referirse a la inmigración hispana en todos sus mítines y declaraciones públicas, vaya ahora a esa ciudad a condenar el racismo y la intolerancia que él mismo promueve en la sociedad.

Y que no hace nada para atajar su manifestación más violenta, los asesinatos de inocentes, regulando un control más estricto de las armas de fuego. Así es la hipocresía del cínico que habita la Casa Blanca. Siembra vientos de odio, pero esquiva recoger las tempestades de violencia racista. Y, así, hasta la siguiente matanza.

DANIEL GUERRERO
  • 13.8.19
La Escuela Pública de Formación Cultural de Andalucía (EPFCA), dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico a través de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, ha cerrado el curso 2018-2019 con un balance más que positivo, gracias a los más de mil alumnos y al total de 84 cursos organizados en los seis primeros meses del año, con una media de alumnado por taller de 13 personas.



"Ello permite que la formación sea muy práctica y participativa, así como cumplir con uno de los objetivos de la Escuela de preparar al alumnado para el mercado profesional de distintos sectores de la cultura", resaltaron fuentes del Gobierno andaluz.

Además de las sedes físicas estables en Granada, Málaga y Sevilla, la Escuela cuenta con una plataforma virtual en la que se imparten cursos online para facilitar así la formación a las personas interesadas independientemente de su lugar de residencia. Con esta misma meta de ampliar la territorialidad de las acciones, gracias a acuerdos y colaboración con entidades locales, se han organizado en 2018-19 cursos en Córdoba, Huelva y Cádiz. Todos estos cursos, de una duración variable, que van desde las 12 horas hasta otros de 800, suman más de 6.000 horas de clase.

Los cursos que se han impartido abarcan muchas disciplinas: atrezzo, sonorización, vestuario, escenografía, iluminación, clown, voz, interpretación, videomapping, verso, fotografía, redes sociales, legislación o producción entre otras, y abarcan también diversos niveles, desde algunos cursos de iniciación para los que no es necesaria formación previa a otros especializados dirigidos a profesionales que necesitan reciclarse o a quienes necesitan ampliar conocimientos más específicos.

La Escuela Pública de Formación Cultural de Andalucía ofrece tres líneas de formación cultural: artística, técnica y de gestión. La enseñanza está orientada de manera muy práctica y con el objetivo de mejorar las competencias del alumnado de cara a la incorporación o mejora en el mercado laboral.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
  • 13.8.19
La primera vendimia del continente europeo, que cada año da comienzo en el marco Montilla-Moriles, ha iniciado en estos días su última fase con la puesta en marcha de las paseras, donde se extenderán al sol los racimos de uvas de Pedro Ximénez con el objetivo de procurar la deshidratación del fruto y la concentración de sus azúcares de cara a la elaboración del vino dulce. La falta de precipitaciones y las cálidas temperaturas de las últimas jornadas han favorecido que este año se registre una de las maduraciones más tempranas.



La pasera más grande de Europa, perteneciente a Bodegas San Acacio de Montemayor, seca sus primeros racimos de Pedro Ximénez bajo el sol de la campiña cordobesa desde el pasado viernes, convirtiéndose un año más en la primera en ponerse en marcha en el marco Montilla-Moriles dado que los viñedos de sus socios se ubican mayoritariamente en terrenos arenosos, lo que hace que las uvas maduren entre una semana y diez días antes que en el resto de la comarca.

Por su parte, la Cooperativa La Aurora de Montilla daba ayer el pistoletazo de salida a su pasera, situada en uno de los márgenes de la antigua travesía de la carretera nacional N-331, como consecuencia de "una vendimia marcada por la falta de lluvias en la primavera y un verano cálido".

"El verano está siendo cálido, aunque sin llegar a temperaturas muy extremas, y esto ha provocado que la vendimia este año vaya con dos semanas de antelación con respecto al pasado año", recordó el presidente de la Cooperativa La Aurora, Juan Rafael Portero, quien estimó que la falta de precipitaciones en la pasada primavera generará, en una primera estimación, una merma de en torno un 20 por ciento en la producción de este año, "y a la espera de la climatología en los próximos días".

Con todo, las bodegas y cooperativas de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles aseguran que, a pesar de la previsible merma en la producción de esta vendimia, los vinos se caracterizarán por una "gran calidad" ante la ausencia de enfermedades favorecidas por la humedad. "Sin duda este año la falta de precipitaciones reduce la cantidad de uva, pero es verdad que se está registrando una muy buena calidad", subrayó el gerente de Bodegas San Acacio, Juan Antonio Aguilar.

