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  • 7.11.19
Inicio estas líneas con una referencia de prensa sobre la Cumbre del Clima que se va a celebrar el próximo mes de diciembre. La ONU confirma que tendrá lugar en Madrid tras la renuncia de Chile. La cita está calentita aunque reconozco que no entra en el grupo de los pequeños gestos. El encuentro, en el que se prevé una asistencia de 25.000 personas, se celebrará entre el 2 y el 13 de diciembre próximos y, sin duda, es de interés mundial por su importancia.



España, ante la renuncia de Chile, se ha ofrecido para acoger esta Cumbre del Clima. La oferta la hace un presidente en funciones con la esperanza de que será la voz del pueblo en dichas fechas. ¿Pequeño gesto? ¿Gran farol? ¿Fe total en “los hados” como “fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre dioses, hombres y sucesos”?

Diez claves para entender un poco mejor este pequeño universo climático. Por su interés cito: ¿Por qué es importante la COP25? En síntesis, “la próxima Cumbre es la última reunión para activar el Acuerdo de París, cuya vigencia debe comenzar en enero de 2020. Dicho Acuerdo es vinculante de cara a limitar el calentamiento global”.

Mis líneas de esta semana se quedan apocadas ante tal evento. La polución, la escasez de agua potable, la deforestación por la quema de bosques, la desertización, el deshielo, el calentamiento global... piden soluciones globales y una legislación ambiental con compromisos de todos los Estados. El talón de Aquiles está en dichos compromisos.

Una curiosidad. Aquiles es un famoso héroe de la mitología griega. Todo su cuerpo era invulnerable, menos en el talón. Cuenta la leyenda que una flecha envenenada fue la causa de su muerte al clavársele en su punto vulnerable: el talón derecho.

El dicho permanece entre nosotros y alude a posibles puntos débiles de las personas e instituciones. Soberbia, orgullo, avaricia, envidia, ira, fastuosidad, vanidad, mentira, endiosamiento... pueden ser algunos elementos decorativos de personas y gobiernos. Puntos débiles del ser humano que lo caracterizan y por donde le puede entrar la flecha.

Vivimos en un mundo que nos convierte en interdependientes unos de otros; los problemas de unos afectan a los otros: emigración, deterioro del medio ambiente… son problemas que tienen una dimensión global, por eso las soluciones deben ser a escala global, porque sin acuerdos internacionales no encontraremos soluciones para ellos.

Este nuevo orden mundial debe estar basado en la justicia, la solidaridad, la cooperación y el interés común. En definitiva, en valores que garanticen los derechos de todos los seres humanos. A problemas globales, soluciones globales.

Habrá que hacer esfuerzos enormes dado el fracaso de algunas reuniones celebradas ya como la Cumbre de Río (Brasil, 1992) o el Protocolo de Kioto (Japón, 1997) donde no se llegaron a acuerdos y algunos países se descolgaron abiertamente.

En diciembre de 2015, la Cumbre Internacional sobre el calentamiento del Planeta y cómo evitar que dicho calentamiento fuera a más volvió a crear esperanzas. Los asistentes aceptaban la propuesta de la anfitriona (Francia) porque les parecía justa y equilibrada. El objetivo, al que se adhieren los firmantes, estaba en evitar que la temperatura global llegase a superar dos grados más. ¿Objetivo conseguido?

Según la prensa estaríamos ante un pacto universal tendente a reducir las emisiones de CO2. En dichas fechas dijeron que la Cumbre había sido todo un éxito (¿!?). Cuatro años después hay serias dudas sobre tal logro. ¿Intereses y dudas van juntos?

¿Declaración de buenas intenciones al ser rubricado el tratado por los países asistentes? ¿Gestos magníficos aunque lleguen con algún retraso? Pero como dice el refrán, “nunca es tarde si la dicha es buena”. Todo lo que podamos conseguir por la vía de compromiso político sea bienvenido. Algunas preguntas saltan solas: ¿Hay voluntad real de afrontar los problemas? ¿Todos los firmantes cumplirán?

