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DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA - 25 N

CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA - CÓRDOBA SINGULAR

Mostrando entradas con la etiqueta La marea [Antonio Pérez Henares]. Mostrar todas las entradas
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  • 26.8.14
En el debate sobre elección de alcaldes en el que vamos a estar enfrascados los meses venideros hemos empezado, como siempre, mal y por el tejado. Los unos, los otros y nosotros. Estos por plantear una cosa que en realidad son dos, al mismo tiempo y que pueden resultar contradictorias; aquellos por coger el rábano por las hojas y sacar a pasear como primer argumento el alarido ofendido.

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Y nosotros, entrando ya en la trinchera, porque en esta deriva profesional, los valores periodísticos, arrumbados los principios de independencia y y la intención de objetividad y análisis, se miden ahora por la militancia más sectaria, la manipulación más grosera y, sin pudor, exhibida, y la carrera por ver quién ofrece el púlpito más alfombrado y el mejor cuadro de palmeros a los “amigos” .

Desde hace un sinfin de elecciones municipales, desde las primeras de 1979, algunos cayeron en la cuenta de cierta perversión de nuestro sistema que permitía enjuagues partidarios que podían suplantar la voluntad de las gentes.

El fenómeno ha ido, como sucede con los tumores, a más y a peor. Listas que se presentan tan solo con la voluntad de arrancar un escaño y comerciar luego con él. Y lo de comerciar, comprar y vender no es en absoluto metafórico.

Pactos postelectorales con el único objetivo del derribo de quien tenía los mayores apoyos populares y una ristra añadida de componendas y trueques que han causado un serio deterioro y han contribuido al enchufismo y a la corruptela que tanto lleva ensuciando a nuestra democracia.

Para terminar con este estado de cosa, y no desde ahora, sino desde hace muchos años y además bien constrastadas en democracias europeas, hay fórmulas muy sencillas. Partiendo de una base, que su alcalde lo elijan, en verdad, sus ciudadanos. De manera directa y no por persona interpuesta.

Es muy sencillo, en realidad. Si un cabeza de lista logra la mayoría absoluta de votos y concejales, nada hay que hablar, pero si no la alcanza, procédase a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados y sean los votos y no los pactos de “casta”, por utilizar la palabra en boga, quienes tengan la palabra.

Aunque me parece que ahora, los que la emplean de continuo, y viéndose ya como parte de la misma, quieren preservar el trapicheo. Pueden los partidos descartados llegar en este caso a pactos y alianzas de recomendación de voto a los “suyos”. Pero quienes deciden que seamos todos.

Ninguna tacha democrática hay en ello. Muy al contrario. Se regenera y se devuelve la voz al “pueblo” para que emita veredicto definitivo. Tanto es así que tal propuesta ha figurado en reiterados programas electorales, con asiduidad en los de la izquierda y el PSOE en particular.

Ahora, sin embargo, parece que es mentarles la bicha. Dicen que porque no toca, que porque es trampa, que se cambian las reglas de juego a mitad de partido. No es verdad. El partido anterior el de 2011 a 2015, acaba y este es el mejor momneto para mejorar las reglas del próximo, antes de que empiece.

No parece razón sino excusa y acusar al contrario en realidad de lo mismo que se pretende. “¿Qué es lo que más nos conviene al partido?”. Y el PSOE cree que puede pescar mucho en variadas alianzas con IU, Podemos, Compromìs y nacionalismos presuntamente de izquierdas. La respues es clara: que se agrupen en esa segunda vuelta y, si obtienen más votos, que gobiernen.

Por parte del PP también se huele trampa en la formulación. Porque no es lo mismo la lista más votada que la elección directa. En absoluto. Y no pueden convencernos de que esta opción es la más democrática y la que garantiza mayor pureza representativa. Una lista de un 35 por ciento puede ser la más votada, pero hay un 65 por ciento que no la apoya y ello es una absoluta evidencia matemática.

Por ello, los “populares” deben aclarar ante la población por dónde va en verdad su propuesta. Si por este lado –que es su vieja aspiración partidaria, pero que no es de recibo y sí indica una pretensión de obtener ventaja retorciendo la ley– o por el otro –donde, de verdad, lo que se persigue es que las ciudades tengan el alcalde que los ciudadanos quieren tener y no el que les impone un pacto de despacho entre partidos–.

Si es el primer caso, mi desacuerdo, como siempre, es patente; si es el segundo, mi apoyo no de ahora, sino también desde hace tiempo, y quien se queda sin argumentos es el PSOE. Sin argumentos democráticos.

Porque el hecho de que el alcalde lo voten las gentes y no los comités federales o las juntas nacionales es una propuesta impecable. Y que habría de serle tan querida como a su compañera, la española y alcaldesa de París, Ana Hidalgo.

En primera vuelta no fue la lista más votada, pero en segunda, y con el apoyo del conjunto de la izquierda , logró la Alcaldía de París. Pues que ganen así la Alcaldía de Madrid y no, como parece que quieren hacerlo ahora, pactando a diestro, siniestro y con quien sea para conseguir la vara de mando.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 19.8.14
Tonterías y tontunas se dicen y se hacen todo el año. Pero quizás sea el verano, y en especial agosto, el mes más propicio para ello, como decía el recordado poeta Ángel González, que lo era tambien para el amor, aunque la primavera estuviera más prestigiada.

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Normalmente y si el verano es de los normales, que este después de los últimos años tiene de nuevo esas trazas, los partidos dejan una especie de declaradores de guardia que suelen ser los encargados de las “declaraciones”, esa prosa administrativa, entre espumosa y pedante, en la que chapotea desgraciadamente tanto ello como el periodismo, que alimenta sus titulares con el subgénero.

El verano pasado, Carlos Floriano por los unos, y Soraya Rodriguez por los otros, protagonizaron una confrontación sostenida de cuyos motivos y fundamentos, si los tenía, desde luego no se acuerda nadie, como a poco se borrará de la retina la propia imagen de la socialista a la que le quedan los mismos telediarios que al verano para que nos libremos de su oratoria, que creció proporcionalmente en agresividad e ineficacia, hasta convertirse en chillido. De hecho, ya le han dado el chitón y empiezan a aparecer los de Sánchez.

Pero hay que reconocerles que, y les damos por ello las más efusivas gracias, no están ni el engolado extremeño ni los novatos demasiado activos. Y se agradece. No saben cuánto.

Pero la tontería y la insensatez, como la Naturaleza, odia el vacío. Y ya ha salido un tropel a ocupar el hueco. Y el problema es que en España se tiene una inusitada tendencia a dar las mayores memeces y dislates categoría de pensamiento, o de sentimiento, que aún es peor porque contra eso no hay quien razone.

Y eso es lo que pretende el tal Rivero, presidente canario y candidato a ocupar el trono de los disparates separatistas, compitiendo con quien sea y dispuesto a dejar a los secesionistas catalanes en nada.

Viene don Paulino a aprovechar el nicho del que se retranquea Mas, don Arturo, un tanto desinflado y viendo cómo se apea del tigre que él mismo ha soltado, y con su padre politico, amén del natural propio y su propio DNI, viendo les alcanza esa cosa tan golosa pero tan fea cuando te pillan de los dineros esos que era España quien los robaba y ha resultado que va a resultar que España era el pseudónimo de Pujol en sus cuentas trapaceras y fugadas.

El canario está dispuesto a todo y tiene muy claro que su causa es que no busquen petróleo, que ni siquiera miren si puede haberlo. Aunque casi en el mismo lugar y a la misma distancia, unos 60 kilómetros de sus costas, lo estén buscando ya los marroquíes.

Da igual que da lo mismo, y que Canarias sea campeona de paro en ruda competencia con Andalucía, don Paulino tiene una causa. Reciente, pero que le vale. Antes, hace nada, él y sus ahora aliados socialistas eran partidarios de las prospecciones y hasta lo llevaban en sus programas, pero han encontrado bandera con la que envolverse al mismo tiempo que en la autonómica. Y, esa es la triste política, ya tienen agravio, discurso y carnaza.

Rivero lleva mucho tiempo apuntando maneras. La más usual y desvergonzada, la más hiriente, falsa y cuyo daño es tremendo para la convivencia entre españoles, es la de que las Canarias son tratadas como un “colonia”. O sea, lo de siempre, tan nauseabundo y tan mendaz pero eficaz y la mercancía con la que trapichean estos personajes y con la que alimentan odio para pescar en el río revuelto los votos.

La última astracanada ha sido amenzar con que “romperá” relaciones con Rajoy, con el presidente de España. No se sabe qué es eso, ni qué quiere decir con ello, porque en realidad no deja de ser una baladronada como la de pedir “mediación “ del rey Felipe.

O sea, pretender que el Rey se meta en lo que no debe, en política y encima defendiendo a quienes acusan a España de ser un atroz imperio que los tiene invadidos, sojuzgados y explotados, porque ellos son “colonia”.

A mediados de agosto, Rivero ha pegado un acelerón en su carrera al mayor despropósito del verano. Aunque puede que ayer se enfadara mucho con quien ha dado un salto desde el escenario a la charca, la señora Rosa María Sardá, la que salía –aunque no tanto como su hermano Javier– a todas horas por la tele.

Pues bien se ha despachado, puño en alto y a voz en grito, diciendo que los castellanos, o sea los españoles, según ella, se han dedicado a invadirlo todo. Que Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía son países invadidos y víctimas de estos opresores. Como lo oyen, a sus 71 años, la enamorada de ZP y su cejijuntos.

Y gente así se supone e intitula como intelectuales. Puede que esta señora sea actriz, sí, pero analfabeta en historia, más todavía. Y, encima, seguro que ha cabreado a Rivero. Pero mujer, cómo no poner entre los conquistados a los “oprimidos” canarios. No sé a qué espera don Paulino para anunciar, ante tamaña ofensa, la ruptura inmediata de relaciones.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 12.8.14
Lo primero es una confesión de parte. Sobre Podemos no tengo ni simpatía ni beligerancia. Me confieso espectador y saludo su irrupción en la democracia del voto y en las instituciones, dando voz a quienes gritaban carecer de ella. A partir de ahí, por sus propuestas, hechos y realidades, cuando las tengan, habrá que juzgarlos.

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En su aparición y ascenso hay que considerar dos planos y dos objetivos: el primero, la batalla por la hegemonía de la izquierda; el segundo, la conquista del poder. A algunos puede que les parezca descabellado, pero si algo tienen es una estrategia diseñada cuyos pasos, en síntesis y sin literatura, pueden desgranarse en ocho puntos.

1) En el seno de la izquierda se está produciendo un movimiento telúrico de grandes proporciones. Por vez primera desde la Transición, está en cuestión la hegemonía del PSOE. Izquierda Unida, heredera del PCE –hegemónico en la clandestinidad antifranquista– y que parecía candidata a disputarla, ha sido desplazada por la nueva formación que comparte buena parte de su ideología actual –no la del constitucionalista PCE– así como modos, maneras, mismas bases, gentes y votantes, y se ve superada en frescura organizativa y descaro antisistema. A IU le queda pactar o volver a ser una fuerza residual con algún anclaje andaluz donde tiene poder y estructura consolidada.

2) Podemos, en su progresión, está fagocitando y absorbiendo todo el magma de descontento social y la confrontación política con la derecha enemiga. En diferentes aunque entremezclados tramos. De manera superlativa, en todo lo que se ha movido en el campo de la izquierda, pero no solo en la izquierda.

Se nutre dos dos fuentes esenciales: la descomposición del PSOE y el agrupamiento de su izquierda alentada por la posibilidad real de un sorpaso que lleva a sumarse de todo lo que a su izquierda se mueve, tanto en lo puramente politico como en lo social, teñido de esa ideología, que se ha movido desde el 15-M en mareas, desahucios, ecología, feminismos, marginalidad o barrios. Todo le sirve y suma a Iglesias, porque todo alimenta al “convento”.