Sin previsiones de lluvias en el horizonte más cercano, el sector respirará aliviado por las uvas que ya se encuentran secándose al sol pues la llegada de precipitaciones pondría en jaque estos frutos. Un exceso de agua en el ambiente puede provocar la proliferación de hongos y, consecuentemente, la aparición de podredumbre gris, una enfermedad criptogámica que complica el proceso de crianza del vino, haciendo la fermentación más compleja.

De este modo, el sector señala que, con toda probabilidad, los vinos Pedro Ximénez de la DOP Montilla-Moriles volverán a tener una gran aceptación en el mercado en la próxima campaña pues la alta demanda que existe entre los consumidores de estos caldos, hace que apenas existan excedentes de un año a otro.

Junto con la Cooperativa La Aurora y Bodegas San Acacio, los principales productores de vino dulce Pedro Ximénez en el marco Montilla-Moriles siguen siendo las Bodegas del Pino de Montalbán, las Bodegas Galán Portero de Montilla, y la Cooperativa La Purísima de Puente Genil. En el caso de los vinos ecológicos, el gran referente sigue siendo Bodegas Robles, que extiende su pasera en el paraje de Villargallegos, en el término municipal de Santaella.

En los últimos años, la zona Montilla-Moriles ha destinado más de 9 millones de kilos de uva anuales a la elaboración de vino dulce Pedro Ximénez. El aumento de la demanda de este vino por parte de los mercados nacionales e internacionales ha llevado a las bodegas y cooperativas del marco Montilla-Moriles a incrementar su producción de manera paulatina.

I. TÉLLEZ / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
  • 12.8.19
La Feria de Turismo, Ocio Activo y Medio Ambiente (Intercaza 2019), promovida por la Diputación de Córdoba y el Instituto Provincial de Desarrollo Económico, celebrará su vigésimo tercera edición del 26 al 29 de septiembre próximos, contando además como prólogo con una serie de actividades que tendrán lugar en varios municipios de la provincia.



La presidenta de Iprodeco, Dolores Amo, ha señalado que “siempre hemos tenido clara la apuesta que la Diputación de Córdoba debía hacer por esta feria y la importancia de aportar en cada edición nuevas actividades e interesantes contenidos dirigidos a distintos tipos de público”.

Para ello, ha continuado, “es fundamental contar con la participación de entidades públicas y privadas de los sectores de la caza, el medio ambiente, el turismo, el ocio activo, productos alimentarios derivados de la caza, sector canino, cosmética natural, cetrería...”.

En este sentido, la también delegada de Asistencia Económica a los Municipios y Mancomunidades ha animado a las empresas interesadas a solicitar alguno de los stands o espacios exteriores que la organización ha puesto a su disposición mediante la presentación de la correspondiente solicitud, que podrá formalizarse hasta el 16 de septiembre en esta web.

En 2018 Intercaza contó con 45 expositores de los sectores más importantes que intervienen en el proceso cinegético, de empresas de turismo rural y de ocio activo. En total, ocuparon unos 70 stands. El programa de actividades contó con más de 150 actividades distribuidas en los cuatro días de duración de la feria. De igual modo, Intercaza acogió el VI Work Shop Internacional y Post-tour de Turismo Cinegético, promovido por Turismo Andaluz y el Patronato Provincial de Turismo de la Diputación.

La actividad cinegética en Córdoba

Atendiendo a los diferentes subsectores relacionados con las fases de desarrollo de la actividad, el volumen de negocio generado es superior a los 3.500 millones de euros, según un informe de la Real Federación Española de Caza.

La superficie y la cantidad de terrenos cinegéticos supone en torno al 80 por ciento de la superficie nacional, lo que refleja la importancia que tiene la caza en España. Dentro de los terrenos cinegéticos de régimen especial dedicados a la caza, destaca Andalucía en superficie y número de cotos, con 7 millones de hectáreas, el 20 por ciento del total nacional, y con el mayor número de cotos de caza (26%).

