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  • 20.7.21
El mundo se ha vuelto loco. No puedo creer lo que está pasando. Parece que todo el mundo anda con una gran dosis de agresividad. Yo creía que las personas saldrían de esta pandemia con más empatía hacia los demás pero da la sensación de que es justo lo contrario.


En un día me encuentro en plena calle de un pueblo, en el que todos nos conocemos, una pelea entre dos mujeres tras una colisión leve al salir de un aparcamiento. Pero lo peor del caso es que estaban enganchadas por los pelos y nadie hacía nada: un corrillo de gente alrededor y todos impasibles, mirando, sin hacer absolutamente nada.

Cuando yo vi el altercado aparqué mi coche y fui a ver si podía hacer algo. En aquel momento llegó la Policía y no fue necesaria mi intervención. Pero me pregunté dónde se quedó la solidaridad entre esas personas que, además, se ven cada día. Nadie hizo el más mínimo gesto para separar a aquellas dos mujeres.

Nos hemos vuelto tan pulcros que, por no mancharnos con los problemas de los demás, dejamos que un chico de 24 años, Samuel, sea golpeado hasta la muerte por una jauría de salvajes que se alentaban unos a otros para ver quién le daba más golpes. Lo peor de todo es que estos animales tenían edades comprendidas entre los 16 y los 25 años. Pero claro, ¿qué ven? Básicamente, gestos insolidarios y egoísmo a su alrededor.

Pero la agresividad se masca en el ambiente. Hace pocos días, yo misma fui víctima de una agresión verbal por un problema de trafico. En efecto, un hombre sin educación no fue capaz de soportar que una mujer le diera lecciones. Y eso mismo me dijo: que yo no era nadie para darle lecciones a él. Y eso que solo le había apuntado que se había saltado una señal de “Ceda el paso” y estuvo a punto de darme un golpe a mí, que iba tranquilamente con mi coche y con mis perrillos a bordo.

Por si fuera poco, al llegar a casa leo en la prensa que una abuela ha apuñalado a su nieta en la localidad sevillana de Castilleja de la Cuesta. No me digan que no es una verdadera locura. Ayer también me enteré de que un grupo de impresentables golpearon y humillaron a un menor autista en A Coruña; o que unos desalmados golpean en la puerta de un hotel de Barcelona a un turista británico por ser homosexual.

Por último, la Policía fue avisada desde el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla por la muerte de un hombre que presentaba heridas de arma blanca y numerosos golpes. Se trataba de un mendigo que vivía en la calle y se da la circunstancia de que ya han asesinado a cuatro mendigos más en situaciones parecidas.

La realidad es que esta agresividad y esta locura se están produciendo en la sociedad por culpa de la desesperanza. El covid ha roto los sueños de muchas personas y muchas esperanzas de otras: la gente no es feliz y, para colmo, les ha salido un sarpullido que pica mucho. Un grupo político que se caracteriza por su racismo, su homofobia y su odio.

Todo el mundo está enfadado con el prójimo. O, quizás, con uno mismo, que es peor. Y eso se refleja en los demás. Qué razón tenía Plauto cuando decía que el hombre era un lobo para el hombre.

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