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  • 16.6.19
¿A qué fue Donald Trump al Reino Unido? El momento de la visita no podía ser más inoportuno: con la primera ministra británica dimitida, aunque en funciones, y con el problema del Brexit más enconado que nunca, sin acuerdo para una salida “ordenada” de Inglaterra de la Unión Europea. Como si escogiera la fecha adrede, el presidente de EE UU parece que fue a Gran Bretaña a echar gasolina al fuego y a pavonearse ante la reina como un vaquero que aprecia más sus reses que a sus vecinos y que desprecia lo que ignora, aunque lo lleven a un concierto de música clásica, rodeado de lores y demás aristócratas ingleses.



El presidente-empresario, cuyo mérito ha consistido en amasar una fortuna que le ha permitido codearse con lo más rancio del Partido Republicano para, con “ayuda” soviética y de la mano de Steve Bannon, auparse a la Casa Blanca y vestir la chaqueta de comandante en jefe del mayor y más poderoso ejército del mundo. No es triunfo despreciable, pero para el que no está capacitado. Y lo demuestra cada vez que abre la boca, escribe un tuit o hace una visita al extranjero, como ésta a la pérfida Albión.

Fiel a su estilo faltón y provocativo, el más extraño a los usos diplomáticos, Trump “caldeó” su visita publicando tuits ofensivos contra el alcalde de Londres, Sadiq Khan, al que calificó de “perdedor irrecuperable”, por haber criticado su visita, y de ser un alcalde terrible para la ciudad, tal vez porque en ella no se producen las periódicas matanzas que protagonizan los norteamericanos que poseen armas de fuego.

En otro mensaje aconsejaba al Gobierno británico abandonar la UE, sin pagar ninguna factura, y cuestionaba a la premier Theresa May por su fracaso en las negociaciones del Brexit, motivo de su dimisión, al tiempo que mostraba sin recato su apoyo al euroescéptico Boris Johnson como sucesor de ella en Downing Street.

También se permitía recomendar al eurófobo Nigel Farage –líder del partido ultranacionalista que provocó el referendo de la discordia– responder con “taza y media” a los negociadores burócratas de Bruselas. Esta fue su manera de tratar a los anfitriones de su visita oficial al Reino Unido, con una cortesía propia en establos, además de mostrar su particular visión sobre las relaciones internacionales y la consideración que le merecen los países aliados de EE UU.

Aquella regla no escrita de la diplomacia, relativa a obviar en las visitas de Estado cualquier alusión que pueda considerarse una intromisión en los asuntos internos del anfitrión, fue olímpicamente pisoteada por el impulsivo presidente Trump. A él no le van las sutilezas.

Claro que su comportamiento tampoco ha cogido por sorpresa a nadie. A estas alturas de su mandato, el mundo entero conoce al procaz presidente norteamericano y su forma de proceder, en la que no escatima insultos, amenazas y descalificaciones groseras para conseguir sus propósitos.

Con esa estrategia fue al Reino Unido, obsesionado por conseguir que el país consuma su separación de la Unión Europea, ofreciéndole para ello el mejor y más goloso acuerdo bilateral de ayuda comercial jamás firmado entre ambos países, como si el resto de Europa sea el enemigo.

Es la misma estrategia que está llevando a cabo con su plan-haraquiri de Palestina, a la que también promete ayuda futura, si firma la rendición que su yerno le ofrece para acabar con su conflicto con Israel, al que todo le consiente sin rechistar. En suma, es su forma de hacer negocios: presionar, amenazar y chantajear. Y cree que gobernar se hace de igual modo.

Los ingleses deberían tener en cuenta, antes de firmar nada, la validez que Trump concede a los acuerdos y tratados que asume, como el de Libre Comercio con México y Canadá, el cual ignora a la hora de elevar arbitrariamente los aranceles de lo que importa del país centroamericano para chantajearlo por el problema migratorio.