Contrapartida. El cálculo de contaminación que ocasionó el desplazamiento de miles de personas para asistir a dicha Cumbre (2015) fue de infarto. La cita que adjunto habla por sí sola: “Una cumbre que ha consumido 300.000 toneladas de CO2 en aviones privados, delegaciones y consumo energético debería ser un evento histórico”.

Pero no queda claro. ¿Cuánto costará la Cumbre de Madrid? ¿Quién paga dicha factura incluidos los invitados especiales? El lugar elegido para celebrar la próxima cumbre del clima (COP25), podría acoger hasta 25.000 personas.

Cierto que el mayor daño medioambiental proviene de grandes empresas que producen diversos artilugios para los ciudadanos. Si hacemos referencia al mar, grandes barcos van dejando mierda a lo largo y ancho de los océanos. Economía pura y dura manda. Los océanos están plastificados a más no poder. Ejemplo reciente de daño ecológico son la gran cantidad de peces muertos en el Mar Menor. Hablan de algunas toneladas.

Los grandes gestos son necesarios. Implicar al máximo de países en esta debacle es un deber de todos. Los pequeños gestos de los ciudadanos ¿qué lugar ocupan? Una parcela muy importante y nada despreciable es lo que podemos hacer cada ciudadano para que el globo terráqueo no se caliente aun más.

Todos nosotros tenemos derechos y deberes y, en el ámbito ecológico, todo ladrillo hace pared. Consumir racionalmente agua, combustible, está en nuestras manos. ¿Cuántas veces cogemos el coche sin necesidad? El grifo del agua es fácil de abrir pero somos lentos en cerrarlo. Podríamos seguir con la letanía de este rosario nefasto.

Indudablemente, hablar y tomar conciencia de la macroecología es importante, pero esa misión atañe a la supraestructura planetaria; hablar y sobre todo actuar en el día a día y en cuestiones muy concretas, cercanas, caseras, es cosa de todos. A eso le llamamos reciclar. Cuando devolver botellas de vidrio se pagaba tirábamos menos envases.

La gente joven es la más concienciada en eso del reciclaje, tengo que reconocerlo. Les preocupa esa mezcla de latas, botellas, envases varios, plásticos… que hacemos junto a la basura orgánica. Y nos recuerdan que hay que separar tan diversos elementos. ¿Sí? Ciertamente, pero... ¿consejos vendo y para mí no tengo?

Da pena ver la ingente cantidad de porquería que queda esparcida por cualquier lugar dedicado un fin de semana tras otro, o con motivo de una fiesta inventada, para celebrar un botellón más. El campo de batalla de una noche “botellonera” de orgía y desenfreno es dantesco. Leo: “Un centenar de denuncias por beber en la calle y fiestas en pisos en la noche de Halloween”. La nueva moda, consistente en tirarle huevos al tráfico y a la gente, se llama “egging”. Dicha broma es el reto viral en Halloween. Leo: “Tres menores identificados por herir a un conductor al lanzarle huevos en ‘Halloween’”.

Detalles curiosos. Cuando la vejiga aprieta hay que mear. ¿Dónde? En cualquier sitio porque la calle es amplia y grande y, total, meada de más o meada de menos... Si, además, concurre un apretón de vientre, hay que cagar. ¿Dónde? Al amparo de un coche está bien. No estoy tocando de oídas en este tema.

Las calles de algunas ciudades apestan a orina, sobre todo en algunos rincones, hasta el punto que se tendrán que plantear si baldean añadiendo al agua zotal “desinfectante o insecticida que se usa generalmente en establos o para el ganado” (sic).

Nada que decir del abuso eléctrico manteniendo enchufados múltiples “aparatejos” que podrían reducir dicho consumo y, de paso, abaratar la factura. Claro que si dicho personal vive bajo techo familiar y no tiene ni remota idea del coste de la factura eléctrica…

¿Qué puedo hacer yo por el mundo? La respuesta es simple, realista, relativamente fácil de cumplir y sobre todo eficaz en el más amplio sentido. En definitiva, es una opción no desdeñable y a nuestro alcance. “Compartir, reciclar, reutilizar, comprar productos locales y apoyar iniciativas innovadoras está en nuestra mano. Son gestos que cuidan la naturaleza”.

PEPE CANTILLO

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