:::: MENU ::::
Mostrando entradas con la etiqueta Firmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Firmas. Mostrar todas las entradas
  • 23.8.19
Hoy día –tanto a nivel mundial como a nivel municipal– existe una verdadera preocupación por el despoblamiento y el abandono de la historia de los municipios que conlleva, además, un paulatino éxodo hacia las grandes urbes. Se habla mucho de la búsqueda de soluciones, de cómo se podría evitar que estos pueblos sean lugares desérticos o en peligro de abandono, siendo en su mayoría lugares rurales, donde realmente se trabaja por la vida humana a través de la producción de alimentos.



Sin embargo, a pesar de la importancia de los espacios rurales, son aún muy pocas las acciones que se realizan para mejorar la calidad de vida de los residentes y el hecho de esta afirmación está en el asombroso número de pueblos y zonas rurales que existen en España, al igual que en muchos países de Europa, despoblados y en serio riesgo de despoblamiento.

Por otro lado están los y las jóvenes, que no encuentran su espacio dentro de estos municipios. Y no hablo solo de oportunidades de ocio y diversión, que es hacia el lugar del pensamiento que se van muchos cuando se habla de juventud. Muy al contrario: hablo de la verdadera problemática con la que se encuentran estos jóvenes a la hora de construir y luchar por ocupar un espacio en la sociedad.

La falta de empleo, el desplazamiento que tienen que efectuar a las ciudades para completar su formación, lo costoso que pueden llegar a ser los estudios superiores, la movilidad que en muchas de las ocasiones es pésima, siendo aún peor en los municipios rurales y alejados de la gran ciudad, como también la falta de Administraciones cercanas que les orienten y acompañen a la hora de emprender, amortiguando y ayudando desde el acompañamiento y la formación continuada en territorio a estos jóvenes en el miedo natural que nos inculcan desde pequeños al fracasar como emprendedores, todo eso hace que estos jóvenes, muchas veces acompañados de sus progenitores, tomen la decisión de salir del pueblo (abandonar) y buscar oportunidades en las grandes ciudades.

Este éxodo, sea en solitario o acompañados de la unidad familiar, hace que la persona ya no se desarrolle de forma sana porque ya lleva consigo el dolor que produce el desarraigo, lo que vuelve a la persona, como ya sabemos, o más fuerte o más vulnerable.

Lo que sí es cierto que esas grandes ciudades cada día está mas masificadas, lo que conlleva que no existan tantas oportunidades como en principio se creía, a lo que podemos añadir una frustración más, que es la de que se tengan que dedicar a buscar oportunidades en otras áreas que no son para las que fueron formados, además de los salarios bajos y la sobrexplotación a la que son sometidos.

Los jóvenes son fundamentales y muy necesarios para paliar la problemática actual de despoblamiento. Son muchas las soluciones que se proponen, pero la verdad es que no son suficientes ni valientes, lo que hace que se queden en superfluas soluciones que palían temporalmente problemas puntuales, sin llegar a profundizar de forma real y efectiva, haciendo que sean de larga y prolongada existencia.

Lo que verdaderamente necesitamos es ser valientes, crear políticas públicas que verdaderamente apoyen y ayuden a estos jóvenes a quedarse y desarrollarse en su municipio, dando alas a sus creatividades y a su imaginación para emprender e innovar dentro de la idiosincrasia de su entorno.

Una cosa es conocer el mundo, viajar y conocer otras culturas, e incluso fomentar a aquellos jóvenes que quieran conocer y vivir en otros lugares, a tener que emigrar por obligación, porque en tu municipio no hay oportunidades ni futuro, llevando ya consigo y para todo su existencia el dolor de no sentirse perteneciente a ningún lugar, porque el lugar donde creció y donde se sentía feliz lo tuvo que abandonar para poder comer y tener una vida digna.

Esta problemática tiene solución, es parte de un proceso de cambio, en el cual se tienen que involucrar de forma eficiente y contundente los políticos, viendo mas allá de una siglas políticas y pensando de forma holística, tal y como es el mundo y el municipio que quieren dejar a las nuevas generaciones.

Ya no hay tiempo: se nos está agotando. Cada día que pasa es un día menos que tenemos para poder dejar un mundo más humano, más sostenible y equitativo para nuestros jóvenes. Estamos en el siglo XXI, en el que ya no nos valen las políticas autoritarias llenas de egocentrismos partidarios. Queremos políticos capaces de negociar más allá de los cargos y de las carteras.

Queremos políticos capaces de sentarse a hablar de las personas, de un futuro para todos y todas; políticos valientes que dejen atrás el espejo de sí mismos y los suyos para ver que es posible cambiar las cosas, sin prisa pero sin pausas.

Queremos políticos que se sienten hablar con la ciudadanía, con los distintos colectivos, con los jóvenes y no para prometer y no hacer, o para hacerse una foto de portada de periódicos y sí para escuchar y construir conjuntamente. Queremos políticos capaces de ir más allá, para ver que existen muchos otros capaces de pensar y ayudar a construir un mundo lleno de oportunidades.

Cuando nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030, surgió una oportunidad de ver las cosas desde otros ángulos, dando una visión de 360 grados al territorio. Es cierto que muchos aseguran que la Agenda 2030 no es una solución, que ahora es la Agenda y después será otra cosa. Y puede que lleven razón en cierto modo.

Pero esta herramienta que representan los ODS es una oportunidad para comenzar el camino. Un camino que ya nos da muchas pistas de cuáles son las bases fundamentales de un cambio de paradigma y el que todos y todas estamos involucrados. Debemos pensar en las personas, en el planeta, en la paz, en la prosperidad y en las alianzas.

Es el momento de comenzar y, con esta nueva hoja de ruta, lograr que nuestros jóvenes tengan las oportunidades que verdaderamente se merecen y no las que nosotros creamos. Porque este nuevo siglo es el siglo de la participación y de la transparencia, en el que todos somos parte.

MERCEDES C. BELLOSO
  • 22.8.19
El tratamiento informativo del caso de los refugiados del Open Arms ha sido sensacionalista e irresponsable. Suele pasar. ¿Qué puede haber más patético que unas personas jugándosela en mitad del mar? ¡Hasta Homero le encontró el filón!



El dramatismo aumenta con dos curtidos actores. Matteo Salvini en el rol de autoridad cruel y sin escrúpulos, frente a Pedro Sánchez que, como sabemos, nunca deja escapar la oportunidad de ponerse ante los focos, aunque sea en Twitter desde la tumbona. Más aún cuando es para hacerse el progre. Al final, entre tanta sobreactuación, el hecho es que ha sido un fiscal el que ha resuelto la situación. Ni Europa, ni Italia, ni España. Un simple fiscal. ¿Acaso no toca pedir responsabilidades?

En cuestiones internacionales, son las entidades supranacionales las que deben establecer las normas y procedimientos. La UE cuenta con poder ejecutivo para establecer un protocolo que señale qué hacer en estos casos. En cambio, ha dejado la iniciativa a los estados, quedándose en un segundo plano. Ha visto mejor evitar dar indicaciones que puedan ser mal valoradas por la ciudadanía, o bien que puedan abrir brechas en el cada vez más frágil escenario europeo. Así están las cosas.

Hay una realidad que no podemos obviar. Una vez que los refugiados llegan a tierra, las cámaras se marchan a por el siguiente barco, o a por la noticia sensacionalista que toque. El refugiado se queda en tierra y, tras comprobarse que no es un terrorista infiltrado, al país de destino le queda decidir si mantenerlo en su territorio o devolverlo a su patria. Y mantenerlo en el territorio implica subvencionar su bienestar y su integración. Y eso es peligroso, porque puede dar pie al efecto llamada.

