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DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

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  • 17.11.15
Tras ponerle la corona de Más guapa del Planeta y después de las lagrimitas de rigor, Miss Universo hace siempre un discurso, siempre el mismo, no vaya a salirse, la hermosa, del guión: que se acabe el hambre en el mundo, que los niños no sufran más, que se acaben las guerras y que reine por siempre y para siempre la paz.



Ese es el discurso de Miss Universo: un discurso que no tiene contestación. ¿Quién es el mal nacido que puede estar en contra? Es el discurso de la Miss, pero lo es también del buenismo mundial y viene a ser en nuestra España, en “Estepaís” el cuerpo de doctrina hegemónico, la consigna total, de los que por aquí se consideran a sí mismos los buenos, los progres, la luz y la verdad. Y quien no tenía rival, ni de lejos, en la interpretación del número musical era nuestro vocalista ZP. Ahora, sus discípulos con coleta le pretenden llegar, pero ¡quiá!

El terrorismo, el islamismo fanático y asesino, ha declarado la guerra, la yihad (guerra santa), a la humanidad, al hombre en su misma esencia y libertad, a sus Derechos Humanos que costaron siglos, sangre, sudor, lágrimas y hogueras conquistar para imponer en nombre de un Dios la teocracia.

Es un terrorismo que pretende imponer una teocracia, la supuesta voluntad de un Dios, revelada en un libro sagrado a los hombres y, ante la cual, éstos deben doblegarse, acatarla o ser esclavizados, degollados y exterminados. Tal cual. Sin tapujos.

Hemos sufrido y vamos a sufrir esa guerra, su yihad, sus estragos y su terror. Nadie se engañe. Nos tocó y nos tocará. No es cuestión de que nosotros no la deseemos, es que nos quieren matar. Y nos matan. Y nos matarán. Como matan a todos los musulmanes que se les oponen y a los que masacran sin piedad.

La expresión de duelo, la vela, el cántico, el abrazo, el minuto de silencio, el reunirse todos para honrar a los muertos son expresiones de pura humanidad, de dignidad y de entereza ante el terror. Pero no son la respuesta. No puede quedarse en ello, ni pretender que sea esto lo que vaya a detener a la bomba, al fusil ametrallador, al cuchillo de degollar ni al asesino que los empuña y solo tiene una intención: matar. Con quien viene a asesinarnos no cabe otra cosa que acabar con él antes de que sea él quien acabe con nosotros. Combatimos o nos matan, como a ganado. Entiéndase de una vez.

Francia parece haberlo hecho y su reacción es envidiable. Ponen velas a sus muertos, que son de todos y bien es, en este caso del París universal, verdad, pero se disponen a pelear, a combatir y a vencer. Aquí, tras el 11-M, la reacción de nuestra izquierda fue la de llamar "asesino" al Gobierno –aunque no es menos cierto que el primero en pretender hacer carne electoral con la matanza fue el propio Aznar– y acabar por, si no justificar, sí “comprender”, como hoy se sigue haciendo, a los asesinos.

En el fondo, lo que viene a decirse es que nosotros somos los culpables. Que el que nos asesinen es nuestra penitencia por nuestro pecado original. La perversa Europa, el perverso capital, el diabólico EE.UU. y, ahora, ¡qué cosas! ya también la satánica Rusia. Ya están los tuits preparados, los pareados y las consignas y la pancarta vieja que se sacará a pasear. No han tardado y a más irán, podemitas e islas adyacentes, en hacerlo y en salir con la monserga, con la pamema, en suma, con el discurso de la Miss.

Pero en esta ocasión, más allá de los para siempre abducidos, no parece que vaya a colar el sermón. Porque cada vez somos más conscientes de que en esto nos va la vida, y no es metáfora; nuestra civilización y nuestra libertad. El peligro es inminente porque amén de aquellos lugares donde el terrorismo ya es estado, como en parte de Siria y de Irak, aquí en nuestra propia casa europea, en la puerta de al lado de donde vivimos, tienen ya quienes, ahora mismo, su principal obsesión y misión es cómo pueden matarnos a más. Y, ante ello, no podemos responder con velitas ni con el simbolito hippie de la paz.

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 10.11.15
Contaban sobre un ministro alemán de Exteriores llamado Hans-Dietrich Genscher, que un día habían chocado dos aviones en el aire y en los dos iba Genscher. Tal era su continuo trasiego y el don de la ubicuidad del que parecía disfrutar. Pues bien, el alemán era un aprendiz. Usted ponga la televisión y la radio que quiera, a la hora que le dé la gana y en el programa más variopinto, aunque sea uno de montar en globo o de casquería sentimental, y en todos están Iglesias o Rivera. Y si tiene suerte, o mala, puede que los dos juntos.



Si van, desde luego, es porque los llaman. Porque dan share de ese, o sea, audiencia. Y a ellos les interesa ir para vender su mercancía, que por lo visto la saben vender mejor que otros o, por lo menos, despiertan más interés por el producto, así de primeras dadas.

Nada, pues, que objetar sobre el asunto. Me limito, como observador, a constatar el fenómeno. Aunque no deja de tener su gracia que uno, Pablo, se ha quejado de que el otro, Albert, no salga de las pantallas. Con cámara y micrófono delante, claro. Al de la coleta le escuece la competencia, porque antes el oligopolio lo tenía para él solo.

No las he tabulado todas, a tanto no llega mi perversión ni mi paranoia, pero estoy convencido de que pasarán de las mil entrevistas cada uno en lo que va de año y eso que no hemos ni empezado la campaña. Si se les minutara, nos encontraríamos que han batido todos los récords históricos.

Y, aunque sé que me van a linchar por ello, pues aquí el sentido del humor solo se les permite a unos cuantos que lo utilizan como excusa para su escarnio sectario, creo que es constatable una evidencia: que salen más que Franco en el NODO. El dictador jugaba con ventaja, pues tenía la televisión para él solo. Pero ahora, estos, aunque haya libertad de mercado, multiplican por todas las cadenas las oportunidades. O sea, que pueden hacerse unas cuantas diarias.

Pero, insisto, van porque los llaman. Si hacen tournés de una a otra cadena es porque los reclaman. Libertad se llama y razones tienen ambos, los que invitan y quienes aceptan. Solo me quedan en el tintero, constatados asépticamente los hechos, dos cuestiones.

Una: espero que no se les ocurra quejarse de que no les han dado cancha, espacio, terreno y altavoces. Que ya verán, de hecho Podemos lo ha hecho, cómo protestan. Dos: que puede que la cosa tenga a la larga deje a pares. El atracón de un día sí, al otros dos veces y el fin de semana triplete, puede producir un empacho monumental. Un entripado peor que el de un atracón de miel, que son los peores por si no lo saben, que acabe con el personal ahíto de escuchar siempre lo mismo, a los mismos con las mismas, aunque sea tocando la guitarra. Que quedan dos meses para la urna y puede ser muy, muy cansino.

¡Ojito con el “Efecto Carmona”! Así se define el fenómeno mediático mediante el cual, y alcanzado ya el punto de saturación televisivo, cada aparición en pantalla no solo no suma un escaño sino que lo resta al que sale.

Sé que los jefes, asesores y todos los tramoyistas del circo, perdón, de la campaña, ni de los unos –los que ahora están en la cresta– ni de los otros –los que están bajo la ola– harán de estas prevenciones caso alguno. Los de los emergentes porque creen que así arrasan y los sumergidos, verdes de envidia, porque lo único que están deseando es salir a flote y ser ellos quienes hagan gira por todos lados, espacios, momentos y programas.

Sánchez apuntaba maneras y tenía percha pero va camino de ser el “Actor secundario Bob”, el de los Simpsons . A Rajoy simplemente no le pega. Ni quiere. Y si estoy plenamente de acuerdo en algo con el presidente es en su rotunda negativa a ponerse a bailar ante las cámaras.

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 3.11.15
Quien manda ahora en Cataluña, quien dirige el proceso secesionista, quien ha adelantado y fijado la fecha del Golpe de Estado en diferido no es ya ni Convergencia, ni Mas. Quien dirige el barco y marca rumbo, deriva y boga es la ultraizquierda, son los extremistas de la CUP, con su ideología antisistema, antieuropa, antipropiedad privada y anti Sursum corda; con sus filias proetarras, su discurso anarcoide, sus marxismos-leninismos-maoistas-bolivarianos y todo lo que quepa en ese saco.



La derecha catalana, la burguesía convergente, los “hijos” de Pujol, los que un día presumían de sensatez y de representar el seny son hoy abducidos catecúmenos y delirantes comparsas de quienes los han tomado prisioneros. Unos exultantes, que los hay y muchos, con fe de conversos enamorados; otros inquietos y, también, los que sienten el vértigo y hasta el pánico de dónde han ido y dónde se han dejado llevar.

Porque eso es lo que ha conseguido el “astut” Artur. Convertir a su formación política en una marioneta de la extrema izquierda y a él mismo en un monigote mendicante. Lo que ahora sucede es, en primer lugar, producto de su desvarío, pero lo es también de su derrota en las urnas. Mas y Junqueras perdieron, otra vez, y en este último envite la mayoría absoluta de la que ambos disponían y en la que fijaban el poder efectuar el órdago con cierta solvencia contra España.

La perdieron en lo que al falseado plebiscito se refiere, ni sumando con la CUP alcanzaron al menos un exiguo 50 por ciento de los votos emitidos. Se quedaron en un 47 por ciento de los votos emitidos, que es un 35 por ciento del censo catalán completo. Muy pobre, muy falaz para declarar una independencia cuando no sirve ni para modificar un estatuto.

Pero es la única vía de escape, aunque sea hacia el abismo. Porque Mas, encollerado con Junqueras, maniatados ambos, y él, encima, cercado por la corrupción de familia, la de Pujol, que es la suya, y la de su partido, no tiene otra, aunque este sea el final de la escapada.

El anuncio del golpe de Estado contra la Constitución, el Estado, la soberanía nacional, todas sus leyes y la aberrante hoja de ruta de desobediencia, ruptura y sedición planteada ha colocado a todos en una situación límite y hasta final. Y eso es lo que, más que nadie, pretende la extrema izquierda. Un caos final y una hecatombe donde la vanguardia revolucionaria con audacia y sin escrúpulo alguno legal o democrático que valga se hace con el poder. Eso es lo que está sobre la mesa.

En realidad, casi hay que agradecérselo. Porque este episodio ya deja todo al descubierto, en cueros vivos y en descarnada violación de todo consenso y convivencia. Es una agresión en toda regla, una imposición por la vía de los hechos consumados que se lleva por delante a cualquiera que pretenda todavía seguir con juegos malabares o melifluas equidistancias.

Ya no queda sino retratarse. Todos. Sin posibilidad de hurtarse. A la extrema izquierda, a las CUP, hay que agradecerles que todo esté ya muy claro y en días veremos, ya estamos viendo, dónde está cada uno. Uno a uno, en Cataluña y en el resto España, vamos a pasar y posar de frente, que ya de perfil no vale, por el “retratero”.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 27.10.15
Cuando los datos del paro registrado a finales de agosto no fueron buenos –tampoco eran malos para la fecha–, la oposición, los sindicatos y el agitprop red-radio-televisivo se lanzaron en tromba a gritar que era la prueba evidente del derrumbe de la previsión gubernamental. Cuando los datos de septiembre fueron regulares, subía mínimamente el número de parados apuntados a las listas pero también ascendía el de afiliados a la Seguridad Social, a pesar de que estacionalmente eran cifras “buenas”, prosiguieron con su cantinela por tierra, mar y aire.



