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  • 9.5.20
Las mujeres no tenemos suficiente con tener la regla todos los meses, con pasar un embarazo hinchadas y un parto doloroso. No. Además, tenemos que estar delgadas, depiladas, con el cabello perfecto, bien vestidas y oliendo a flores. “La mujer bien puesta, quita al hombre de la puerta”, se decía en el pueblo de mi abuela. ¿Por qué todo recae sobre nosotras?



Estoy harta y, en un acto de rebeldía –que no sé cuánto me durará– me voy a dejar las canas al aire. Sí, tengo canas, como tantos hombres de mi edad. ¿Por qué ellos están interesantes y nosotras envejecidas? Señores de la moda y de la publicidad: hacednos guapas con nuestras hebras blancas en el cabello. Y no nos obliguéis a meternos bótox y otras porquerías para parecer “muñecas repollos” de esas que tocaban en las tómbolas.

Nuestra piel natural también puede ser bonita con nuestras arrugas y flacideces. El cuerpo de todos cambia. Es maravilloso ver a esas actrices mayores que no se han hecho nada en la cara y lucen esas arruguitas como premios de toda una vida de experiencias.

Para mí, el tinte es una esclavitud que llega todos los meses. Todo para esconder que he heredado de mi padre el cabello blanco. Hombres heterosexuales: buscad en nosotras no la eterna lozanía sino la alegría, la ilusión, el tener una compañera de vida que esté ahí en los momentos buenos y en los no tan buenos. Cuando te gusta el corazón de una persona, su belleza está garantizada. La ves como un todo.

Creo firmemente en la alimentación sana, en el ejercicio, el cuidar este cuerpecito que nos va a acompañar hasta que desaparezcamos. Soy partidaria de hidratar esa piel que está siempre protegiéndonos. Pero lo que no entiendo es ese culto a la eterna juventud “recalchutada”. Yo no quiero besar unos labios de silicona, ni un culo inflado como un globo con ácido hialurónico: prefiero abrazar y tocar un cuerpo suave que está en movimiento.

El problema es que no hemos conseguido querernos naturales y, ahora, esas exigencias hacia la mujer se han impuesto también en el mundo masculino. Y te encuentras caras desfiguradas, con poco aspecto de humanas. Solo hay que ver a algunos actores y ver las aberraciones que han cometido.

Antes te he dicho que no sé cuánto tiempo durará mi rebeldía. Es verdad, yo no vivo sola en una isla, vivo en una sociedad y, como todos, soy un ser gregario que no quiere ser marginado. Vivimos bajo la dictadura de una belleza artificial que nos hace parecer muñecos o dibujos animados; una belleza impuesta por gente que lo único que busca es dinero, no la felicidad ajena. Pero hoy mis canas se mueven libres por mi negro pelo, dando testimonio de que son reales y existen.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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