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  • 30.12.16
Las cuartillas de hoy se refieren a esa otra sociedad obstinada en la maldad (moralmente indecente) que nos aprisiona con demasiada ferocidad. Son líneas cargadas de amargura y rencor por la jugada tramposa, montada en nombre de otra niña cuya vida marcada por una enfermedad nada común se ve bombardeada por la maldita faena que, parece ya es seguro, la ha montado su padre (supuesto o no es indiferente porque el mal está hecho).



Pretenden ser una acusación, un grito contra desalmados bucaneros de la confianza y la generosidad de los demás. El país está atiborrado de piratas de lo ajeno sea en lo público o privado. Chinches sarnosas, sanguijuelas que chupan la sangre a gente sensible ante el dolor y la enfermedad, dando lástima, pesar, desamparo para sus fines codiciosos.

La mayoría de personas normales –recalco lo de "normales"–, nos movemos a golpes de generosidad, de corazonadas, de solidaridad hacia los próximos que sufren y necesitan de cualquier tipo de ayuda para poder salir del profundo hoyo de la desesperación.

“De casta le viene al galgo”. El supuesto padre no es nuevo en el territorio del engaño. En 2004 fue condenado y aceptó ir a la cárcel por estafar con apoyo de “una expareja” a la empresa donde trabajaba. Ahora está acusado de fraude por utilización dolosa de la enfermedad de su hija.

Me estoy refiriendo a esa niña que está en boca de todos por dos serios motivos. Padece una enfermedad de las llamadas "raras" y ello imprime una marca especial. Como ella, hay más niños y niñas a los que la naturaleza les ha hecho una jugarreta. Son enfermedades complicadas por muchas causas: falta de investigación, de presupuesto, de voluntad…

Y como siempre, familiares, amigos, samaritanos... están al quite porque “valen tanto para un roto como para un descosido” y ofrecen ayuda material y afectiva cada vez que sea necesario. En este tipo de casos familia, amigos y anónimos –almas de buen corazón– buscan, aportan, luchan por conseguir medios para que se curen o al menos que su vida sea lo más digna posible.

Y aquí entra en juego la generosidad, la solidaridad, incluso si quieren la caridad con el prójimo. Surgen diversas organizaciones, asociaciones, fundaciones, brota el altruismo de personas que se ocupan de los problemas que afectan a otros humanos y libremente quieren echar una mano, etc. A ese altruismo le llamamos "Solidaridad", con mayúscula, cara opuesta de la indiferencia que siempre va cargada de egoísmo.

Volvamos a Nadia. Ante todo tiene unos padres “listos” (espabilaos) capaces de sacar dinero de debajo de las piedras. Nadia era la carta marcada para ganar todas las jugadas. Aunque ella no lo supiera –no tuviera conciencia de ello– confiaba en el buen hacer de sus padres, o la adiestraron para que no hablara (no se acordaba) de determinadas cosas, como apunta el comentario del colegio.

En su nombre se daban aldabonazos en puertas y corazones desde la televisión, rifas, en entrevistas llorosas cuyas lágrimas ablandaban corazones y abrían carteras con óbolos pequeños o grandes, o caridades para socorrer a una niña cuya esperanza parecía cada vez más cercana, más posible de alcanzar.

Según una noticia extraída de prensa, la niña está enferma, pero no en peligro de muerte dado que padece una de las variantes menos agresivas. Cito textualmente “Uno de los mayores expertos de España en “tricotiodistrofia” afirma que padece una variante leve de dicha enfermedad”. ¡Ojo, que sea leve no significa que se deje de tratar! Pero de eso a montar el chiringuito que han montado, hay mucho trecho.

Y resulta que todo es un montaje para estafar. Una hazaña más de un espabilado, de la pillería y el descaro de quienes son capaces de vivir a costa de los demás porque la buena voluntad de muchos ciudadanos de este país está a flor de piel cuando aparecen casos dramáticos como el que nos ocupa y se hace necesario echar una manita…

Abusar, engañar, engatusar la generosidad de las personas sensibles a los problemas de este tipo existentes en nuestro entorno, se puede convertir en un deporte macabro y destructor. Modalidad de timo donde el sufrimiento es el décimo de la suerte. La estafa y el chalaneo siempre han estado presentes entre nosotros. Las razones son múltiples y los ingenuos, almas de buen corazón, aún más.