3) Los vasos son comunicantes. Al PSOE no se le percibe como alternativa veraz y tiene toda la tacha de corrupción sobre sus espaldas. Su posición es muy débil por su pasado y por su presente. Ante la primera preocupación ciudadana, el paro, no puede ofrecer nada. Está muy fresco el recuerdo, por mucho que lo oculten, que en buena medida fue su catastrófica gestión la que nos llevó al desastre. Difícilmente quienen dejaron el vehiculo para el desguace pueden ahora presentarse como los mecánicos milagrosos.

Y en cuanto a limpieza y lucha contra la corrupción, está tan manchado o más que nadie. Y es tan incapaz de una reacción de regeneración que convenza por su contundencia y hechos como el PP. Queda pues estigmatizado, al margen de personas y líderes.

Ante esta situación se abre oportunidad, inexistente durante casi toda la democracia y con la excepción de Anguita en su plenitud, de un recambio, de que “otra” izquierda sea la hegemónica y referente. Y en ello está Podemos.

Primero, engullendo y dirigiendo a todo ese magma ahora disperso y subordinando a IU en la tarea y, al mismo tiempo, socavando las bases socialistas. Lo ha leído bien otro Iglesias, casi olvidado, Gerardo, aquel minero que volvió a la mina, el verdadero fundador de IU. Y comparte el objetivo, aunque haya que renunciar a la primogenitura de la criatura nueva. Al fin y al cabo, ese era el objetivo y ahora, al margen de siglas, Podemos puede hacerlo posible.

Llega, por fin, la posibilidad de que otra izquierda pase a ser el referente de todo el sector y la socialdemocracia quede arrumbada. Como ha sucedido en Grecia. Y es en esta amebización de todo el espectro donde se produce no solo el engullimiento de votos de IU, de Equo, de Compromís y de todos los pequeños grupúsculos de ideología radical, desde el comunismo más arcaico al anarquismo más antisistema.

4) Pero no solo se nutre de esos flujos, aunque sí en una gran medida. También pretende absorber –y de hecho las encuestas reflejan ese trasvase– a gentes de formaciones en apariencia lejanas como UPyD –supuestamente en las antípodas en cuanto a unidad de España y firmeza anti-ETA y cómplices, algo que choca frontalmente con las connivencias de Podemos– pero entre cuyos votantes hay quienes lo entienden como refugio “contra” PSOE y PP.

Algo similar puede ocurrir con Ciudadanos que, antes casi de emerger y a pesar de sus dos eurodiputados, puede diluirse como un azucarillo, ante esta irrupción compulsiva en la sociedad española.

Y más allá de siglas, de gentes que, simplemente, y al margen de ideologías, o aunque la puedan tener más cercana a la derecha, suponen que una convulsión, que una gran revuelta que ponga patas arriba el sistema, es el único camino que queda.

Ese es quizás el gran problema: que buena parte de la sociedad española pueda optar por caminos ajenos a las instituciones, a la propia democracia y ver soluciones fuera de esos cauces. Peligroso, más que nada, pero cada vez más creciente por el desprestigio de la política y del sistema.

Pero, sin duda, el apoyo que pretende conseguir Podemos proviene, de manera muy mayoritaria, de una base social de izquierdas, de unas gentes que parecen abjurar de lo que fue posición moderada y se dejan arrastrar, en el caldo de cultivo de la crisis feroz y la corrupción no atajada –cuando no instrumentalizada, consentida y amparada– por el canto de sirena de un estatalismo donde “papá” Estado habrá de proveer de todo y a todos, en gratis total y sin esfuerzo, quitándoselo simplemente a aquellos a quienes les sobra. Los “ricos”. Simplista y eficaz. Más viejo que el hilo negro. Pero la “gran consigna” milenaria.

De donde se alimente el pozo que, a su vez, ha de alimentar a todos y regar feramente todos los campos, es algo que se me escapa pero que muchas gentes de España suponen que puede y debe hacerse. Que tienen “derecho”. Sueldo sin trabajo, todos los servicios al máximo, todas las necesidades y excelencias cubiertas. Todo, todo, todo gratis. El país de Jauja. ¿Y el dinero? El de los ricos y no pagar las deudas. La gran utopía cuyo contraste con los hechos unos olvidan y otros no quieren ni siquiera asomarse a verlo.

5) Por primera vez, también esa “otra izquierda” no solo dispone de apoyo mediático sino –y al revés de lo sucedido históricamente– goza de ventaja y tiene potentes aliados. Las redes sociales son un territorio que controlan e impacta el entusiasmo de televisiones entregadas a la causa, con “amigos y compañeros de viaje” entre los directores de informativos, creadores de opinión y canales enteros a su servicio, dedicados a propagar sus ideas y mensajes, al tiempo que someten a los rivales a todo un sistemática labor de demolición con la renovada formula de la “agitación, burla y propaganda”. Rechifla sangrante y criminalización de la perversa derecha, además de presentanción arcangélica y mesiánica de estos nuevos y limpios líderes

6) El primer objetivo de Podemos es conseguir la hegemonía de la izquierda. Pero no solo es ello, sino conjugada con el asalto al poder. Por ello el PP –los prospectores de la inanición que consideran que en el fondo no van con ellos y hasta les beneficia tácticamente– comete un error dramático.

La fase conjugada de liderar la izquierda descalificando al PSOE se conjuga con la de demonizar a la derecha y conseguir, aglutinando bajo su mando a toda la izquierda, el poder. Primero, el municipal y luego, el estatal.

7) El primer objetivo institucional en este sentido es el desalojo de las actuales mayorías del PP de un altísimo numero de poblaciones y de las ciudades más relevantes, así como de diputaciones y comunidades autónomas.

Para ello, han de contar y contarán con el PSOE, que puede en ese momento acabar de perder definitivamente su papel preponderante, pues habría de pagar precios que hoy ni se imagina en las alianzas para expulsar a las listas más votadas del PP.

Si no se cambia la ley y, por ejemplo, no se va hacia una elección directa por la población de los alcaldes en segunda vuelta –lo que desarbolaría mucho de esta operación y sería algo que no tendría contestación legitima desde el punto de vista democrático– sería entregar la decisión de verdad y de manera directa a los ciudadanos.

8) El último punto sería el asalto al Parlamento y a la Moncloa, también con esa gran conjunción de fuerzas, toda la izquierda de principio pero a lo que habría que añadir al separatismo más explícito –con lo que ello supondría para el futuro– de ERC, BNG y Bildu –la vinculación con el terrorismo etarra la tienen descontada y la dan por amortizada– y la connivencia de los nacionalismos presuntamente más moderados como el del PNV y deshechos y desarbolados con Convergencia que tal vez ya no sea ni CiU.

Puede contraponerse a lo anterior que todo ello es una quimera. Y puede que lo sea y que en ello quede Podemos. Pero muchos creen en ella.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 5.8.14
El presidente del Gobierno se va de vacaciones este verano algo más tranquilo que los anteriores. Desde luego, mejor que aquel primer año, el 2012, donde ni siquiera pudo irse porque el país andaba por la cuerda floja del rescate-embargo y la quiebra inminente.

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¿Recuerdan aquella prima de riesgo en los 640, el bono a interés de 7,5 por ciento, colgado de una rama en el precipicio y con un griterío continuo exigiendo que se pidiera la intervención? Aquello fue hace dos años, cuando la caída no parecía tener fin y los profetas del apocalipsis nos vaticinaban cada mañana el fin de los tiempos.

Un poco más aliviado, pero poco, fue el 2013. El desplome se había casi detenido pero no se comenzaba de arrancar. El coche seguía gripado y aunque se afanaban en cambiar piezas y ya nos prestaban para gasolina, aquello como mucho “tosía” un poco. Para remate, llegó el terrible accidente de Santiago de Compostela que nubló el verano.

Este año hay sin duda mejorías, aunque los “brazos de madera” de la catástrofe y la antojera partidista seguirán negando la evidencia aferrados a que las cosas están “mal, muy mal y peor que se van a poner”.

Pero, desde luego, no es así y las gentes empiezan a percibirlo. De la puñetera “prima” ya no se acuerda nadie y de sus intereses, por debajo del 2,5 por ciento, menos. La economía comenzó a repuntar y el motor por fin dio señales de vida y comenzó a carburar. Al principio, con lentitud, pero luego cogiendo cada vez más velocidad.

El crecimiento del PIB se acelera, el turismo bate récords, al tirón exportador se une el interno y una mayor demanda fruto de una recuperación de confianza y de esperanzas. Y ya ha llegado al paro. Después de la magnífica EPA pasada, el presidente sabe que el mes de julio ha seguido siendo positivo en el empleo y que ya puede decir que el número de parados en las listas del antiguo INEM es ya menor que cuando recogió el testigo de Zapatero. Y aún le queda un año largo para mejorarlas.

Esa es, sin duda, la idea fuerza y en lo que tanto el Gobierno como el PP pondrán y ponen todo el énfasis. Han salvado a España de la quiebra, la han librado del rescate y nuestra economía está de nuevo en marcha y a velocidad creciente en creación de riqueza y de empleo.

Eso no puede negarse. Con todos los peros que se quiera, es obvio y constatable. Como también lo es que la lidia que está dando al órdago separatista catalán, sin andar a voces ni a la tremenda como le exigen los de arreglarlo en dos “patás”, pero sí manteniendo una indudable firmeza en los fondos, no está siendo la peor de las fórmulas.

Y en el otro lado se percibe cada vez más que su juego hace aguas ante la ley, la constitución, Europa, la economía y el sentido común. Una cierta sensación de un cierto embridamiento de los caballos desbocados después de la forzada confesión de Pujol se ha producido y es la sensación con la que amanece agosto, aunque nadie duda de que el oleaje se encrespará en septiembre. En resumen, que don Mariano puede irse a relajarse un poco a su Galicia natal, que es donde le gusta ir al hombre, previsible también en esto.

Pero mejor será que sea consciente, si no lo es ya, de que eso ya no le vale. Que antes pudiera parecer que sí pero que ahora, eso, ya no es suficiente. Que sepa el presidente, que sepa el Gobierno y que sepa el PP que eso ya no es garantía de que las gentes vuelvan a confiar en ellos. No vale con haber salvado a la Nación del desplome. La ciudadanía les exige, y con razón y sentido, otra cuestión esencial.

Rajoy ha de tener presente que existe una nueva exigencia de las gentes. Es la necesaria regeneración, la demostración de que se está en batalla y no en ocultación de la corrupción, que se está dispuesto a liderar –sin pararse en que son de los míos o de los otros- la limpieza a fondo de los establos de la política.

Eso es hoy tan imprescindible como eran de perentoria necesidad aquellas dramáticas medidas que debieron tomarse en el año 2012 para evitar la hecatombe. No vale con sellar las fosas sépticas. Que ademas han explotado todas. Hay que baldearlas, desinfectarlas y no dejar rastro de porquería. Por muy doloroso que sea y por muchos que susurren que el mal olor se pasa.

Y uno en esto no tiene muy claro que Mariano Rajoy tenga la energía y la voluntad precisas para llevar a cabo ese verdadero trabajo de Hércules que es limpiar esos establos de Augias donde se lleva tantos lustros acumulando la mierda.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 29.7.14
Si la señora del tercero tiene dos hijos que se quedaron en paro y no han encontrado trabajo puede entenderse y se entiende, como a los 5,6 millones de españoles que siguen en esa penosa situación, que la bajada de las cifras del paro a ellos no les diga nada. Ellos tienen razones de peso para no alegrarse.

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Pero lo otro, lo que no tiene medio pase, es la antojera política, la de la bizquera del ojo de no querer ver la realidad por pura ceguera ideológica, la de los comandos de Agitprop que, sin desmayo, escudriñan hasta el último rincón de esta buena EPA por ver de encontrar algo que les permita pontificar en prensa, radio y televisión su cantinela de “estamos mal, muy mal y peor que se va a poner”.