Ni la palabra ni la firma del actual presidente norteamericano sirven para garantizar ningún compromiso, sea económico o político, que permita unas relaciones entre países en condiciones de respeto y equidad. Ya lo demostró con el abandono del Acuerdo sobre el Cambio Climático, su desvinculación con el suscrito con Irán para el control de su plan nuclear y hasta con su denuncia del Tratado de limitación de misiles balísticos con Rusia.

Su “America first” se traduce como “el negocio, lo primero”: ganar en todos los campos en los que EE UU está implicado, aunque ello comprometa el equilibrio y la convivencia pacífica entre las naciones.

Y por eso fue al Reino Unido: a apoyar, prometiendo en tal caso un acuerdo “fenomenal”, un Brexit duro cuestionado por una mayoría de ingleses –de ahí las resistencias a celebrar un segundo referendo–, y que debilita el proyecto de una Europa unida, a la que combate por todos los medios posibles y a la que amenaza con represalias si continúa con los planes para dotarse de una fuerza militar conjunta y autónoma que de alguna manera escape de la dependencia, no militar pero sí comercial, con la poderosa industria armamentística yankee.

Más que la seguridad, persigue el beneficio y la preponderancia comercial. Si la moneda europea y Airbus ya hacen competencia al dólar y a la industria de aviación y aeroespacial de EE UU, Donald Trump no está dispuesto que la UE se fortalezca en otros ámbitos, como el militar y hasta el automovilístico.

Busca dividir a los países miembros de la UE con sus proclamas ultranacionalistas y aislacionistas, alentando por un lado el Brexit británico e incubando, por el otro, la eurofobia a través de partidos ultraderechistas que, con ayuda de Bannon, esparce por todo el Continente. Su exigencia de que los países europeos destinaran mayores recursos a Defensa no significaba que se fortalecieran, sino que aumentaran sus compras militares a empresas norteamericanas.

Su mentalidad empresarial, que no de hombre de Estado, es la que lo impulsa, también, a abrir una guerra comercial con China, no por los peligros de seguridad a los que alude como pretexto –el país que más espía a través de Internet, telefonía y redes sociales es EE UU–, sino por su aventajado dominio en tecnología 5G, la que impulsará un salto cualitativo en la comunicación, las redes sociales y en el ecosistema del Internet de las Cosas.

Huawei no representa mayor peligro para los usuarios que Google, Facebook o Microsoft, cuyos abusos de posición empresarial dominante y por utilización de la información supuestamente confidencial que disponen de sus clientes han sido repetidamente demostrados. El peligro real es la política expansiva de China como potencia emergente a escala internacional, capaz de competir con la supremacía estratégica de USA en el mundo. Pero Trump sólo advierte de la competencia económica y comercial que representa China para los intereses de EE UU.

Su capacidad intelectual y sus modos rústicos no dan para más, para disgusto de sus compatriotas más ilustrados y preocupación para las personas sensibles del mundo, las cuales temen acabar sufriendo las consecuencias de sus bravuconadas.

No es de extrañar que su visita oficial al Reino Unido desatara las manifestaciones ciudadanas en su contra, aunque él las considere fake news, los recelos de buena parte de la clase política, incluidos los conservadores –Boris Johnson evitó fotografiarse junto a él– y la incomodidad de la monarquía y el Gobierno británicos, a pesar de su flema, con la presencia de un presidente tan imprevisible como osado (como la ignorancia), al que la propia May tuvo que explicarle cómo es el Sistema Nacional de Salud inglés ante su pretensión de incluirlo en las negociaciones sobre el futuro acuerdo “fenomenal”.

Aparte de entrometerse en la decisión de un probable abandono de Gran Bretaña de la UE y su interés por causar la división entre los países europeos, muchos se preguntan: ¿A qué fue Donald Trump al Reino Unido? Parece evidente que no fue a conmemorar el 75 aniversario del desembarco en Normandía, del 6 de junio de 1944, con el que dio comienzo la fase final de la II Guerra Mundial hasta la rendición del Ejército de Hitler.

No ofreció ni un discurso en el Parlamento –donde no fue invitado– ni una ofrenda de flores por aquellos luchadores aliados, liderados por unos EE UU diametralmente opuestos a la mentalidad que encarna Trump (insolidario, aislacionista, unilateral, xenófobo y reacio a liderar la lucha por la democracia, la libertad y la paz en el planeta), que entregaron sus vidas por liberar a Europa de las garras del nazismo.