Cuando ahora la EPA del tercer trimestre bate cifras en positivo de toda la serie histórica ¿qué dicen? Pues, aparte de notárseles un montón el disgusto, que disimulan muy mal, acaban en que esto no es lo que parece, que es poco menos que mentira, que los datos según se mire y que todo precariedad. Y, además, tras pasarse una vida diciendo que lo que valía era la EPA, ahora resulta que al revés.

Por ello, es iluso suponer, en ciertas declaraciones, un mínimo ya no de objetividad sino, y ni siquiera, un ápice de credibilidad. La misma, más o menos, que tenían cuando, ya hasta el cuello en la crisis, no solo la negaban sino que hicieron un concurso de ocurrencias para bautizarla de cualquier otra manera, como si no mentando la bicha fuera a desaparecer.

Los datos serán fríos pero son los que son y dicen lo que dicen. Y lo que dicen es claro. Que este trimestre el paro ha bajado en casi 300.000 personas, un récord absoluto, y que se ha logrado por vez primera tras cuatro año descender de los cinco millones de parados (4.850.800). Y, además, y también por primera vez desde entonces, la cifra de ocupados ha vuelto a superar los 18 millones, al sumar 182.2000 más.

Total, que aunque estamos mal, porque esas cifras siguen siendo terribles, estamos mejor y la tasa de paro ha bajado al 21,18 por ciento, que sigue siendo una barbaridad, pero mejora aquella situación infernal cuando llegamos a estar, en el momento peor y más dramático, en unos dígitos de pánico (primer trimestre de 2013: 17 millones raspados de ocupación; 6,3 millones de parados: un 26,94 por ciento de tasa de desempleo). Hasta ahí llegamos a caer. Aunque ahora algunos hagan un enorme esfuerzo de desmemoria para no recordar.

Porque es bien cierto que el Gobierno actual recogió una situación no tan matemáticamente tremenda. En el último trimestre de 2011, última cifra zapateril, la ocupación era de 18,1 millones, aunque ya el paro era superior a 5,3 millones. Pero estábamos en caída libre y el siguiente trimestre, el primero del 2012, el primer recibo al cobro de “herencia” era ya de 5,7 millones de parados y de 17,8 millones de ocupados que hubo que ir frenando en medio de griteríos de "¡rescate, rescate!" y primas de riesgo desbocadas galopando por las pantallas televisivas durante mañana, tarde y noche. 300 profetas del Apocalipsis metidos a economistas las comentaban entusiasmados.

Un año después, el primero de Legislatura, se alcanzó el punto de máxima tensión, el antes citado del pánico casi total de aquel 2013. Pero desde entonces, negarlo es no querer ver, comenzó la mejora y esta ha sido continua, sostenida y, en los últimos tiempos, acelerada.

Desde aquel punto crítico, el número de ocupados ha aumentado en un millón y el paro ha descendido en 1,4 millones, pues en efecto, el número de población activa ha disminuido también, especialmente por emigración retornada a su países de origen y alguna nuestra que ha marchado a otros países, sobre todo de la UE. Y si nos atenemos al último año, encontramos incluso un dato mejor: que en estos últimos doce meses el empleo ha ascendido en números absolutos en más de medio millón (550.000) y el número de parados ha descendido en similar cantidad (577.000).

Es, pues, lógico que De Guindos, Báñez y Rajoy estuvieran satisfechos. Lo que ya no resulta tanto es que quienes hace tan solo unas semanas volvían a augurar la catástrofe con unos datos, ahora rechacen estos de mayor dimensión y contundencia. Acuñando, eso sí y de inmediato, el apelativo de "triunfalista" para quien hace ejercicio de una prudencia de la que ellos carecen al anunciar reiteradamente la catástrofe.

No es, aunque no se quieran enterar, por este lado donde está el flanco débil ni la herida sangrante de este Gobierno. Ese es otro y se llama corrupción. Pero del económico les puede llegar incluso un último disgusto añadido. Y es que el número de parados registrado descienda como ha descendido este de los cinco millones, de los cuatro, marcando por abajo uno de esos listones que hay que dejar atrás.

Estamos a tan solo 94.000 de conseguirlo y los meses por venir pueden lograrlo. Pero dará igual. Entonces serán esos datos los que habrá que ningunear. Como se intentó hacer con una EPA que es más ya que una esperanza. Por lo menos para 300.000 personas que tienen cara, ojos y trabajo.

La EPA. ¿Qué es la EPA? ¿A quién le importa el paro, hombre? La prioridad es denunciar el Concordato (que, por cierto, no existe desde hace lustros) y liarla con la Religión. Han ganado un voto por lo menos. El de Irene Lozano. ¿Alguno por ahí piensa en los que han podido perder?

CHANI PÉREZ HENARES
  • 20.10.15
Dice Irene Lozano que lo suyo es una prueba de la regeneración del PSOE. Lo que parece es exactamente lo contrario. Lo que demuestra es que estos "regeneradores" no es que sean como aquellos que pretendían regenerar sino que son, incluso, más ávidos y hambrientos de escaño, poder y prebenda. También de sueldo.



La periodista metida a política ya tiene nueva "profesión" y si algo demuestra con este último salto es que mantenerse en ella, en la "casta", es lo que le mueve y le interesa. Lo demás son cuentos. Esas milongas de principios y grandes palabras que para nada se compadecen con los hechos. Si en vez del PSOE hubiera sido Podemos –o, aun mejor, Ciudadanos– quien le hubiera abierto un resquicio, sin dudarlo ni un instante, se hubiera colado.

A Irene Lozano se le ha visto ya definitivamente el plumero que quedaba por verle. Por lo que se metió en política y cómo la entiende. Y, por si fuera poco, ha aceptado y ha empleado para conseguirlo los modos, formas y maneras que se ha pasado cuatro años criticando. A eso, en mis tiempos, se le llamaba cooptación, pero es más fácil entenderlo a lo castizo: pillar cacho con el jefe y trincar escaño.

Lo de empezar desde abajo y currárselo queda para los pringadillos. Que es, me imagino, como deben empezar a sentirse los socialistas de a pie y hasta de a caballo, a los que Sánchez, con sus "fichajes", está haciendo caer del burro para aupar a lo que le parece.

El PSOE madrileño siempre tiene algún incendio pero es que ahora está por entero en llamas, aunque sería más preciso decir que en cenizas. Este último episodio se viene a sumar a toda la ristra desde la debacle de Carmona de un camino hacia el precipicio que puede estallarle al líder del partido entre las urnas y suponerle la peor de las costaladas.

Porque empieza a parecerme que lo de Lozano, lo de la catalana del PSC, Meritxell Batet, de número dos y algunas otras ocurrencias entre las que excluyo lo de la comandante Cantera –un acierto–, pueden pasarle factura. Y donde más le duela: en su propia candidatura y carne.

¿Y si con estas bromas en Madrid no solo no gana sino que no queda ni segundo? Porque hay mucho cabreo socialista y muchos militantes que se sienten pisoteados y hasta insultados. En Madrid, en Sevilla, en Badajoz, en Toledo y en Guadalajara, que es donde han tenido que recolocar a la que desplazó la ex UPyD, la secretaria de Empleo del partido, Luz Rodríguez, que ocupa el puesto al que ha tenido que renunciar el alcarreño Pablo Bellido, obligado también a renunciar porque el juzgado le notificó que no levanta su imputación en un presunto delito de estafa.

En fin, que en este fichaje la única que se lo lleva es Irene Lozano. Que ella gana pero que quien pierde es el PSOE y que, en vez de sumar, les puede restar votos. No es tan total la desmemoria de sus insultos tanto a sus antiguos compañeros de partido, al bueno de Sosa Wagner al que masacró vivo, como a los nuevos, a los que ayer mismo les llamaba de todo menos bonitos.

Ya se lo han recordado Susana Díaz y Fernández Vara. Como tienen fresco en la memoria los socialistas madrileños que tendrán que irla a votar mañana. Pero a Lozano qué le importa. Ella ha pillado el cuatro. Y de eso es de lo que se trata. ¡Mi escaño, mi escaño!

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 13.10.15
Después del último fiasco electoral de Mas, la situación en Cataluña no es que camine hacia el abismo, que también, sino hacia un esperpento cada vez más grandioso. El disparate separatista, de por sí ya quimérico, está alcanzando cada día que pasa ribetes de tal calentura y alucinación que empieza a no haber palabras, ni siquiera en la psiquiatría, para describirlos.



La CUP, una organización más allá de la extrema izquierda, de noviazgos filoetarras, revolucionaria sin anestesia, presta a implantar un régimen soviético y establecer la anarquía como gran receta libertaria, es ahora quien conduce el vehículo del secesionismo. “Mejor imposible”. Ya solo falta Jack Nicholson, excepcional en su papel y en aquel otro de Alguien voló sobre el nido del cuco, para que de inmediato lo elijan para presidir la cosa.

Pero seguro que se negaba. Porque quizás para el momento ya solo quepa, y ya que una propuesta es de coralidad, El camarote de los hermanos Marx para hacerse cargo de la Generalitat y que Groucho comenzara su discurso de investidura con aquello de “la parte contratante de la primera parte”.

Porque es ahora el matrimonio con esa formación y esos postulados la propuesta, la situación surrealista a que se entrega la dirección política de la derecha catalana, de una burguesía que ayer presumía de “seny”, de las gentes del orden y el comercio. Ni Dalí ni Buñuel, disparatando genialmente juntos, hubieran llegado a imaginárselo.

El quilombo actual proviene del nuevo trastazo del “Astut” que se ha pegado en las urnas y de nuevo contra los alambres. Porque ha sido una costalada monumental por mucho que se camufle. La mayoría absoluta ya la tenían con la suma de la vieja CiU, que ha dinamitado, y ERC: 71. Pues bien, han perdido nueve escaños cuando se suponían que sumarían y que todos, en amor y compañía, iban a arrasar y más comenzando la campaña en la Diada y acabándola en el puente de la Merced para que no fueran a votar los “malos catalanes” que quieren seguir siendo, además, españoles y europeos.

El tercer batacazo de Mas, que van tres en los que ha pasado de los 51 diputados de su partido a los 30 de que dispone ahora, lo ha colocado a él, a su formación política y a todo ese estrato que fue mayoritario de la sociedad catalana ya no solo como subordinados a ERC sino como oferentes y mendicantes ante una formación que a su votantes, lo menos que les pone, es los pelos de punta. A sus votantes y a todos quienes no comparten sus recetas, que no ocultan y que vienen a ser un mix entre el chavismo y el régimen albanés comunista.

Si Europa había dicho por activa y por pasiva, aunque no quisieran oírlo, a viva voz y por escrito, lo que les parecía el invento independentista y la puerta que ellos mismos se daban de salida, imagínese cualquiera el alborozo de Bruselas y del mundo entero, en su vertiente democrática, desarrollada o simplemente sensata, con la CUP dirigiendo el Prucés, la procesión, vamos. Con ello, cualquier ribete de moderación, de europeismo, de normalidad queda ya no arramblada sino se que ha ido por la torrontera como esos coches arrastrados por la avenida cuando llega la gota fría.