Así, la Consejería de Agricultura tiene registrados 7.516 cotos de caza en Andalucía, encabezando la provincia de Córdoba la lista con 1.469, de los que 267 son de caza mayor y 1.202 de menor. La importancia económica del sector en la provincia, se refleja en la renta anual generada, estimada en 18,18 millones de euros, y en los jornales generados al año, 12.396.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
  • 12.8.19
Eloy Tizón (Madrid, 1964) es autor de tres libros de relatos: Técnicas de iluminación (2013), Parpadeos (2006) y Velocidad de los jardines (1992; 2017); y de tres novelas: La voz cantante (2004), Labia (2001) y Seda salvaje (1995). Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Es profesor en Hotel Kafka y editor de Relee. En su último libro, Herido leve, recoge un barrido de treinta años de memoria lectora, una obra que es también una autobiografía intelectual trazada desde su amor inagotable a la literatura.



—Escribes en el prefacio: “Hay libros que persigues para escribirlos y libros que te persiguen a ti”. ¿De qué libro lograste evadirte y qué otro te viste obligado a leer sin interés ni pasión?

—Bueno, libros que se aparecen y se quedan para siempre, pues los libros de Kafka, por ejemplo. Son libros que te acompañan siempre. Y libros que hubieras preferido esquivar, cualquier best seller comercial de hoy en día.

—Este libro ha tenido además su historia detectivesca. Encontraste los textos en una carpeta de un disco duro. ¿Viste en esos textos más a quien eras o a quien hoy pretendes ser?

—Vi una posibilidad de libro. Me parece que eran textos válidos pero que necesitaban una reactualización. Me identificaba con alguna parte de lo que leía y otra, digamos, que a medias, porque había pasado mucho tiempo.

—Como buen letraherido, titulas el libro 'Herido leve'. ¿Seguro que no sangras a solas cuando alguna lectura te puede?

—Claro. Seguro que sí. Esa es una herida que, a pesar de su levedad, se abre y se cierra en el tiempo y nunca deja de abrirse y de cerrarse. Por supuesto.

—Eliminaste textos, añadiste artículos inéditos, algún prólogo, y le diste sentido al conjunto con una estructura coherente.

—Sí. Esa era la idea. El desafío era cómo vertebrar un material bastante extenso dándole un ritmo, una progresión, que fuera grato de leer para un posible lector.

—El libro te ha supuesto también una meditación sobre el sentido del tiempo y la memoria lectora, tanto individual como colectiva.

—Claro. Yo creo que es interesante observar cómo oscila nuestro gusto individual y cómo, paralelo, oscila el gusto social. Porque hay libros que en su momento fueron encumbrados y ahora han desaparecido, libros que llevaron una vida más subterránea y hoy están en el centro del canon.

—¿Cuántas huellas biográficas deja la biblioteca del un buen lector?

—Toda. Porque nuestra autobiografía, en parte, está en los libros que leemos, además de muchas otras cosas.

—'Cien años de soledad' te pilló tendido en la hamaca de tu jardín. ¿Alguna secuela incurable?

(Ríe). Pues también dejó bastantes secuelas: la capacidad de entusiasmo y enamoramiento hacia la imaginación y el lenguaje.

—En el terreno literario, es sano ser promiscuo. ¿Tal vez por eso la literatura se parece tanto a la vida?

—Sí. En la vida no lo sé. Pero en literatura el poliamor es bueno. Es conveniente tener varios amores literarios. Creo que es sano.

—Leemos a autores que parecen intocables, pero desaparecen, aunque momentáneamente, a la vuelta de la esquina. Cela, Umbral. ¿A dónde los lleva el viento?

—Eso es parte, yo creo, de una cierta injusticia histórica. Autores que, mientras viven, tienen una gran presencia y, una vez que mueren, prácticamente desaparecen. Deberíamos hacer el esfuerzo de recuperarlos. Cuando merecen la pena, claro.

—Dices que tu libro es ambicioso. Aspira a muchas cosas. ¿Cómo cuáles?

—Aspira a inocular el veneno de la literatura, básicamente.

—Hoy recibimos los libros con mucha información previa. Tú piensas que es necesaria una cierta inocencia para enfrentarse a ellos.

—Yo creo que sí, que leer sin prejuicios, leer sin ideas preconcebidas, beneficia la relación que existe entre el lector y el libro.

—En el libro faltan autores que debieran estar. No está Proust. Ni Virginia Wolf. ¿A quién más has tirado al olvido?