Es lo que hubiera hecho un político de talla de gran estadista, pero lo que no se le ocurre a un mercanchifle de luces cortas metido en política. Como si lo empujaran para figurar, sólo acudió, junto a otros 15 líderes mundiales, al acto celebrado en la ciudad de Portsmouth, desde donde partieron las tropas aliadas rumbo a Normandía. La mayor hazaña de EE UU en defensa de los valores occidentales por un mundo libre, sin importar el precio, quedó relegada a los intereses mezquinos y sectarios del populista Donald Trump. Para eso, mejor que no hubiera ido al Reino Unido.

DANIEL GUERRERO
  • 15.6.19
La arquitectura contemporánea no puede entenderse sin la obra de cinco gigantes que marcaron un nuevo rumbo de la construcción en el siglo XX, tanto en el empleo de los nuevos materiales (hormigón armado, acero, vidrio y plástico) como en el significado mismo del propio hecho arquitectónico. Me refiero al suizo Le Corbusier, al estadounidense Frank Lloyd Wright, a los alemanes Walter Gropius y Mies van der Rohe y al finlandés Alvar Aalto.



De los dos primeros ya he hablado con anterioridad. En esta ocasión voy a hacerlo del tercero, el mismo que proyectó el pequeño Pabellón Alemán de la Feria Internacional de Barcelona de 1929, y que fue reconstruido exactamente igual al original en el año 1986, como recuerdo de una obra emblemática para que fuera admirada por las generaciones que seguirían a quien un día fue el director de la Bauhaus alemana.

Como suelo hacer, comienzo por una breve reseña biográfica, para acercarnos al perfil de quien fuera uno de los iniciadores del Movimiento Moderno en arquitectura. Ludwig Michael Mies nació el 27 de marzo en 1886 en Aquisgrán, la ciudad más occidental de Alemania, que se encuentra ubicada en el estado de Renania del Norte-Westfalia, al tiempo que colindante con la frontera francesa.



De una familia de canteros de religión católica, a los catorce años empezó a trabajar en el taller de piedra de su padre, siendo a los dieciséis años capataz de una obra, lo que le acercó tempranamente a la construcción. En 1905, se traslada a Berlín para colaborar como dibujante de adornos en el taller de un estucador, antes de iniciarse como ayudante de Peter Behrens, uno de los grandes arquitectos alemanes de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

El largo trecho profesional de Mies van der Rohe puede dividirse en dos grandes períodos: el que va de 1908 hasta 1938, es decir, treinta años correspondiente su periodo alemán, y el que se extiende de 1938 a 1969, que corresponde a su estancia en Estados Unidos, tras marcharse de su país de origen por el avance del nazismo en su patria.

Como suele ser frecuente en la biografía de los arquitectos, sus primeras obras se corresponden con residencias unifamiliares, como son la casa Riels (1907), la casa Perls (1911) y la casa Werner (1912), en las que todavía se puede apreciar que sigue los criterios tradicionales de la arquitectura germana.

Tras la Primera Guerra Mundial, que pasa en Frankfurt, Berlín y Rumanía, se establece en Berlín. Durante esos años, un gran cambio se produce en sus concepciones arquitectónicas, especialmente, cuando se presenta al concurso que fue convocado en 1922 por la empresa Turmhaus Aktiengesellschaft. Mies propone la idea de un edificio claramente innovador, que, finalmente, no llegó a construirse, ya que suponía un cambio radical en las concepciones constructivas dominantes de aquella época.



Conviene apuntar que el reto que se les planteaba a los 144 arquitectos que participaron en la convocatoria del concurso partía del hecho de que había que construir un edificio en un solar triangular destinado a oficinas. Tres de las exigencias de las bases consistían en los siguientes puntos: era necesario aprovechar al máximo el terreno, puesto se hablaba de un solar en el centro de Berlín; la altura máxima a alcanzar sería la de 80 metros; y se buscaba el máximo de luz natural para que los oficinistas no tuvieran que estar trabajando todo el día con luz eléctrica.