Porque el problema en que se han metido los separatistas ha derivado de su obsesión y apuesta única. Todo a la independencia. Un potaje de todos juntos y revueltos con un único objetivo. Y van y fracasan. Porque para la mayoría en escaños se quedan colgados de la CUP y a la absoluta en votos emitidos no llegan. Un 47 por ciento fatídico que sobre el censo se queda en un 35 por ciento. Y hasta los de la CUP, que son muy revolucionarios pero algo más precisos con las Matemáticas, dicen que eso no llega a la mitad siquiera.

Ahora ese potaje es una olla hirviendo y me malicio que no tardará en devenir en “olla podrida”, en la que algunos habrán de empezar a buscar alguna salida antes de que estalle y lleguen los cachos a todas sus supuestas fronteras. Todo es un revolutum de cuestiones enfrentadas donde los intereses de cada cual se disparan.

El primero, ese de Arturo, cuyo pellejo presidencial peligra. Pero todo lo demás es aún peor. ¿Proclaman mañana la Republica Soviética y Libertaria de los Países Catalanes? ¿Acuñan moneda propia? ¿Se alían con Putin?

¿Qué parecen desvaríos lo que escribo? No. El desvarío es el suyo y cada vez más evidente. Y hoy a muchos catalanes les preocupa ya mucho. Incluso a una buena parte de los catalanes que el pasado día 27 votaron a Juntos por el Sí porque eran gentes de Convergencia, nacionalistas y hasta veían que se podía apretar con ese voto.

Lo lógico es que empiecen a estar asustados. Pero no de ese miedo que quieren inculcarles a España. Ni a delirantes invasiones ni a opresiones inventadas. El miedo de muchos catalanes es cada vez mayor a lo que dentro de Cataluña se ha incubado y les amenaza. El miedo de muchos catalanes no es a lo que diga o haga Madrid, ni a lo que haga Bruselas. El miedo de cada vez mayor y mayoritario número de catalanes es a lo que está pasando, a dónde les están llevando, los suyos y desde dentro. Y, visto lo visto, es para tenerlo.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 6.10.15
El largo partido llega a su fin. Pero es posible que cuando nos vayamos de Navidades solo sepamos los puntos ganados por cada cual, o sea, los escaños, pero no el resultado definitivo y quién levantará el trofeo del poder. Porque todo está cambiando y quien gane a los puntos acabe por sucumbir en los vestuarios. Y descuiden que nuestros políticos, maestros en considerar que la palabra dada en elecciones solo sirve hasta que se abren las urnas, nos vayan a aclarar nada.



Nadie hará otra cosa sobre lo fundamental y lo concreto que soltar una retahíla de eufemismos a la que nos tienen acostumbrado en esa prosa insufrible suya, engolada, mendaz, sinuosa y escurridiza en lo declarativo y de consignazo puro, dislate máximo y grito pelado en mitin, que ya no hay quien la aguante. ¡Qué tortura de fondos y formas! ¡Qué insulto continuo a la lengua de Cervantes!  –eso va por el "los" y el "las", que burla la inteligencia de las gentes–. Pues prepárense. Esta berrea dura hasta finales de diciembre y el único consuelo es que después puede que amainen los bramidos en los que llevamos todos estos años.

No hay pronósticos que valgan. Excepto que el juego será, como poco, a cuatro y a pactos. Así de primeras y de inicio, con el rescoldo catalán aun calentito, los de Ciudadanos están muy crecidos y los del PP preocupados. Los de Podemos se están poniendo más amarillos que morados y los del PSOE, que siguen perdiendo, piensan que de pérdida en pérdida y, como les pasó en las autonómicas, acabarán por llevarse el gato al agua, aunque para ello tengan que pactar con el lobo mismo. Les ha salido y, si pueden, les saldrá de nuevo. ¿Que quién será el lobo o el cordero? Les da igual, que les da lo mismo. El que se deje y, si hacen falta dos y unos cuantos independistas, pues también, que la Moncloa bien vale un principio y hasta un despeñadero.

Los socialistas pueden volver al poder. Es hasta la posibilidad más probable. Aunque dejaran como dejaron el país hace ahora cuatro años. Pelillos a la mar. Sánchez está limpio de aquello, aunque lo votara y defendiera. A aquello se ha pasado página y ya pagaron por ello. Ahora deben pagar los populares. ¿Y por qué si han salvado a España, eso es verdad, de la quiebra y de la ruina? Pues por la corrupción, señores.

Por ella en sí misma pero aún y más todavía por no haberle dado respuesta contundente, ejemplar y creíble. Por haber intentado sellar y tapar la fosa séptica en vez de proceder a limpiarla con lejía y estropajo. Por haber mantenido en sus filas a personajes impresentables. ¿Que otros también? Pues claro, pero ellos son el Gobierno.

Tenían todo el poder y eran el espejo. Hoy roto y que les pasará una enorme factura. ¿De cuánto? ¿De tanto que supere al haber de sus éxitos económicos, de conseguir la recuperación económica, salvarnos del precipicio y comenzar a crear a relativa velocidad empleo? Pues eso ni lo saben ellos ni lo sabe nadie. En la noche del 21, a boca de entrar el invierno, se lo cuento y ya les digo que quizás ni entonces podrá darse el pronóstico. Ni a urna pasada, vamos.

Así que mejor nos relajamos y nos ponemos a contemplar y escuchar con no demasiada pasión  –lleva uno muchos pases pegados y ya no tiene, ni aguanta, para un discurso más– el entrechocar de cuernas y los grandes bramidos reclamando la entrega de nuestro voto. Y ya, la verdad, es que la mayoría ni somos ciervas ingenuas ni mucho menos vírgenes vestales en política. Aunque en estas algunos vayan de ello. Pero eso es algo que se pasa pronto y ya se les está viendo, desde Madrid a Sevilla, a los unos y a los otros, bastante más que el plumero.

Rajoy, el hombre, es quien parece tenerlo peor. Aunque gane y aunque luego pacte, a lo mejor es su cabeza el precio del acuerdo. Contra él se concitan todos y, llegados a este punto, es cuando me da la gana salirme de la parva. A mí, a pesar de sus fallas, de su incapacidad de liderazgo, de saber generar ilusión y de su falta de empuje para conjuntar el país en defensa de nuestra unidad, principios y valores constitucionales, a pesar de todo ello y de más cosas, resulta que me sigue pareciendo en tantas ocasiones más sensato, cabal y prudente que muchos de los que le acosan, y de los que de nuevo y contumazmente ya andan cocinándole escándalos y cavando por enésima vez su tumba. Y, desde luego, mucho mejor que bastantes de su partido, que son algunos de los anteriores. Porque a mí, qué cosas, Rajoy siempre me ha parecido mejor que el PP, así por término medio.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 25.11.14
La afición de Eduardo Torres-Dulce por el cine del Oeste es de sobra conocida y algunos le tenemos como el mejor de los críticos y ensayistas. Su libro Jinetes en el cielo resulta imprescindible en la materia. Por ello, en estos días que vive es posible que le hayan traído a la memoria aquella mítica película de Zinnemann, Solo ante el peligro, protagonizada por Gary Cooper.

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No me consta que sea de las que tiene en la mayor de las estimas pero no somos pocos quienes, muy a su pesar, le hemos visto en cierta forma en el pellejo de aquel sheriff al que todos le dicen lo que tiene que hacer mientras le van dejando solo, al tiempo que él entiende que su único camino, por mucho que no sea conveniente, es el de cumplir con la ley.

Eduardo Torres-Dulce ha sido, hasta el momento, el fiscal general con más apoyo dentro de la “carrera” y el que ha dado más sobradas prueba de criterio propio e independiente de todos cuantos le han precedido.

Lógicamente, ello le ha supuesto pasar por algunas situaciones nada agradables y que no contentaban ni a los unos ni a los otros. También se sabe que su intención manifiesta era estar justo una legislatura y ni un día más en el cargo.

Y en la actual encrucijada, quizás la más endiablada de estos años, ha aplicado, contra viento y marea, injerencias y presuntas conveniencias políticas lo que le parecía que debía que hacer siguiendo un estricto criterio jurídico.

Simplemente cree, como las gentes del común y con un mínimo de ese sentido, que Artur Mas y sus adláteres se pasaron la ley y a los tribunales por la entrepierna. Y que deben de responder ante la justicia por ello.

Ante eso se ha encontrado con casi todo. Primero, los propios afectados; luego, los socialistas, que le dicen que sí, que lo de la ley muy bien, pero que mire para otro lado , que no es “conveniente”, que se vaya a pescar y un ratito del pueblo.

Por el otro lado le salen discípulos adelantados que se van de la boca y pretenden sustituirle en la redacción del pliego de cargos, caso de Alicia Sánchez Camacho. Y, de postre, los “ayudantes” se le escamotean en el preciso momento.

Encabezados por la señora Teresa Compte, de siempre trufada políticamente –nombrada por Conde-Pumpido, siempre estuvo a favor del inconstitucional presunto derecho a decidir de Cataluña– la mayoría de los fiscales catalanes se han colocado en la posición de echar la culpa a todos: al Constitucional por no precisar y a Zapatero, que eso también, por haber derogado la convocatoria ilegal de referendum como constitutiva de delitos y de salirse ellos por peteneras.

Que mejor no presentar la querella porque, además, lo más probable es que el TSJC se la vaya a tumbar porque los jueces, a su vez, están muy tocados de nacionalismo. Como ellos, vamos. La presión ambiental que se dice. Pero no ha tenido Torres-Dulce tampoco apoyo de quien podía esperarlo un poco más al menos. Por ejemplo, del ministro de Justicia.

Al final, Torres-Dulce ha decidido jugársela. Cierto que, a la hora de la verdad, no le han fallado sus compañeros. De 24 fiscales de la Junta solo uno se manifestó en contra de presentar la querella y aún él acabó por unirse a la abrumadora mayoria al final.

Pero nunca debió llegarse a ese momento. La querella con esta disputa interna llega debilitada al tribunal. De eso no cabe duda. También ha sufrido un enorme desgaste el propio fiscal general del Estado.

Por eso, uno se pregunta si su historia no acabará como la película. Que cumplido su deber les estampe la estrella en los pies y se vaya a seguir escribiendo de cine. Que de política, Eduardo Torres-Dulce ya ha tenido bastante.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 18.11.14
Publico.es, el medio digital heredero del diario en papel de izquierda radical de efímera vida, acusó al presidente de Extremadura de haber realizado 32 viajes privados a Canarias, en poco más de un año y en su etapa como senador, con cargo a tal condición, que da a todos los miembros de esa Cámara así como a los diputados nacionales –y desde el año 1978 hasta ahora– la posibilidad de desplazarse a cualquier lugar del territorio nacional sin necesidad de justificante alguno. Se presupone que para ejercer sus funciones como parlamentarios.

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No había, pues, en lo denunciado, hecho delictivo alguno. El derecho –o privilegio– de Monago a hacerlo, como el de cualquier senador o diputado a lo largo de estos últimos 35 años no ha sido nunca, ni por ningún grupo político presente en las cámaras, cuestionado.

Centrar la mirada inquisidora en el presidente extremeño en exclusiva no dejaba de ser sorprendente si ésta no se posaba por igual en los miles de beneficiados por tal asunto a lo largo de todo este tiempo.