Ninguna decisión de esta naturaleza debería de ser tomada por un estado. Es la UE la que debería adoptar planes con su correspondiente financiamiento para afrontar estas situaciones con eficiencia.

Si la UE decidiera mañana algo tan inmoral como que los refugiados deban quedarse en el mar, al menos sería una decisión aplicable a todos los estados. Dentro y fuera de Europa, todo el mundo tendría claro qué hay que hacer ante tales casos. Y, sobre todo, si los refugiados lo supieran, no saldrían en tal número a la aventura. Sin embargo, vivimos en la incertidumbre de que, ante unos mismos hechos, lo que se decide hoy puede ser diferente a lo que se decida mañana. Y eso no es serio.

La prensa también tiene su responsabilidad. Salvo honrosas excepciones, se ha enfocado en la sobreactuación de las autoridades españolas e italianas, así como en el drama humanitario. En cambio, he echado en falta el análisis racional, el enfoque a la autoridad que correspondía, el estudio del origen de los refugiados –más allá del geográfico–, el enfoque, en fin, que permite un debate democrático y racional.

Prueba de ello es el ataque a Carmen Calvo por señalar la posibilidad de una sanción al Open Arms, debido a que no tenían permiso para rescatar a personas en el mar. Aunque admito que es una cuestión más que debatible, también es cierto que debe abrirse una seria investigación a la ONG. ¿Quién garantiza que, en efecto, no están asociándose con las mafias? Torres más altas han caído.

Sin embargo, el progresismo barato impone la creencia en el buen talante de sus héroes, mientras que la extrema derecha prefiere creer, sin aportar pruebas, en lo contrario. ¿No es más propio de una democracia avanzada dejar que la Justicia investigue lo que sea necesario? Eso sí que sería serio, pero no vende.

Haereticus dixit.

RAFAEL SOTO
  • 21.8.19
Argentina vive en este momento una importante crisis de incertidumbre, como consecuencia de los resultados que han dejado las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del pasado 11 de agosto, que han manifestado un categórico triunfo de la oposición, Frente de Todos. Dicho frente responde a la formación impulsada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y a la unión, casi inesperada, de todo el arco político vinculado o caracterizado por el Peronismo.



Han sido solamente Primarias, que han definido las candidaturas de cara a las elecciones del 27 de octubre, pero de tal magnitud la diferencia a favor del candidato de Frente de Todos, Alberto Fernández, que generó una crisis institucional y económica de las más importantes de los últimos 20 años.

Esta realidad de inestabilidad se trasladó también a los gobiernos municipales, que comienzan a sufrir los embates de la economía en su último año, de una gestión de cuatro, y debiendo afrontar una próxima elección en el medio de una crisis que los afecta y que poco pueden hacer para resolverla. Solo les queda la única opción de sufrirla y dejar pasar el tiempo hasta que culmine el proceso electoral y sea el ciudadano quien se exprese.

Esta situación se da precisamente en la provincia de Buenos Aires, la más grande y poblada de la Argentina, donde la gobernación y los municipios han tomado la misma fecha de elección que las autoridades nacionales. Por ende, ha incidido notablemente la influencia de los candidatos nacionales en los gobiernos locales, beneficiando notablemente a los aliados a Alberto Fernández-Cristina Fernández y perjudicando a los aliados al actual Gobierno nacional de Mauricio Macri.

El escenario es, pues, totalmente contrario a los resultados alcanzados en las presidenciales del 2015 y legislativas del 2017, cuando la alianza oficialista Cambiemos había alcanzado resultados muy satisfactorios. En la mayoría de los Estados Provinciales, las elecciones fueron desdobladas de las Nacionales para evitar ese “arrastre” de las fórmulas presidenciables. Por lo tanto, en los municipios del país se han podido fortalecer los gobiernos locales y se ha comprometido a los ciudadanos a sufragar de acuerdo a las propuestas emitidas estrictamente desde el ámbito territorial.

Se espera ahora el resultado de las elecciones del 27 de octubre, en las que está en juego la Presidencia de la Nación, la Gobernación de la provincia de Buenos Aires y de los municipios de esta provincia tan influenciable en los resultados electorales y de algunas otras provincias para culminar con el proceso electoral.

Mientras tanto, el país está sufriendo una crisis económica de gran magnitud, con índices inflacionarios parecidos a los de la hiperinflación de 1989, desocupación, cierres de pequeñas y medianas empresas y una recesión que se siente con mucha preocupación en los sectores más vulnerables.

Mientras tanto, los municipios, que han adherido a sus acciones tareas que no son inherentes a su potestad, como la educación, la salud, la seguridad o la generación de trabajo, están volcando gran parte de sus presupuestos a la planta de empleados y a asistencia social. Referido a este último punto, se han reforzado las prestaciones en comedores alimentarios, subsidios, planes sociales, entrega de indumentarias y artículos de construcción.

Tres meses, pues, de incertidumbre, atados a resultados electorales que van a definir, ciertamente, el rumbo de la Argentina.

SANTIAGO MARTÍN GALLO & LUIS PABLO ALONSO
www.municipiosdeargentina.com
  • 20.8.19
Alcanzada cierta edad, nos volvemos torpes o imposibilitados para desenvolvernos por nosotros mismos. Nuestros sentidos se abotargan, las articulaciones se atrancan como bisagras oxidadas y el aparato locomotor –huesos y músculos– apenas tiene fuerzas para movernos y está tan fatigado como el ánimo que lo impulsa. Incluso los esfínteres se relajan al menor estornudo y dejan escapar rastros indignos de nuestro deterioro orgánico.



Nos volvemos vulnerables y dependientes de atenciones y cuidados por parte de familiares, en el mejor de los casos, o de entidades dedicadas crematísticamente a ello. Es decir, nos convertimos en una carga para quienes, en verano, podrían correr, volar y nadar sin ataduras ni preocupaciones, disfrutando de vacaciones y asueto sin duda merecidos.

Durante el mes de agosto he podido presenciar en el barrio la estampa de ancianos, apoyados en bastones o del brazo -supongo- del familiar que los acompaña, paseando despacito por la acera. Al cruzarme con ellos, más que sus rostros, miraba al de la persona, casi siempre una mujer, que les ayudaba en su andar lento, impreciso y tal vez molesto, si no doloroso.

Veía un semblante que irradiaba paciencia, comprensión y ternura en quien se presta a servir de apoyo, físico y psíquico, del anciano, hombre o mujer, que aun sintiéndose incapaz no puede resistir el deseo de hacer lo que antes podía por sí solo: pasear, sentir el aire o el calor en su cara y ver a la gente por la calle.

Como si, a pesar de los achaques, rehuyera de permanecer encerrado entre las paredes de unos males que lo confinan a la parálisis, la invalidez o el aislamiento. Y agradeciera la oportunidad de que lo ayudaran a sentirse vivo quejumbroso, pero vivo, aunque supunga una carga para su familia.

No todos los viejos abuelitos tienen la misma suerte. O carecen de familiares sin recursos ni tiempo para dedicarlos al cuidado de sus mayores. O constituyen un obstáculo para la rutina acelerada de una sociedad hedonista y consumista que no puede perder ni un minuto en actividades improductivas.

En tales casos, el abuelo queda a merced de la soledad de su hogar, propio o familiar, o acaba recluido en una residencia o asilo donde pasa las horas frente al televisor y comparte mesa, manías y babas con los demás internos de esas guarderías de la tercera edad. Tampoco son los más desafortunados porque sus familiares procuran ofrecerles una atención compatible a sus necesidades.

Otros, en cambio, son víctimas de la ingratitud y el egoísmo de los que no están dispuestos a sacrificar su ocio vacacional y quedan abandonados en hospitales, sin que nadie se haga cargo de ellos cuando reciben el alta médica.