Eso es de delito contra la inteligencia y contra el derecho a la información. Eso es sectarismo puro, duro y castastrófismo con agravante de alevosía, aunque hay que reconocer que han pasado, al menos, de lo apocalíptico a lo cenizo.

Antes nos rescataban todos los días mañana. Pero eso era cuando no hace mucho, dos años, los indicadores eran de salir corriendo. Prima de riesgo: 650. Ahora, 138. Bono a 10 años: 7,5%; ayer, 2,5%. O sea, que algo hemos mejorado. Pero mejor de eso ni hablamos. Eso ya no cuenta.

Pues hablemos del paro. De la prueba del algodón. De unas cifras que aunque en ese mar de parados son, sin paliativos ni excusas, verdaderamente alentadoras. Porque lo son. Porque la economía española ha sido capaz de crear en un trimestre más de 400.000 empleos y cambiar de signo por primera vez en seis años, logrando que el interanual alcance, casi, la cifra de 200.000 empleados más en un año.

Se han creado 4.400 empleos diarios. Y eso sí que es algo. Es mucho más, con un crecimiento aún incipiente del PIB, que permite pronosticar que cuando éste acelere como lo está haciendo, la cifra aumentará aún más. Y algo tendrán que ver con ello las reformas y los esfuerzos.

Pero ni esa creación de empleo neto ni que el paro haya disminuido en 310.000 personas en estos tres últimos meses –y que de entre los 288.000 asalariados por cuenta ajena hayan sido con contratos indefinidos 180.000- a los cenizos tampoco les importa. La cuestión es negar la recuperación como sea. Y los motivos pues son a lo que huelen partidistas, ideológicos, sectarios. Como cuando entonces negaban con empecinamiento la crisis.

No puede ir nada bien porque no son ellos el Gobierno. Pero el resto tenemos derecho a esbozar una sonrisa de esperanza. La tenemos mal que les pese. El paro interanual ha descendido desde el año pasado en 424.500 personas. Y de aquella cifra aterradora de 6.278.200 parados de marzo de 2013 hemos llegado a esta, angustiosa sin duda, pero de 5.622.900. De un 26,94 a un 24,47 por ciento.

No es malo. Y es mejor todavía que el número de gente trabajando haya vuelto a superar la cifra de 17 millones de personas, ahora 17,3 millones. Lejos aún de aquellos 20 millones largos de la época de las vacas gordas pero sin, duda, mejorando.

Pero nada. No valían los datos del paro registrado, que mes tras mes, ha ido cayendo hasta andar ahora por los 4,5 millones. No valía el ascenso en los afiliados a la Seguridad Social, hasta llegar a los 16,8 millones. No valía.

La EPA del primer trimestre, que no había sido mala, que indicaba ya la tendencia y que era la mejor en mucho tiempo en esos meses siempre “malos”, era el instrumento para profetizar el desastre. Y ahora ha llegado ésta, que no se conocía igual porque no la hay con tan buenos datos en creación de empleo en toda la serie histórica –y que en bajada del paro hay que ir hasta el 2005 para encontrarlos mejor-.

Pues nada. Tampoco. A predicar la amargura y a negar la evidencia. Cuando, por supuesto, a nadie en su sano juicio, y con esa inmensidad todavía por delante de 5,6 millones de parados se le ocurre lanzar una sola campana al vuelo.

Pero decir que el dato es bueno, éste y la tendencia, el giro evidente, no es triunfalismo, es verdad y es esperanza. Lo que es fatalismo, tremendismo y saña es querer ver lo peor en lo que es un poco menos malo.

Ver retroceso en la mejora y hacer motivo de amargura política lo que es para esos centenares de miles que han salido del paro un alivio. Solo un alivio, porque en la “letra pequeña” podemos estar de acuerdo que ni es empleo de primera ni para toda la vida, ni los salarios de tirar cohetes.

Pues claro. Y peor tantísimos que no lo encuentran. Pero no vamos a darnos latigazos cuando hay, al menos, una buena noticia. Y esta EPA lo ha sido. Un gran noticia. Excepto para los cenizos.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 22.7.14
El malestar europeo contra sus partidos tradicionales se expresó de muy diversa manera en la europeas. En Francia ganó la hija de Le Pen; en Grecia, la izquierda radical de Syriza. En Italia, Beppe Grillo, aunque ya en baja, pasó del 20 por ciento. En España, unos neotrotskistas bautizados como Podemos casi llegaron, pero sin pasarlo, al 8 por ciento.

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Pareciera que tienen mayoría absoluta y, en cuanto a presencia mediática por tierra mar y aire y en sesiones de mañana, tarde y noche, ni los mejores agentes del Komintern o del Reich hubieran podido soñar con tan inmejorable nivel de agitación política con ellos como referente.

El atracón que la sociedad española está deglutiendo de Podemos solo tiene parangón en un sueño de Gargantua. Nada que objetar. Cada cual se come los pollos que quiere. Cada medio es muy libre de convertir a Belén Esteban en princesa del pueblo y luego sustituirla en la cochiquera por un mozo con coleta y presentarlo a presidente de Gobierno o a Chiquilicuatre y mandarlo a Eurovisión.

Por ahora, donde está, es en el Parlemento Europeo, con otros cuatro, y lo que tiene es un montón de pájaros volando que le hacen delirar en que convertirá a España en la Unión de Repúblicas socialistas, bolivarianas y comunales de la Iberia Citerior e islas adyacentes con una asamblea de perroflautas como parlamento y con la momia de Chávez como icono ante el cual juren los embajadores extranjeros.

Despues de unos días discutiendo con ellos, me van a perdonar que me los tome como lo que son. Unos chicos de mi facultad que se han encontrado en un momento en que les ha sonado una flauta.

Las críticas que ellos hacen al sistema, a nuestra democracia, a nuestra clase política y a nosotros mismos las comparte cualquier español decente. Que los gobernantes no se enteran de la desafección del pueblo que gobiernan ha contribuido aún más a ello. O sea, que hay cabreo generalizado.

Mucho y muy impostado desde una izquierda que ahora maneja el mantra de que un austericidio (que en sí mismo es un dislate porque significa "matar la austeridad") ha sumido en la miseria al pueblo.

En realidad, lo que había, porque así lo dejaron: era un país cayendo a peso muerto por un despeñadero que era de “habernos matao” y que ellos tuvieron algo que ver en el desastre. Pero no, porque ellos solo quieren el bien para el pueblo y son estupendos de oficio.

Las críticas que ahora encabeza y de las que se nutre Pablo Iglesias el Mozo –para no confundirlo con el fundador socialista- están muy cargadas de razón. O sea, que se comparten por muchos.

Ya empieza a haber cierta disputa en que ha sido la maligna derecha, que es la hija mayor de chico pequeño de Lucifer, la culpable de todos los males, porque resulta que lo que han hecho sus colegas del buen rollo años de atrás, y muy mayormente los del cuentanubes, es de alivio de luto.

Pero una cosa es la crítica y otra las recetas. ¿A alguien en su sano juicio se le ocurre pensar como sería nuestra vida con Iglesias, Monedero y Errejón, como presidente y ministros de Economía y Exteriores-Interior?

Una cosa es hacer Agitprop en las teles de los rojos –Berlusconi y Lara, por cierto- en la que luego habría que poner, alcanzado el poder, a los comisarios politicos (vayan mandando los currículum al “camarada Cintora”) y otra lo de comer, llevar a los chicos al colegio y pagar las pensiones.

Me parece y me da que la burbuja de estos redentores está cada vez más hinchada, tiene encantada a la gente que menos se esperan. Porque lo que está sucediendo es que tienen descuartizada a la izquierda, que es lo que ya tenía advertido Vladimir Ilich Lenin con estas “enfermedades infantiles” y muy revolucionarias. Que a quien tienen de los nervios es al neonato Sánchez y al paleo comunista Lara

O sea, que no se si sacarán un 10 o un 15 o un 20 por ciento. Pero sí sé que las sociedades democráticas occidentales tienen mejores referencias y, sobre todo, cierta información de sus paraísos. O sea, que veremos cuánto quedan en la mano y en las urnas de tanta bandada.

Aunque, personalmente, es de pensarse hacerse intelectual de Podemos, okupa de algo y ponerse de moda. Porque molar, molar, mola. Y cuando la burbuja explote se escribe que fue “el mayo”. Y que además en éste sí estuvimos

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 15.7.14
Pues no. Si lo hacemos, seremos de principio unos vendidos al capital, unos esbirros de los multimillonarios propietarios de los medios de comunicación. Eso por la parte económica. Por la ideológica, aún es más fácil la respuesta: unos fachas.

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Todo aquel que se le ocurra poner en tela de juicio la doctrina, los métodos o a los lideres de Podemos es alguien repulsivo, corrompido, comprado, intrínsecamente perverso. En suma: malo. Porque ello son buenos, arcangelitos, luchan por el pueblo y son la bondad corporeizada. Es la vieja consigna de la izquierda. La superioridad moral. Más vieja que el hilo negro pero que funciona de maravilla.

Como resultan ya no viejas, sino pura quincalla arrumbada por la realidad, la retahíla de elementos doctrinarios que manejan como cuerpo de doctrina. Rebrotan en el tiempo y pretenden el olvido de pasados onminosos como el estalinismo, la tragedia en que devino en toda la Europa del Este la aplicación de tales preceptos y su abrupto y estrepitoso derrumbe por unos pueblos oprimidos por feroces dictaduras que, eso sí, eran del “pueblo”, del proletariado y sólo querían su bien. Pero no sólo es ese inmediato ayer sino que, en este mismo presente, ahí están su Cuba y, especialmente, la Venezuela chavista como referente. Quien la quiera, que la compre.

La izquierda comunista europea realizó un potente esfuerzo para adaptarse a la democracia. En especial, en Italia con Gramcsi y luego con Berlinguer y su eurocomunismo. En España, por conveniencia o convicción siguió esa senda Carrillo y el entonces potente PCE.

Se entendió que ni muros, y no precisamente para impedir entrar en los “paraísos” sino para no dejar salir, ni partidos únicos, ni dictaduras, ni gloriosos líderes eran camino alguno. Y algunos creímos aquello firmemente.

Los sucesores parece que no. Ahí está Cayo Lara e IU abjurando de todo aquello, Constitución incluida, a la que se ayudó tanto a alumbrar, en su particular vuelta al pasado. Y en ese pasado rebrota no tanto el sovietismo como el izquierdismo, aquella “enfermedad infantil” en palabras de Lenin.

Que son estos, con esa mezcolanza de utopía troskista, que supone la base teórica de Pablo Iglesias, Monedero y los suyos, trufada de componentes anarquistas, verdes y caudillismos tercermundistas y hasta indigenistas.

No aparece el referente maoísta porque China, con su maridaje de comunismo y capitalismo salvaje, no está en la receta de cocina para emplatar un guiso al gusto de esta moda. Pero este es el guiso, el que pretende sustituir tanto a la socialdemocracia del PSOE en grave crisis como a esa Izquierda Unida en retroceso hacia sus pasados.

A todo ello, faltaría más, tienen razón y derecho. A exponerlo y a que les voten. Y resulta muy positivo que así lo hayan hecho y que toda esa gente que gritaban no sentirse representados ya lo estén. Todo ello, por supuesto, resulta incluso alentador.

Otra cosa es que pretendieran imponerlo. Eso no. Como tampoco que supongan que ellos tienen bula y han de estar exentos de crítica y de respuesta. Eso tampoco. Su sorpresa, amén de su inesperado y ni siquiera soñado éxito electoral, ha sido el impacto mediático que han causado. Exagerado o no, de inicio les ha favorecido.