Ni dejaba de ser chocante cómo algunos se rasgaban las vestiduras y se echaban ceniza sobre las cabezas con aspavientos escandalizados. Un cierto aire de sepulcros blanqueados recorría los escaños enemigos –pero también algunos “amigos”– para deslindarse del “manchado” cuyos actos –y más en estos tiempos–  por muy legales que fueran, parecían muy feos y ética y estéticamente impresentables.

El que el motivo de los desplazamientos fuera una relación sentimental estable –por aquel entonces, Monago vivía separado de su esposa, con la que más tarde reanudó convivencia– añadió un grado de morbo añadido a la situación, que propició uno de los aquelarres mediáticos más estrepitosos, y es difícil ahora alcanzar podio en este aspecto, de los últimos tiempos.

En particular, los medios televisivos y digitales, así como redes llamadas "sociales", pero sin faltar ni radios ni medios impresos –pero, sobre todo, ciertos programas de marcado sesgo ideológico, por no decir exactamente sectario que han transformado la información en propaganda y opinión en agitación política– se lanzaron a una despiadada cacería.

A un linchamiento, por decirlo claro, y no porque lo diga el linchado, sino porque es una obviedad que tal ha sido, donde no se dejaba ni un resquicio a la presunción de inocencia sobre algo que había sucedido hace más de cinco años y que, estrictamente, no suponía acto punible alguno en lo jurídico.

Monago mantuvo en todo momento que había pagado sus viajes privados y se supo que, en efecto, tenía asignado por su grupo en el Senado, junto a su natal Extremadura, la vecina Andalucía y Canarias como encomiendas de su actividad política.

El que posteriormente el afectado señalara que estaba dispuesto a devolver lo que ofreciera dudas y la dimisión de un diputado turolense que había tenido después también una relación con su expareja y que había cargado viajes al Parlamento, acabó por sembrar confusión y dar la baza que se suponía definitiva de su condena.

Las peticiones de dimisión por parte de su oposición política se hicieron clamor continuo, acompañados de las habituales befas y escarnios personales, y el caso Monago se expuso como un nuevo y repugnante caso de corrupción política. Daba igual que no existiera delito, ni posibilidad siquiera de imputación judicial alguna. Delenda est Monago.

Pero he aquí que el reo, cuando se le suponía camino de la hoguera, cargado con el sambenito de su culpa y más tras anunciar a hora mañanera una comparencia que sonaba a despedida, aparece ante las gentes con las pruebas de su inocencia y con el aval contrastado de un ejercicio del poder austero, el sueldo más bajo en su categoría, su renuncia a prebendas de su cargo, incluida el palacio-vivienda que otros sí disfrutaron.

Pero, sobre todo, con la demostración fehaciente de que sus viajes privados a las islas (22) fueron pagados de su bolsillo y que los 16 (no 32) realizados durante un total de 19 meses tuvieron motivación de trabajo, como acreditan sus reuniones, ruedas de prensa recogidas por la propia prensa, preguntas al Gobierno derivadas de aquellos encuentros y atención a un producto que une en intereses Extremadura con Canarias: el tabaco. Y que tales viajes son, como tales, viajes de trabajo en el ejercicio de su cargo, avalados y así considerados por el letrado mayor de las Cortes.

La impactante comparecencia de Monago no terminó ahí. Cargada de dramatismo, con visibles señales de la angustia vivida pero también de rabia contenida contra sus acosadores, devuelve sobre ellos como un boomerang los golpes: anunciaba su propósito de presentarse a la reelección y ganar las elecciones.

Hasta ahí lo sucedido. Pero quedan algunas reflexiones más allá del suceso y sus consecuencias. La primera, clamorosa una vez más, son los diferentes raseros de medir que los partidos, sus terminales mediáticas y voceros varios aplican a la corrupción según el color.

Ese mismo día, por delitos de enorme gravedad y alcance, la impresionante suma desviada de los fondos para parados, los ERE andaluces, se exigía presunción de inocencia para los dirigentes socialistas afectados.

No seré maniqueo al señalar que algo idéntico se ejerce de manera sistémica desde la acera de enfrente y el "tú más" es la carta machaconamente cruzada y que hastía a los ciudadanos. Pero esa doblez de vara fue achacable al PSOE y de una manera obscena.

La segunda cuestión es la de los derechos-privilegios de los políticos. De los parlamentarios, o de los expresidentes o de los ex altos o medio cargos. ¿De verdad quiere entrarse en ellos? Pues entremos.

Por ejemplo, en el asunto de las pensiones que sus señorías se generan con tan solo unos añitos y que nos cuestan largos quinquenios al resto de los mortales. Y lo de los viajes. Pues también. Son desde luego necesarios para ejercer su función y por todo el territorio. Pues muy bien. Pero que sea obligatorio el justificarlos. Como hacemos cualquier hijo de vecino con nuestras empresas.

Pero que no se ponga nadie “estupendo” ni se actúe con la hipocresía que se ha actuado con respecto al extremeño. Si se revisan todos los viajes como se han revisado los de Monago, ¿cuántos estarían “vírgenes”? Muchos han pasado por esos escaños. ¿Mil, cien, diez “vírgenes” habría entre todos ellos?

Déjense de hacer el fariseo y pongan de una vez remedio y coto. Por ejemplo, en lo cercano. ¿Por qué los expresidentes han de mantener las prebendas como las que mantiene José Bono y por qué los diputados socialistas se hurtaron vergonzantemente de las Cortes de Castilla-La Mancha para no votar su derogación e impedirla, pues necesitaba del 37 por ciento de la Cámara?

¿Por qué altos y medios cargos de esa misma región llevan a juicio –apoyados por su actual líder, Emiliano García Page– lo que fue una prebenda y un agravio contra la igualdad en el trabajo –por ellos mismos votadas– de aplicarse un sobresueldo al retornar a sus puestos de funcionarios por el hecho de haber ocupado tales cargos y, con ello, ganar hasta 8.000 euros más al año que el compañero que tienen al lado y que tiene el mismo rango y ejerce la misma labor y trabajo?

Vamos en verdad a acabar con los privilegios y la corrupción. Pero vamos también a dejar de utilizarla como arma arrojadiza; vamos a dejarnos de linchamientos hacia el otro y bula para el propio; vamos a dejar de emplear el más contradictorio de los raseros; vamos a dejar de pintar de azul o de rosa la corrupción. Porque, en verdad, su color solo es uno. Es marrón y emporca a todos.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 11.11.14
Dejando al margen de que ni había censo fiable; de que dejaban votar a los chicos de 16 en adelante por considerarlos más entusiastas; de que si uno se lo proponía podía votar unas cuantas veces; de que era posible que votara un nigeriano que viviera en Barcelona –votó y se hizo fotos– pero no un catalán residente en Córdoba o cualquier otro lugar de España...

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Dejando todo ello aparte y añadiendo que cualquier rastro o apariencia de neutralidad eran especies extinguidas; que quienes lo organizaban y dirigían el cotarro eran juez y parte –la parte contratante de la primera parte–; que las mesas las componían los más fervorosos separatistas; que el recuento lo hacía Junqueras y que, inmediatamente después, se destruían las papeletas...

Pues con todo ello, los números que proclaman con el éxito total y absoluto del independentismo no son exactamente para tanta cohetería. El éxito total del independentismo ha alcanzado, presuntamente, porque tampoco hay cifras fiables, la cifra de 1,8 millones de votos sobre un censo de unos 6,4 millones de posibles votantes.

A votar, también presuntamente, fueron unos 2.200.000, o sea, más o menos, un tercio de quienes podían hacerlo. Dos tercios decidieron no hacerlo. De ellos hubo quienes, además, se inclinaron –un 20 por ciento– porque, llegados a la línea de no retorno, tampoco querían la independencia.

Para que nos entendamos: que quienes dijeron que ellos quieren la independencia han sido el 28 por ciento. Ese es el éxito total que Mas vende urbi et orbe. O sea, y atendiendo a elecciones anteriores, ese es el número de votos que el conjunto de los partidos secesionistas, alguno menos incluso, han venido sacando en anteriores comicios y que el domingo montaron esa fiesta. O si nos atenemos a las cifras que dan cuando representan el gran espectáculo de la Diada, dicen que se manifiestan eso, 1,8 millones. Pues esos.

Han votado, así de esta manera, en una farsa sin garantía democrática ni nada que se le parezca. No ha habido incidentes y aunque ahora pueda a posteriori haber consecuencias jurídicas y penales, no hubo ni retirada de urnas por la justicia ni fueron los mossos –ni mucho menos la Guardia Civil– a impedir que montaran su particular fiesta. Y hoy Mas está muy contento.

Pero más allá de que el éxito total no llegue al 30 por ciento, lo cierto es que tiene su foto, que ha habido unas urnas –aunque fueran de cartón– y una votación –aunque fuera de traca– y que han ido más de dos millones y que ha salvado la cara. Puede que algo más que la cara. Aunque no sé si esto le gusta del todo al socio Junqueras.

Es pronto para hacer valoraciones pero puede que amparado en ese éxito, ahora el president pueda intentar aguantar la Legislatura. Eso no le va a sentar nada bien a ERC porque todo lo que sea correr los días puede comenzar a reequilibrar fuerzas.

Y un elemento último. A pesar de que los números cantan, la sensación y la psicología de masas también cuenta y mucho. Y, entre otras cosas, le ha pegado un bocado serio al crédito del presidente Rajoy –otro más y de los fuertes– en una nueva semana horribilis y, sobre todo, entre sus propios votantes. Me empiezo a maliciar que puede que a finales de 2015 o a principios de 2016, que pueden retrasarse, el cartel del PP en las elecciones generales puede no tener barba.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 4.11.14
Conoceremos casi al tiempo los datos del paro y la encuesta del CIS. Y como los datos del paro apuntan a buenos, seguiremos hablando de Podemos. Por lo que dicen las encuestas, allá a finales del año que viene –pues en primavera parece que no comparecerán a coleta descubierta para no destapar el pelaje– media España va a votar a Pablo Iglesias y van a asaltar los cielos, o sea, ocupar La Moncloa.

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Pues bueno, pues si es así, pues vale, pues muy bien, enhorabuena. Lo que me pasa es que no me lo creo. Debo ser de los pocos, pero no me lo creo nada. El partido de darle la patada en el culo a todos los demás –porque no es otra cosa que eso, sin que a pocos le importe lo que son, ni sus imposibles ni sus cavernas– tiene en ello su máxima y virtual fortaleza, pero que puede pasar a fortaleza solo virtual y desvaída en lo que explota una pompa.

No me asustan, así en particular, lo más mínimo. Que me preocupe lo que le pueden hacer a España es otra cosa. Pero vamos, que me interesa mucho más lo que pase con el paro.

Si, como me llega por varias fuentes, el mes de octubre se ha comportado bien, y no suele ser de los buenos, y la campaña navideña parece asomar con creciente fuerza, quizás pueda encararse una nueva racha de bajadas importantes del desempleo y empiece de verdad a notarse en el ánimo colectivo que, al menos en esto, empezamos a ir algo a mejor.

Porque si bien es cierto que las cifras han comenzado a ser positivas hace ya un cierto tiempo, la sensación a pie de calle no lo es en absoluto. Pesa de manera terrible lo que es el principal drama de nuestra Nación: que una cuarta parte de nuestra población activa está en paro; que uno de cada cuatro españoles vive en esa situación de enorme angustia.

La mejora, pues, ha de ser acelerada, intensa y continuada para se empiece a percibir alguna esperanza. Pero si los datos de octubre son positivos, no duden que me alegraré y mucho por ello.