Enfermos crónicos, dada su avanzada edad, que reingresan cada verano con el pretexto de unas patologías que ya no tienen cura, pero requieren de unos cuidados que sus parientes cercanos, con los que viven, no parecen dispuestos atender mientras disfrutan de vacaciones.

Cada verano son recurrentes estas estampas de un anciano asistido de compañía durante un paseo matutino, departiendo en un banco con los de su generación, acompañando a su familia también en vacaciones, compartiendo reclusión y cuidados en hospicios u olvidados en centros hospitalarios hasta que haya alguien que se haga cargo.

Y cada verano me asalta la amarga presunción de lo triste que es culminar la vida con la sensación de ser un estorbo. Pero que más triste ha de ser no merecer la compasión y el afecto, cuando más se necesita, de tus seres queridos.

DANIEL GUERRERO
  • 18.8.19
¿Estuvo la vida de Vincent van Gogh marcada por el sentimiento de culpa como resultado de la estricta moral con la que le educaron sus padres? ¿Fueron los fracasos amorosos y los que le imposibilitaron acceder al rango de pastor protestante los que acabaron conduciéndole a continuas crisis psicológicas? ¿Qué razón le impulsó a pintarse continuamente en los últimos cuatro años de su vida, dejando plasmado su rostro en los lienzos, como si temiera no llegar a reconocerse con el paso del tiempo?



Estos interrogantes están estrechamente relacionados con su biografía, una corta historia que alcanzó los 37 años de una existencia altamente singular en el mundo de los pintores del siglo XIX; pero que, no obstante, dio lugar a que dejara una extensa producción pictórica.

Sé que entrar en los sentimientos íntimos, que son en última instancia el motor de muchas de las conductas de la persona, supone un riesgo, especialmente cuando se hace a posteriori, es decir, cuando el personaje en cuestión ya no vive. Pero hay hechos de la vida de Van Gogh que solamente pueden entenderse a partir de la rígida educación religiosa, que, posiblemente, le hacía incluso sentirse responsable de la pobreza de los trabajadores de Groot-Zundert a los que llegó a conocer en sus grandes penurias.

Desde el punto de vista pictórico, diré que Vincent van Gogh es el paradigma de artista independiente, apasionado, que hace de la pintura el centro de su existencia, es decir, aquello que le da sentido a su vida.

Hay que apuntar que en el siglo XIX, en el que vive, ya no existen los pintores al servicio de los reyes, los nobles o el alto clero que como mecenas sostenían a sus pintores favoritos. La industrialización capitalista había creado una nueva clase poderosa, la burguesía, que sería el motor de la economía, por lo que las nuevas relaciones de trabajo y producción traen también nuevos cambios en el arte y en el modo de encargo y venta de las obras pictóricas.

Desde este punto de vista de la nueva autonomía del artista, podemos interpretar la libertad con la que Van Gogh se autorretrataba de manera reiterada, especialmente, en sus últimos años. Bien es cierto que hubo casos de pintores renombrados en siglos anteriores, caso de Durero o de Rembrandt, que se hicieron retratos en distintas épocas de sus vidas, pero no de la manera reiterativa y obsesiva del pintor holandés, dado que lo hizo con 40 autorretratos.

En esta segunda entrega, en la que continuaremos con ese breve recorrido de su biografía, incorporo seis autorretratos, que unidos a los ocho anteriores, nos dan una visión bastante ajustada de sus aspectos pictóricos y psicológicos.


Izquierda: Autorretrato como artista. Arles, 1888 (es uno de los pocos casos en los que Van Gogh se representa como pintor).
Derecha: Autorretrato con vendaje. Arles, 1889.

Tal como indiqué en el anterior artículo, su vida amorosa parecía ser un continuo fracaso, puesto que tras el rechazo de Úrsula Loyer, al poco tiempo, uno nuevo vuelve a sumarse al anterior: esta vez vendrá de su prima Kate, que desatiende de manera ostensible a sus requerimientos.

Más tarde, en 1882, instalado en La Haya, conoce a Clasina María Hoornik, llamada Sien, una prostituta alcoholizada, que se encontraba embarazada, y que le sirve de modelo, ya que, por entonces, estos los encuentra en los barrios más pobres y marginales de la ciudad.

A pesar de la lamentable situación de su pareja, desea casarse con ella. Será su hermano Theo el que, tras visitarle en 1883, le insta a que corte con esa relación ya que considera que esa mujer hace aumentar la locura de su hermano, al tiempo que le pide que abandone La Haya.

De esta relación hereda dos problemas: por un lado, Sien Hoornik le contagió la sífilis y, por otro, su afición a beber grandes cantidades de absenta, a la que se haría tan aficionado. Vincent se acercaba a los 30 años. El carácter inestable y los rasgos patológicos ya asomaban a su rostro, aunque todo esto solamente fuera conocido por su hermano Theo.


Izquierda: Autorretrato con vendaje. Arles, 1889.
Derecha: Autorretrato. Saint-Remy, 1889


Tras su ruptura con Sien Hoornik vuelve a la casa paterna, ya que sus padres ahora viven en Neunen, pequeño pueblo holandés. En esta ocasión, se suavizan las relaciones tirantes que había mantenido con su progenitor. Por entonces, está plenamente decidido a convertirse en un pintor rural, una vez que ha dejado atrás sus deseos de seguir los pasos de su padre y hacerse pastor protestante.

El pequeño pueblo agrícola de Neunen le ofrece grandes motivos para sus obras. Así, pinta a los campesinos, los tejedores, los molinos, los riachuelos, los huertos y los campos que rodean al pueblo. Por aquellas fechas, el padre de Vincent muere, cuando él cuenta con 32 años y se encuentra trabajando en una de sus obras más conocidas de su primera época: Los comedores de patatas.

A pesar de los choques que habían mantenido, Vincent se siente muy afectado por el fallecimiento de su padre, por lo que decide dejar el mundo rural y trasladarse a París, centro mundial de la pintura, y lugar en el que vive su hermano Theo, que, como apuntamos, era marchante de arte.

En la gran ciudad entra en contacto con los más relevantes pintores impresionistas y hace especial amistad con dos de ellos: Henry Toulouse-Lautrec y Paul Gaugin. Este periodo será una etapa de gran creatividad, ya que pinta alrededor de 200 lienzos y 23 autorretratos.

Pero su salud física y mental se va deteriorando debido a los excesos parisinos. Asustado, su hermano Theo le aconseja que viaje y se instale en el sur de Francia. Vincent le obedece, y en febrero de 1888, con 35 años, llega a Arles, un pequeño pueblecito del mediodía francés. El lugar le gusta; no obstante, se encuentra muy solo, por lo que invita a Paul Gauguin a compartir el estudio y las cuatro habitaciones que había alquilado de la denominada Casa Amarilla.

Su soledad termina con la llegada de su amigo; sin embargo, y debido a las diferencias de carácter, los enfrentamientos entre ellos son frecuentes desde el primer momento. A los dos meses de estar juntos, el 23 de diciembre, llega la ruptura final entre ambos, produciéndose la famosa pelea en la que Vincent, en uno de sus arrebatos de locura, se corta el lóbulo de una oreja.


Izquierda: Autorretrato. Saint-Remy, 1889.
Derecha: Último autorretrato afeitado. Saint-Remy, 1889.


A esas fechas corresponde los lienzos que pinta fumando en pipa y con parte del rostro vendado. El fondo, de un rojo intenso, nos remite inevitablemente a la sangre que podía haber derramado en ese acceso de locura. En contraposición, una vez recuperado de este trance, se nos muestra con el deseo de volver a los pinceles como su tabla de salvación: se retrata con la paleta y con un fondo de color violeta intenso.