La propuesta de Mies partía de un edificio formado en planta por tres rombos, cuyo punto de encuentro estaba formado por una forma circular que serviría de núcleo de acceso a las distintas plantas (para que el lector pueda visibilizar la planta del edificio convendría ver el logotipo de la marca de motor Mitsubichi, de forma que el punto de encuentro de los tres rombos fuera sustituido por un círculo). Por otro lado, todo el edificio estaría construido con una estructura de acero y de cristal en su exterior, lo que suponía un planteamiento absolutamente nuevo en las edificaciones.

El edificio no llegó a construirse, pero quedó como referencia para el futuro, de modo que, décadas después, en su período estadounidense, pudo plasmar las nuevas ideas que por entonces parecían una provocación.



Aunque Mies van der Rohe fue director de la Bauhaus de Dessau solo durante dos años, entre agosto de 1930 y agosto de 1932, es imprescindible aludir a su paso por la gran escuela que fundó otro arquitecto, Walter Gropius, y que ha quedado como referente de la innovación y la creación integradora de las diferentes manifestaciones artísticas.

La Bauhaus, inicialmente creada en Weimar en el año 1919, no tuvo una existencia excesivamente larga, pues la llegada del nazismo a Alemania dio al traste, en 1933, con una de las iniciativas más importantes que se han dado en el mundo de las artes.

El edificio que aquí se muestra, proyectado por Walter Gropius en Dessau, aparece con todos los elementos formales y constructivos que definen al Movimiento Moderno arquitectónico: apuesta por la geometría en la edificación, grandes superficies vidriadas, líneas puras y paredes desprovistas de todo ornamento, como rasgos principales.



Ante una de las obras más representativas de Ludwig Mies van der Rohe cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que un pequeño pabellón se convirtiera en la obra emblemática de un arquitecto, el mismo que, posteriormente, llegó a proyectar grandes rascacielos en las urbes estadounidenses?

Lo cierto es que el Pabellón de Alemania, que en el año 1929 diseñó junto a Lilly Reich, se convirtió en uno de los símbolos de nueva arquitectura, puesto que en el mismo se plasmaban con toda rotundidad las ideas del Movimiento Moderno, que también se expresaron en el citado edificio de la Bauhaus, en la Ville Savoie de Le Corbusier o en la Casa de la cascada de Frank Lloyd Wright.

Tal como he apuntado, su reconstrucción en el año 1986 fue un gran acierto para la ciudad de Barcelona, pues en esta pequeña construcción, punto de encuentro de muchas visitas, quedan sintetizadas todas las ideas de la nueva corriente arquitectónica.



En el mismo año de 1929 que en España se contempla la única obra (reconstruida) que tenemos del arquitecto alemán, Van der Rohe nos deja otro de los grandes ejemplos del Movimiento Moderno: la casa Tugendhat en Brno, ciudad de la actual República Checa. Sería otro de sus grandes ejemplos de diseño de casas unifamiliares, antes de su marcha a los Estados Unidos, donde ya se implicaría en los proyectos de grandes edificios.

Considero que la semejanza de esta casa con la Ville Savoie de Le Corbusier es enorme, algo que no debe extrañar, ya que ambos arquitectos compartían los postulados de una arquitectura exenta de adornos y en la que la geometría debe estar al servicio de la función. En la actualidad a este planteamiento lo denominaríamos minimalismo, aunque esto es lógico, pues una frase del arquitecto alemán que quedó para la posteridad fue “Menos es más”.



Tal como indiqué al comienzo, en 1938 se instala en Estados Unidos. Dado su prestigio, muy pronto, a partir de 1940, se convierte en el director de la Escuela de Arquitectura del Armour Institute (Illinois Institute of Technology o ITT) de Chicago. Hasta 1959, Mies impartirá allí, con la ayuda de antiguos miembros de la Bauhaus, una enseñanza rigurosa basada en el aprendizaje de los nuevos materiales aplicados a la construcción.