Pero no tengan duda alguna que no habrá tertulia que no abra con Podemos, aunque seguro que las otras marmotas –Mas y su matraca, la corrupción y sus cienos– nos ofrecerán nuevas y estelares apariciones.

Y entonces yo me pregunto. ¿Pero no es la preocupación mayor de los españoles el paro? ¿Y se ha parado alguien a pensar, siguiendo esa línea de pensamiento, qué harían los de Podemos con el paro? A lo mejor esa cifra de seis millones que sentíamos como la peor tragedia resulta a nada que salta hecha añicos. ¿Por qué, mas allá de dar la patada en el culo a todos estos, se imaginan ustedes a esos otros gobernando y creando confianza y trabajo?

Si observan, de ello ni siquiera hablan, porque saben que en cuanto el personal se lo piense, les pueden ir estallando las burbujas. Lo que dicen es que pagarán a los parados como si estuvieran mismamente trabajando. O sea, no ofrecen trabajo, sino algo mucho mejor: jauja pura, salario sin empleo.

¿Y con qué se paga? Muy fácil: se lo quitan a los malos y listo. Como con las pensiones y con todo. No se paga la deuda y hay para repartir a espuertas. Todo arreglado. ¡Cuánto voceras de resolverlo todo en dos patadas sobra! ¡Y por todos lados, no solo por este! ¡En España!

ANTONIO PÉREZ HENARES

  • 28.10.14
El impacto primero, la nueva conmoción de un nuevo y parece que gigantesco caso de corrupción, que sacudió ayer los cimientos de la política española, puede interpretarse poco menos que como un final, como un mazazo cayendo ya definitivamente sobre el clavo del ataúd de un sistema.

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Esas van a ser, sin duda, la primeras interpretaciones y es muy lógico pensar así. Esto se derrumba y en nada aquí no quedan ni cascotes. Todo quedará barrido y abrirá las puertas a un populismo que ha encontrado el momento oportuno para hacerse con el poder. Sin otro mérito que el hundimiento en un cenagal de los demás. Que no es pequeña razón, pero cuyo resultado puede ser aquel de utilizar un remedio que resulta peor que la enfermedad.

Sin embargo, uno lo ve de manera bien diferente. Porque sean cualesquiera las consecuencias electorales que esto provoque y aunque estas resulten ser un auténtico tsunami, algo que en el fondo no deja de parecerme secundario, lo que resulta importante es que en verdad parece que el sistema, el denostado sistema, funciona, se ha puesto en marcha y a través de la justicia, que es como se hacen las cosas en las democracias, está en la ingente y urgente tarea de limpiar las acequias de nuestra democracia representativa de corrupción.

Un trabajo de Hércules, desde luego, porque comparado con esto, los establos aquellos del rey Augias son una nadería y aquí no vale con desviar un río para dejarlos libres de porquería. Aquí habrá que contar con un mar para que esto quede algo aseado.

Pero lo de ayer, como lo de poner al descubierto las tarjetas negras de Caja Madrid, como haber destapado lo de los ERE o lo de la Gürtel o lo de los Pujol, que va a ser de mucho más que los Pujol, a mí me parece algo positivo y esperanzador.

Bueno para los ciudadanos, bueno para la democracia, bueno para Justicia, bueno para que pasado todo el trauma tengamos la sensación de verdad de que en nuestra Nación no hay impunidad para los que nos roban, para quienes se aprovechan de los cargos públicos. Bueno, en suma, para que llegemos todo lo más cerca posible a la tolerancia cero contra la corrupción.

Que los partidos afectados, que son los que han tocado pelo de poder y que están en un brete lo pasen mal, me importa un bledo. Que espabilen, que hubieran controlado a los suyos, que ahora demuestren que de verdad están dispuestos a barrer la casa y que no se anden con monsergas ni paños calientes ni queriéndonos tomar a todos por tontos.

Que de una vez cojan la podadora y poden todo lo que haya que podar. Porque si no lo hacen, y no sé si ya es tarde, no pueden esperar de nosotros otra cosa que no sea tirarlos a todos a la basura junto con aquellos que en su seno y amparados en sus siglas, en sus listas y en su poder han convertido a España en un inmensa pocilga donde cada vez huele a peor.

Son sus delitos, son sus pecados y por ellos deben pagar. Mucha gente, está cada vez más diáfano, ha de ser extirpada de la política y resulta tan imprescindible que se haga y de inmediato porque de no hacerlo lo que se puede poner en riesgo es la democracia en sí.

Así que lo dicho. Para el que suscribe, como lo fue el día de las tarjetas, el del desfile de los pájaros de la Gürtel, o de los palomos de los ERE o como el de los hijos, naturales y políticos, de Pujol, este de hoy es un buen día. Un magnifico día, aunque también un día de vergüenza y de oprobio que en cierta forma duele, porque es cuando quienes nos saqueaban se han topado con la justicia, se han encontrado con la ley y sus guardianes en la puerta y se los han llevado detenidos.

Si, por supuesto contando de entrada con todas las presunciones de inociencia, se demuestra su culpabilidad y acaban presos, no seré yo quien derrame una lágrima de tinta por ellos. Bien al contrario, ya que lo único que haré será añadir mi voz a ese clamor general, de que amén de la cárcel, lo que queremos es que nos devuelvan el dinero. Porque ese dinero, el que los corruptos se embolsan, es nuestro dinero.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 21.10.14
El negativo de la auxiliar Teresa Moreno, único contagio producido en España hasta el momento, unido a la ristra de análisis que descartaban otros posibles casos y la ausencia completa de síntomas en los que permanecen en observación y aislamiento, abren la esperanza y la alegría de un final feliz a este nuestro primer caso de Ébola que tanto nos conmocionó y asustó.

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Podemos estar, pues, cerrando este capitulo, aunque nadie puede descartar en absoluto otros episodios similares. Lo probable es lo contrario, con la eclosión masiva de la enfermedad en África y que mientras no se controle y se consiga vacuna, nos amenazará a todos.

Pero aquí parecemos estar, por ahora, en un cierto “después” del Ébola. Y lo que uno se teme es que iniciemos un nuevo circo y una sesión de títeres. En esta ocasión y momento más arrimado al sainete que al drama y a la farsa que a la tragedia pero con parecida tramoya.

Debería ser el momento del análisis sereno, después de tanto desvarío por parte de casi todos, de señalar los errores, de asumir las consecuencias y de tomar las medidas. Empezando, por supuesto, por arriba, por la cabeza de la ministra incapaz y con especial atención al consejero insensato y cerril. Pero también una reflexión en todos, en sindicatos, voceros y medios de comunicación.

Debería, deberíamos. Pero no será así. No tengo en ello la más mínima esperanza. Lo que viene es esperpento, agitación y redes agitadas. Lo que viene puede ser más deprimente que la enfermedad en sí misma.

Los síntomas ya están asomando. Y la temperatura comenzará a subir de inmediato. En unos, los gobernantes, con ocultación de la fiebre, con escamoteo, si pueden, de ceses y renuncias que habrían de ser inmediatas y en los otros, siguiendo la estela del desparrame.

Quizás hasta vuelva a salir aquel médico que salió por todas las teles quejándose de no saber ponerse el traje (que bien podía haberse entrenado en vez de perder el tiempo repitiendo su monserga) y cuando en verdad le tocó el turno de atender a la enferma le dio un ataque, de ansiedad se dice ahora, y quien tuvo que afrontarlo fue otro de los muchos que sin alharacas –esos que hacen extraordinaria nuestra sanidad pública– han cumplido con su deber y profesión venciendo al miedo y salvándole la vida a Teresa en vez de andar haciendo el maula. Por cierto, parece comprobarse que tanto el traje como las medidas de protección –salvo en el caso de Teresa, y habrá que dilucidar por qué– han funcionado.

Pero no van a ser ellos quienes protagonicen este primer “después del Ebola” y ya veo venir el circo, que ha comenzado a encabezar el marido, que tiene unas ganas de cámara y protagonismo compulsivas e irrefrenables y que, junto con la portavoz familiar, andan ya ajustando exclusivas y por las cadenas hay más que rumores de pactos y pagos. Algunos hasta ya consumados.

La teleagitación va a tener con él, mañanas, tardes y noches de gloria. Para culminar, así será, con la aparición estelar que todos se disputan de la protagonista, por la que no puede sentirse ahora más que alegría y una enorme simpatía, pues no se olvide que ha sido, por voluntaria, víctima y cuya vida es la que ha estado en juego y en el más crítico de los peligros.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 14.10.14
¿Y si dejamos de una vez este penoso circo y de arrimar cada cual el ébola a su sardina? ¿Y si de una vez lo hace el Gobierno central y el autonómico, la ministra, el consejero, los sindicatos, los teleagitadores y los figurantes de todo pelaje, y cada cual cumple su trabajo y deber? ¿Es que no es posible un poco, un mínimo, un algo, un ápice de sensatez, sentido común, prudencia o contención? ¿No queda ya de ello ni un gramo en España?

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Lo primero que hay que decir, aunque alguno lo haya olvidado, es que la auxiliar de enfermería, Teresa Romero, es un victima. Como los misioneros Pajares y García Viejo. Y que ella, como ellos, se presentó voluntaria para ayudar. Que a nadie se le olvide esto de una mujer que ahora se debate en el filo de la navaja entre la vida y la muerte. Que cuando esto escribo tan sólo espero que siga aguantando y que pueda escribir de nuevo y con esperanza sobre su situación.

Que, en efecto, para su contagio pudo cometer algún error, un accidente, un fallo y, como ella también ha reconocido, incurrir en una irresponsabilidad por no advertir a su doctora de cabecera que había tenido contacto con ébola. Y hasta aquí.

Luego, todos lo errores, y son reiterados, demoledores y bochornosos, ya son de todos los demás. De quienes nunca debieron cometerlos pero siguen repitiendo a cada instante. Del primero al último, en una cadena de insensateces que tiene alucinada a la población y donde ni la propia sociedad, contaminada por el disparate, se salva ya. España está enferma y no de ébola precisamente, sino de un terrible virus que afecta a su ética, a su moral, a su responsabilidad, a su sensatez, a sus valores y a su humanidad.

Clamoroso por su repulsiva procacidad al ser expresado es el comportamiento del consejero de Sanidad de Madrid, responsable de un buena parte del desaguisado, que olvidando esa condición de victima de la enferma ha ido soltando lo más estentóreos rebuznos de emisora en emisora y a quien no hay que dar siquiera el derecho a decidir su dimisión. El cese y el rechazo eran obligados ya ayer y no vale consideración alguna más.

Semejante persona, con esa brutal falta de empatía emocional por un enfermo de tal gravedad, no puede estar al frente de quienes han de velar por nuestra salud. Ni un día, ni un minuto, ni un segundo más. El presidente de la Comunidad de Madrid ya tarda en desalojarlo de inmediato de cualquier responsabilidad.

Pero ello, con todo, es ahora hasta accesorio. Las responsabilidades políticas y profesionales que hubiera y habrá que determinar cuando toque, aunque esta primera de tan obvia supondría un alivio general.