Pero ahora, los focos alumbran sus rincones y cuartos oscuros, donde ello no desean que llegue la luz. Eso perjudica su puesta en escena y choca con sus homilías. Porque, aunque sobradamente preparados para la propaganda –de hecho, la entrenan- no se sienten en absoluto cómodos ante la prensa libre.

De ahí que, como siempre pasa, se hayan tirado para su linde, la del “control”, la que siempre han aplicado allá donde sus tesis se han impuesto. Esa fórmula, la vistan de la seda que quieran, es la de el editorial único y los comisarios políticos.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 8.7.14
La crisis ha puesto en valor el campo, la agricultura y a los de pueblo. En tiempos nada remotos, el que se había marchado a la capital –sin generalizar, que es malo– llegaba a la aldea natal con coche nuevo, se encontraba al paisano que venía de regar y lo miraba con una sonrisa de superioridad, amable o no, dependiendo la querencia, y le contaba que a lo mejor se compraba otro piso.

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En los actuales pasajes de nuestra peripecia, aquel de la ciudad lleva en el pueblo más de un mes porque está en paro. Es aquí más barato el sobrevivir y le ha pedido al primo que le deje unos aperos y le refresque unas artes para volver a plantar un huerto. El coche sigue siendo aquel que un día, hace lustros, fue nuevo, y menos mal que al final no se compró el segundo piso que, si no, no sabe qué hubiera sido del que sí pudo pagar.

Alguno dirá que esto es caricatura y exageración. Puede. Pero poca. Seguro que les suena a algo. Los que cuando aquello de irse a la ciudad y vender la mesa de madera de nogal para comprarse una de formica se quedaron en el campo y en los terrones, fueron considerados, más o menos, como los cortos, por no decir los tontos y los pobres o los desgraciaditos.

Pues mira ahora la vuelta que da la vida. Y miren ustedes a su alrededor en esta vuelta a los lugares de origen que, por estas fechas, el que más y el que menos gusta de hacer. Gusta o no le queda otro remedio.

Los pueblos están más llenos que nunca y hasta se recupera aquí y allá alguna suertecilla y se echa mano a la azada. Que luego dónde va a parar, amén de que bien vienen, cómo sabe el tomate cogido por la mañana en la mata. Ni comparación con el otro, que encima hay que comprar.

El campo no solo ha sabido aguantar mejor la crisis, es que ha emergido como valor refugio y ha demostrado ser alternativa y futuro. El sector primario, que dicen los economistas, ha servido de sostén y agarradero para ir saliendo del pozo.

Claro que también han pasado y pasan las de Caín –este año más por la sequía de primavera, por cierto– pero aguantan y no marchan tan mal como han marchado otros. Y eso ha cambiado tornas y ha configurado nuevos prestigios.

El campo y lo primario está de moda. Se descubrió “lo natural” y ahora es fiebre que a veces llega a calenturienta cuando algunos se ponen en esto a rizar rizos y exageraciones. Pero sin ellas es normal que al personal le guste lo sano y natural. ¿A quién no?

Pero, además de los productos, ha venido a resultar que el productor ha escalado también en consideración en la escala social. Ha venido a resultar, qué cosas, que ni el campo era una postal donde iban los urbanitas de fin de semana ni que los labradores eran los zotes que no se habían podido marchar.

O sea, que de tontos, nada. Y ya no te digo si te pones a hablar de leyes con ellos. El menos avispado es doctor en Derecho Comparado Comunitario y sabe más de Bruselas y de la PAC que Cañete y Valenciano juntos. Bueno, más que Valenciano, seguro.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 1.7.14
El escenario político que los españoles nos habíamos acostumbrado a ver desde el comienzo de la Transición no solo se está quedando sin los actores que durante años habían encabezado las funciones sino que corre el riesgo de perder habitaciones y muebles y hasta dejar caer el telón de fondo que ha enmarcado nuestro paisaje público.

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Cierto es que los repartos habían ido sufriendo cambios y retiradas. Los que un día fueron estrellas que llenaban el corral de comedias pasaron a jarrones que no se sabía muy bien dónde colocar para no tropezar con ellos. Pero, en cierta forma, el paisaje se mantenía y el telón de fondo permanecía inmutable.

Y eso es lo que está cambiando. Que ya ha cambiado. Hay cierto aire de desbandada en la compañía, o al menos en la parte que tras haber dominado los carteles durante mucho tiempo han visto cómo les mermaba el público y les iban dejando sin camerinos.

La percepción del cambio, la precipitación incluso en la caída del telón ha venido, sin duda, marcada por la retirada de quien desde el origen de la democracia había presidido el escenario, el rey Juan Carlos. Una caída del cartel, una abdicación voluntaria, sí, pero que a nadie se le oculta se ha visto obligado a tomar forzado por la circunstancia. Y en la circunstancia cabe todo lo que cada cual quiera meter pero de donde no se pueden sacar sus propios errores de la última época y los turbios manejos económicos de su yerno y de su hija.

Ese cambio en el horizonte ha sido consecuencia y detonante al mismo tiempo de otra verdadera cascada de desplomes, rápidos, turbulencias y ahogamientos que no parece sino haber hecho empezar y que afecta sobre todo al campo de la izquierda pero del que no es ajeno, aunque pueda cegatamente pretenderlo, el actual partido de gobierno.

Pero es el PSOE, sobre todo, por su condición otrora hegemónica en España, quien sufre en sus carnes una convulsión total y un cierto aire de liquidación por derribo donde se saldan en almoneda los muebles y hasta la dirección de la propia tienda llamada Secretaría General y donde no parece que haya aspirantes de sobra contrastados para dirigirla.

Los espectadores asistimos con la sensación de estar presenciando un cierto fin de ciclo, cuya última escena ha sido el muy emotivo y aplaudido “entierro” de Rubalcaba, como muy bien definió el propio “enterrado” y el estreno de una nueva temporada, marcada sin duda por el nuevo Rey Felipe al que por algunos se le supone y establecen poderes y capacidad de arreglos que no tiene.

Porque es cierto que su figura preside el escenario, pero no es ni quien dirige la compañía ni quien tienen la propiedad de la sala, que es el público y el pueblo soberano con derecho a butaca y voto.

Un aire, pues, de final de representación que unos conciben y pretenden que concluya pegándole fuego al teatro, otros estiman que son necesarias obras de reforma serias y cambio de repertorio y actores y algunos suponen que con un revocado de fachada será suficiente.

No parece esto último, a tenor de las conmociones, ni que sea la salida dar al fuego todo porque en ello está la convivencia, la mejor etapa de democracia, libertad y avances en nuestra historia y que prendida la candela de las cenizas y la ruina luego no se vive. Pero todo ello habrá que verlo y ver qué sentencia dictan tanto el patio de butacas como el gallinero.

Las filas impares, las de la izquierda, tienen dentro una buena ensalada. Por primera vez en años, se disputan quién va de tomate o de pepino, quién de aceite o de vinagre, cuando parecía para siempre establecido que el cacho bueno era el del PSOE.

Pues ahora, encima, cuando eso empieza a no estar claro, resulta que aparecen los pimientos de Podemos como terceros en discordia. Y la disputa adquiere un cierto aire de pisto o, ya que estamos en verano, de pipirrana, pues al mismo tiempo estarán enzarzados en la pelea por la primogenitura de esa rama de la familia tienen en el entrecejo ver si juntos y aunque sea revueltos se hacen con buenas hijuelas en municipales y autonómicas.

A quienes ahora detentan el mayorazgo y el poder, los del PP, suponen que todo ello en poco les afecta. Sobre todo porque a ellos no les ha crecido ningún hijastro con Vox. Que el revoltijo en las izquierdas no es aplicable ni a lo suyo ni a lo común de España.

Y, ciertamente, no lo es del todo, pero en su base y en su fondo y aunque ahora no lo parezca, porque en el poder siempre parece que eso no toca, el corrimiento de tierras es de calado y les va a alcanzar, les ha alcanzado ya, en pleno rostro.

Quizás, es cierto, que por otros conductos. Pero no será muy diferente la conclusión en muchos ámbitos y la desaparición de muchas caras y nombres en las listas de los próximos carteles. El poder omnímodo en determinados territorios, la sensación de impunidad, las mil y una corruptelas en suma, van a ser en las filas pares el factor de obligada limpia, por las buenas o por las urnas, que dice el líder de Ciudadanos, otra de las caras emergentes que aparecen en los nuevos reclamos.

Porque lo que ya no es previsible sino realidad inmediata es que el es escenario de ayer ya no será el de mañana. Que muchos de los actores que representaron la última función no van a ser ya ni figurantes en la próxima.

Que –y particularmente en un lado las carteleras- no van a tener nada que ver con aquellas, primero en las próximas elecciones locales, pero luego y desde luego en las en las próximas generales y como decía quien un tiempo pastoreó el mayor de los rebaños electorales, esto “no lo va a reconocer ni la madre que la parió”. Pero me parece que Guerra lo decía por otra cosa y ahora debe estar pensado en que no sabe si va a salir con barbas, san Antón o la Purísima.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 24.6.14
El hecho más relevante, el verdaderamente histórico en su significado, no ha sido ni la abdicación de Juan Carlos I ni la proclamación de Felipe VI. Tiene precedentes, incluso en el nombre: un Carlos cedió la Corona a un Felipe y se retiró a Yuste. Lo verdaderamente significativo es que es un rey constitucional español, cabeza de una monarquía parlamentaria, la cede a otro rey constitucional, quien jura y acata la soberanía del pueblo ante sus representantes electos en las Cortes Generales.

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Y no deja de ser impactante que ese rey abdicado, miembro de una dinastía histórica, no comenzara siéndolo sino, muy al contrario, había sido designado por un dictador que pretendía con ello perpetuar un régimen.

El gran paso de Juan Carlos fue renunciar a los poderes que le habían sido entregados como rey, un rey que no solo reinaba sino que gobernaba y mandaba, y abrir el proceso que entregó el poder y la soberanía al pueblo español.

Su hijo, en el acto más esencial y definitorio de esa transmisión, juró acatar, cumplir y hacer cumplir esa Constitución ante el presidente de las Cortes (Jesús Posadas hizo un preciso, hermoso e importante discurso preñado de valores y contundencias).

Llo hizo vestido de jefe de los Ejércitos y en ejemplo visible de sumisión ante el poder civil y si por algo quiso empezar, remarcar de entrada y dejar diáfano, es que él es un rey constitucional, sin poder político, supeditado a él, a las leyes democráticas y a la decisión de los ciudadanos.

No fue sorprendente que lo hiciera, aunque no es baladí destacar lo bien que lo dijo y lo hizo. Pero no deja de ser curioso que entre ciertas confusiones sea el rey precisamente quien más claro tenga cuál es su posición, lugar y papel.

Su padre, de inicio, sí ordenaba y mandaba. Y de ello se valió precisamente para, entre otras cosas, renunciar en gran medida a hacerlo y con ello, lo creo firmemente, salvar en el tiempo la institución monárquica y su Corona hasta poder llegar ahora a trasmitirla, comprendiendo que solo haciendo confluir los intereses de la Corona con los del pueblo en el ansia de libertad, democracia y Estado de Derecho, garantizaba el futuro.

El mensaje y la enseñanza parece que los tiene más que interiorizados el nuevo rey Felipe VI. Al menos, eso es lo que se desprendió de manera continua de su discurso. Porque, y esa es otra de las cuestiones paradójicas de estos días, quienes se manifiestan contrarios a esta forma de Estado, votada mayoritariamente por los españoles en 1978, o quienes pretenden desvertebrarlo desgajando territorios y no lo aceptan a él, en suma, como representante de la Nación española son extrañamente quienes apelan a su condición, rango y persona para que intervenga como si de un rey “absoluto” se tratara y pudiera tomar tales decisiones.