Después de haber trazado según un principio modular el plan general del campus del ITT, construye en él con un lenguaje derivado de la arquitectura industrial, el Centro de Investigaciones sobre Minerales y Metales, así como el Crown Hall, del que mostramos una imagen.



En 1944 obtiene la ciudadanía estadounidense. En este período sus proyectos están mayoritariamente destinados a grandes edificios de oficinas. Así con esos monolitos de acero, vidrio y materiales relacionados de la gran industria “elabora en sus tipos iniciales y en su declinación categorías de edificios tan simbólicos del modo de producción capitalista como los palacios florentinos lo eran de la sociedad mercantil del Quattrocento”, en palabras de Jean-Louis Cohen, arquitecto y profesor de la Escuela de Arquitectura de París.

Y dentro de estos grandes rascacielos, el Seagram Building de Nueva York, proyecto compartido con su alumno Philip Johnson, acabado en 1958, se convierte en el prototipo de los edificios para oficinas diseñadas por el arquitecto germano-americano. Este edificio, con sesenta años de existencia, es admirado por muchos de los visitantes que acuden a Nueva York y desean conocer el prototipo del denominado ‘estilo internacional’.

AURELIANO SÁINZ
  • 14.6.19
A medida que voy conociéndome y aceptándome, soy menos proclive a juzgar a los demás. Sigo viendo y reconociendo a las malas personas, a esas a las que los demás no les importan y solo miran por ellos. Gente capaz de hacer cualquier cosa por poder, dinero o egoísmo. Las veo y las aparto.



Me refiero más bien a esas personas cuyo comportamiento no sigue la media social, no responde a la llamada “normalidad”. Cualquiera de nosotros puede tener un comportamiento irracional, fuera de tono o “extraño”. Todos somos producto de nuestras vivencias. Venimos a este mundo con una genética determinada, que nos hace más susceptibles a la hora de sufrir algunas enfermedades o a desarrollar determinados comportamientos.

Suerte tienen los optimistas de serie, a los que ya desde niños todo les parece bien. Tocados por la varita de la alegría y con unas gafas que solo enfocan la parte buena de la vida. Como suele decirse, todo lo ven “de color de rosa”.

Los demás vivimos entre el equilibrio y el desequilibrio perpetuo y aspiramos a esa “normalidad” de la que se habla, que nadie sabe cómo es o en qué consiste. Nadie habita en la cabeza del otro, nadie puede saber qué piensa o siente otro ser humano.

La mayor frustración viene cuando lees frases sobre lo que debería ser la vida, de cómo ser feliz. En definitiva, conseguir unas metas, lejanas y prácticamente inalcanzables. No hablan de mirar alrededor sino de visualizar un camino con una serie de etapas para conseguir un estado que parece estar fuera de uno mismo. Nunca dentro.

Cada uno llevamos una trayectoria, la mejor que hemos podido llevar en función de cómo estamos en cada momento. Quizás parezca incoherente, quizás lo vea raro, quizá no lo entiendan… Quizás esté sufriendo mucho por dentro. ¿No sería mejor no tener expectativas propias o ajenas y disfrutar de lo que hay? ¡ Qué pena que en el colegio o en casa no nos ayuden a aceptarnos y a querernos tal y como somos! Todo sería tan bonito...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


  • 14.6.19
Los escolares de 4º de ESO y 1º de Bachillerato de los doce municipios que conforman la Campiña Sur cordobesa podrán profundizar en la memoria histórica y democrática de la comarca gracias a unos cuadernos didácticos impulsados por la Asociación Cultura y Progreso, de Aguilar de la Frontera, a través de una subvención otorgada por la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba.


La responsable del Área en la institución provincial, Marisa Ruz, explicó durante la presentación de estos cuadernos que se tratan de una "herramienta útil" para que los alumnos trabajen en el estudio de la historia "vinculada a valores democráticos y pacíficos y para incentivar desde la pedagogía estos principios".

"Con este material didáctico se rinde un homenaje a las víctimas que combatieron contra regímenes totalitarios, el franquismo en el caso de España y en Europa el fascismo. Es imprescindible el trabajo transversal en torno a la educación para la paz y en torno a los derechos humanos; entendemos que ese es el objetivo de este proyecto que se apoya en un trabajo voluntario", destacó Ruz.

