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  • 17.4.16
“En busca y captura”, me respondió un alumno cuando lancé la pregunta en medio de la clase. Y es que ellos me habían anunciado unos días antes que seguirían la convocatoria de huelga que, a nivel nacional, había sido anunciada con bastante antelación por el Sindicato de Estudiantes para los días 13 y 14 de abril.



Yo ya tenía información de esta convocatoria, por lo que acercándonos a las fechas de las mismas necesitaba planificar el tiempo que me quedaba para que acabaran los trabajos pendientes. De todos modos, al comienzo de la semana en la iban a parar ese par de días, les pareció bien que les hiciera un conjunto de preguntas relacionadas con quien fuera ministro de Educación, Cultura y Deportes antes de presentar su dimisión y largarse a París como ‘embajador’ en la OCDE.

“Aureliano, ¿para qué quieres que te respondamos a las preguntas que nos vas a hacer sobre Wert?”, me apuntó una alumna, pues no tenían muy claro el sentido de las mismas.

“Bueno, lo cierto es que ya he escrito en varias ocasiones acerca de la Lomce y del proyecto de reforma de los títulos universitarios, ese con el que se pretende transformar los grados, de modo que pasen de cuatro a tres años, y los másteres, de uno a dos, con el fin de recabar más dinero, pues como sabéis en los másteres no hay becas, por lo que las titulaciones superiores se encarecerían considerablemente…”.

“Es por ello”, continúo, “que en esta ocasión quisiera realizar un artículo con lo que vosotros sabéis de Wert y de su entorno, ya que me temo que no os hayáis preocupado nada de seguir el rastro del protagonista del desaguisado que cometió, siendo el causante último de la huelga que vais a hacer estos dos días… Además, y puesto que no todos me responderéis directamente, quienes no lo hagáis os pediría que escribierais en una hoja lo que sabéis o pensáis de cada pregunta que os planteo”.

Como he indicado, la primera pregunta que les realizo es la que lleva el título de este artículo, y puesto que la mayoría no sabe dónde se encuentra, optan por escribir aquello que se les ocurre.

‘Wert se encuentra viviendo la vida en una isla que se ha comprado a costa nuestra’; ‘En un lugar de la Mancha…’; ‘Viviendo la vida a costa del dinero que ha ganado durante la legislación como ministro de educación’; ‘Posiblemente esté en Madrid o en algún otro paraíso’; ‘En el club de campo de los políticos corruptos y ricachones’, ‘Desapareció después de su cargo y nadie le ha visto el pelo desde entonces’, ‘No lo sé ni lo quiero saber’.

Estas fueron algunas de las respuestas que escribieron los que no conocían dónde estaba Wert. Lo cierto es que pocos sabían que se encontraba en París, como embajador de la OCDE; lo más aproximado a la respuesta correcta era la de aquellos que apuntaban a Francia, pero sin concretar el lugar.

“La segunda pregunta creo que es bastante sencilla, por lo que me parece que no tendréis problemas en responderla… Vamos allá… ¿Cuál es su nombre?”.

En esta ocasión acertaron la mayoría cuando me indicaron que se llamaba José Ignacio. Quienes no recordaban su nombre acudían al primero que se le venía a la cabeza, muy alejado del nombre compuesto del exministro.

A continuación, les advierto que la siguiente cuestión no tiene nada que ver con la prensa rosa ni con los programas ‘del corazón’ que tanto abundan en las cadenas televisivas. Les añado que si no conocen la repuesta correcta, después de contestar, les aclararé la razón de la pregunta. Así, la tercera fue la siguiente: “Vamos a ver, ¿cómo se llama su actual mujer”.

Sobre esto sí que hay un desconocimiento total. La mayor parte del alumnado protesta y murmura por lo bajo al pensar que la pregunta va de ‘coña’, a pesar de la advertencia que les he realizado previamente de que es totalmente seria.

‘Claudia’, ‘Eustaquia’, ‘Su mujer se llama Manoli’, ‘Rebeca’, ‘Werta’, ‘No lo sé ni tengo la más remota idea’, ‘María, ya que tiene una planta en casa’, ‘María del Socorro y de los Recortes’, ‘Pepita’, ‘Manolita’, ‘Marimar’… Las respuestas escritas me hacían ver que el nombre de la señora de Wert les sonaba a chino.

Les aclaro: “El nombre de la mujer de Wert es Monserrat Gomendio, quien fuera secretaria de Estado para la Educación durante el mandato del que hoy es su marido y que por entonces formaban pareja. Cómo podéis comprobar ambos compartían no solo el amor, sino también las ganas de llevar adelante la Lomce. En la actualidad viven en uno de los barrios más selectos de París, pues parece que han hecho méritos suficientes para que su romance continúe en la hermosa capital de Francia”.

Tras la aclaración pertinente, llega la cuarta pregunta: “¿A qué se dedica o qué cargo tiene en la actualidad José Ignacio Wert?”.

Otra pregunta que les coge en pañales. Pareciera, que el exministro que tanto aparecía en los medios de comunicación con esa enigmática e inquietante media sonrisa se lo hubiera tragado la Tierra.

Cuchichean entre ellos, a pesar de que les indiqué que lo correcto es que cada cual dijera lo que tenía en su mente. Algunos me dicen que todavía es ministro de Educación o que está dedicado a la política. La mayor parte opta por escribir en la hoja lo que piensan acerca de la actividad que desarrolla actualmente.

‘A coger dinerito’, ‘A vivir la vida’, ‘Es abogado y profesor, pero no sé en qué’, ‘A la política’, ‘A nada, no trabaja’, ‘A recortar todo lo que encuentra en su camino’, ‘A llenar sus bolsillos a costa de los beneficios de la educación en España’, ‘Espero que no sea profesor’, ‘A robar a los estudiantes’, ‘En algún cargo en Europa’, ‘A nada’, ‘A corruptear’…

Solo una respuesta acierta en el cargo de Wert, en la que me añade que se encuentra ejerciéndolo como favor que el Gobierno le otorgaba por tantos desvelos como había desplegado en favor de la educación y de los estudiantes repartidos por toda la geografía española.

La última pregunta que les lanzo está relacionada con sus condiciones de vida y lo que gana mensualmente en su cargo de embajador en la OCDE.

Lógicamente, las respuestas son variopintas, apuntando a enormes cantidades. Como es imposible sintetizarlas, opto por trasladar la respuesta que anotó una alumna.

‘Seguramente lo que mis padres, ambos dos con ciática, no logran alcanzar en medio o un año, y me quedo corta. Y todo esto por no hacer nada, pues si al menos cuando era ministro de educación hubiera hecho cosas buenas por los estudiantes, pues mira; pero es que no. Ahora nos deja plantados con tantas cosas por delante para obtener un título que bastante dinero les cuesta a nuestras familias’.

Ciertamente, José Ignacio Wert no solo fue el ministro peor valorado de toda la Democracia, sino que se las piró, como decimos habitualmente, sin acabar su legislatura a un dorado puesto con el que consolar sus penas al lado de su amada. El recuerdo que ha dejado entre los estudiantes es penoso, por no decir nulo. Ahora no quieren acordarse de él; lo que desean es borrarlo de sus mentes, por lo que solo recuerdan su nombre y ese rostro impasible en el que asomaba esa extraña sonrisa que no sabíamos qué quería decir con ella.

AURELIANO SÁINZ

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