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  • 16.12.20
En los últimos días, un par de noticias han llamado mi atención sobre el ya largo contencioso del Sahara Occidental. Por una parte, la decisión del actual presidente de EEUU de reconocer la soberanía marroquí a cambio del restablecimiento por parte del reino de Marruecos de relaciones diplomáticas con Israel.


Por cierto, no hay que olvidar que Israel ayudó a construir el muro que divide el Sahara Occidental entre las zonas ocupadas por Marruecos y las zonas bajo control del Frente Polisario. La otra es la presentación que se hizo el 26 de noviembre del documental Ocupación SA al que me referiré más adelante.

Creo que es importante hacer un poco de historia sobre el tema. Rio de Oro fue el primer territorio ocupado por España en la zona, en 1884, durante el Gobierno de Cánovas del Castillo. Más tarde se anexionó el territorio de Saguía el Hamra, al norte del Rio de Oro.

En 1949 se descubren unos yacimientos de fosfatos que, tras diez años de estudio, revelan su gran riqueza e importancia a nivel mundial.

Desde 1958, el territorio saharaui se convierte en una provincia española más, la número 53, hasta 1975, fecha de los acuerdos de Madrid firmados por España, Marruecos y Mauritania y que dicen textualmente, en su segundo punto: “La terminación de la presencia española en el territorio se llevará a efecto definitivamente, antes del 28 de febrero de 1976”. 

Una provincia que, como el resto, tenía una matricula para los vehículos propia (SH) y procuradores en las Cortes, que aportaban un cierto tono exótico a las sesiones parlamentarias. Sus habitantes eran considerados de nacionalidad española y disponían de DNI. Curiosamente, la moneda de la Republica Árabe Saharaui Democrática (RASD) es la peseta saharaui emitida por el Frente Polisario.

El ejercito marroquí inicia la ocupación del territorio y el Frente Polisario proclama la RASD. En diciembre de 1977 comienzan los ataques aéreos franceses contra el ejército de la RASD en Mauritania. A pesar del apoyo del ejercito marroquí, Mauritania abandona el conflicto en 1979 y en 1984 reconoce oficialmente a la RASD que, en ese mismo año, es admitida como miembro de pleno derecho de la Unión Africana. En la actualidad ese reconocimiento oficial se extiende a 82 estados.

Por su parte, la soberanía marroquí sobre los territorios del Sahara Occidental no ha sido reconocida hasta el momento por ningún país, excepto la declaración mencionada al principio respecto a la administración Trump. Decisión que fue anunciada el pasado jueves 10 de diciembre y que ha sido criticada incluso por políticos republicanos como James Baker (exsecretario de Estado) o John Bolton (exconsejero de Seguridad de Donald Trump), Jim Inhofe y demócratas como Patrick Leahy, Betty McCollum y Elliot Engel. También han expresado su rechazo Christopher Ross (ex enviado especial de Naciones Unidas para el Sahara hasta 2017) y Noam Chomsky.

De todas maneras, hay que tener en cuenta que ya en 2002 EEUU cambió su posición con respecto al conflicto mostrándose más proclive a la integración del Sahara en Marruecos como territorio autónomo. Cambio de posición que, casualmente, coincidió en el tiempo con el acuerdo suscrito por una firma petrolera norteamericana con el Gobierno marroquí para la explotación de posibles yacimientos en la región.

Fosfatos, petróleo, pesca... En fin, los recursos naturales de la región parecen ser los detonantes de la evolución geopolítica en la región. Y aquí es donde viene a colación el magnífico documental que citaba al principio: Ocupación SA.


Estamos ante un magnífico trabajo dirigido por Laura Daudén y el periodista sevillano Sebastián Ruiz-Cabrera, especialista en temas africanos. Producido por Forward Films para la Fundación Mundubat y Gure Irekiak, nos muestra cómo algunas empresas españolas se aprovechan de la ocupación marroquí para obtener importantes beneficios en detrimento de el pueblo saharaui, que es el legítimo propietario de los fosfatos, de la pesca y de la arena. O de aquellas otras que facilitan la represión de los saharauis que luchan por su independencia.

En contraposición la opinión pública española sigue siendo claramente favorable a los intereses del pueblo saharaui. La última encuesta realizada al respecto estimaba un 65 por ciento de apoyo al mismo. Y numerosas familias, pueblos y ciudades, universidades y asociaciones materializan ese apoyo, generosamente, con el acogimiento de niños en las vacaciones de verano, la dotación de becas, las donaciones de material educativo o sanitario…

No es un conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario: es la permanente lucha entre la codicia de las empresas y los delirios imperialistas (en este caso de la monarquía marroquí) de un lado y un pueblo que no está dispuesto a doblegarse, que lleva más de cuarenta años de resistencia y de lucha por su supervivencia, por su libertad y por su dignidad.

JES JIMÉNEZ

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