Por su parte, Carmen Flores, presidenta de la asociación aguilarense Cultura y Progreso, destacó que lo más importante es que estos cuadernos lleguen al alumnado de 4ª de ESO y 1º de Bachillerato, "y que llegue a toda la comarca, a los centros escolares".

Finalmente, Diego Igeño, coordinador de la publicación, abundó en que existe "un vacío" en torno a esta etapa de la historia que esta publicación "intenta paliar con recursos para que el profesor de Historia tenga un acercamiento riguroso y veraz". "Hemos incluido recursos didácticos, fotografías, gráficos, textos periodísticos, todo ello para que los alumnos puedan entrar a los contenidos de la mejor manera posible", apuntó.

Estos cuadernillos didácticos han sido elaborados de la mano de seis historiadores que han sumado sus conocimientos y han contado con asesoramiento didáctico de profesorado. Los contenidos son el resultado de un trabajo de investigación previo.

El estudio, que abarca diferentes etapas de la historia contemporánea como la República, la guerra y la represión, se extiende a los once pueblos que conforman la Mancomunidad de la Campiña Sur. Tanto la Diputación de Córdoba como el Ayuntamiento de Aguilar colaboran en este proyecto

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
  • 13.6.19
Existen varios proverbios orientales que indican que, cuando te subes a un tigre, es difícil bajarse de él. La razón es obvia, puesto que si logras bajarte, las opciones de ser mordido son altas. Y es en este lío en el que encontramos a Ciudadanos y a su líder, Albert Rivera.



Si somos justos, lo bueno de la extrema izquierda y la extrema derecha es su capacidad para ver la paja en el ojo ajeno. En una reciente entrevista, con su natural aplomo, el “clásico” Julio Anguita, exlíder de Izquierda Unida, afirmó que las tres derechas eran como la Santísima Trinidad. Cada cual tenía sus matices, pero al final los tres defendían lo mismo, por lo que resultaban uno y trino. En lo que se refiere a Pablo Iglesias, nos quedamos con la lindeza que le dedicó en sus primeros momentos en el Congreso de los Diputados: el señor Rivera es “de lo que haga falta”. Ya entonces, lo tenía bien calado.

Tanto, que hasta Santiago Abascal, líder de Vox, sigue la estela de Iglesias, denominando “veleta” a Rivera. Es más, la propia estrategia ofensiva del partido de extrema derecha se ha basado en las inseguridades de Ciudadanos. Estrategia que, ahora, demuestra estar justificada.

Cuando dos partidos opuestos se ponen de acuerdo en algo, es para hacérselo mirar. Y es que Rivera y sus compañeros de partido no han podido llevar a cabo una estrategia más errónea.

Ciudadanos era la esperanza de parte de la derecha moderada. Un partido limpio —por ahora—, que sirviera de partido bisagra y contrarrestara el populismo podemita y la ponzoña independentista. Un partido capaz de pactar tanto con PSOE como con PP, según las necesidades de España y los mercados. Y de hecho, encontró un fuerte impulso en su valiente cruzada antindependentista en Cataluña, donde la ciudadanía le recompensó con la victoria electoral. Un victoria insuficiente, debido a la Ley d’Hondt y a los iluminados que aceptaron tal aberración en la ley electoral.

Sin embargo, el endurecimiento de su discurso y su coqueteo con la extrema derecha a través de relatores, —perdón, quería decir, de intermediarios—, no solo no le han permitido desbancar al Partido Popular en las Elecciones Generales, sino que lo han puesto en serios apuros tras las Locales. Tiene que decidirse entre romper su promesa de no pactar con el Partido Socialista de Pedro Sánchez o firmar su giro a la derecha pura y dura.

En el primer caso, perdería el voto conservador y daría la razón a sus contrincantes políticos. Por otro lado, no es lo mismo pactar con un arribista como Pedro Sánchez, que renunciar a pactos locales y autonómicos con barones y personajes socialistas. Sin duda, sería arriesgado. Su única ventaja sería su posición antindependentista, que de poco le vale para los que miren a la diestra.