Lo esencial ahora es combatir contra la enfermedad. Salvar a Teresa y cortar, detener, utilizando todos los medios, la progresión de la enfermedad. Eso lo primero. Pero también preparar y calmar a la sociedad. Y eso es tarea del Gobierno, que debe tener, debía haberlo tenido ya, una voz –la de Ana Mato, tras su lamentable actuación, ha quedado invalidada– que, desde la prudencia, el conocimiento y la mesura, informe e instruya a la población. Como hizo el doctor Badiola en aquello de las “vacas locas”, por ejemplo.

Pero para que esa voz llegue nítida, algunos bien podrían cesar en su algarabía. Y aquí entran voceros de todo pelaje e intención, pescadores en el revoltijo y agitadores a los que les vale todo con tal de derruir y asomar. La critica donde toca, donde puede resultar eficaz y para reparar los errores.

Sorprende que haya quien se pasee por una decena de medios clamando por qué no sabe ponerse un traje de protección en vez de emplear tal tiempo en aprender. En la confusión y el caos no ha sido baladí tampoco otro despropósito, este familiar.

Prohibir dar a conocer partes médicos respetando la voluntad de la enferma de Ébola, pero peregrinar su hermano de plató en plató como doctor-portavoz, o que sea una sindicalista quien haga el diagnóstico, que pareció terminal –y resultó hasta falso, pues no estaba intubada– y que se unía a la confusión general.

Mención especial y reflexión profunda habrá que hacer sobre nuestro propio papel. El de los medios de comunicación. Aún dejando aparte el desvarío en las redes, las manipulaciones y hasta la inaudita vesania de propagar supuestos casos de nuevos infectados, hasta con falsificaciones de documentos, han sucedido cosas en medios convencionales, entre profesionales supuestamente regidos por códigos deontológicos, que producen la mayor de la desolaciones y la peor de las vergüenzas.

La entrevista a la enferma, que no sabía ni quién la llamaba, para una televisión, cuando ya en ese momento estaba en una dramática situación –había dejado de comer– superó los límites de la decencia y la deontológica y alguien habría de responder por ello.

El alarde de presumir de que dos periodistas se habían colado en una zona restringida, peligrosa, donde hasta podría incurrir en riesgo no solo de infectarse ellos sino a su salida de propagar el virus a los demás es un hito más en la incuria e irresponsabilidad alcanzada en estos días.

La comunicación, sea publica o privada, ha de tener, porque la tiene per se, una función social y, por tanto, debe tener exigencia de una mínima responsabilidad. Pues bien, un caso como este, de extrema gravedad, lo que ha puesto al descubierto es la miseria moral y ética, la absoluta degradación en que estamos sumidos y que consideramos “normal”.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 7.10.14
Las tarjetas negras de los prebostes de Caja Madrid han puesto al descubierto de la manera más procaz y obscena el festín al que políticos, sindicatos y patronales se entregaron al tomar al asalto las Cajas de Ahorro, a las que entendieron como instrumento y tentáculo que prolongaba su poder en lo económico y empresarial y como botín del que podían disfrutar a sus anchas.

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Fue el retiro dorado de los dirigentes políticos y el brazo a través del cual se ejecutaban los designios del partido en el Gobierno autonómico o provincial donde no faltaba el desvarío como ilustra bien, entre cientos, el caso del aeropuerto de Ciudad Real por parte de Barreda y de la Caja de Castilla-La Mancha, la primera en quebrar con un agujero que supera los 7.000 millones de euros. Todo un presupuesto regional.

Pero lo que estremece y repugna aún más a las gentes de a pie, porque lo pueden percibir de manera cercana, con cifras asimilables y con nombres reconocibles es el reparto del pastel. El festín al que acudieron todos, como moscas a la miel.

Ese contubernio repetido en todos los lugares donde el partido triunfante tenía la parte del león, pero el segundo también su parte en el pastel, al igual que los sindicatos y la patronal que también tenían sitio en la mesa y en el mantel. Todos estaban en ello y por ello ahora a todos les gustaría que el asunto se zanjara cuanto antes y sin hacer demasiado ruido, por favor.

Pero no puede ser así. No se puede tolerar que sea así. No pueden quedar impunes quienes han costado a los españoles un gigantesco sacrifico, quienes han obligado a un rescate que entre todos hemos de pagar, imprescindible para evitar que los impositores se quedaran sin sus ahorros, y a toda nuestra economía a sufrir en empleo, en rebaja de salarios y en perdida de derechos.

No puede ser que quienes cometieron tales desaguisados se vayan de rositas y tengan además todavía un más dorado retiro después de haber arruinado a los demás, llegando a la desfachatez total de prescribirse como recompensa multimillonarias indemnizaciones y pensiones vitalicias. No se puede consentir.

La ciudadanía no lo va a consentir y esa es la primera prueba de calado en la que los partidos políticos y los sindicatos, si quieren recuperar un átomo de dignidad y credibilidad, deben demostrar que en verdad están por la limpieza y por el “nunca jamás”.

Habrán de entender, si no atienden a otras razones, que cada euro corrompido ahí es un voto a los antisistemas, es una desafección más a la democracia, es una invitación a que cualquier “podemista” vaya más allá de la necesaria limpieza de la acequia encenagada y se disponga a volar el propio manantial.

El hedor del cenagal lo ha expandido y hecho llegar hasta a las narices que se habían puesto mascarillas preventivas, el obsceno escándalo de Caja Madrid. Unas tarjetas “negras”, sin necesidad de justificación alguna y que utilizaron a mansalva para las mas dispares compras, caprichos, lujos y actividades.

Un total de 86 personas de las que tan solo unos pocos que se cuentan con los dedos de una mano no hicieron uso ni abuso de ellas. Un sindicalista y dos empresarios. Los demás, del PP, del PSOE, de IU, de CCOO, de UGT, de la CEOE y de las más diversas siglas y entidades donde no falta algún periodista al frente de la comunicación en la entidad que no tuvieron ningún reparo en usar, abusar y callar de ellas hasta completar una cifra escandalosa de 15 millones que se desglosa en otros tantos escándalos individuales, alguno de los cuales alcanza casi el medio millón.

Algunos verdaderamente descorazonadores pues quienes los han protagonizado eran quienes clamaban en las calles por los derechos de los trabajadores y se postulaban a sí mismos como defensores de los humildes y los desfavorecidos.

Hay que señalar que ha sido la actual dirección y gestores de Bankia, encabezados por el eficaz Goirigolzarri, quien ha puesto al descubierto el pútrido pastel. Una auditoria interna lo descubrió y actuó en dos direcciones: exigiendo la devolución del dinero a quienes ya como Bankia se habían beneficiado –es el caso de Rodrigo Rato y alguno más, que parece hicieron en su totalidad o en parte– y poniendo el conjunto de lo descubierto en manos del FROB que, a su vez, lo entregó a la Fiscalía.

Es necesario resaltarlo, pues de la misma manera que repugna esa práctica que fue hábito y costumbre en los tiempos de Miguel Blesa, habrá ahora que señalar como los nuevos gestores han sido quienes, sin dudarlo un instante, han destapado la fosa séptica y han dado los pasos oportunos para su desinfección.

Lo que ahora espera el ciudadano es también una doble actuación. Ya conocemos los nombres. Ahora tienen que llegar las consecuencias. Que solo pueden ser dos. Su dimisión-expulsión o lo que quieran de los cargos públicos, si aún los tuvieran, y la devolución del dinero malbaratado.

Que cada partido o sindicato proceda o no a dejarlos fuera de sus filas es algo que también habrá que someter a consideración. En ese sentido, hay que poner en valor la inmediata reacción de Pedro Sanchez, así como la de Ignacio González, abriendo expedientes o cesando de inmediato a los implicados.

No han sido para nada tan enérgicos ni los de IU con los suyos ni aún menos los sindicatos con los “compañeros”. A regañadientes ha dimitido el ínclito y muy voceador Martínez, pero hay nueve más y Méndez y Toxo se llaman a andanas y acabarán por decir que es un ataque a la clase trabajadora.

Pero esa es una. La otra ha de ser cosa del fiscal. De la Fiscalía General. De abrir de una vez por todas ese melón y todos los melones de las cajas. Juntos o separados, desde la citada Caja de Castilla-La Mancha a Caixa Cataluña, Bancaja o Caja Madrid; desde los socialistas Moltó y Serra a los populares, Olives y Blesa, por poner a cuatro relevantes, y junto a ellos, cientos de uno y otro signo y color, sin olvidar a patronos y sindicalistas.

El pueblo español exige justicia, exige reparación, exige comprobar con sus ojos que no hay un nuevo contubernio que pretende la impunidad. Si no la palabra “casta” alcanzará su total y exacta dimensión y quienes la utilizan como arma dispondrán de una letal munición.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 30.9.14
Es indudable y lo proclaman a voces que muchos lo quieren. El sentimiento está ahí, ha surgido de manera casi repentina, en un rapidísimo proceso de conversión a veces instantáneo. Es evidente ahora como era evidente su marginalidad hace tan solo unos años. Pero, ¿por qué quieren separarse de España?

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La respuesta de los secesionistas es muy simple y se ancla en dos pilares básicos: porque España nos oprime y nos roba y con la independencia vamos a ser más ricos y a vivir mejor. Así de simple y de mentira. Porque ambas cosas son una absoluta y total mentira, una alucinación convertida en sentimiento colectivo y que no soportan el mínimo contraste con la razón.

La primera parte donde se asienta el principio de odio y desprecio al otro, al español, y la supuesta creencia, el complejo de superioridad, el somos mejores, más listos, más buenos, más honrados y más ricos y los otros son malos, peores, falsos, opresores, viles, ladrones, cutres y desgraciados y nos han explotado, oprimido, ofendido y robado, principio esencial de todo nacionalismo con su carga xenófoba implícita, se supone basada en elementos históricos, geográficos, culturales y lingüísticos.

Lo cierto en la historia es que jamás fue así. Cataluña formó parte de la Corona de Aragón, pactó su unidad en España en el siglo XV y en la guerra de Sucesión una parte peleó en el bando perdedor, el carlista, contra el borbónico. No hay más.

Lo que sí hay es la constatación de que nunca como ahora sus singularidades, sus hechos diferenciales y su nivel de autogobierno han sido tan respetados, alentados y enaltecidos. Nunca.

Si ha existido un momento de toda la historia de Cataluña donde más autogobierno ha tenido, donde más se ha enaltecido su historia, su lengua ha sido a partir de la actual Constitución y de su Estatuto de Autonomía.

Nunca como ahora, nunca mayor libertad y autogobierno. Tanto que no hay quien en toda Europa lo tenga. Y si la opresión no aparece por ningún a lado, lo del robo y el expolio resulta que tiene ahora otra presunción y hasta confesión. Solo es necesario mirar hacía el clan del “Padre Fundador”. Pero hay más y en lo mayor. Si ha existido una zona privilegiada en su desarrollo y desde el siglo XIX, ha sido ella.

Resulta, pues y como poco, sorprendente que la ira por la supuesta opresión se produzca cuando mayor autonomía y libertad existen. Sucedió en la Segunda Republica, cuando Macía se lanzó a la secesión, camino que ahora tienta de nuevo, sublevándose contra la legalidad republicana que le había concedido un estatuto y justo cuando más débil estaba, en plena guerra contra Franco.

La situación tiene una similitud con el presente. Justo cuando más respeto y libertad han obtenido es cuando clama lo contrario y cuando resulta que emerge que no se trataba de ello para “encajarse” en España sino para utilizarlo en una espiral que les lleve al objetivo: la independencia.