De todos los autorretratos que Vincent se hizo, este último que presento (a la derecha de la imagen) es el único en el que aparece sin barba. La razón se debe a que su madre, Anna, cumplía 70 años y él quiere hacerle un regalo mostrándole que se encuentra bien de salud. Desconocemos si logra con este lienzo engañar a su madre, dado que esta estaba al tanto del deterioro físico y mental de su hijo mayor.

Como era de esperar, y asustado por el derrotero de su amigo, Paul Gauguin regresa a París, al tiempo Vincent ingresa en el psiquiátrico de Arles. Su vida parece rodar cada vez con más fuerza por un precipicio hacia la locura, aunque mantiene momentos de enorme lucidez, tal como lo demuestran las cartas que nunca deja de enviar a su hermano Theo.

Este, que sigue financiando su existencia, le comunica su intención de casarse. Vincent se inquieta porque es consciente de que Theo va a formar una nueva familia y piensa que es difícil que le pueda seguir manteniendo, y, lo que es peor, siente que el cariño que le profesa tendrá que dividirse entre su mujer y él. Esto le desestabiliza aún más.

El declive del pintor se acelera. Pide voluntariamente ser internado en el asilo de Saint Paul de Mausole en Saint-Remy. Aquí pinta todo lo que ve desde su ventana. En estos días, padece su primer ataque epiléptico grave, una enfermedad hereditaria que se ceba en su cuerpo y su mente. Y, en enero de 1890, último año de su existencia, sufre un ataque que le dura una semana.

A finales de abril de ese año, siente la necesidad de abandonar el asilo, y, a pesar de que los ataques son casi seguidos, él nunca deja de trabajar. En mayo, viaja a París a conocer a su pequeño sobrino. En casa de su hermano recibe una tremenda decepción cuando ve almacenados los cuadros que había ido enviando a Theo. Se da cuenta de que nunca ha vendido ninguna obra, que todas las que había remitido a su hermano se encuentran intactas.

Regresa, de nuevo, al sur de Francia. Finalmente, el 27 de julio de 1890, sale a pasear con la intención de acabar con su vida. En medio de los campos que habían sido su gran devoción, apunta con la pistola hacia el pecho y dispara. Se cierra, de este modo, la vida atormentada de Vincent.

Una vida en la que insólitamente se conjugan las paradojas existenciales: fracaso humano, sentimientos de culpa, soledad total y desconocimiento absoluto de su obra en vida por el gran público; asombro, admiración y aclamación unánime tras su muerte. En ningún momento pudo intuir Vincent que sería un día reconocido como una de las cumbres de la pintura mundial y que acabaría siendo uno de los grandes símbolos de su país de origen: Holanda.

AURELIANO SÁINZ
  • 17.8.19
Él dice que la culpa de todo lo que le ha pasado en la vida la tiene él. Él es culpable de haber tenido una infancia llena de carestías; él tiene la culpa de trabajar como un burro para que a su familia no le falte de nada. Culpable de haberle dado todos los caprichos a sus hijos porque no quería para ellos la misma infancia que él había tenido. Culpable de generosidad, de gastar ese dinero que tantas carreteras le costó.



Él piensa que no debería haberle regalado a su hijo aquella moto. Él piensa que lo malcrió y que por eso ya no está…. También piensa que el ictus que lo ha dejado medio dependiente se lo ha buscado él por tanto correr. ¡Qué duros somos con nosotros mismos! Sobre todo cuando se ha ido por la vida con buena fe.

Querer escapar del frío y del hambre, querer que sus hijitos tuvieran todo lo que él no tuvo, que ni siquiera se atrevió a soñar. No era despilfarro: eran sonrisas. Las sonrisas de sus niños con sus regalos y su mesa llena de comida. Es difícil encontrar el equilibrio; es difícil realizar perfectamente el papel de padre. Nos movemos por instintos y el de protección es enorme, sobre todo cuando te duele tu sangre.

Padrazo de brazos abiertos que no supo dar con goteo, que no supo crear frustraciones, que solo supo trabajar y regalar. ¿Quién se atreve a juzgar? ¿Quién ha vivido en su piel? Nos reparten unas cartas cuando lanzamos el primer grito y las movemos lo mejor que sabemos.

No nos hicieron perfectos, no es verdad. No nos acercamos, ni de lejos, a esos modelos ideales de sonrisas dentífricas. Nuestra mente es complicada, nuestras decisiones están llenas de emociones, de sentimientos y, a veces, de muy poca razón. Pero es que solo somos humanos.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

  • 16.8.19
El municipio es el espacio donde se desarrolla el acontecer humano, donde nacen y emergen las culturas, donde se frustran o renacen viejos sueños. El municipio puede ser el lugar donde nacemos y nos desarrollamos, o puede ser el lugar donde decidimos criar a nuestros hijos. Es tal la importancia de los municipios que es en ellos donde se puede encontrar lo mejor del ser humano: la solidaridad, la cooperación, el grupo, la familia...



El municipio es un espacio que, si es grande, se subdivide en barrios, lugares donde se encuentran las personas y se intercambian los vínculos; y si el municipio es pequeño, se trata de un lugar donde todos y todas se conocen en mayor o menor medida.

Es tal la importancia de nuestros municipios que si hacemos una comparativa entre la violencia de las grandes urbes y los pequeños municipios, podremos visualizar en las estadísticas que los delitos son mucho menores en los municipios y en la zonas rurales. Y también podemos apreciar que la mejor manera de pasar desapercibido es en los grandes municipios y en las ciudades, ya que el volumen de gente es mayor y, por tanto, es más difícil controlar a las personas que habitan ahí.

El municipio –sea rural, rural-urbano o urbano– es muy importante a la hora de hablar de arraigo, identidad, cultura y educación, lo que nos lleva a ver cuán necesario es trabajar y desarrollar acciones dirigidas a este entorno, así como a los barrios de las ciudades medias y grandes.

Para ello, se pueden subdividir las zonas en pequeños barrios con grandes arraigos de identidad, trabajando las políticas públicas desde estas administraciones y dotando de la formación y herramientas necesarias para paliar problemáticas como el trabajo, la educación, la salud, el cumplimiento con las administraciones... prestando el mayor número de servicios a la comunidad.

Sin embargo, es muy triste ver que la deuda total de los ayuntamientos de España asciende a cerca de 21.000 millones de euros. Ello nos hace preguntarnos qué es lo que está pasando para que los ayuntamientos tengan endeudadas las arcas públicas: ¿Es una mala gestión? ¿Es falta de formación? ¿Es una falta de planificación? ¿Es una visión a cortísimo plazo?

Sea cual sea el problema que lleva a muchos ayuntamientos a endeudar sus arcas públicas, se hace necesario tomar tierra y comenzar a planificar, con una visión a largo plazo y de forma holística, ya que para cualquier ciudadano que paga sus impuestos, que cumple con sus obligaciones públicas, se le hace muy difícil pensar que todo ese dinero que paga a través de tasas e impuestos no es suficiente para desarrollar acciones sino que está sirviendo para pagar deudas que, en su mayoría, vienen de una mala gestión y de una banal planificación.

No vamos entrar en la valoración de si es que hay más sueldos y sobresueldos de los que un ayuntamiento puede soportar; no vamos a entrar en la valoración de que es muy posible que los ayuntamientos pequeños y medianos no dispongan de personal cualificado para redactar proyectos... Pero sí vamos a entrar en la necesidad de planificar y crear espacios abiertos de encuentro entre los políticos y la ciudadanía, ya que para llevar a cabo una planificación a largo plazo –y que no sea destruida por gobiernos futuros, sino que pueda ser fomentada con nuevas acciones– se hace necesario que la ciudadanía se involucre y, al mismo tiempo, sea intermediaria que arbitre y exija.