En el caso de priorizar los pactos a la andaluza, comenzaría una guerra a cara de perro con un partido debilitado, sí, pero con amplia tradición, como es el Partido Popular. Casado no está solo, tiene sólidos barones territoriales y asesores experimentados.

Por otro lado, esta opción le haría perder el voto moderado, pues no se puede pretender que arranque esta guerra sin un discurso populista y agresivo. Un discurso que, dicho sea de paso, no le pega a Rivera y que dará alas a Inés Arrimadas, cada vez más aclamada en el sector duro del partido.

Ciudadanos solo tiene un arma efectiva contra el PP y es peligrosa: su relativa limpieza. La moralización de la política tiene dos condiciones: la coherencia y la ejemplaridad. Ciudadanos no tiene todavía casos importantes de corrupción. Sin embargo, sí que ha tenido alguna complicación local. En especial, en algunos supuestos fraudes en primarias locales y regionales. Si juega esa carta, correrá el riesgo de la desacreditación, tal y como ha ocurrido en Podemos con las purgas, el chalé de Iglesias y otras meteduras de pata e incoherencias.

El tigre se muestra fiero y Ciudadanos ya no puede mantenerse en su lomo. Haga lo que haga, está fastidiado. En la derecha española no caben tres partidos. Eso es así. Y si conviven, vivirán una y otra vez lo ocurrido durante las Elecciones Generales: se estorbarán entre ellos. Bonito trío de violines para la decimotercera Legislatura. Se les hará larga a los naranjitos, muy larga...

RAFAEL SOTO

  • 12.6.19
El periodista José Luis Salas, conductor del programa 'No son horas' y Premio "Antena de Oro", comparte con los lectores sus recomendaciones cinéfilas para el fin de semana. Experto en cine de autor, José Luis Salas es un reconocido maestro del periodismo musical y todo un especialista en el Séptimo Arte. No en vano, ha retransmitido para Onda Cero decenas de galas de los Premios Óscars de la Academia de Hollywood, además de colaborar en distintas publicaciones y en portales de Internet dedicados al cine, la música y la crónica social.





Podrás verlas en tu cine...

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MEN IN BLACK: INTERNATIONAL

Director: F. Gary Gray. Con Rebecca Ferguson, Tessa Thompson, Chris Hemsworth, Liam Neeson, Emma Thompson, Rafe Spall, Kumail Nanjiani, Davina Sitaram, Viktorija Faith, Nasir Jama, Bern Collaço, Anatole Taubman, Joakim Skarli, Natasha Culzac y Ruth Horrocks. Nueva vuelta de tuerca de la exitosa saga, que esta vez cuenta con nuevos personajes que harán las delicias de respetable. Todo con tal de proteger a La Tierra de la escoria del universo, y esta vez el enemigo puede estar dentro de la secreta organización. Para quienes necesitamos de más aventuras de los Hombres y Mujeres de Negro.





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TOLKIEN

Director: Dome Karukoski. Con Lily Collins, Nicholas Hoult, Mimi Keene, Genevieve O'Reilly, Pam Ferris, Craig Roberts, Laura Donnelly, Derek Jacobi, Colm Meaney, Patrick Gibson, Anthony Boyle, Tom Glynn-Carney, Harry Gilby, Ty Tennant y Albie Marber. Los años en que el joven huérfano y escritor, andaba formándose y forjando una carrera. El estallido de la Primera Guerra Mundial fue el catalizador esencial en la confección de las famosas historias de la Tierra Media. Para amantes de Tolkien y sus orígenes.





Otros estrenos de la semana

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KIN

Directores: Jonathan Baker y Josh Baker. Con Carrie Coon, Zoe Kravitz, James Franco, Jack Reynor, Dennis Quaid, Bree Wasylenko, Myles Truitt, Lily Gao, Jonathan Cherry, Romano Orzari, Ian Matthews, Gavin Fox, Khalid Klein, Shawn J. Hamilton y Ivan Wanis-Ruiz. Inspirada en un cortometraje titulado Bag Man, el personaje de Kin, un adolescente afroamericano adoptado por un viudo compasivo aunque severo, se topará con lo que cree que puede ser un arma procedente de otro mundo. Para amantes de una original película bien repleta de aventuras y crímenes.