Y así, unos le exigen que proceda a convocar un referéndum y otros, los separatistas catalanes, le demandan que les apoye para poder hacer los suyos, anticonstitucionales y antidemocraticos, y poder expropiarnos a todos los españoles el derecho a decidir sobre algo que nos compete a todos y apropiándose de tal derecho en exclusiva, proceder a extirpar esa parte de España.

Pero por lo oído en el acto de proclamación, parece que el Rey es muy consciente de sus deberes, de sus límites, aunque también de sus labores. E insisto, más de lo que algunos parecen tenerlos.

Puede y se ofreció para ser lugar de encuentro y hasta de cauce, pero no puede crearse la falsa expectativa de que Felipe VI puede resolver ni problemas de gobierno ni problemas territoriales.

Puede alentar, sin duda, y ya lo hizo en sus referencias a la angustia del paro y de la crisis. Y puede facilitar diálogos en el más grave asunto que habrá y habremos de enfrentarnos: el intento de los nacionalistas catalanes de independizarse de España.

En este punto es donde, como a muchos, me invadió la tristeza y la amargura. El presidente catalán, secundado por el vasco, se manifestaron en sus gestos tan cerrados a toda concordia como ingratos. Ni siquiera un mínimo reconocimiento a la que ha sido esta Constitución que ha permitido a Cataluña y País Vasco alcanzar los máximos grados de autogobierno, respeto a sus lenguas (que el nuevo rey utilizó en sus gracias finales), a su cultura y a sus señas identitarias.

La amargura viene de esa memoria y de esa evidencia del engaño más doloroso de quienes no hace apenas nada lo pedían para mejor convivir y encajarse en España y han demostrado que lo hacían tan solo para avanzar en la senda contraria.

Ese gesto y esa negación del aplauso de Mas y Urkullu lo era a la Constitución que les otorgó tanto, incluso su propia dignidad actual como presidentes autonómicos, y una negativa a abrir puertas de concordia en el futuro que, en el caso de Mas, parecen ya por completo y por su lado cerradas. Fue la nota triste y pesimista, el peor augurio de la jornada, para este reinado y este tiempo que viene.

Pero no quiero quedarme con ello sino con otro asunto en el que sí puede vislumbrarse una decisión ejemplar y que puede comenzar a servir de espejo para la necesaria regeneración de las instituciones en España.

Felipe VI es consciente de que su padre, cuyos éxitos y servicios a España y los españoles no escatima nadie y prevalecen muy por encima de sus desaciertos, cometió serios errores y, al amparo de sensaciones de impunidad, se produjeron en su entorno hechos muy deplorables.

No son en absoluto ajenos a su decisión, sensata e inteligente, de abdicar y reconocer su desgaste. El nuevo rey, con la ausencia obligada de su hermana al borde de la imputación judicial, y con sus palabras, que recalcó y enfatizó, se emplazó a sí mismo a un comportamiento presidido por la honestidad, la ética y la transparencia.

Ese fue el mejor mensaje que pudo lanzar a la nación y presumo que el más valorado por las gentes. Preludia hechos y movimientos ya meditados y que pueden ser de inmediatos llevados a la práctica.

Sabe que en la recuperación de esa imagen, ahora dañada, puede estar en buena medida el fiel de la balanza de su éxito o su fracaso. Parece saber Felipe VI que, en una monarquía parlamentaria, la Corona se gana o se pierde cada día.

Lo ha dicho en más de una ocasión y volvió a hacerlo en su discurso de proclamación cuando señaló que su finalidad personal era que, al igual que él se sentía orgulloso de los españoles, éstos pudieran sentirse orgullosos de él. No fue mal comienzo el proponérselo. Los tiempos que le vienen y nos vienen van a ser extremadamente complicados.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 17.6.14
No es menester consultar a los augures, ni descifrar el vuelo de las aves, ni peregrinar a los oráculos: un ciclo político, económico, social y cultural está cerrándose de manera inexorable y otro comienza a abrirse. Y en todo cambio hay zozobra, resistencias y empellones.

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Pero si algo ya puede tenerse claro es que este primer tiempo de nuestra democracia, nacida al amparo de la Constitución del 78, pasa página y se está comenzado a escribir otra, donde la evidencia primera es que los protagonistas ya son y van a ser otros. Hasta en el deporte y en la Selección de Fútbol. Es fin de época. Ya hay que ir guardando las fotos para el recuerdo.

La abdicación del Rey y la muerte de Adolfo Suárez son tal vez los símbolos más significativos y palpables, pero no lo son menos las hecatombes electorales y las rupturas de acuerdos fundamentales como el protagonizado por el nacionalismo catalán.

Los ciclos se terminan pero no por una simple cuestión biológica, de puro cansancio de materiales sino que hay otra mareas profundas que socavan el edificio. En nuestro caso han sido cuatro asuntos los que han provocado y precipitado el corrimiento de tierras.

La corrupción tan extendida y percibida como cáncer generalizado por parte de los ciudadanos lo que ha supuesto el descrédito en sí misma de la acción y función política; la brutal y largísima crisis económica que ha llenado de angustia a millones de familias y de desesperanza a la generación de jóvenes; la desvertebración territorial con la amenaza directa y decidida de la secesión de Cataluña; y, por último, el descrédito de la Corona como institución, tras sus errores y tropiezos del Rey Juan Carlos y de un sector de su familia que ha minado un prestigio que se había mantenido en altísimas valoraciones durante más de 30 años.

Esos son los males y no parece que haya mucha discusión en el diagnóstico. En lo que va a haberla será en los remedios. Y aquí es donde nos vamos a tener que retratar como ciudadanos y como sociedad.

De entrada, dos opciones: ¿tiramos la casa abajo como un edificio ya inútil o nos metemos en obra para rehabilitarla y volverla a hacer confortable? Lo primero supone concluir que estos años pasados han sido inútiles y hasta desperdiciados en España; que nuestra Constitución poco menos que fue impuesta y que hay que tirarla a la basura. No nos engañemos, estas posiciones de la izquierda radical, de la más vieja izquierda, son conocidas pero algo es insondable: cuál es su propuesta y el modelo que nos ofrecen.

La segunda opción no está tampoco exenta de riesgos ni dificultades. Se trata de poner en valor los principios y el espíritu que alumbraron aquel impulso y, aprovechando nuestro comienzo de salida de la maldita crisis, dar un impulso regenerador a toda la vida pública y a todas sus instituciones.

En suma, buscar desde casi ya un nuevo gran pacto constitucional que respete lo que fue definitorio en el anterior: la convivencia y el espíritu de procurar hallar los mínimos .y máximos comunes denominadores que nos unen –y eso también es de aplicación a la vertebración del Estado–.

Es una tarea apasionante, el reto más trascendental para España desde aquellos años setenta. ¿Quiénes serán quienes encabecen y lideren el rumbo de los diferentes barcos? Pues en ello se anda cada uno por su lado y, algunos, con mas vías de agua. Pero todos tienen carcomido el casco.

Y hay que tener claro que lo mismo que se puede llegar a puertos, podemos acabar todos contra la escollera y náufragos. Pero es patente que de aquí al 2015 vamos a entrar en un verdadero torbellino. Estamos de hecho metidos en él, donde ya no hay apenas nada sólido ni seguridades por ningún lado.

Tampoco certezas y puede que espejismos. No se olvide tampoco el viejo dicho de los clásicos : que los dioses ciegan a quienes quieren perder y que, en ocasiones, es mucho más fácil recuperarse de un fracaso que sobrevivir a un éxito.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 10.6.14
Iñaki Urdangarin ha sido el mejor agente al servicio de la República, la ultraizquierda y los separatistas de variados pelajes, que están deviniendo en el más poderoso baluarte de la Monarquía y en los parapetos más eficaces de la Constitución.

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Las algaradas, calificadas de “pintorescas” por un republicano de pro y dotado de cerebro como Julio Anguita, donde se exhiben guillotinas, simbología comunista y odios nacionalistas a cualquier cosa que suene a España, se convierten en una inmensa fabrica de ciudadanos que, sin plantearse la cuestión monárquica, perciben que quienes encabezan el griterío y a donde se dirigen, o a donde pretenden retroceder –lugares ciertamente pantanosos, de enfrentamiento y amargura-, son lo menos recomendables que puede sucederle tanto a ellos como a España en los momentos presentes.

Con un par más de “movilizaciones” de este jaez y unas cuantos “rodeos del Congreso” habrán logrado el trascendental objetivo de convertirse en el mejor argumento de la Monarquía y el más firme apoyo de Felipe VI.

La apropiación en exclusiva, el secuestro, de la idea de la república por parte de Izquierda Unida y Podemos, junto con el secesionismo rampante, ERC, BNG y los filoetarras de Bildu, está resultando ante la inmensa mayoría de la ciudadanía el argumento mejor para reflexionar y poner en valor la estabilidad, la convivencia y las leyes de las que un día nos dotamos y enmarcamos en la Constitución que, desde luego, habrá que remozar y hasta reparar a fondo si es preciso, pero a lo que ahora es mejor y preciso atenerse.

Y que cuando haya que reformar habrá de hacerse no por imposición de minorías ni alaridos sino por convencimientos y mayorías amplias que busquen acuerdos y no sojuzgar a todo aquel que discrepe de un pensamiento que algunos supongan tienen derecho a imponer como único porque ellos son “el pueblo” y cuya representación ha de suponérseles por la gracia de... ¿Lenin?

La algarabía montada alrededor de la abdicación y entronización de un nuevo rey es, desde luego, un inmejorable momento para quienes la promueven. Y cuentan a su favor con los graves errores cometidos en el reciente pasado por la institución monárquica.

Plantear de manera trasversal y sensata al conjunto de la población la otra posibilidad de forma de Estado sería algo a valorar, a meditar y, cuando tocara a través de una reforma Constitucional, a decidir mediante el voto.

Lanzarse a la agitación pretendiendo establecer que Democracia y Monarquía Constitucional –donde los reyes no gobiernan- son antagónicas y que lo segundo es, en realidad, dictadura es una aberración tan perfectamente constatable al mirar a Europa y muchos de sus países más avanzados como a nuestro no muy lejano pasado, cuando fue precisamente la Monarquía el amparo y el resguardo de la recién nacida democracia ante el golpismo.

Pero los que aquel día –como Cayo Lara o el entonces tembloroso y acongojado Jordi Pujol- daban vivas aliviados, ahora gritan “mueras” o se trasconejan con la misma cobardía –por cierto, en el caso de Pujol- que el día de marras.

Izquierda Unida y Podemos, y algunos socialistas como Odón Elorza, la niña-aparato Talegón, encendidos en lo que unos consideran el momento llegado de asaltar primero a la izquierda y convertirse en su fuerza hegemónica para luego hacerlo con el país entero (lo que es muy legítimo si se hace a través de urna y votos) y los otros suponiendo que su salida está en arrimarse a tales extremos, se han lanzado a una enfervorizada campaña que bien puede provocar el efecto más contrario a lo que pretenden conseguir.

Fundamentalmente porque el conjunto de la población los percibe en lo que son, cómo son y a dónde se dirigen. Estoy convencido de que IU y Podemos, o alguno de los dos, pues andan a mordiscos por la primogenitura del radicalismo, va a sacar réditos. Pero también pueden darse con techos y hasta con suelos.

A algunos, sus simpatías y cariños con el secesionismo les parecen maravillosas pero hay muchos más: una inmensidad a quienes les repugnan y esa empatía que se mantiene con quienes hasta ayer, que sigue siendo hoy, eran cómplices –cuando no dirigentes- de una banda de asesinos y secuestradores llamada ETA, la banda provoca el más elemental de los rechazos y la más profunda de las repulsiones.