Por lo general, nos gusta ayudar, porque somos sensibles a determinados problemas que afecten seriamente a la salud y el bienestar de muchas personas; sobre todo estamos muy receptivos a la problemática de los más pequeños. Y si hay que echar una manita pues ¡vamos a ello!

Pero en este campo de la generosidad, de la solidaridad, también salta la liebre de los listillos, aprovechados, chupasangres de cualquier iniciativa que pueda rentar pingües beneficios a costa de la credulidad de los demás.

Aquí sale tocado de muerte el valor de la solidaridad, eslabón que nos une a los otros en un intento de poner en juego el valor de la empatía, necesario para ponerme en el lugar del otro, para a la par que intentamos comprenderlo fraternizamos movidos por la dignidad que nos debe unir como seres humanos. El broche de este ramillete de valores lo cierra la generosidad de la ayuda, capaz de modificar circunstancias desfavorables o injustas.

Todo eso lo están dinamitando los piratas del bien hacer, los ladrones de la fe humana, de la confianza de miles de anónimos corazones capaces de dar calor a los que sufren el frío de la impotencia, la estrechez en que les colocaron circunstancias adversas. Por eso maldigo a estos malhechores que talan sentimientos y rajan corazones.

La palabra "solidario" suena a algo grande hasta el punto de que se nos puede llenar la boca al pronunciarla, pero sin olvidar que “hechos (obras) son amores y no buenas razones”. Para atiborrarnos de razones ya están los predicadores, tanto políticos como religiosos, que nos venden la burra a menos que nos descuidemos.

La palabra "solidaridad", como disposición de ayuda al otro en momentos concretos, tiene buen cartel en la medida en que abre la ventana de la esperanza, aunque necesita ser puesta en práctica pues, caso contrario, será papel mojado o simple declaración de buenas intenciones.

La solidaridad también se satura al tener muchos frentes abiertos: hambre en el mundo, causas perdidas, éxodos furibundos, miseria, pobreza y casos especiales que según se publiciten pueden remover las piedras y ser de apoyo echar una manita; o hacer que la ira, el desprecio, el furor nos obstruya el deseo de ayuda porque hemos sido vilmente engañados.

Casos hay para cansar nuestro deseo de ser algo mas humanos. Para que dicha solidaridad funcione se hace necesario invertir en ella. Aquí el partido se juega a lo grande o perdemos todos porque se busca Justicia que será la única manera de ganar solidaridad.

El caso Nadia, de entrada, se ha cargado gran parte de dicha generosidad. A partir de ahora muchos no nos fiaremos de este tipo de ayudas, sean tómbolas, loterías, números mágicos en los que ingresar algunas perras para paliar y ayudar a que des-afortunados (niños o mayores) recuperen una vida normalizada dentro de lo posible.

Dos simples preguntas: ¿Quién pierde? Sin lugar a dudas, Nadia y la Solidaridad. La primera, por ser miserablemente utilizada por la familia, los medios, los listillos, los ladrones de la generosidad ajena. En definitiva, por marcar para siempre su vida con la basura de la cloaca pública.

Y la solidaridad se resquebraja en los corazones. Menos mal que dicha solidaridad tiene la gran virtud de recomponerse pronto, gracias a su capacidad de olvidar, y a su facilidad para animarse y no amilanarse en los malos momentos.

¿Quién gana? Los medios de comunicación aumentando audiencia, el mercado de la plaza “Chismorreo” y, sobre todo, gana el vil dinero, la avaricia y las mentiras, amén del uso fraudulento de una hija. En el fondo, dicho padre, lo sea o no, es y debe ser el gran perdedor por el que no hay que sentir compasión ni misericordia.

Dejo la síntesis de un rosario de declaraciones hechas en Antena 3 que documentan bien, con sus luces y sombras, el despropósito montado sobre este caso que entre todos lo hemos convertido en “maldito”. La impresión que se puede sacar, a bote pronto, es que una vez más hemos sido manipulados. Desprestigio y falta de responsabilidad van de la mano.

He dejado el tema en el cajón por evitar la furia del momento, huir de medias verdades y sopesar pros y contras. A pesar de la duda puede que aun sea injusto en mis razones. Esperemos que el 2017 nos deje un buen racimo de bondades y buenos momentos. La foto adjunta, desde unas manitas recién nacidas, desea esperanza para un mundo mejor.

Con cariño a una familia anónima que, desde la generosidad,
colabora en pro de mejorar las condiciones de una pequeña en dificultades. ¡Ánimo!

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: DAVID CANTILLO

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