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  • 11.1.20
Siempre hemos oído eso de que la fe mueve montañas y yo creo que es cierto. Se puede tener fe en miles de cosas: en uno mismo, en dios, en una piedra de la suerte, en un ritual, en una persona… Y todo es bueno si nos hace más humanos, nos ayuda a encarar nuestro día día con mejor cara, o nos ayuda a soportar con más fuerza el sufrimiento, que no es más que una de las muchas caras que tiene esta bendita vida.



Para ella, creer en Dios es tan necesario como respirar, cuando la enfermedad le aprieta, dejándola sin fuerzas y repleta de dolor, ella mira hacia arriba en su iglesia y siente que hay alguien que la cuida y la ayuda a caminar, ya sea en esta vida terrenal o en otra que pudiera existir. Rezar es un consuelo, una compañía en el duro páramo del dolor físico.

Para ella, llevar su colgante con su amuleto le permite moverse mejor entre la gente. Ese símbolo ahuyenta el peligro y atrae la dicha. Todo va bien si el Ommm la acompaña.

Para ella, comenzar el día siempre de la misma manera, con sus rituales cotidianos le da seguridad, le muestra un camino fácil en el cambio continuo de la existencia. La prepara para comenzar a marchar.
Hay miles de ellas y ellos, con sus piedras angulares que les protegen o ayudan. Todos dignos de respeto. Al fin y al cabo no somos más que transeúntes que se mueven sobre una bola que flota en un universo enorme, sin seguridad de ningún tipo.

Frágiles somos o así nos hicieron, con un puñado de horas para respirar el aire de esta tierra. Nada más. Y en ese andar a ciegas, a tientas, cualquier atisbo de fortaleza, de roca estable, nos puede ayudar a sentirnos por un momento dueños de nuestro destino. Cada uno lo hace lo mejor que puede...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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