Es, sin duda, una cuestión política, cocinada políticamente, desde las elites políticas, diseñada y emplatada para el adoctrinamiento de la población. Y para lograrlo dos instrumentos: la educación desde el parvulario en la ideología nacionalista y los medios de comunicación entregados, con generoso riego, a la causa hasta convertirse, con los públicos en cabecera, en instrumentos no de información sino de pura, dura y sesgada agitación y propaganda.

En este devenir es preciso poner en valor el apoyo de la izquierda, genuflexa ante los postulados nacionalistas y que ha llevado a sus votantes a esa otra orilla. El caso de los Maragall es axiomático, más nacionalistas que los que llevaban la marca y que con la complicidad del iluso y endeble Zapatero abrieron la definitiva espita y el de Montilla, ejemplo preclaro de “tonto útil” con su pacto con ERC.

En este sentido, resulta muy significativo que en ese “agravio identitario” enarbolen las pancartas en primera fila gentes cuyas raíces están en muchos otros lugares de España y que abrazan con enorme fervorina los postulados mas extremos del nacionalismo. En ello tiene un debe inmenso esa izquierda que traicionó sus principio y sus esencias y los entregó, amarrados ideológicamente, al nacionalismo.

Todo ello ha llevado donde estamos y pretendiéndonos hacer olvidar de dónde venimos. De una Constitución votada por todos, y por ellos con entusiasmo, que ahora pretenden hacer añicos y violar en letra, fondo y espíritu, y que atendió como nunca a su singularidad.

La segunda piedra troncal de la consigna nacionalista es a futuro. Seremos más ricos y viviremos mejor. Que alguna izquierda “compre” tal insolidaridad, como si fueran los territorios quienes tributan y no las personas, “los ricos”, es de aurora boreal. Pero es que además es tan mentira como la de la opresión.

Una mentira que conocen muy bien quienes les engañan prometiéndoles paraísos de leche y miel, como está Mas, primero Moisés de la tierra prometida y ahora delirando en rey David y presumiendo de “valiente, audaz, corajudo, astuto e inteligente” y ya atribuyéndose la victoria ante el estúpido Goliat. Mas tiene “padre político”, según el mismo confiesa –el corrupto Pujol– pero parece no tener abuela.

Lo cierto es lo contrario. Sin España, los catalanes serán más pobres, estarán más aislados, se irán de Europa: nadie los echa, se van ellos al irse de España y con muy dudoso, largo y complicadísimo camino de vuelta y su situación será poco menos y quizás más de quiebra que de bonanza.

El solo barrunto de la posibilidad ya está demostrándoselo con deslocalización de empresas, con caída a pico de la inversión extranjera y teniendo que recurrir al Estado Español, el único que les presta, para poder ir aguantando deudas.

La verdad y la razón van juntas. La víscera y la mentira un millón de veces repetida están conduciendo a muchos catalanes a una creencia que suponen realidad y donde el espejismo del oasis no esconde más que arena y sed.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 23.9.14
El "no" escocés no resuelve nada en Cataluña. Pero algo enfría. Digan ahora lo que quieran, un triunfo del "sí" hubiera supuesto un auténtico chute emocional para nuestros separatistas patrios y no solo los catalanes, que en ello estaban, sino para todos los que en comandita escenografiada en el Congreso se apuntaron al carrusel –no solo CiU y el PNV poniendo cara de moderados y los de ERC, BNG, con Bildu asomando en la foto y hasta la navarra Uxue Barcos–.

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Pero salió el "no" y salió por mucho, por casi 11 puntos, y aunque ahora ya están diciendo que eso también está muy bien y es un ejemplo, todos sabemos que verdes las han segado y que hay humos en rebaja.

Pero no cejará ni la hoguera y hasta puede que aumente la humareda. Ahora la cosa va a estar en seguir con la monserga y con el juego de trileros que cada vez es más palpable que Artur Mas se trae con España, su Gobierno y sus ciudadanos. La consigna será que les dejen votar a ellos como a los escoceses. Que es igual. Y no. No es igual.

Porque Escocia fue un reino, sin discusión, un Estado independiente que hace 300 años decidió unirse con Inglaterra, y con Gales en el Reino Unido. El referéndum de ahora, pactado hace dos años, con la pregunta dictada –por cierto, que muy torpemente– por el Gobierno central de Cameron, entra dentro de su legalidad y su Constitución.

Aquí nada hay de eso. No hubo reino, pues la corona de Aragón de la que formaba parte el condado de Barcelona se fusionó con la castellana para alcanzar la unificación de España en régimen de proclama igual, tanto monta, monta tanto, a finales de siglo XV, o sea, quinientos años ya.

En la guerra de Sucesión, en el siglo XVIII, entre los partidarios del heredero Borbón y los del archiduque austriaco Carlos, buena parte de Cataluña viró de una posición inicial a favor del primero a colocarse al lado del segundo. Unos y otros combatieron por España, por poner en España un rey u otro, y en la guerra, tras alternativas cambiantes, perdió Carlos y ganó Felipe, el quinto, el antecesor con ese nombre de nuestro actual rey.

La identidad catalana es innegable: está su lengua, su cultura y su historia con sus señas bien claras y apreciables. Y también ha habido intentos con el de ahora de secesión. El más notorio cuando en la Segunda República y en plena lucha contra el franquismo a los separatistas les pareció muy trapaceramente que era el momento y la oportunidad de proclamar su independencia. Contra la que tuvo que luchar la República a la que traicionó y cuyas fuerzas aquel episodio mermó en sus posibilidades de victoria contra Franco.

La llegada de la democracia en el año 1978 supuso para el territorio no sólo la libertad común a todos los españoles, sino su Estatut y el respeto, reconocimiento y expansión de su autogobierno, lengua y capacidad de decisión hasta unos límites que son los más amplios de toda la Unión Europea y no tienen parangón ni siquiera en Estados federales.

Aun se ampliaron con la reforma última del Estatuto propiciado por el presunto socialista Maragall que, en realidad, era el agente esencial del nacionalismo, mimado por el insensato ZP, que legitimó sus axiomas y trasvasó a buena parte de un electorado que no tenía ni esas raíces ni esos principios ideológicos. Pero se fue tan lejos que era prácticamente una ruptura con el Estado, una clara violación de la Constitución que todos habíamos votado en 1978 –y los catalanes con más entusiasmo que nadie–.

Ahora, lo que pretenden simple y llanamente es la separación por su cuenta, por imposición al resto de españoles y por las bravas, con un referéndum impuesto al conjunto de la Nación, con las preguntas a su mejor conveniencia y con una clave esencial, que se oculta tras su famoso derecho a decidir. No pretenden votar sino lo que pretenden es no dejarnos votar a los demás. Expropiarnos nuestro derecho a decidir en algo que antes decidimos entre todos y ahora quieren guisarse solos.

Pero además, y ahí entran ya estos últimos episodios de trileros políticos, buscando la trampa, la más rastrera añagaza, como es la de aprobar esa Ley de Consultas, donde el PSC vuelve a pifiar y a ponerse de perfil, que todos saben que es tan solo y tiene la única misión de dar cobertura a un referéndum que todos saben que es ilegal y contra la Constitución y que ya van sabiendo que, encima, no se va a celebrar.

Aprobarla, además, buscando un tiempo para hacer ruido y que no pueda tener inmediata respuesta legal. O sea, por la tarde, tras el Consejo de Ministros y Mas demora su firma hasta que Rajoy se halla en su importante viaje a China donde tanta economía se juega.

Porque Mas conoce bien que el simple recurso al Constitucional por parte del Gobierno paraliza de inmediato la llamada a las urnas del día 9 de noviembre. Lo saben como saben que tanto el continente como el contenido va manifiestamente contra la ley, la democracia española y su Constitución y, como tal, va a declararse. Porque sobre el fondo y por muy notable y pocas veces alcanzada unanimidad se ha declarado ya el Alto Tribunal, ya saben como sabemos todos lo que es inevitable que va a suceder.

Lo que después sucederá es lo que tiene interrogantes. Lo más probable es que Mas convoque elecciones –lo de sacar las urnas a la calle y desobedecer, conculcar y violar la ley no veo que quede en más que amenazas– que se escenifiquen como plebiscitarias, que las gane ERC y que proclame luego una independencia de manera unilateral por un parlamento que no tiene facultad alguna para ello.

Pero eso ya es insurrección. Y ese es un escenario de cataclismo total. Y excepto los que lo desean como solución traumática y final, somos muchos, también en Cataluña, que no deseamos tal, y han de ponerse a pensar, dialogar, razonar y buscar. Un dialogo que ahora no puede ser posible porque, simplemente, lo que se pretende es ciscarse en la ley y hacer trizas el pacto constitucional.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 16.9.14
Llevan tanto tiempo con la soflama de su derecho a decidir, su queja de que no se les quiere dejar votar y su reclamación de un derecho que entienden como principio y cúspide democrática que las consignas han llegado a calar no solo entre los catalanes –que han calado y mucho– sino entre el resto de España que, en un primer vistazo, topan con algo que parece de estricto derecho.

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Pero, como en tantas ocasiones, lo que esconde tras su aparente contundencia y simplicidad es una sibilina pero contundente mentira. En realidad, lo que pretenden es, ni más ni menos, expropiarnos nuestro derecho y robarnos, tan aficionados ellos a proclamar el latrocinio, nuestro voto.

Porque eso es lo que supone que ellos y solo ellos decidan sobre algo sobre lo que tenemos derecho a decidir todos: expoliarnos nuestro voto sobre algo de lo que todos debemos opinar, como todos opinamos cuando tocó ponerlo en marcha.

Porque fuimos todos, ellos incluidos, los que firmamos y votamos el pacto, las leyes y la Constitución donde tiene cabida su Estatut de Autonomía. Y habríamos de ser todos quienes, a la hora de modificar, retocar o incluso romper tal situación, debiéramos pronunciarnos.

Ese es el principio esencial en el que no cabe cesión ni renuncia alguna. Es la línea roja que el Gobierno y los representantes del Estado, incluido el propio Mas, están obligados a respetar, cumplir y hacer cumplir.

El propio presidente Mariano Rajoy no puede –en el caso de querer, que tampoco quiere– hacer ninguna otra cosa que cumplir la ley, que emana de ese derecho, de esa soberanía del conjunto del pueblo español sobre la totalidad de España.

Porque, sin ello, ni siquiera existe España. Si todos y cada uno de los territorios autonómicos plantean ese su “derecho a decidir”, cada cual sobre los “suyos”, España y los españoles dejan de existir y su ciudadanía dejaría de ser depositaria de derecho y de soberanía.

La semana pasada, cientos de miles de catalanes proclamaron en las calles lo contrario. Y ahora ya es momento de tabular y aquilatar fervores y efervescencias. Pero hoy ya puede decirse que, por muchas voces y “uves” que den y hagan, lo que no es de recibo por el resto, ni siquiera para bastantes de los propios catalanes mismos, es que de lo se suponen con derecho sea a costa de violar y apropiarse de los derechos de los demás.

Estoy seguro de que el fervor separatista, en esa Diada por ellos secuestrada como de su exclusiva propiedad, ha sido mucho y hasta creciente, aunque el número y los ánimos en el fondo sean algo menguantes. Porque que son cada vez más son los que perciben que el camino no lleva a ningún sitio y puede acabar en una tremenda frustración.