De esta forma, pensar primero en las personas, dejando el partidismo y la búsqueda de votos, para dar paso a la sana y profunda reflexión social de los votantes y de sus mejoras y aportaciones innovadoras, así como a la planificación que los propios ciudadanos, con la ayuda de los técnicos del Ayuntamiento, han decidido que es lo mejor para su pueblo.

Y es que una planificación a largo plazo necesita de la implicación de todos y todas, planificando de forma abierta y responsable el municipio que quieren. Esta iniciativa es una propuesta valiente y atrevida, que necesita de un gesto profundo de transparencia y humildad, además de un profundo trabajo con la ciudadanía para hacerlos partícipes y parte de un proyecto conjunto.

Por otro lado, tenemos que hablar de la importancia de la universidad, ese espacio de creación de documentos científicos que, en su mayoría, tienen un destino infértil e incompresible para los no académicos. La universidad es un espacio necesario e imprescindible para trabajar la planificación local a largo plazo, mientras que el político tiene que trabajar a nivel local, optimizando los recursos, creando acciones para atraer la participación, desarrollando políticas públicas que le ayuden a la misma, gestionando y trabajando en las distintas áreas para saber cuáles son las necesidades reales del municipio...

En efecto, la universidad es el espacio de investigación y creación. Para ello se hace necesario que baje de su peldaño de conocimiento y se convierta en un espacio abierto y constructivo real, trabajando codo a codo con los municipios y sus ciudadanos, con las empresas locales, para que hagan una verdadera apuesta de adaptación a las exigencias del siglo XXI, identificando demandas y ofertas de empleo para adaptar la formación local a las necesidades del territorio e investigando el territorio y los nuevos yacimientos con que cuenta.

En definitiva, se trata de crear microespacios de encuentro en los que la ciudadanía, el municipio, los representantes políticos, los funcionarios y la universidad trabajen conjuntamente en la planificación del territorio. Proponemos, por tanto, que la universidad baje al municipio y trabaje junto a él, creando municipios fuertes y llenos de oportunidades para las personas.

Para trabajar y planificar el municipio que queremos para nosotros, para nuestras familias y amigos se hace necesario que todos y todas nos involucremos y sintamos que el proyecto a largo plazo es nuestro proyecto, porque somos parte, participamos y somos escuchados al mismo tiempo que aprendemos de los demás.

MERCEDES C. BELLOSO
  • 15.8.19
Sobrevolando por el tiempo (del pasado al presente) siempre que a la mujer se la ha necesitado ha sido usada para completar situaciones varias. En otro tiempo y dentro de la élite valía para amarrar alianzas con los vecinos y así participaba del poder, aunque a la hora de la verdad pintara poco.



Hemos visto cómo algunas mujeres alcanzan dicho poder, pero son las menos. Cuando se extralimitaban –“excederse en el uso de atribuciones” (sic)– eran relegadas al hogar. Otras, para quitarlas de en medio, eran acusadas de brujería y el final ya lo conocemos.

Otras, las menos, estudian, leen y se atreven a escribir. Suelen ser de “clase bien”. La mayoría friega, lava, cocina y cuida del hogar. Tendremos que llegar al siglo XVII o XVIII para notar cambios que van colándose con dificultad y lentamente.

Por ejemplo, Inés Joyes (1731-1806) hispano-irlandesa residente en Andalucía y viuda con 51 años, dedicada al hogar, a sus hijos, está presente en la actualidad por su alegato feminista Apología de las mujeres, obra publicada en 1798, un breve ensayo en el que analiza la situación de la mujer, defiende su capacidad intelectual, arremete contra la desigualdad de sexos, las normas sociales opresoras y una moral capadora, amén de la carencia educativa.

A finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa marca un antes y un después importante en los cambios de nuestro mundo europeo. Como documento de gran alcance para un futuro cercano se proclama la “Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Francesa. En dicha declaración cuentan, a la hora de la verdad, solo los derechos del hombre y del ciudadano. ¿Problema con el lenguaje? Creo que no.

El cambio queda perpetuado en el cuadro La libertad guiando al pueblo, de Eugene Delacroix, donde plasma una alegoría de la República que quiere simbolizar la igualdad y fraternidad de “ricos y pobres unidos por la libertad”.

"Liberté, Egalité, Fraternité" es el lema de la revolución. La Liberté la representa una mujer con el torso desnudo, con un rifle en la mano izquierda y la bandera tricolor en la derecha. Detalle a tener en cuenta: en el cuadro no aparece ninguna otra mujer pese a estar atiborrado de hombres.

Dicho simbolismo democrático no aportó mejoras para la mujer, es más, ni tan siquiera la tuvo en cuenta. En cuanto a los logros sociales quedaba mucho camino por andar. Mucho se ha ensalzado el cuadro como reflejo del cambio. El entusiasmo es importante pero creo que la realidad quedó pobre y camuflada.

Unas pinceladas de historia. Las primeras reivindicaciones femeninas, pro igualdad de derechos, las podríamos situar en el ámbito de la Revolución Francesa cuando Olimpia de Gouges, sinónimo de Marie Gouze (1748-1793), reclama la igualdad de la mujer en su Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791).

El currículo de esta señora es abundante. Política, escritora, filósofa, abolicionista y panfletista, lucha hasta las últimas consecuencias por la igualdad de la mujer. Fue muy consecuente con sus ideas. Dice Olimpia:“la mujer tiene derecho a ser llevada al cadalso y, del mismo modo, el derecho a subir a la tribuna”. Dicho manifiesto y declaraciones como la citada no le dejarán subir a la tribuna y sí a la guillotina, dos años después (1793) por atreverse a reclamar la igualdad de la mujer. Un triste ejemplo más.

Hasta su padre se le opone: “No esperéis, señora, que me muestre de acuerdo con vos (…). Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres? (...) Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos (…) Las mujeres dictarían las leyes y esto sería peligroso”. Como podemos apreciar, ya está todo dicho.



El vídeo aportado ofrece una buena explicación de la Revolución Francesa y su alcance a nivel sociopolítico para Francia y para el resto de la Europa de finales del siglo XVIII. Desde la Revolución Francesa, como hito reivindicativo de la igualdad, ha transcurrido tiempo, han cambiado situaciones pero la paridad real entre hombres y mujeres está por llegar. Se da una asimetría que en la práctica ocasiona una relación de dominio, en la que sigue perdiendo la mujer.

El final del siglo XVIII marcará el inicio de una lucha por la igualdad y la liberación del colectivo femenino y la lenta incorporación al trabajo fuera del hogar como asalariada, en la naciente industrialización. Hecho que cambia su forma de vida abriéndole puertas pero, a partir de entonces, duplica la faena siendo explotada en el hogar y en el trabajo. Ellas cobraban menos aunque sus manos eran más hábiles en los telares.

Será a finales del siglo XIX cuando más se intensifiquen dichas reclamaciones en pro de la igualdad, sobre todo en el mundo anglosajón. En España, a finales del siglo XIX e inicios del XX, mujeres como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Federica Montseny o Clara Campoamor, entre otras, reivindicarán la igualdad entre hombres y mujeres. No resultará fácil pero van abriendo camino. Estas mujeres son las más conocidas, otras pasaron al olvido automáticamente. Digamos que fueron intelectualmente borradas antes de morir.