—Bueno, yo no he olvidado, ni olvidaré nunca, a Robert Barnes, por ejemplo. O a Italo Svevo, La conciencia de Zeno. Lo que pasa es que el libro no es una enciclopedia. Pretende ser simplemente una serie de calas en unos autores que me importan, con la idea de transmitir ese entusiasmo lector a los que se acerquen al libro.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO
  • 12.8.19
La Junta de Andalucía ha abierto hoy el plazo de admisión de solicitudes de la convocatoria de la Oferta de Empleo Público para el dispositivo del Plan de Emergencias contra incendios forestales de Andalucía (Infoca). En concreto, se ofrecen 95 plazas de bombero forestal especialista de grupo de retenes y otras 25 de bombero forestal conductor especialidad de vehículo contra incendios para la prevención y extinción de incendios forestales de Andalucía. La adjudicación de estas 120 plazas, que no están sujetas a una asignación por provincias, se realizará en base a la puntuación del concurso de méritos.



Esta convocatoria extraordinaria permite la cobertura de las bajas producidas en 2016 y 2017 al amparo de la tasa de reposición establecida legalmente para servicios que desarrollan labores de emergencia. El plazo de admisión de solicitudes se mantendrá abierto por un periodo de 10 días hábiles, hasta el día 26 de agosto inclusive.

La vía telemática es la preferente para la realización de este trámite, por lo que se ha habilitado en la página web de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía una aplicación que permite el registro de solicitudes, el envío de documentación acreditativa y el seguimiento de la convocatoria.

El sistema selectivo será el de concurso de valoración de méritos, de conformidad con lo establecido en el artículo 61.7 del texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, aprobado por Real Decreto Legislativo 5/2015 de 30 de octubre. Las bases de la convocatoria, publicadas en el BOJA, recogen información, entre otros aspectos correspondientes al proceso de elección, sobre los puestos que se ofertan, el baremo de puntuación para la valoración de méritos y el comité de selección.

En relación con el principio de transversalidad y la no discriminación en razón de género, la Oferta de Empleo Público dispone que las pruebas físicas serán consideradas como umbral de seguridad excluyente para el desempeño del puesto de trabajo pero sus resultados no entrarán en el baremo de puntuación.

Una vez finalizada la convocatoria, se prevé la constitución de una nueva bolsa de empleo integrada por las personas que hayan alcanzado la puntuación mínima en el concurso de méritos de este proceso selectivo pero no hayan obtenido una plaza de personal fijo. El objetivo de esta medida es garantizar la prestación del servicio del Plan Infoca para la sustitución de trabajadores y trabajadoras con reserva de puesto, en virtud de las normas laborales.

Esta nueva bolsa de empleo dejará sin efecto la anterior creada en 2017 para los puestos de bombero forestal especialista y bombero forestal conductor de vehículos contra incendios. Para la consejera, Carmen Crespo, “esta convocatoria reafirma el compromiso del actual Gobierno autonómico con el Plan Infoca y contrasta con la actitud del anterior Ejecutivo andaluz”.

Al respecto, Crespo explicó que la Oferta de Empleo Púbico de 2017 y 2018 no se había convocado y “por eso la bolsa de empleo no es suficiente” al estar trabajando actualmente con la de 2016 tras dos años sin abrir nuevas convocatorias relativas a puestos de trabajo. La titular del ramo recordó además que la apuesta de la Junta por el Plan Infoca se plasma ya en la campaña de alto riesgo de incendios de 2019, para la que “se ha contado con más medios humanos, más medios materiales y más presupuesto que en 2018”.

Carmen Crespo valoró la labor que desarrollan todos los integrantes de un dispositivo que se encargan de “la importante tarea de prevenir y luchar contra los incendios forestales”, ya que el trabajo del Infoca se extiende durante todo el año si bien en verano, como apuntó la consejera, “el peligro se multiplica”.

La titular de Desarrollo Sostenible agradeció a estos profesionales “su compromiso con Andalucía y su dedicación a la conservación de las zonas forestales, un esfuerzo que la Junta reconoce como se merece, entre otras medidas, aumentando la dotación de este dispositivo para 2019”.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


  • 12.8.19
Con más de siete décadas de demora, el Gobierno de España ha hecho públicos los nombres de todas las víctimas españolas que murieron entre 1940 y 1945 en Mauthausen-Gusen, un grupo de campos de concentración nazis situados a unos 20 kilómetros de la ciudad austriaca de Linz. Y en el listado de 4.427 personas que se publicó este viernes en el Boletín Oficial del Estado (BOE), aparece un vecino de Montalbán: José Araque Giménez.