Pasada la exaltación nacionalista, la realidad vuelve a asomar. Los tiempos se agotan y el día 9 de noviembre como fecha de Damocles pende sobre las cabezas. Sobre todo, sobre aquellas que lo fiaron todo a su imposición. Sobre todo lo demás.

Es la fecha decisiva, aunque ya hay otras: la del viernes 19 de septiembre es la próxima anunciada. El día en que aprobará la Ley de Consultas, que pretende dar amparo al referendum ilegal. Pero la fecha que de verdad ahora puede tener mayor significado y relevancia no es esa sino la del día anterior. Y no porque vaya a suceder algo aquí, sino por lo que ese día puede suceder en Escocia.

No es una situación igual ni en la historia ni en su evolución, pero sí coincide en el objetivo: la secesión. Si el "sí" triunfa en Escocia, el puchero catalán hervirá. Pero si la unión sale victoriosa, eso ayudará a que el caldo catalán se empiece a enfriar.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 9.9.14
Los datos del paro de agosto no han sido buenos. Los de afiliación a la Seguridad Social, tampoco. En una España con esos millones de parados, cualquier repunte del desempleo, por pequeño que sea, cualquier descenso de las cotizaciones es motivo de tristeza y preocupación.

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Quienes nos hemos alegrado durante los pasados seis meses de la mejoría evidente, y deseábamos fervientemente que aunque fuera por poco mantnerla un mes más, no podemos negar ahora esa evidencia.

Pero sí decir que resulta muy ilustrativo que quienes negaban antes y durante todo ese medio año los datos, su fiabilidad e impacto, se agarran ahora a este leve repunte de 8.000 parados más para jalearlo, diríase que alborozados de la mala nueva, porque suponen que eso hace daño al “odioso” Gobierno de la derecha, cuando a quien nos duele, o debería doler, es a todos.

Los datos de agosto no son buenos. Pero tampoco pueden calificarse de malos ni de pésimos y, entrando en comparativas –con la excepción del pasado año, cuando el paro descendió en ¡31 personas!– agosto siempre se ha comportado fatal en estas cifras, con fuertes subidas incluso en periodos de bonanza. Por ejemplo, 35.000 parados más en 2004 y ya no digamos al entrar en crisis: 103.000 en 2008.

Algo similar ocurre en la afiliación. Así pues, cabe una interpretación de concluir en que es menos malo que otros años y que, en términos desestacionalizados, es incluso positivo, como también en algunas regiones y, en concreto, tanto Castilla y León como Castilla-La Mancha, donde ha descendido en términos absolutos.

En términos interanuales, que eso en el fondo tiene más relevancia y a nivel nacional, la variación anual es de 270.853 parados menos en comparación con el 2013 y de 321.833 afiliados más a la Seguridad Social.

Pero si en algún sitio es preciso no caer en la más mínima autocomplacencia es en éste. Como tampoco sonreír siquiera porque la OCDE diga que en el año 2015 vamos a lograr bajarlo más de un 2 por ciento, por debajo entonces del 24 por ciento. Ese porcentaje es una barbaridad y no podemos ni debemos conformarnos en absoluto, no podemos resignarnos a ello. Para nada.

Es urgente acelerar, dedicar todas las energías, porque a mí desde luego –y pienso que a la mayoría de compatriotas– ese ritmo de recuperación del empleo no nos vale. Y es preciso exigir al Gobierno que actúe, que siga actuando, que no ceje y que se esfuerce al máximo sobre ello. De toda forma y manera.

También, dicen los que se supone que saben, activando la economía y en ello ha de tener que ver, y bastante, la bajada de impuestos que el Gobierno ejecutará el próximo año y que en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal ha salido otra vez, como en el recorte de cargos, por delante y ha anunciado que desde ya en esa región y en el tramo autonómico que le corresponde, baja un punto la carga impositiva.

Eso allí donde el déficit y las trampas –ni para pagar a los farmacéuticos daba– eran asfixiantes. O sea, que si se logra hacer allí parece lógico que pueda lograrse en otros lugares también. Confiamos en que cunda el ejemplo.

ANTONIO PÉREZ HENARES
  • 2.9.14
Este año hemos tenido agosto. Por lo menos un poco de aquellos agostos de antes en los que nos apeábamos de todo. En lo que va de década, eso no había sido posible. Peor aún, era en el estío cuando más a punto parecíamos estar de sufrir el definitivo golpe febril que hiciera estallar todas las calderas. Este año, espero que eso no me conlleve acusación de triunfalismo, algo más tranquilos hemos andado, algo de agosto hemos tenido.

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El otoño viene caliente. En tiempos, eso solía utilizarse para advertir que la tensión social y las huelgas obreras iban a protagonizar la estación. No parece que vaya a ser esa la calentura que nos espera, sino estrictamente política, protagonizada por el separatismo en Cataluña y por la implosión de la izquierda en el conjunto de España.

Los sindicatos, más que para otoños calientes están en plena hibernación, por ver si así no tienen que explicarnos qué han hecho con los dineros de todos a lo largo de decenios. El sindicalismo está en su punto de descrédito más alto, empatado con la clase política y todo ese contubernio de centrales obreras y patronales en el manejo de los fondos de formación que, unidos a la connivencia en las cajas de ahorro con los partidos, es otro de los clavos del brutal deterioro del sistema.

La fiebre empezará a subir, adelantado en el calendario, en la Diada. Entendida en esta ocasión como ultima gran escenografia previa, de calentamiento, motivación y avalancha, inmediatamente anterior al paso definitivo del Referendum y la Independencia, que sí y sí, habrán de consumar de inmediato.

Esa era la hoja de ruta del separatismo, que tras arrumbar a tontos útiles variados –la izquierda y el PSC representaron ese papel con alucinado entusiasmo y, ahora, el tandem Colau-Iglesias, los nuevos pero siempre genuflexos monaguillos del nacionalismo, prestos a expropiar al pueblo español el verdadero derecho a decidir de todos– tiene ahora como actor esencial a un Mas, el dilecto “hijo” de Pujol, que tras destruir a su partido y convertirlo en el sirviente de ERC sólo tiene ante sí la inmolación o el suicidio.

Pero la hoja de ruta se ha torcido. Porque no tenía camino por mucho que lo dijeran, ni por Europa, ni por España, ni por la Ley ni por la Democracia. Y porque les ha estallado la santabárbara y se les ha ido al garete y por Andorra el grito esencial y la bandera de guerra: ¡España nos roba! Y ha resultado ser que a España, a Cataluña y a todos, quienes nos robaban eran quienes más lo gritaban.

La Diada será multitudinaria y el sentimiento independentista, tras tres décadas de predicar el odio a lo español y señalarlo como causante de toda las perversiones y penurias, efervescente. Pero algo menos.

Algo se está moviendo en la sociedad catalana. Empiezan a ser cada vez más quienes, de una manera u otra, no desean tirarse por el despeñadero y buscan cómo bajarse de la manada desbocada que galopa hacia ese abismo. Unos, a las claras y otros, intentado que no se note mucho.

La gestión realizada por el Gobierno de España hasta el momento también ha contribuido a ello. Han aguantado la presión y a quienes exigían que se fuera a la confrontación y se tomaran “medidas”. A eso de las “medidas” se le añade “contundentes”, “enérgicas” y demas calificativos, pero descuiden que sustantiven “qué” medidas.

Prudencia en formas y firmeza en fondos parece que no han ido mal como receta. Y a unos y a otros les ha ido poniendo ante su propio muro. Sobre todo, a quienes pretenden de un plumazo romperlo todo, su voto constituyente el primero, hacer añicos la soberanía de una Nación y destruir a la Nación en sí misma. Y hacerlo impunemente o, incluso, exigiendo que aplaudamos su desatino con alborozo. Que hay quien lo hace.

No hacerlo es lo primero en que debe centrarse el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, que tiene en ello una de las piezas angulares de su inicio y su intento de volver a lograr que el PSOE pueda vislumbrarse como alternativa para gobernarnos.

Si para Rajoy es una prueba de auténtico fuego, no deja de serlo menos para Sánchez. Y me parece que eso, al menos, eso, parece tenerlo el socialista bastante claro. Veremos qué le dice a Mas y qué nos dice a los españoles cuando salga del encuentro. Marcará muchas cosas. Confío, y no es retórico, en que lo esencial lo tiene muy claro.

Lo que haya que decidir lo haremos entre todos, porque nos compete a todos, porque eso acordamos, porque esa es nuestra Constitución, el recipiente de nuestros derechos, libertades y deberes. Sus salidas las podemos discutir, apoyar o rebatir pero si en ese punto esencial no hay fisura, será toda una esperanza de futuro.

Para el Gobierno, y mas allá del asunto catalán como punto donde mayor riesgo de fundido existe, hay otros frentes abiertos en los que también habrá de emplearse a fondo y, sobre todo, en dos líneas de ofensiva: el paro y la regeneración politica.

La primera es lograr hacer llegar a los ciudadanos que la recuperación es un hecho y que empiecen a notarlo y que la confianza y nuestro papel en Europa y en el mundo se están restableciendo. Para ello, lo sustancial es que las cifras del paro sigan en descenso y que éste no se perciba como mero repunte estacional sino como una tendencia firme y que esperemos, incluso, se acelere. El empleo es la prueba del algodón del fin de la crisis y, si no la pasa, de nada valen todos los demás síntomas positivos.

Lo segundo, nuestro papel en la UE, parece estar al alcance y la sintonía santiaguesa con la Merkel así lo indica. Un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU sería el mejor remache de esta “operación retorno” a los centros de poder.

Mucho más difícil es convencer a las gentes que hay voluntad de regeneración política e institucional. ¿La causa? Los innumerables y extendidos hechos probados de corrupción a todas las escalas. Pero aún peor, la reacción de los partidos ante ellos. Justificando el propio y utilizando como arma arrojadiza el ajeno.

Ahora no cabe un solo error más y, aún menos, un indulto. Es hora del ejemplo y de la didáctica. Los políticos, como la mujer del César, no sólo han de ser buenos sino estar obligados a parecerlos. Se lo han buscado. Eso o lo de Podemos o cualquier otro delirante populismo que, en vez de limpiar a fondo las acequias de todo el cieno y la broza acumuladas, lo que propone como solución es dinamitar el manantial.

La primera propuesta gubernamental, tras el verano, de dejar reducida a la expresión más mínima el número de aforados ha sido en este sentido un trompetazo de salida. Lo de la elección directa de los alcaldes, se ponga la oposición como se ponga, si de verdad va en serio y a que los elijamos directamente los ciudadanos, con la técnica de las dos vueltas si no hubiera mayoría necesaria la primera, puede ser otro avance.

Que las gentes pueden entender mucho mejor que los partidos políticos. ¿Cómo va a explicar la izquierda que no quiere que vote el pueblo, en esa segunda votación y que por lo que están de verdad y por interés es, incluidos los acólitos de Iglesias, por los pacto entre la “casta”?

Por cierto, señor Sánchez, que era lo que proponían ustedes. ¿Qué intereses partidarios le llevan a usted a negarse a hacerlo ahora? Que es justo el momento. Cuando acaba este partido, esta Legislatura y va a empezar el siguiente. O sea, en absoluto enmedio.

En suma, que el otoño va a ser de alivio. Con elecciones a la vista y con el mayor desafío de toda su historia a la unidad de la Nación española, de aquí a nada.

ANTONIO PÉREZ HENARES

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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