¿Cómo estaba el derecho al voto en otros países? En Estados Unidos, a partir de 1861, todos los varones tienen derecho a votar, la mujer no lo conseguirá hasta 1920. En el Reino Unido, la lucha por dicho derecho se inicia en 1792, potestad que no tendrán hasta 1918 y solo las mujeres mayores de 30 años; finalmente ese derecho será realidad, para todas las mujeres inglesas, en 1926. Largo recorrido en el tiempo.

España no queda lejos de las anteriores fechas, aunque empiece la movida más tarde. En 1931 se reconocerá el derecho al voto, situación que vuelve a cambiar tras la guerra civil, quedando de nuevo sometidas al marido en lo civil y en lo social. Habrá que esperar al Referéndum de 1976 y a las elecciones de 1977 para que se recuperen los derechos perdidos.

A título informativo hago un repaso de diversos hitos indicativos en lo referente a algunos momentos importantes desde 1850, donde la educación es básica para la igualdad. María de Maeztu pleitea para que la mujer acceda a la universidad.

Con respecto a la educación, en 1857 aparece la primera Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano). El analfabetismo campa a sus anchas. ¿Estudiar? Al final de la corrida parte del pueblo se conforma con saber firmar y algo de cuentas. Desde entonces a hoy la cantidad de “leyes de partido” que se han derogado por aquello de “quítate tú para que me ponga yo” son múltiples. Hablaremos cuando salga la siguiente.

Se funda la Institución Libre de Enseñanza (1876) por un grupo de catedráticos que por defender la libertad de enseñanza, la renovación educativa, cultural y social y con el deseo de modernizar la sociedad y dar entrada a las mujeres, su osadía los separará de la Universidad. Desde 1876 hasta la guerra civil, será clave para la culturización española.

Durante 1920 continúa dicha transformación. La España del momento se polariza entre un campesinado analfabeto y supersticioso y una burguesía que busca modernizar el país. En 1931 se proclama la Segunda República y crean las “Misiones Pedagógicas”, proyecto de culturización del pueblo analfabeto. Los “misioneros” son intelectuales del momento (maestros, estudiantes, profesores). Tales Misiones fueron desmanteladas al final de la “guerra incivil”.

La postguerra está sobrecargada de penuria, cartillas de racionamiento, exilio, miedo para unos, silencio para otros. A partir de los años sesenta la emigración será una salida. Poco a poco se va abriendo el telón. La Transición marca un renacer y la integración en Europa deja paso a estabilidad política y a un lento crecimiento.

¿Cómo está el panorama actualmente? Estamos entre dos bandos evidentes. Feminismo contra machismo: ¿¡muera el machismo, viva el feminismo!? En este frente se pelea a brazo partido. El extremismo nos llevará a un fanatismo donde cada cual justificará sus contradicciones.

Y la normalidad entre un sexo y el otro ¿para cuándo? Siguen dándose situaciones de opresión, de abuso… ¿Cuándo entraremos en una situación normal? Temo que si no rompemos la convivencia por un lado lo haremos por otro. Aumentan las manadas: ¿están de moda? Aumentan los abusos sexuales. Mal camino.

Un comentario que es de justicia. El conjunto de mujeres que saltaron a la arena durante los siglos XIX y XX eran de casa bien, con cultura, con arrojo para apoyar los derechos de la mujer. Lógicamente su pátina cultural y su estatus social juegan un papel básico. Los hombres, antes y ahora, también hemos arrimado el hombro.

Mis recuerdos resbalan hacia las sufridas mujeres del pueblo, sin cultura (muchas no sabían leer ni escribir), trabajando de lo que sea (aceituna, vendimia, blanqueo, fregar casas y el hogar). Su vida era dura, pero se enfrentaban a la realidad luchando por su propia dignidad. Gracias a todas ellas. Dejo el tema “mujeres” para más adelante.

PEPE CANTILLO
  • 14.8.19
Es recomendable que los autónomos y las pequeñas y medianas empresas (pymes) muestren su compromiso con la Agenda 2030 y con el impulso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y pueden hacerlo a través de sus páginas web, de sus redes sociales, en la misma memoria de sostenibilidad o de cualquier otra forma que visibilice este importante paso.



Una vez que el autónomo o la pyme se ha comprometido con la Agenda 2030, es momento de pasar a la acción. Y el primer paso debe ser identificar en cuál o cuáles de los 17 ODS puede contribuir como autónomo o pyme y, también, tratar de identificar aquellas oportunidades de negocio que pueden existir.

Esto dependerá, principalmente, del sector al que pertenezcan. Así, una empresa del sector de la construcción podrá contribuir en mayor grado al Objetivo 9 de Industria, Innovación o Infraestructuras, mientras que un autónomo o una empresa del sector agroalimentario estarán más relacionados con el Objetivo 12 de Producción y consumo responsable. Sin embargo, hay ODS –como el 5, en materia de Igualdad de género, o el 8, sobre Trabajo decente y crecimiento económico– sobre los que todas los autónomos y las pymes tienen capacidad de acción.

Es importante que todos los empleados conozcan también la Agenda 2030 y de qué manera pueden contribuir con su trabajo. Para ello es recomendable realizar acciones de formación sobre los ODS. Además, para expandir el mensaje, también es importante sensibilizar a otros grupos de interés, como clientes o proveedores. Algunas medidas que se pueden llevar a cabo son:

1) Píldoras y vídeos sobre la Agenda 2030 en general y concretos sobre algunas temáticas: Reciclaje (Objetivo 12), Ahorro energético (Objetivo 7), Igualdad de género (Objetivo 5), Salud y Bienestar en la empresa (Objetivo 3) Cambio Climático (Objetivo 13) o Personas con discapacidad (Objetivo 10).

2) Talleres prácticos sobre la Agenda 2030 para que cada empleado de la empresa entienda las implicaciones de su trabajo en los ODS.

3) Acciones clave para desarrollar los denominados "días D". Los "días D" son los días internacionales que conmemora Naciones Unidas y que pueden consultarse aquí. Por ejemplo, el 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente o el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer. En estos días se pueden realizar campañas de comunicación y/o acciones de voluntariado sobre la temática que se conmemore.

4) Sensibilización a clientes a través de los productos y servicios  que preste el autónomo o la pyme. Por ejemplo, si se dedica al ámbito de la alimentación, se puede incorporar información sobre la Agenda 2030 en productos o, en el caso de establecimientos comerciales, colgando carteles o posters sobre los ODS.

También cabe la posibilidad de adherirse a una iniciativa que ayude a avanzar y acredite el compromiso del autónomo o de la empresa con la salud, el bienestar y la conciliación de su activo más importante: las personas.

El último paso consiste en comunicar el trabajo que el autónomo o la pyme realizan. El medio más utilizado por las empresas es la Memoria de Sostenibilidad, donde ha de reflejarse el compromiso general y la estrategia que se lleva a cabo en la empresa para contribuir a los ODS. En el caso de no contar con una memoria, se pueden utilizar otros medios, como la página web corporativa o declaraciones en redes sociales o en medios de comunicación.

Un ejemplo de la importancia de los autónomos y de las pymes en el proceso de cambio de modelo económico y de adaptación a los ODS es España, que es un referente de buenas prácticas en el ámbito de la cooperación internacional y que puede servir como estímulo para otros países. Y es que no hay que olvidar que, en la mayoría de los países, la base de la economía son los pequeños emprendedores que favorecen la generación de empleo y renta.

En Madrid, Cristina Gallach Figueres, Alta Comisionada de España encargada de coordinar la implementación de los ODS, recibió a la secretaria general de la Unión de Autónomos y Emprendedores de España (UATAE), María José Landaburu, junto con el secretario general de UATAE Andalucía, Pepe Galván, para dialogar y establecer las pautas para la estrategia de la localización de los ODS por parte de los autónomos en todo el territorio.