Ver a Pablito Iglesias en confraternizaciones de herriko taberna y ahora apuntándose a la cadena tribal cogido del brazo batasuno resulta muy esclarecedor. Como para quien quiera verlo, era su acoso junto a su jefe de propaganda, Serrejón, en la Facultad de Políticas, en una de sus actuaciones de intimidación e insulto, que ellos llaman "escrache", contra la dirigente de UPyD Rosa Díez y que da prueba de su talante democrático del mejor estilo chavista. Por cierto, que el citado Serrejón lo negó a mi pregunta pero resulta que hay todo un vídeo del momento, con ellos dirigiendo la “orquesta”.

Por último y en todo este revoltijo y como ya sucediera en otros tiempos, vuelve a resultar verdad aquello de que los extremos se tocan. Entre las voces que se unen a unos ultras están los genuinos, como Sáenz de Yniestrillas, presente –y nunca mejor dicho- en la manifestación de la Puerta del Sol, o la del siniestro Pío Moa, que desde aquel Grapo –aunque algunos hemos pensado siempre que su militancia estaba más bien en algún oscuro cuarto de la represión policial franquista- ha pasado a convertirse en hagiógrafo del dictador y de la dictadura.

Es todo un síntoma y un elemento más a tener en cuenta. Aunque ahora, en diferente proporción de fuerzas. Al padre de don Felipe, en quien nadie creía, se encontraba la máxima oposición en una ultraderecha fascista que no se fiaba de él, junto con una izquierda que no podía sino percibirlo como un apéndice y continuador del franquismo.

Pero en este sector, entonces, existía una fuerza seria y responsable llamada PCE –más que el entonces recién reaparecido PSOE, dedicado también por aquellos días a juegos de banderitas- que supo calibrar momento y necesidad democrática y el rey Juan Carlos demostró y logró hacer confluir los intereses del pueblo español, anhelante de libertad, con los de la Corona.

En esas estamos. Y puestos a aportar algo a la confusión, se me ocurre proponer, al menos, un nombre para esa inminente republica que van a proclamarnos mañana. Como el nombre de España no puede aparecer ni por el forro –¡vade retro, Satanás!- creo que este sintetiza los pensamientos y anhelos de los propulsores de la misma “Unión de Republicas Socialistas, Soviéticas y Comunales de los Pueblos Ibéricos” Ah, perdón, e Insulares. O sea, para abreviar: la URSSC-PII

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 27.5.14
La sexta me pilló en la ópera y, al acabar, me enteré con sorpresa que la habiamos ganado, pues nadie daba un duro por el triunfo. La octaba la vi en directo en Paris, 3-0 al Valencia. El triunfo de la novena lo supe por el piloto de un avión que me traía para España y por los fuegos artificiales que subían hacia el cielo cuando aterrizábamos en Madrid. Ésta me pilló en el monte y el Mowgli ladró a los cohetes que sonaban desde un pueblo cercano.

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Fue un gran partido. Un gran Madrid y un gran Atletico. Grandes aficiones y esa lección atlética –es más dificil saber perder-, esperando a que el rival recogiera el trofeo en el campo después de la crueldad de su derrota.

El empate cuando ya se cumplía el tiempo, como hace 40 años, los hundió. Agotados, fue excesivo el castigo del 4-1. Hermoso gesto de los jugadores del Madrid hacia sus rivales formándoles un pasillo de respeto al ir a recoger su medalla.

El deporte español, los dos equipos de Madrid y sus aficiones, han dado una lección que ha visto España y el mundo entero. Muchos cientos de millones de personas en todo el planeta vieron la final de la Champions.

El sábado por la mañana había escrito que deseaba que ganara el Madrid, pero que con quien menos me doleria la derrota sería contra el Atlético. Han hecho un maravillosa campaña. Han ganado la Liga tras vencer en los duelos directos a Madrid y Barcelona y llegaba a esta final tras haber dejado en la cuneta al Barça y al Chelsea de Mourinho.

El Madrid, por su parte, había ganado ya la Copa del Rey tras eliminar al Atlético y derrotar al Barça en la final. Para llegar hasta Lisboa había derrotado a toda Alemania, eliminando a sus tres mejores equipos: el último, y de manera aplastante, al hasta entonces parecía que imbatible Bayern de Guardiola.

O sea que lo de Lisboa desempata en trofeos. Aunque a Madrid y Atlético les queda uno aún por disputar: la Supercopa, al inicio de la temporada. La de Europa la disputará el Madrid con el Sevilla. Pero, sin duda, el Gordo de la Lotería era conseguir la Décima o la Primera. Y se sabía que tocaba en Madrid, pero cayó en la Cibeles.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 20.5.14
En la tele ganó Valenciano. En la urna es otra cosa. A Cañete, por lo visto, le dijeron que no podía ser Cañete y Arriola consiguió dos cosas: que Valenciano le ganara el debate y “desestructurarlo” como hacían en El Bulli con la tortilla de patatas. Con ello, anuló el mayor activo de su “protegido”: su campechanía y naturalidad.

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Encorsetado, rígido, “empapelado”, fue incapaz de un espontáneo corte al torrente demagógico y catastrofista que, con mucha seguridad y desparpajo, le endilgaba Elena Valenciano. Aún así, el candidato popular considera que fue lo mejor que pudo pasarle pero, a juicio de muchos, al intentar explicarlo, ha metido por segunda vez la pata.

Hay quien piensa que el gurú Arriola cobra –y muy bien- del PP, pero parece trabajar para el PSOE. Sus dos últimos “éxitos” fueron el de la incomparecencia de Arenas en el debate de las andaluzas –un fiasco absurdo y evidente pues, tenía todo a su favor y el hecho de tener que pelear en territorio “enemigo” no era excusa sino hasta aliciente- y el de la noche del jueves –donde logró que, en el debate, Arias Cañete fuera cualquier cosa menos Cañete-.

O sea, que su idea de esta cuestión es, primero, mejor no ir y, segundo, si hay que ir, que el que vaya no parezca él mismo. En las elecciones andaluzas ya se sabe lo que les ocurrió. En esta ha logrado dar ánimo a un rubalcabismo en estado terminal donde Chacón, previendo la hecatombe, se había borrado ya de la campaña y había decidido no asomar ni por un rincón.

La candidata socialista usó y abusó de dos resortes: la demagogia populista y el catastrofismo. El candidato popular no fue capaz de darle el corte más sencillo y que la realidad avala: que quienes negaron con empecinamiento suicida la crisis son ahora quienes abjuran y se niegan a ver cualquier síntoma de recuperación y esperanza.

Sólo cuenta en este sentido y en cuanto a imagen que las interrupciones, apostillas y muletillas de la socialista –que debieron ser cortadas y no lo fueron por la moderadora, María Casado, cuando se había convenido respetar los turnos-, aunque pueden en apariencia favorecerla en el magín de muchos, suponen una tacha para quien lo practicó.

Pero es indudable que Valenciano llevó la iniciativa y lo condujo al terreno que le convenía. Una especie de Debate sobre el Estado de la Nación y una lista de reproches, agresiones y sadismo social que sólo se explica por la maldad intrínseca de la derecha. En síntesis, que en cuanto a la tele, es una obviedad reconocer que lo ganó.

También –y esto sí tiene algún recorrido mayor- consiguió Elena Valenciano alentar a su parroquia. Esperaban menos de ella y los reconfortó, mientras que en Cañete fue al revés: esperaban más de él. Los socialistas van a tener, al menos, un clavo al que agarrarse hasta el próximo domingo.

Pero la impresión televisiva y la evanescencia de rosadas palabras chocan de frente con realidades que pueden sustanciarse de aquí al domingo en que lo que parece un mínimo oasis haya sido un espejismo y, el lunes, el desierto más crudo sea el horizonte.

Porque el problema para el PSOE, Rubalcaba y Valenciano es que su discurso se da de bruces con la memoria, muy reciente, y con los hechos más palpables. La herencia zapateril no es un recurso, es un drama que dejó a España ante el abismo y en una situación de irrelevancia en Europa y el mundo (ahí marcó uno de sus pocos goles Arias Cañete).

Estuvimos asomados, por la gestión y delirios socialistas, a la quiebra y al rescate-embargo y ahora hay una sensación y datos recientes, crecientes y continuos, de que de la recesión hemos salido y comenzamos a avanzar en la salida de la crisis y en la mejoría de la economía y el empleo. Y ello, mucho más que los mítines, cuenta para los más a la hora del voto.

No sé hasta qué punto el debate puede influir en tal aspecto. Me parece que no va más allá, y no es poco, de dar aliento a los propios feligreses, que en unos comicios tan poco concurridos puede ser significativo, pero también activa el resorte contrario, de movilizar a quienes se sienten enfadados por esa exhibición de desmemoria y demagogia. Las urnas dirán.

Por ahora, lo que existen son los sondeos y, hasta el pasado jueves, indicaban un deslizamiento hacia debajo de los socialistas. Invertir la tendencia, por mucha propaganda y jaleo, no parece factible, pero sí creo que, al menos, han frenado la caida.

Sin embargo, si hubiera que pronosticar algo, me arriesgaría a decir que sí, que en la tele Valenciano arrimó el ascua a su sardina, pero eso no es lo mismo que arrimar el voto a la urna y que, en eso, incluso hasta en esa noche en que Cañete no era Cañete, el PP lleva ventaja.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 13.5.14
La semana pasada, cuando vi lo datos del paro de abril, he de confesar –y lo hago contrito y avergonzado- que me animé un poco. Me pareció que 111.565 parados menos y 133.765 afiliados más a la Seguridad Social eran motivo de cierta alegría. El que fueran, además, los mejores datos desde el año de 1996, o sea, de toda la serie histórica, me hizo suponer –me abochorna mi obnubilación- que era factible albergar cierta esperanza.

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El que se abundara en el hecho de que en los últimos nueve meses y en términos desestacionalizados la mejoría se viene manteniendo, y que solo en los dos últimos meses la Seguridad Social casi ha ganado un cuarto de millón de cotizantes nuevos para vislumbrar ya la cifra de 16,5 millones, me mantuvo en el error durante algunas horas más.

Pero, por fortuna, la luz me llegó cegadora, aunque tardía, y su rayo me arrojó, como a Saulo del caballo, al duro suelo y amén de la costalada, los apóstoles de la verdad progre, única, antigua y aceptada, me han impuesto dura penitencia por caer en tales y tan perversos pecados.

Fueron primero los sindicalistas, los perpetuos guardianes, desde perpetuos tiempos y en perpetua guardia liberada, quienes me admonizaron sobre mi herejía. Todo es ponzoña y miseria, no hay esperanza, son detritus camuflados para engatusar a cuatro ingenuos. Menos mal que ellos vigilan.

Como lo hacen, infatigables, los augures económicos que, tras destripar la res, contemplar su hígado y diseccionar sus vísceras, habían concluido que estaba infecta y el pudridero era su único destino. El aceptar tal vianda era de peligro mortal y de infección letal garantizada.

Por último, solemne, profética y portadora del oráculo divino de la sigla y de la esencia, la sacerdotisa Soraya Rodríguez, desencajada por el disgusto ante tanta desviación pagana, pronunció el definitivo dictamen: la cifras las viste el diablo, son pura argucia y pompa con las que se disfraza el becerro y sale en procesión al falso dios, el ídolo espurio, para perder y confundir al pueblo elegido.

Debía prohibirse el exhibir tales símbolos y pregonar tales blasfemias. De “la chica de ayer”, Elena Valenciano, como estaba danzando y perdida en músicas, no recuerdo haber oído acordes nuevos como tampoco del sumo sacerdote, aunque muy agujereado, el levítico Rubalcaba. Pero no hace falta. Estoy más que abrumado por mi culpa.

Así pues que ya no se esfuercen, ni me recriminen más. Ya he comprendido mi error y asumo mi culpa. Ya tengo todo claro y me doy los más fieros golpes en el pecho por haber caído en la tentación. Está todo diáfano. ¡Quien se alegre de la bajada del paro es que es un facha!

