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  • 23.10.15
Abro camino con una perogrullada evidente: envejecer es el resultado de haber vivido mucho tiempo. No es un secreto para nadie que hay múltiples formas de vivir o mal-vivir la vejez. En Montilla se está celebrando en estos días la Semana del Mayor. La iniciativa es importante e interesante para tomar conciencia de su presencia y saber dónde situarnos unos y otros. “El mayor” no es un espécimen raro sino alguien con más o menos autonomía, con una experiencia rica que aún tiene algo que decir y con quien convivimos diariamente. Un ruego: ¡escuchémosnos!



La vejez autónoma, activa, hasta donde se pueda llegar, es uno de los grandes favores que nos podemos hacer unos (los mayores) y otros (la familia, la sociedad) porque todos ganaríamos y, si lo prefieren, todos nos amargaríamos menos. Hasta podríamos ser algo ¿menos infelices? Por este camino van los tiros y en dicha dirección apuntan muchas de las iniciativas que están surgiendo por doquier.

Cuando se es joven, el tiempo se escurre entre los dedos sin darnos cuenta, como agua sacada de un pozo que no tiene fin; cuando se llega a viejo, el tiempo es como una fuente que gotea y está a punto de secarse. La única salida que hay para no llegar a viejo es que la muerte nos visite antes.

La vejez llega y se trata de vivirla dignamente sacándole todo el provecho posible. Los entendidos en el tema hablan de varios tipos de envejecimiento: físico, social, mental. El social llega con la jubilación –antes se le llamaba "retiro"– y coincide con el momento en el que nos apartan de la vida laboral, aunque el sujeto esté en buenas condiciones físicas y/o mentales.

La jubilación, para muchas personas, es algo triste, frustrante y bastante capador. La pregunta suele ser muy simple cuando el sujeto no tiene más horizonte que el trabajo de cada día: ¿y ahora qué hago yo? Como dato curioso, todos conocemos casos de personas que al poco tiempo de ser retiradas han muerto. ¿Se paró el reloj biológico por tristeza, aburrimiento o inutilidad? Dejémoslo en que llegó su hora.

Bien es cierto que la mayoría esperamos con impaciencia el soñado día de la jubilación. El júbilo impulsa a consumir, a vivir a fondo dicha nueva etapa. No podemos olvidar que jubilación también significa “desechar algo por inútil (sic)”. Dependiendo del tipo de trabajo que hacían, muchos jubilados serían aun productivos porque acumulan un rico bagaje que ofrecer y en algunos sectores continúan trabajando como eméritos. Pero nuestro país no es favorecedor del emérito, posiblemente porque queremos despejar el terreno para los que vienen detrás (¿!?). ¡Qué bonito! ¡Si eso fuera verdad…!

El envejecimiento psicológico es la muestra de que la persona está perdiendo facultades con el paso de los años. Dicha decadencia no llega por igual a ningún humano porque cada uno de nosotros somos un mundo singular con sus pros y sus contras. Conocemos a mucha gente que cae en picado muy pronto, mientras otros sujetos mantienen un alto nivel mental y activo hasta muy entrados en años.

Una de las capacidades que más pueden sufrir el deterioro es la memoria que poco a poco va haciendo aguas. El tema es muy amplio para entrar a saco en él, pero doy unas breves pinceladas. La memoria humana es muy frágil. Cuando somos jóvenes porque no prestamos la debida atención a determinados temas que no nos interesan; cuando somos mayores porque, aunque se escuche con interés, mucha de la información se escapa. La memoria es un cajón de sastre o un desastre de cajón. Tenemos memoria resbaladiza.

Los fallos de memoria no son exclusivos de los mayores, aunque sí más frecuentes en ellos. Van desde no reconocer a la persona con la que estamos hablando, sobre todo si no la ubicamos, hasta no recordar el nombre de alguien o de algo que se nos disipa en el trayecto que va de la mente a la boca.

¿Hay alternativas para hacer esta etapa lo menos penosa posible? Ciertamente las hay. Unas dependen directamente de nosotros y otras de la sociedad. La primera premisa es que el sujeto quiera estar activo. El desafío nos emplaza a luchar por un envejecimiento saludable que depende de cada sujeto.

Salir a caminar (pasear) y llevar una amplia vida social con iguales es un reto a la pereza y al sillón. Dicho en otros términos, se trata de hacer un ejercicio razonable –“quien mueve las piernas mueve el corazón”– sumado a una dieta adecuada. Comer por comer y abusar, sobre todo del alcohol y el dulce, es mala praxis.

A muchos mayores cuando se les pregunta qué hacen durante el día dicen que trabajan en el “Banco” (de la cocina) o en “Bolsa” (de la compra); otros detallan que se dedican a la “Investigación”: ¿dónde he puesto las llaves, la cartera, las gafas…? Humor que no falte. El chiste con mucha ironía y algo de amargura, tiene su “mijita” de mala leche.

El envejecimiento activo pasa por tener ganas de aprender cosas nuevas, desarrollar actividades grupales bien sean de tipo deportivo, lúdico o intelectual –una tertulia con colegas es buena terapia–, relacionarse con amigos y familiares para huir de la soledad. En definitiva, la socialización enriquece el día a día. En esta ocasión quiero abogar por una vejez autónoma, activa tanto física, en la medida que lo permita el cuerpo, como, sobre todo, intelectual. Para mejorar nuestra calidad de vida hay que estar activos.