La magistrada-juez encargada del Registro Civil Central acordó publicar en el BOE un edicto que recoge el listado más completo de los españoles fallecidos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen "para que los familiares y otros allegados puedan presentar alegaciones y correcciones en el plazo de un mes". Transcurrido este periodo, todos ellos serán inscritos como fallecidos en el propio Registro Civil Central, "condición que a día de hoy aún no tienen".

La lista publicada en el BOE ha contado con la colaboración de diversos investigadores, entre los que se encuentra el historiador jiennense Arcángel Bedmar y ha sido coordinada por Gutmaro Gómez Bravo, profesor titular del Área de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, quien reconoce que “hay datos de apellidos o lugares de origen que pueden ser erróneos porque muchos prisioneros de guerra tenían miedo de que hubiera represalias contra sus seres queridos o compañeros políticos”.

En el listado, que puede consultarse en este enlace, aparecen los datos de José Araque Giménez, que nació en Montalbán de Córdoba el 9 de enero de 1915 y perdió la vida en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen el día de Nochebuena de 1941, poco antes de cumplir 27 años de edad.

Tal y como destacó este viernes Irina Marzo en Diario Córdoba, la tercera provincia española con más víctimas fallecidas en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen es Córdoba con 232 personas. Solo Barcelona, con 469 desaparecidos, y Madrid, con 242, superan a la provincia cordobesa en este macabro ránking que el Gobierno de España ha querido hacer público para el reconocimiento de aquellos miles de republicanos asesinados por el nazismo.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: J.P. BELLIDO
  • 11.8.19
El tejido asociativo en Córdoba aumentó un 1,7 por ciento durante el pasado 2018, lo que supone que el año concluyó con 10.043 entidades inscritas, según el balance anual del registro autonómico que gestiona la Consejería de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local y que acaba de hacer público la Junta de Andalucía.



Durante 2018 se registraron oficialmente en Córdoba 191 nuevas asociaciones, mientras que se disolvieron 22, tal como recogen las estadísticas de este servicio que depende de la Dirección General de Justicia Juvenil y Cooperación que, además de tramitar las inscripciones, se ocupa de otros procedimientos, como la modificación de los estatutos de las entidades, el registro de órganos de representación, cambios de sede social, integración en una federación o extinción de la actividad.

La mayoría de las asociaciones registradas en la provincia cordobesa pertenecen al ámbito de la cultura, las ciencias, las artes y las letras (2.442), seguidas de las recreativas (1.095), las vecinales (855), las deportivas (774), las educativas (726), las juveniles (670), las de acción social (642), las musicales (498) y las de naturaleza y medio ambiente (474).

En cuanto a las nuevas entidades inscritas durante 2018, la estadística del Registro de la Junta refleja que la mayoría son del ámbito de la cultura, las ciencias, las artes y las letras (40), las recreativas (23), las de la naturaleza y medio ambiente (20), las relativas a la acción social (18), seguidas de las deportivas (17) y las musicales (15). Respecto al ámbito geográfico de las 191 asociaciones inscritas en Córdoba el año pasado, 107 son de alcance regional, 41 locales, 35 provinciales y 8 comarcales.

Un registro público

El Registro de Asociaciones de Andalucía tiene por objeto la inscripción de todos los colectivos, federaciones y confederaciones que no tengan fin de lucro, constituidos al amparo de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación y la Ley 4/2006 de 23 de junio de Asociaciones de Andalucía, que desarrollen sus actividades y tengan establecido su domicilio en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma, con exclusión de aquellas modalidades específicas reguladas por leyes especiales (confesiones religiosas, partidos políticos, organizaciones empresariales, profesionales, comunidades de bienes o de propietarios, cooperativas o agrupaciones de interés económico o mercantil).

El registro está ubicado en la Delegación Territorial de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local, donde se puede obtener información, asesoramiento y presentar la solicitud de inscripción, así como realizar el resto de modificaciones durante la trayectoria de la asociación. Se trata de un registro público, ya que cualquier persona puede consultar su contenido en la base de datos de la web de la Consejería de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local o bien directamente en cada unidad registral.

Como requisitos básicos para poder constituir una asociación se debe contar al menos con tres socios con plena capacidad de obrar, levantar un acta fundacional y aprobar en asamblea unos estatutos, que son la norma de funcionamiento de la organización. Además, no se necesita autorización previa para constituirla y sólo se prohíben las secretas y las de carácter paramilitar o que atenten contra los principios constitucionales.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)

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