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 6.5.14
La última semana de abril de hace un año nevó por casi toda España. Hubo un bajón de temperaturas y la helada socarró los frutales. A los que estaban en flor les fue mal y a los que ya tenían el fruto en miniatura aún les fue peor. Pero los que nos quedamos congelados fuimos los españoles cuando Guindos y Montoro nos pusieron delante el panorama más gélido y tenebroso que imaginarse pudiera.

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A España, tras aquella rueda de prensa, le dio un pasmo. No es que se no se hablara, ni por asomo, de los muy desahuciados brotes verdes de su pastoril antecesora, es que se nos situaba en el peor de los desiertos, sin sombra ni cobijo y hasta sin gota de agua.

Fue tan crudo y duro el mensaje, cuya intención parecía estar en la necesidad de afrontar con realismo la situación, que hubo muchas voces que criticaron el excesivo pesimismo y el desanimo y fatalismo que trasmitía. Tanto fue así que hasta hubo de salir el presidente a templarlo un poco. Fue, lo recordarán, tan solo hace un año.

Este año hay otra temperatura, otro clima y no se ha helado la fruta. Eso es lo que nos vienen diciendo y solemnizaron en el consejo de ministros del miércoles, calcado en personajes de aquel pero diametralmente diferente en su mensaje.

La vicepresidenta Sáenz de Santamaría resumía los ejes del cambio. “Hemos evitado el rescate, hemos superado la recesión y hemos comenzado la recuperación”. Y son afirmaciones, sobre todo las dos primeras, difícilmente discutibles, aunque es la tercera la que ahora nos preocupa y será el verdadero eje del debate.

E, incluso aquí, hay que reconocer que lo que debemos discutir y analizar no es el hecho en sí sino su dimensión, velocidad, amplitud y profundidad. Esa es la madre del cordero, el fiel de la balanza, la línea entre el éxito y el fracaso y entre la absolución y la condena. Cuándo, cómo y cuánto vamos a recuperar y crecer. Y lo esencial, crear empleo. Que es la prueba del algodón ineludible de todas las cifras, palabras y proyectos.

El Gobierno de Rajoy considera que ha llegado el momento de la ofensiva. En todos los frentes. Cree que ya ha logrado establecer posiciones y se siente fuerte en ellas. Que incluso ha dado un paso trascendental en la confianza exterior, en Europa y que es el momento de revertir el signo y el ánimo de una ciudadanía castigada, peor que escéptica y, en ocasiones y con razón, sublevada.

El proyecto y estimación que Guindos y Montoro presentaron va para Bruselas pero en realidad era, en su principio y fin, de consumo interno, dirigido, antes que a nadie, a los españoles. Lo dicho, escrito y comprometido es esperanzador. El crecimiento se acelera.

Este primer trimestre, es un hecho, un + 0,4, que en términos interanuales, es de un +0,6 y se prevé que sea al final del año de un 1,2 por ciento del PIB. Eso ya es prospectiva. Como lo es, a aún más futurible, la del 1,8 para el 2015 y no digamos los mas de 2,3 y el 3 de sucesivos años. Eso ya son las cabañuelas.

Sobre ese crecimiento marcan la otra senda: la del empleo. No es que sea algo como para contentarnos, pero dada la angustia actual hasta puede parecer, y a muchos les parece, triunfalista. Lo que vienen a prometer es que se acabará el 2014 por debajo del 25 por ciento y del 23,3 en 2015, justito por debajo del que nos dejó ZP y que con un ritmo un poco más acentuado será en el 2017 cuando se baje ya del 20 por ciento. En magnitudes concretas: que se crearán un total de 800.000 puestos de trabajo en estos dos próximos años.

Eso es lo que dice el Gobierno. Y lo dice con una EPA recién nacida que para bastantes no ha cumplido las expectativas y apunta en mucho peor rumbo que estas propuestas ya de por si mínimas.

Sin embargo el Gobierno ve precisamente en esa EPA un punto de inflexión muy significativo. Dentro de los datos terroríficos, señalan los novedosos y positivos. En nueve años y en este trimestre, sin Semana Santa que computar encima, ha sido la mejor, o la menos mala, de todas.

Y es verdad. Pero la menos mala no es que sea buena, máxime cuando se han destruido 184.000 empleos y que en el computo total y anual de población ocupada con respecto al 2013 se haya quedado, tras la corrección estadística y el nuevo censo aplicado, incluso un pelín por debajo.

Pero en otro sentido hasta esa EPA soporta una mejor mirada. En un trimestre tradicionalmente maldito, la comparación con el mismo de 2013 resulta positiva. Hace un año, el del pedrisco y la helada, fueron 257.000 parados más, para un récord de 6,25 millones, un 26,9 por ciento.

Esta del 2014 ha arrojado la sorpresa, aunque minúscula, de 2.300 parados menos, para una cifra total de 5,9 millones y un 25,9 por ciento de desempleados. En términos absolutos y anuales, un total de 344.000 parados menos que hace un año, cuando se estuvo en lo más hondo y profundo de la sima.

Son cifras, en cualquier caso, espantosas y su corrección, a la mayor velocidad posible, es la urgente y verdadera emergencia nacional en la que debían emplearse todos los recursos y alcanzar la máxima unidad de criterios políticos y sociales posibles. Ojalá de esas reuniones con los sindicatos saliera algún acuerdo en este sentido.

La discusión sobre la EPA ha tenido, como no puede ser de otra manera, un enorme sesgo político. Depende el color del ojo su interpretación. Esa seguirá siendo también la almendra del debate cuando se den a conocer los datos del paro del INEM que, desde hace ya meses y tras un pasado año donde mantuvieron ya secuencias positivas, aspiran a algo todavía más relevante y unido al descenso de los apuntados en las listas del paro, el aumento de los afiliados a la Seguridad Social que ya crecieron fuertemente en el mes de marzo.

Los datos de abril que conoceremos hoy tienen en esta ocasión una relevancia muy especial. Serán el indicativo palpable de esas diferentes visiones de nuestra recuperación, de la lectura de la EPA y si tenemos alguna razón palpable para creernos los pronósticos y los horizontes que nos ha trazado el Gobierno. Me atrevo a avanzarles que van a ser buenos. Hasta puede que mejor absoluta y relativamente que los de marzo.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 29.4.14
Se me escapa qué tecla interna están queriendo tocar los estrategas del PSOE, pero visto desde fuera, el sacar en procesión a Zapatero para la campaña electoral es como mentar la bicha en casa del “parao”. Y de ellos, más de 3,5 millones son “suyos”.

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Resulta como poco sorprendente que después de haberlo apartado, como si de un leproso se tratara, se pretenda ahora otorgarle cualidades de sanador. O quizás es que, en vista de los pronósticos, se agarran a lo que sea. Aunque les queme.

Porque las primeras encuestas, a falta de la más esperada, la del día 9 del CIS, son bastante desalentadoras para los socialistas. En la pugna por el primer puesto con el PP, todas vienen a coincidir en que pierden.

La distancia media es de 3 puntos y dos escaños (20-21 a 18-19) e incluso, la de El País, que en los últimos meses les había otorgado ventaja, hasta de un 29-26 por ciento de porcentaje de voto, se les revuelve y aunque por la mínima, 32,6-32,4 por ciento da vencedor también a los populares.

Pero quizás este ultimo dato, concordante en todos los sondeos, indica también un cierto cambio que empieza a apreciarse en el electorado. Tanto el PP como el PSOE recuperan algo de territorio perdido. Hace tan solo cuatro meses la suma de ambos partidos, que llegó a más de 80 por ciento en las pasadas europeas, no superaba el 55 y ahora se acerca al 65 por ciento.

Un dato que se debe tener muy en cuenta y que se contrasta de inmediato con otro. Los partidos que recogían parte de ese corrimiento de tierras del bipartidismo se estancan o tienden a la baja. Izquierda Unida, a quien los sondeos le llegaron a atribuir más de un 14 por ciento se mueve ahora entre el 10-11. Y peor aún es el caso de UPyD, al que se llegó a otorgar un 10 por ciento y que ahora se mueve sobre el 6-7 e, incluso, se llega a reducir a un 4,6 por ciento en el sondeo de El País.

Una ligera recuperación, tanto del PP –que se está consolidando en las últimas semanas en correlación con los mejores datos económicos, a los que va a sumarse los de la EPA y el paro registrado- como del PSOE, se conjuga también con la aparición de otras fuerzas que pretenden pescar en los caladeros del descontento donde calaban redes de IU por la izquierda y UPyD, tanto a babor como a estribor.

A los unos les ha salido Podemos y hasta el juez Elpidio, y a los otros Vox pero, sobre todo, Ciudadanos que, a diferencia de los grupos anteriores, sí que llega con cierto recorrido y contraste electoral acreditado en Cataluña.

De todo ello pueden extraerse, a falta de la sentencia definitiva de la urna, algunas pistas. La primera es que el bipartidismo sufre, pero no se produce un terremoto tipo Grecia, donde Syriza desplaza de manera abrumadora al PSOK, ganador en 2009 con un 36 por ciento y que ahora puede quedarse en un mísero 6 por ciento.

La segunda es que el PP aguanta y tiene visos de conseguir ser la fuerza más votada. La tercera es que IU y UPy D mejoran pero no tanto y en el caso del partido de Rosa Díez puede que la subida sea frustrante dadas las expectativas creadas. Los primeros pueden andar por los seis eurodiputados e, incluso, optar al séptimo, pero para los “magenta” cuatro ya es, a día de hoy, una cifra que quizás no alcancen.

Por último, y en cuanto a los que toman la alternativa, los únicos que parecen en disposición de cortar oreja son los de Albert Rivera, con el bien valorado Javier Nart como cabeza de cartel y en menor medida el tandem Equo-Compromís.

La batalla entre los diversos nacionalismos, CiU, PNV, ERC, Bildu, BNG repartidos en tres diferentes listas tendrá, a la vista de los resultados, mucha tela que cortar. Parece seguro que se repartirán entre todos 4 o 5 escaños, pero la duda es a cuánto tocarán. Y de quien gane o pierda puede luego haber consecuencias derivadas, sobre todo en Cataluña.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 22.4.14
La fórmula lleva años patentada y dando buenos réditos, como gran descubrimiento de la telebasura. Se ha logrado convertir a los presuntos periodistas y a los especímenes criados en los cuchitriles de Gran Hermano o engendros similares en personajes televisivos en sí mismos.

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Los que comenzaron hablando de las cuitas, hígados y bajos de actores, cantantes, toreros, princesas, futbolistas o modelos han concluido que resulta mucho mejor ofrecer su propia casquería para el consumo de masas. Y además, sale más barato y es menos arriesgado.

Así que ahora de lo que se trata es de hablar de ellos mismos, de los sufrimientos de la Esteban o del divorcio de la Karmele. Pero sobre todo de sus peleas, de sus enfados, insultos y arañazos. Eso es lo que vende y funciona. Como inventor y muy acreditado porquero, un tal Jorge Javier controla magistralmente la cochiquera.

El fenómeno no solo no tiene límites ni deja cada día de traspasar las mas estremecedoras lineas rojas de indecencia, vacuidad, alienación, incuria y zafiedad sino que, al revés, está en claro proceso de expansión hacia otros géneros periodísticos.

El más próximo, y cada vez más afectado por el virus, es el de ciertas tertulias políticas cuya inflación, hipertrofía, desmesura y sectarismo las situaba como organismo débil y muy susceptible de ser invadido y contaminado. Y el proceso ya está en marcha y galopa a velocidad creciente alentado con entusiasmo por una buena nómina de jinetes más que dispuestos a entrar en los cajones y a utilizar lo que sea menester la fusta.

