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  • 25.10.18
Estas líneas vienen motivadas por una afirmación-pensamiento que, siendo generalizado en parte de la población de este país nuestro de cada día, no son totalmente ciertas. Es posible que el problema resida en una innegable actitud de desdén (repulsa) subyacente en el rumiar colectivo.



Esta cuña creo que muestra parte de la ignorancia o de la manipulación interesada que nos predican o, quizás también, de la inquina que podemos rezumar por doquier e, incluso, de un odio sedimentado a lo largo del tiempo que surge con frecuencia a bocanadas.

En un acto relacionado con el mundo de los valores, alguien indica taxativamente que “la mayoría de los llamados valores existentes en nuestro entorno son fiel reflejo del pensamiento católico que nos sigue dominando”. Puede que en parte sí. No se borran de un plumazo siglos y siglos pero, en conjunto, no es válida dicha afirmación.

Que sean un reflejo de toda una tradición dentro del cristianismo no se puede negar rotundamente. Que dicho pensamiento nos sigue domeñando, ya no está tan claro. Me quedé algo descolocado y aun sigo dándole vueltas a tal bufido.

De quien es corto de vista decimos que la miopía le impide distinguir con claridad los objetos y su contorno. En la referencia citada creo que existe algo de cataratas mentales. Puedo estar de acuerdo con parte del origen de la afirmación. Deniego la coletilla final de la misma porque dicho dominio cada día (si existe) es más débil.

Que los valores entre los que nos movemos están relacionados en su origen con el sentir del catolicismo es una aseveración que no podemos obviar, pero sí que es cuestionable afirmar que dicha religión nos sigue dominando.

También hay mucha gente que es agnóstica, arreligiosa o atea y lo demuestra con la coherencia de su obrar y pensar. Gente que mantiene un razonamiento crítico ante dicha religión o ante cualquier otra que se le ponga delante. Dicho personal es consecuente en el pensar y en el actuar y no suele actuar de Atila contra las religiones.

Si quien hace dicha afirmación mide tal dominio porque hay gente que acude a la iglesia para el oficio dominical, para una boda, para un entierro… Podríamos añadir algún otro evento a los ya citados pero ello no confirma el dominio de los católicos.

Pega miope que se suele emplear. Ya está bien de semanas santas, de comuniones, de fiestas patronales, de… Si somos mínimamente de mollera abierta, razón para no caer en un raquítico y frustrante fanatismo, ha llegado la hora de ser respetuosos con todas las tradiciones que pueda mantener cada comunidad religiosa con la que podamos convivir en un mundo cada vez más globalizado.

Ni todos somos iguales de altos, ni de generosos o educados y menos, inteligentes por igual. El género humano es muy variado y en dicha variedad entra lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, la honradez o la maldad. Podríamos seguir dando pinceladas.

Me alucina bastante que, por aquello de ser transigentes, mucho personal defienda el derecho de otras religiones a celebrar sus ritos y denigran o condenan o lo que es más grave, atacan a otras religiones, en este caso a la católica. Quizás aquí tenga sentido el dicho “o todos moros o todos cristianos”.

La frase alude a la necesidad de medir a todos por el mismo rasero, es decir que se apliquen las mismas reglas para todos. Últimamente hay algunos ejemplos, desde el poder, de un cínico favoritismo a determinada fe que sin embargo niegan el pan y la sal para otras creencias. Referencia tenemos en algunos cargos políticos.

Las tradiciones de un pueblo, de una comunidad, no se logra cambiarlas de un día para otro. Tampoco se pueden suprimir o cambiar por decreto ley puesto que ello encenderá el fuego y avivará el rechazo. Hemos pasado de una sociedad obligadamente creyente a otra más tolerante y abierta. Problema de tiempo.

