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  • 18.2.13
Montalbán Digital se hace eco en su Buzón del Lector de un artículo remitido por José Miguel Delgado, coordinador de la Plataforma Andaluza de Defensa del Sistema de Dependencia y Servicios Sociales, sobre la actitud que deben mostrar los ciudadanos para conseguir el bien común. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico a nuestra dirección digitalmontalban@gmail.com exponiendo su queja, comentario o sugerencia. Si lo desea, puede acompañarla también de alguna fotografía.

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En días como el de hoy, en los que parece que el motor empieza a venirse abajo por la dureza de la pendiente, a veces me da por pensar que merece la pena aparcar a un lado y observar el camino. Vivimos momentos duros, difíciles; eso lo sabemos y no pasa un día en el que dejen de repetírnoslo desde los medios de comunicación o en el bar, mientras tomamos el café. Es cierto, la vida se nos ha presentado complicada y se torna de un color cada vez más oscuro y eso, la verdad, asusta. Yo me siento asustado desde hace mucho.

Cada día me levanto con el peso de la incertidumbre sobre mis hombros y, como la inmensa mayoría de la gente, tengo por una milésima de segundo, la tentación de dejarme caer. Afortunadamente mi espíritu soñador o “algo así” me empuja a continuar caminando y, sin saber muy bien porqué, esa inercia que se encaja en las vías de la esperanza, me empuja a seguir luchando.

Son ya diez años los que llevo enterrado en la pelea por la igualdad y la justicia; son muchas las almas que he visto sucumbir por el camino y, sinceramente, lo comprendo, es duro, pero hay que seguir. Cuando uno elige la pelea por lo que considera justo, la igualdad si ninguna búsqueda de beneficio personal, simplemente por el hecho de aportar dignidad a las personas para hacer sus vidas menos complicadas, son muchas las piedras que debe sortear en el camino.

Recuerdo ahora una frase que escucho muy a menudo y que dice “nadie da duros a 4 pesetas” o esa de “algo buscará” y de verdad que me entristece ver cómo la naturaleza humana se deja despeñar por ese terraplén del egoísmo y el lucro personal de un modo tan ligero.

Desde que tengo uso de razón, a mí y a las personas como yo nos han llamado de muchas maneras: “soñadores”, “inocentes”, “ilusos”… Siempre han intentado atarnos las alas a la espalda para que cejemos en nuestra actitud “soñadora” porque la vida es dura y “la gente es muy mala”. Pero, al menos en mi caso, esas palabras no hacen más que imprimirme un punto más de ánimo, de energía para continuar con la pelea por lograr que la gente se dé cuenta de que la mejor manera de llevar el mundo es por la senda del bien común.

Me niego a creerme eso de “ayúdate tú porque nadie te ayudará”, me niego a aceptar consignas como “para que unos ganen otros deben perder”. No, eso es mentira, el ser humano está hecho para conseguir ganar con el triunfo de todos y todas y, a pesar de que muchos podáis tachar mis palabras de ilusas e incluso ineptas, no lograréis hacerme cambiar de opinión. En esta sociedad, podemos lograr un modo de vida en el que todos y todas consigamos un triunfo.

Y es que, señoras y señores, este mundo está muy necesitado de un cambio de mentalidad; un cambio de mentalidad hacia posturas apoyadas en la solidaridad, en la igualdad, en la justicia social, en el desinterés por el beneficio económico y en la búsqueda constante del beneficio social por medio del “bien común” y eso, por más que los “buitres y cuervos” de nuestro mundo se empecinen en negarlo, es posible con una mentalidad limpia y libre oscurantismos y desconfianzas.

Uniendo fuerzas y sinergias positivas que sean capaces de llevarnos al beneficio común. Es cierto que debemos vivir y que para eso, necesitamos la economía, entre otras; sería cínico e iluso negarlo, pero yo planteo varias preguntas:

¿Por qué el modelo económico que tenemos es inamovible? ¿Por qué no “revolucionamos” los modelos productivos para que pongan en el centro las necesidades de las personas? ¿Por qué no articulamos nuestros sectores productivos en torno a líneas que marquen el bienestar de sus ciudadanos? ¿Por qué no cambiamos nuestra legislación para que el respeto y la dignidad de la gente sea el centro de la sociedad, por encima de otros intereses más cuestionables?

Estamos en una situación de crisis y, por tanto, de redefinición. No perdamos la oportunidad de cambiar las cosas nosotros. No perdamos la oportunidad de arrebatar el poder a los que nos han robado el alma para hacer negocio.

Nuestro esfuerzo y nuestro ánimo es el arma más temida por quienes están acostumbrados a sostener las riendas de este injusto sistema, por eso, con nuestra actitud cívica, comprometida y decidida, lograremos implantar el modus vivendi del “bien común”.

JOSÉ MIGUEL DELGADO

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