Es muy fácil comprobarlo. Basta asomarse a ciertas pantallas a las que no me da la gana publicitar o a las redes donde se reproducen y jalean los duelos. Verán que ya no se trata de analizar u opinar sobre esta u otra cuestión de actualidad, de gobierno, de oposición o de liderato. No.

Ahora la cuestión es la pelea entre este y aquel tertuliano, el enfrentamiento personal y si aquel le ha llamado a este cualquier cosa y este le ha mentado al otro la bicha. Lo que da audiencia es que se tiren, por ahora figuradamente, de los pelos. Y luego lo retuiteen.

No tengo duda alguna de que el producto tendrá éxito. Ni sueño con que sea una pesadilla pasajera. Irá a más y se expandirá como un gas tóxico. Causará un inmenso daño añadido a nuestra cada vez más golpeada y arrumbada profesión. Hará que el desprestigio del periodismo alcance las más altas y elevadas cotas.

No habrá remedio porque cualquier reflexión sucumbirá ante la máxima de que ese es el pienso que se pide y el que por tanto hay que poner en el pesebre. Cualquier reivindicación de periodismo como tal, de su ética, deontología, contraste y rigor está condenada de antemano a la sonrisa despectiva. Eso es cosa de viejos. A quién demonios le importa la verdad teniendo el share.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 15.4.14
Más o menos floridamente expuesto, el axioma periodístico era que Rajoy debía haber nombrado candidato a las europeas, que se celebran el próximo 25 de mayo, como muy tarde en febrero. Y como Rajoy no lo ha hecho, nos hemos dedicado a la novela. Las tramas urdidas han sido de lo más variadas y darían para varios programas de évole, de los de decir al final "¡que era una broma, cachotontos!". Pero, en realidad, las razones esgrimidas u ocultadas era algo más diferentes.

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La primera es porque lo decíamos los periodistas. Y es comprensible. A las necesidades de llenar periódicos, radios y televisiones se unen ahora mil tertulias, dos mil confidenciales y las famosas redes.

Perdido en el pasado ya remoto el contraste de la información, el apuntalarla con una fuente exacta y deslinde del rumor y la noticia, del hecho y la hipótesis, cada cual, cada medio, cada oráculo, cada uno que pasaba por allí, pergeñaba para la ocasión lo que se le ocurría sin ni siquiera con la presunción, ya no de verdad, sino tan solo de verosimilitud. O sea, que ni siquiera aquello de “si non e vero e ben trovato” . Bien “trovato”, tampoco.

La segunda razón de las prisas era porque el PSOE había nombrado a Valenciano. Y como el PSOE había designado al suyo, era presuntamente de obligado cumplimiento que el PP hiciera lo propio y así tener con quien “pegarse”. Porque pasarse, como se ha pasado, la candidata socialista pegándole puñetazos al aire resultaba muy cansado.

Pero ¿acaso necesitaba España una campaña electoral de tres meses para las europeas? ¿Lo demandaban a gritos los ciudadanos? ¿Era un clamor popular el saber quién era el cabeza de lista? Pues no. Para nada. Con quince días sobra y de mítines está el personal hasta la gorra. Saber quién era el elegido interesaba, ante todo, a los propios y cercanos, y a los rivales.

Pero, además, es que la última y la primera palabra sobre el asunto la tenía Rajoy. Y, a estas alturas, pretender forzarle los tiempos a don Mariano es de no haber rozado siquiera al personaje. En esta ocasión, como antes, como siempre, el líder del PP, si algo sabe hacer, controlar y practicar son los tiempos. Y en su ruta no se los mueven ni titulares, ni pasillos, ni tirios, ni troyanos. Ni siquiera barcenazos.

Una vez más ha seguido con toda precisión su propia hoja de ruta y ha escrito en su bitácora los pasos a dar y el momento en que darlos. Uno de los más importantes era la reunión en Dublín del grupo Popular Europeo, donde se elegía candidato y donde España fue decisiva en la nominación de Junker.

La negociación abrió y si se produce la victoria global, que está reñida entre los dos grandes, PPE y PS, empatados en las proyecciones, se abrirán muchas puertas. La primera es una Comisaría de gran relevancia en la UE, con rango de vicepresidencia; la segunda, el Eurogrupo; la tercera, los cargos señeros en el Parlamento Europeo; y la cuarta, en el Grupo Popular.

No era pues una ficha, sino cuatro. Para los primeros cargos, dos nombres han estado ahí siempre: Arias Cañete y Luis de Guindos. Pero su nombramiento será ya para el otoño. Y no hace falta que sean eurodiputados, aunque en el caso del primero se supone conveniente.

Tras Dublín, ya podía comenzar a darse el siguiente paso, pero había antes elementos esenciales de política nacional que al presidente y al sentido común les parecían más urgentes y que requerían atención prioritaria.

No hace falta que diga que se llama Cataluña y el pronunciamiento del Parlamento sobre el referéndum. Además, y hasta ahí, se produjo el fallecimiento de Suárez, que tuvo al país embebido en su figura una semana larga y, en lo personal, también el óbito repentino del propio hermano del presidente.

Luego, tras Arias Cañete, ha llegado la lista. Tan previsible como su encabezamiento. Sin ministros, ni excusa para la crisis de gobierno que también le venimos montando desde hace un año. González Pons va de segundo, que luego será de primero y como “hombre fuerte” del grupo, su persona de confianza desde hace ya muchos años en Europa y quien lleva en realidad el grupo, Luis de Grandes.

Y todo ello estaba bastante claro. Rajoy tenía no solo decidido el candidato, por obvio, por previsible, por hoja de servicios en Europa, por conocimiento del paño, por su cartel en Bruselas, por su exitosa defensa de los intereses de España, en especial los agrícolas, sino también el momento de presentarlo en sociedad.

Ha marcado los tiempos y se los ha marcado a los demás porque, en realidad, la campaña de las europeas, por mucho que se haya desgañitado Valenciano, empieza cuando Rajoy ha querido que empezara, que será después de Semana Santa.

Personalmente, he de decir que me parece muy bien que dure lo imprescindible, que para mítines ya no tiene uno cuerpo. Sobre quién va a ganarlas, puede en esta ocasión haber alguna duda y el PSOE tiene alguna esperanza, aunque ninguna encuesta –ni se va a gastar el dinero en hacerla-.

El PP siente que puede perderlas y que eso dé aliento a la idea de fin de ciclo. Pero lo más posible, por algunos datos y sondeos, es que las gane, aunque por poco. Y hasta diría que después de estas últimas semanas y días esa distancia se ha ampliado. Con la economía que parece haber dejado ya la UVI y hasta algún alivio del paro, donde abril se sumará a un buen febrero y a un mejor marzo, la primavera parece un pelín más primavera que otros años.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 8.4.14
Resulta en verdad sorprendente el silencio y la sordina que sobre Bárcenas parece haberse apoderado de quienes no hace tanto eran sus cotidianos voceros y muy tonantes heraldos de próximas y atómicas revelaciones que no iban a dejar vivo en política ni al electricista de la sede. A Rajoy ya lo habían matado cinco veces.

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El caso Gürtel es, junto al de los ERE andaluces, el Everest de la corrupción política, uno de los “ochomiles” que sobresalen en tantas y tan variadas cordilleras del trinque, el fraude y la estafa. El auténtico estercolero, aunque muy untado de brillantina, eso sí, que aposentó sus reales en los centros de decisión del PP exige la depuración penal y política hasta sus últimas consecuencias.

Ni la una ni la otra se ha realizado. Y en la parte que le toca tiene que ver la actitud del presidente de pretender sellar la sentina de la fosa séptica en vez de proceder a su limpieza a fondo y con lejía. Es de esperar, y que no haya de ser otro lustro, que algún día la justicia proceda de una vez por todas y veamos a la tropa de una vez en el banquillo.

Entre quienes habrán de ser juzgados hay quienes fueron cargos muy relevantes en el PP, el que más su propio gerente y luego tesorero, Luis Bárcenas, para algunos, entre los que me incluyo, y todo en grado de presunción, el verdadero “padrino” de toda la trama, a quien había de rendirse cuentas, pagar por la protección y sin cuya connivencia y amparo no eran posibles los suculentos trapicheos de todos.

Pero he aquí que cuando el ahora inquilino de la prisión de Soto del Real se creía una vez más a salvo, ya le habían pasado rozando otros casos y siempre había hurtado el cuerpo, y que la bala judicial le había pasado rozando y se había sobreseído su caso, vino a descubrirse, por el oloroso rastro del dinero, que no era una sardinilla, sino que era el mismísimo pez gordo.

Y el tiburón Bárcenas, prendido en el anzuelo de sus cuentas ocultas por medio mundo, se enfureció, comenzó a agitar los mares y a enseñar atroces filas de dientes. Y se puso a hablar con todo el que quería oírle y escribirle, de casi todo y de casi todos, acusando selectivamente a quien le interesaba, borrando a sus amigos y la época esencial donde habían medrado y hasta concelebrado grandes bodas, para centrarse en aquellos de quienes buscaba vengarse: Mariano Rajoy y, en especial, María Dolores de Cospedal, su archienemiga y quien más hizo por desalojarlo de Génova. De casi todos pero con una excepción clamorosa: de lo suyo, de él mismo, de sus fortunas, de sus delitos. De eso, nada.

Cuatro horas con Pedro J., que fue el postre después de muchas otras con varios que aceptaron convertirse en sus mensajeros, lo encumbraron a la fama. Todos los días abría las tertulias y los telediarios.

Hubo hasta quienes ya le iban dando pátina de héroe arrepentido, de gran acusador y de regenerador de la vida pública. Fray Bárcenas llegaba a parecer en ciertos lados. Era el ariete contra el PP, contra el Gobierno, contra el sistema y había por los cenáculos quien ya hablaba de gobiernos de notables para salvar España.

Pero de lo suyo, de lo que hizo, de lo que tenía, de cómo se lo embolsaba, de eso, si es que le preguntaron, ni una palabra. De su propia banda, de él mismo y de su “negocio”, nada de nada.

Esa era la piedra, la base esencial, que impedía creer nada y que cupiera siempre la sospecha de que mentía aunque estuviera diciendo una verdad a medias. Porque en lo que no podía creerse nunca era en la inocencia del –vuelvo a escribir "presunto"- jefe de la banda.

Y ahora ya calmadas las aguas y sin cámaras ante la cárcel, llega la revelación última, ante la que tantos callan. Que esa caja B de la que tanto y tanto se metía y se sacaba, de la que se ha escrito para llenar la biblioteca de Alejandría entera, era una caja que, en efecto, estaba en Génova y era del PP, pero llevaba la B por Bárcenas.

Porque era la caja de Bárcenas, el que pedía y daba, el que cobraba y repartía y, como bien dice el viejo dicho, quien parte y reparte se lleva la mejor parte. Así, de un golpe, al que se le ha seguido la pista cerca de medio millón de euros y lo que se pudo rondar durante años.

Y eso es lo que ahora señala el juez Ruz y se silencia lo que se puede por ciertos lados, que quien metía la mano, también en esa caja, era Luis Bárcenas porque era, si no su propia caja, sí quien la manejaba a su antojo y albedrío.

El dedo de la justicia vuelve a señalar después de tanto parecer ir corriendo a donde señalaba Bárcenas, que habrá que ir y mirar por supuesto, al propio dedo señalador. A la Gürtel y a sus cabecillas, a quienes de una vez por todas, por justicia para ellos y para la sociedad entera, ha de juzgarse cuanto antes y sin más demoras.

Dicho lo cual, hay que decir de inmediato que no pretenda el PP decir que no eran suyos y que eran unos malos que les robaban a ellos. Los tenían dentro, los tenían arriba, lo hacían en su nombre y por sus cargos políticos. Nos robaban a todos. Eran PP y, más allá de lo que sentencie el tribunal, habrá el PP de responder ante la sociedad por ello.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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