Este colectivo representa en España la más sólida base del tejido social y productivo, que precisa de apoyo de las autoridades centrales y de las Comunidades y municipios, para poder mantener las actuales actividades productivas y generar las condiciones para aumentar las actividades económicas en el medio rural, principalmente entre jóvenes y mujeres.

La implementación de los programas europeos en los municipios de Andalucía, de los fondos Feder, a través del Programa Edusi, posibilitará a ciudades como Mairena del Alcor, Carmona, Montilla o Sanlúcar de Barrameda, por citar solo algunos ejemplos, llevar a cabo intervenciones para fortalecer el tejido productivo, mediante la creación de emprendimientos, startups, atracción de inversiones y otras acciones de visibilidad y de relación en pequeñas y medianas ciudades.

SANTIAGO MARTÍN GALLO
  • 13.8.19
Hace unos días se produjo, desgraciadamente, la enésima matanza de ciudadanos inocentes en Estados Unidos a manos de un fanático descerebrado que, ejerciendo un controvertido derecho existente en aquel país a poseer armas de fuego, la emprende a tiros contra cualquiera que considere objetivo potencial de sus manías. Es, por tanto, el autor de tales crímenes el único culpable de unos hechos que horrorizan a personas dentro y fuera de Estados Unidos.



Y es que asesinar por las buenas –o por las malas, da igual– a clientes de un supermercado en la ciudad de El Paso (Texas), disparando contra la multitud con un arma semiautomática que deja un reguero de más de 20 personas muertas y decenas de heridos, es un crimen del que sólo cabe culpabilizar al que empuña el arma.

Como también lo es el autor de otra matanza en Dayton (Ohio), cometida horas después de la de Texas, en la que otro pistolero abrió fuego en el pleno centro de la ciudad contra los viandantes que andaban de copas a la una de la madrugada, provocando la muerte de, al menos, nueve de ellos y causando decenas de heridos, antes de que la policía abatiera al agresor, sólo un minuto después de comenzar la carnicería. Nadie pone en duda que ambos autores son culpables de sus fechorías asesinas. Y que merecen las consecuencias y castigos derivados de sus actos.

Pero más allá de la autoría material de los hechos, existen responsabilidades morales y políticas en quienes no impiden o, cuando menos, no dificultan que esos comportamientos criminales puedan manifestarse tan fácilmente. Porque un país, en el que comprar un rifle o una pistola es algo tan “normal” como adquirir chucherías en un quiosco, no puede limitarse a condenar sólo al que aprieta el gatillo en los crímenes que se cometen con tales armas de fuego.

Los gobernantes de ese país deberían dejar de escudarse en una mal entendida libertad para regular con el máximo rigor y mayor restricción la adquisición y tenencia de armas letales por parte de cualquier ciudadano, al que le mueve sólo el capricho de poseer un arma de fuego. Ya no se debe aguardar, si no se quiere ser cómplice involuntario, a que se cometa otra matanza de inocentes para abordar con seriedad un problema que sectores de la sociedad estadounidense y representantes políticos son reacios a reconocer y solucionar.

¿Cuántos muertos más hacen falta para admitir que la “libertad” de portar armas causa más estragos mortales entre la población que su prohibición o severa limitación? ¿De verdad sería más insegura la sociedad si careciera de “libertad” a portar armas de fuego? ¿Cuántos inocentes deberán pagar con su vida por una norma legal que ha demostrado su ineficacia para cumplir con su objetivo –la defensa personal– y constituye un peligro creciente para la seguridad del conjunto de la población?

Existen, pues, responsabilidades políticas por parte de aquellas autoridades que paralizan iniciativas tendentes a impedir la venta de armas de fuego a particulares, desoyendo los llantos y el clamor de las familias de las víctimas.

Porque por mucho poder e influencia que tenga la Asociación Nacional del Rifle (NRA en sus siglas inglesas y cuyo rostro fue Charlton Heston) y por mucha capacidad que tenga para ejercer de “lobby” de la industria de armas ligeras ante Congresistas y Senadores, es hora ya de exigir públicas responsabilidades a quienes banalizan la posesión de armas de fuego y hacen apología de las balas como instrumento de una supuesta libertad.

Libertad para matar sin que ninguna ley disuada ni obstaculice la facilidad para cometer asesinatos. ¿Qué impedimento existe para que el poder político regule este aspecto que erosiona la convivencia pacífica de la sociedad, como corresponde a su función? ¿Qué intereses tan formidables impiden una regulación legal más severa en el control de las armas de fuego?

¿Acaso la inmigración provoca más muertes que esa “libertad” de ir armado como para priorizar las leyes contra los flujos migratorios en vez de contra la adquisición y tenencia de armas? Hay, por todo ello, responsabilidades políticas por la desidia ante una lacra mortal que no se extirpa de la sociedad de Estados Unidos.

Pero también existen responsabilidades morales. Hay responsabilidades por avivar el odio y el rechazo a las minorías, especialmente la hispana, entre la población predominantemente blanca del país, por parte de sus máximos dirigentes. No son culpables de matar a nadie, pero sí de propiciar el ambiente de exclusión y hasta de miedo al diferente y de azuzar emocionalmente comportamientos xenófobos y hasta racistas en una población que no puede evitar ser plural y diversa, como es la estadounidense.

Y uno de los que debe asumir su responsabilidad moral y política es el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, quien no ha dejado de sembrar vientos en su campaña electoral y durante su mandato contra los inmigrantes, obsesionado en construir muros fronterizos y criminalizando continuamente al migrante, por lo que ahora recoge las tempestades que desatan sus mensajes supremacistas y sus iniciativas restrictivas de la inmigración por motivos raciales y religiosos.

Trump debe responsabilizarse –moral y políticamente–, al alentar el resentimiento racial, de los actos de violencia racista que han acontecido bajo su mandato, desde el de Charlosttesville (Virginia), donde la ultraderecha dejó un muerto durante un enfrentamiento con grupos antiracistas y del que culpó a ambos bandos, hasta los últimos del pasado fin de semana, uno de los cuales fue el mayor crimen racista contra hispanos en la historia reciente de Estados Unidos. Donald Trump es responsable por acción y omisión.

Por acción, al estar continuamente criminalizando al inmigrante y acusándolo de querer entrar en Estados Unidos para robar y violar, convirtiéndolo en el único culpable de todos los males que aquejan a esa sociedad. Ha sembrado odios y miedos infundados por motivos raciales y religiosos, sin más datos que confirmen sus denuncias del rechazo al inmigrante, sobre todo hispano, que su palabra y su convencimiento, como si fueran verdades reveladas.

Y lo hace cínicamente movido por la rentabilidad electoral que le proporciona blandir un supremacismo blanco y “autóctono” en una sociedad que recela de la multiculturalidad y de una globalización que obliga a competir y perder privilegios comerciales y económicos. Trump, aunque parezca lo contrario, no es tonto, pero es inmoral e indecente, hasta el punto de tener posibilidad de ser reelegido con los votos de aquella “américa profunda”, machista y racista, que teme perder su antiguo modo de vida.

Trump se ha dedicado toda la vida a agitar el miedo al inmigrante, acusándolo de ir a Estados Unidos a abusar de las ayudas sociales, quitar puestos de trabajo y aumentar la criminalidad, porque le depara votos, sin importarle que ello despertara el racismo latente y la xenofobia en una sociedad que hasta hace relativamente poco mantenía políticas de discriminación racial sobre la minoría negra de la población.

Pero también lo es por omisión, por no promover un mayor control sobre las armas de fuego en un país en el que, según un estudio del Servicio de Investigación del Congreso, de 2012, con una población de 321 millones de habitantes, posee 310 millones de armas, supuestamente para defenderse en nombre de la libertad.