En el terreno de la actividad intelectual podemos contar con muchas posibilidades fáciles de acceder a ellas. Desde los centros de mayores en cualquier pueblo hasta las universidades en las ciudades, se puede disponer de un amplio abanico de posibilidades que abarcan actividades lúdicas varias: juegos colectivos –dominó, cartas…–, clases de gimnasia, baile, pintura, yoga o coros, entrenamiento de la memoria, cultura general, talleres, arte, idiomas, visitas guiadas para conocer el patrimonio y un largo repertorio. La oferta es variada y enriquecedora por dos razones importantes: mantener el cuerpo y la mente activos y socializarse huyendo de la soledad.

En el artículo ¿Qué hacemos con los viejos? intentaba dar una panorámica general de la llamada “Tercera Edad” y su problemática socio-familiar. Radiografía de la vejez tocaba la posible fobia y el estorbo que pueda ocasionar dicho colectivo en la época de la “modernez”. Hay casos y casos, por lo que no se puede generalizar, pero los viejos limitan, son una carga y con frecuencia estorban.

Esta última entrega está dedicada a aquellos mayores que nacieron a partir del año 1935 y a los que, por la edad, en este año entran en el cupo de jubilados. Mayores a los que le tocó vivir la guerra “incivil” y unas décadas largas de miseria, estrecheces, hambre real, no inventada; que trabajaron desde el primer momento de la niñez (lo de la explotación infantil vendrá mucho después), que les robaron la infancia y la juventud y entraron en la edad adulta a golpe de sudor porque había que sacar a la familia adelante. Viejos, con todo mi cariño, que se ganaron el pan golpe a golpe y que soñaban un futuro mejor para sus hijos, meta que algunos de ellos consiguieron.

Todos esos viejos, abuelos, ancianos…, llámenles como quieran, se merecen una segunda juventud lo más placentera posible. Se han ganado el derecho a ser felices disfrutando de lo que les pueda ofrecer la vida y hasta donde les alcance la pensión que en muchos casos comparten con los hijos. Hablo de la generación que sirvió a los padres y después los hijos se sirven de muchos de ellos.

Pero esta segunda juventud debe ser activa para aprender más si ello es posible, para gozar, viajar…, porque se trata de vivir lo que robaron unas circunstancias políticas, sociales y económicas que no permitieron caprichos de ningún tipo. Hablo de jóvenes sesentones u octogenarios que tienen en un cuerpo con achaques, una mente joven.

Para terminar daré unas breves pinceladas a algunas alternativas que existen a nuestro alrededor relacionadas con la Tercera Edad. En estos momentos existen una serie de organizaciones y fundaciones dedicadas a atender a los mayores ofreciendo ayuda a domicilio para paliar la soledad y el desamparo de parte de este colectivo; otras hacen labor de mediación; otras trabajan la estimulación cognitiva.

La Fundación Atyme, entidad privada independiente, no confesional y sin ánimo de lucro, o AMME, trabajan en el ámbito de la mediación para ofrecer soluciones a las divergencias que puedan existir entre los mayores y familiares, ya que dicho colectivo es presa fácil de abusos por parte de hijos, yernos y nueras. La medicación es un recurso valioso para afrontar problemas y las situaciones conflictivas que pueden existir por la divergencia de intereses.

¿Se acuerdan de los Cuadernos Rubio? En el ámbito cognitivo referencio la interesante actividad que la Fundación Cuadernos Rubio, entidad privada sin ánimo de lucro y de carácter educativo lleva a cabo. Ofrece un buen surtido de materiales de intervención cognitiva con programas individualizados para personas mayores con los que se trabaja el lenguaje, la memoria, cálculo, la lectura y escritura, concentración…

Son materiales pensados para la mejora del rendimiento mental contrarrestando la pérdida de facultades e incluso los trastornos neurodegenerativos. Dicho material puede trabajarse en casa con o sin ayuda, dependiendo del estado en que se encuentre la persona mayor. Está al alcance de la mano en cualquier librería o en la página web de la Fundación que puede mandarlo a domicilio.

Con esta entrega quisiera dar por cerrado el tema de la vejez y parte de su problemática. Digo parte, con toda la intencionalidad, dado que es un campo muy amplio, con una casuística muy concreta en la que ninguna de las partes implicadas es totalmente culpable aunque, a la hora de la verdad, sean los viejos los que sufran más la situación. Si están tocados física o psíquicamente, mal asunto; si viven solos porque no tienen familia o está por esos mundos, peor; si son arrinconados y/o desatendidos por los hijos, dura papeleta.

Una cuestión parece que podría quedar algo clara: nuestra sociedad no está preparada para un colectivo que necesita atención, en el más amplio sentido de la palabra; ni para la longevidad que dicho colectivo tiene actualmente. Por tanto, pido disculpas por dejar muchos aspectos en el tintero a la par que pueda parecer que castigo más a un sector que a otro.

Ser mayor no significa convertirse en un mueble sin voz ni voto, aunque sea cierto que muchos de ellos botan más de la cuenta. Una inteligente opción es hacerles partícipes y protagonistas de las decisiones que les afectan, comunicárselas, pedirles opinión porque ellos también tienen algo que decir. El paternalismo y el arrinconamiento solo son fuente de problemas y enfrentamientos.

Con afecto para Don Manuel Ruiz Luque,
por su agilidad mental y física y sus ganas de luchar.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: DAVID CANTILLO

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