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LA BIBLIOTECA DE LOS LIBROS RECHAZADOS

Director: Rémi Bezançon. Con Fabrice Luchini, Camille Cottin, Alice Isaaz, Bastien Bouillon y Louis Descols. Entrañable trama sobre la peculiar biblioteca que alberga libros rechazados por las editoriales en la Bretaña. El hallazgo de un libro magistral, pone a la búsqueda de su enigmático autor a una joven editora. Para seguidores de dramas diversos y originales.





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PEQUEÑO GRAN PROBLEMA

Director: Tina Gordon. Con Justin Hartley, Regina Hall, Marsai Martin, Tone Bell, Issa Rae, JD McCrary, Mikey Day, Luke James, Caleb Emery, Noree Victoria, Kausar Mohammed, Abbie Gayle, Jonathon Watson, Kayte Giralt y Katelyn Farrugia. Mil y una veces el cine viene explotando este argumento de persona adulta que se despierta en su cuerpo de la adolescencia, justo cuando se enfrenta a una importante decisión profesional o personal… Pues de eso va la cosa. Para necesitados de comedias muy, muy livianas.





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SAUVAGE

Director: Camille Vidal-Naquet. Con Félix Maritaud, Eric Bernard, Nicolas Dibla, Philippe Ohrel, Pavle Dragas, Mehdi Boudina, Azir Mustafic, Hassim Mohamed Saleh, Morad Ammar, Noureddine Maamar, Camille Müller, Lou Ravelli, Lionel Riou, Lucas Bléger y Laurent Berecz. Este es uno de los primeros dramas sobre la prostitución masculina del actual cine europeo, y con una merecida nominación a la Mejor Ópera Prima en los Premios Cesar de este 2019. Para quienes quieran meterse en un drama, crudo pero de inmensa sensibilidad.



JOSÉ LUIS SALAS
  • 12.6.19
La Mancomunidad de Municipios de la Campiña Sur cordobesa celebró ayer un pleno extraordinario que sirvió como cierre del actual mandato a la espera de la composición de las nuevas corporaciones locales, que tendrán lugar este sábado 15 de junio, para iniciar una nueva etapa. La presidenta en funciones de la entidad supramunicipal, Francisca Carmona, aprovechó la sesión para destacar la "unanimidad total" que ha caracterizado los acuerdos tomados a lo largo de estos cuatro años.


Carmona trasladó a los alcaldes de la Campiña Sur su gratitud por el trabajo desarrollado por la entidad a lo largo de este mandato, a la vez que puso de relieve que fruto de los acuerdos alcanzados se han llevado a cabo proyectos "tan importantes" para la comarca como sentar las bases de una identidad turística común, visible en Fitur a través de un stand mancomunado; la celebración del Día de la Comarca o la eliminación total de la deuda económica que tenía la Mancomunidad.

"A partir de ahora, se abre una nueva etapa en esta entidad, cuya Junta de Gobierno pasa a contar con la representación de doce ayuntamientos, ya que tenemos la incorporación de La Guijarrosa, por lo que el Pleno pasará a tener 35 miembros, es decir, 12 alcaldes y 23 miembros más", puntualizó la presidenta en funciones.

Carmona también se refirió a la nueva etapa que comienza para la Mancomunidad, expresando que uno de los grandes retos será el de poder incorporar nuevos servicios que demanden los ayuntamientos, ya que los que la entidad presta en la actualidad están "plenamente consolidados".

En cuanto a la nueva composición plenaria, tras los resultados de las elecciones municipales del pasado 26 de mayo, quedará estructurada en 12 concejales del PSOE, 6 de IU, 3 del PP, 1 de CIDG, y  1 de PUEBLO, a los que se sumarían los 12 alcaldes que salgan de la formación de los nuevos ayuntamientos este sábado.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

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