Creo que el pueblo manda poco, porque es verdad que elegimos representantes que prometieron el “oro y el moro” y luego “hacen de su capa un sayo”, es decir, lo contrario de lo prometido según sus conveniencias y sin rendir cuentas a los demás. Digamos que ese es el timo del “tocomocho” de algunas democracias, incluida la nuestra.

Culturilla aclaratoria. “Prometer el oro y el moro” proviene de 1420, cuando algunos caballeros jerezanos piden un rescate por unos moros hechos prisioneros, entre ellos, el alcaide de Ronda que es liberado una vez ha pagado –no así su sobrino Hamet–. El asunto llega hasta el rey Juan II y el sobrino es trasladado a la corte. A partir de ese momento corre por Andalucía el rumor de que el rey quería quedarse “con el oro y (con) el moro”.

Demos un repasillo breve a algunos valores para delimitar sus fronteras alejadas y/o paralelas con cualquier religión, incluida la católica. Lo que no se puede evitar es la coincidencia en muchos de dichos valores, pero eso no significa que nos domine el pensar y el sentir del catolicismo.

¿El sentido y la práctica de la amistad es religioso? Por lo poco que sé de historia creo que en el mundo greco-romano (parte de nuestra cultura proviene de ellos, además de monumentos o ruinas de lo que fueron), la amistad y otros valores más, tenían un lugar preeminente entre ellos.

Decía Séneca que “la amistad siempre es provechosa; el amor a veces hiere”. Con anterioridad, Aristóteles dice que “el amigo de todo el mundo no es un amigo”. Añado el no menos cierto pensamiento de Epicteto de Frigia, filosofo greco-latino: “El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos”. ¿Tal vez eran católicos? Creo que no.

La libertad nos encamina hacia la verdad, la justicia y la responsabilidad, la amistad, la generosidad, el amor en el sentido más amplio y profundo de dicho valor. Hay muchos más y cada cual dará prioridad a los valores que cree son básicos para vivir en sociedad.

Un repaso a los Derechos Humanos podría abrir un poco esa mente que con frecuencia mantenemos medio cerrada o, lo que es peor, prisionera de las falacias que nos enredan. Dichos derechos recogen muchos de los valores tanto del cristianismo como de otras corrientes de pensamiento, por ejemplo, de la Ilustración, que de católica no tiene nada.

Ahora, cuando no estamos de acuerdo con determinada información que hace referencia a mi partido, a mi “pensar (si es que pienso)” rápidamente la tachamos de bulo, “noticia falsa propalada con algún fin” (sic). Cada cual que saque punta al lápiz como le parezca, dado que según la dirección del viento de la noticia, la tacharé de verdad (me favorece) o de bulo (mentira, porque no me favorece).

¿A dónde quiero ir? Simplemente defiendo la libertad de pensar y obrar aceptando que cada cual debe ser consecuente con sus actos públicos y privados. La Ilustración hizo que saltáramos más allá de la religión y adoptáramos el libre pensamiento. El salto fue tan grande como pasar de la oscuridad a la luz.

La Ilustración surge en Europa como movimiento renovador en el más amplio sentido. Hablamos de una renovación intelectual, cultural, ideológica y política. Su momento culmen será en el siglo XVIII. El llamado “Siglo de las Luces” supone un cambio radical en la Europa del momento. Hablamos de la luz de la razón (no de lámparas led) para llegar al libre pensamiento.

Los impulsores de dicho cambio son intelectuales de gran prestigio, filósofos la mayoría de ellos como Diderot, Locke, Montesquieu, Rousseau, D’Alembert (matemático), Adam Smith (economista) y otros muchos. Luchan por la extensión del conocimiento para erradicar la ignorancia.

Dato sumamente importante: todos ellos pugnan por el establecimiento de un Gobierno elegido por el pueblo, es decir, democrático, frente al absolutismo opresor. El pueblo vota. Las urnas mandan. Nuestras circunstancias actuales son bastante confusas en el día a día siempre bajo un viento solano que sopla frío en invierno y caliente en verano.

PEPE CANTILLO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

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