Una “defensa” que, en la mayoría de los casos, se hace contra civiles desarmados e inocentes. Y en nombre de una “libertad” que ocasiona una media de 40 muertos al día, según datos de la organización Gun Violence Archive. ¿Y qué hace Trump ente este problema? No hace nada, salvo aventar el racismo, la intransigencia y el miedo entre la población.

Es verdad que la violencia por armas de fuego es crónica en Estados Unidos y no hay que endosársela al actual presidente. Viene de antiguo y obedece a circunstancias históricas que la explican, pero no la justifican. La tenencia y uso de armas está amparado por la Constitución estadounidense. Y cualquier cambio que restringa esa “libertad” es considerado una injerencia o intervencionismo del Gobierno.

Los republicanos y, por supuesto, Donald Trump defienden la consagración de esa “libertad” constitucional, según ellos necesaria para la defensa de cualquier persona. Pero, al menos, podría regularse para evitar que depare más perjuicios –mortales– que beneficios, más inseguridad que seguridad.

Es lo que procuró hacer su antecesor en la Casa Blanca, Barack Obama, quien a pesar de intentar endurecer el control de las armas de fuego, no pudo evitar que sus iniciativas fueran rechazadas por el Congreso y que todos los años de su mandato se vieran salpicados por alguna masacre con víctimas por disparos de armas en poder de particulares.

El único cambio significativo se produjo en 2007, cuando se prohibió la venta de armas a personas con trastornos mentales y antecedentes penales. Fue la mayor restricción jamás impulsada en Estados Unidos sobre la “libertad” de tener armas. Pero Trump ni eso.

Obligado por las circunstancias, Donald Trump condena ahora, por primera vez, “el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco” que han motivado la matanza de El Paso, una ciudad fronteriza con casi un 85 por ciento de población hispana. Y acude a esa ciudad a expiar su responsabilidad política y moral en un atentado de odio que el autor material del mismo ha confesado que responde “a la invasión hispana de Texas”.

Resulta un sarcasmo que el propio Trump, quien ha inoculado hasta la saciedad el miedo a la invasión para referirse a la inmigración hispana en todos sus mítines y declaraciones públicas, vaya ahora a esa ciudad a condenar el racismo y la intolerancia que él mismo promueve en la sociedad.

Y que no hace nada para atajar su manifestación más violenta, los asesinatos de inocentes, regulando un control más estricto de las armas de fuego. Así es la hipocresía del cínico que habita la Casa Blanca. Siembra vientos de odio, pero esquiva recoger las tempestades de violencia racista. Y, así, hasta la siguiente matanza.

DANIEL GUERRERO
  • 11.8.19
Quienes visiten por estas fechas Madrid, y vayan con tiempo suficiente, les aconsejaría que se acercaran al Museo del Prado, dado que hasta el 29 de septiembre hay una magnífica exposición que lleva por título Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines.



Pero no voy a hablar de esta exposición, sino de la coincidencia que existe entre la temática común que se busca en estos tres genios de la pintura y la dirección de una tesis doctoral de la que se me ha solicitado la orientación y que tiene como tema el autorretrato dentro de la pintura estudiado desde la perspectiva psicológica. Es decir, ser capaces de comprender cómo se ven a sí mismos algunos grandes artistas en distintos momentos de sus vidas.

Hemos de tener en cuenta que la autoimagen, es decir, la idea que proyectamos hacia los demás de nosotros mismos se remonta varios siglos atrás, especialmente, a partir del Renacimiento. En nuestro tiempo, en el que estamos saturados de fotografías y de selfies, pareciera que hubiera perdido interés; sin embargo, no es lo mismo la fotografía, con todas sus manipulaciones posibles, que la pintura o del dibujo, en los que, curiosamente, hay más sinceridad que en las estudiadas poses con las que nos mostramos.

Dado que me parece de gran interés abordar esta temática, quisiera comenzar por uno de los pintores que estuvo haciéndose retratos con sus pinceles en los últimos años de su tortuosa vida. Me refiero a uno de los más conocidos internacionalmente: Vincent van Gogh, ya que la vida y la obra del genial artista holandés suscitan gran fascinación, no solo entre los amantes del arte sino en la mayoría de la gente profana en el campo de la pintura.

Para que podamos ver el máximo número de sus autorretratos, los iré intercalando de manera cronológica en la descripción de su vida. Así, y al final de cada uno de los dos artículos, indicaré las fechas de sus realizaciones con breves apuntes acerca de los mismos.



Izquierda: 1. Autorretrato con pipa. París, primavera de 1886.
Derecha: 2. Autorretrato. París, otoño de 1886.


La vida y la obra de Vincent van Gogh, tras su muerte, ha ejercido un enorme interés a lo largo del tiempo; quizás se deba a que llevó una existencia fuera de los convencionalismos sociales, junto a la búsqueda desesperada de un motivo que le diera sentido. Además de los aspectos humanos, también sorprende el uso apasionado de los colores en sus lienzos, con trazos rápidos y violentos, por lo cual los estudiosos sitúan su obra dentro del postimpresionismo, aunque, a fin de cuentas, sus trabajos tan personales no se adscriben a una corriente pictórica determinada.

Desde el punto de vista humano, conviene recordar que nunca llegó a conocer realmente ni el amor ni la amistad, esos dos grandes motores anímicos tan necesarios para afrontar los retos de la vida, a pesar de que los buscó desesperadamente. En medio de este desierto anímico, aparece como un oasis la figura de su hermano Theo, que se volcó en su ayuda, ejerciendo de padre protector y de leal amigo. Pero, en el caso de Vincent, un buen hermano no fue suficiente para sacarle del infierno en el que le tocó vivir.

A mi modo de ver, ambos personajes, Vincent y Theo, ilustran de manera paradigmática cómo las vivencias de la infancia marcan el carácter y la trayectoria emocional de las personas, aspectos que venimos estudiando a través de los dibujos de los niños. Por otro lado, la idea de felicidad se nos antoja como objetivo casi inalcanzable cuando en los inicios de la vida se ha penetrado en las profundidades de la soledad, del miedo y de la rigidez moral por parte de los padres. Estas son razones significativas por la que realizamos un breve recorrido en su biografía, ahondando en sus rasgos psicológicos y mostrando algunos de los numerosos autorretratos que se hizo especialmente en sus últimos años.



Izquierda: 3. Autorretrato con sombrero de paja. París, verano de 1887.
Derecha: 4. Autorretrato con sombrero de paja. París, verano de 1887.


Recordemos que Vincent Wilhem van Gogh, tal era su nombre completo, nació en Groot-Zundert, localidad situada el sur de los Países Bajos, el 30 de marzo de 1853. En este pueblecito, de mayoría católica, su padre ejercía como pastor protestante de la pequeña parroquia de Zundert.

De su infancia hay un dato significativo que conviene tener en cuenta, dado que a esta circunstancia sus biógrafos le atribuyen el origen de su desequilibrio mental: vino al mundo exactamente un año después que el primogénito de la familia, un niño que nació muerto y al que los padres habían puesto los mismos nombres que a Vincent. Ese bebé fue enterrado en el cementerio protestante que rodeaba a la capilla, el mismo lugar en el que jugó durante su primera infancia.

Este hecho, a todas luces, lo marcó profundamente. Desde nuestra perspectiva, no se acaba de comprender cómo a unos padres se les ocurre ponerle el mismo nombre de un niño fallecido, sabiendo que iba a contemplarlo enterrado todos los días y con su propio nombre impreso en una lápida mortuoria, recordándole su propia muerte.

En este clima de rigor familiar Vincent fue creciendo, al tiempo que la familia iba incrementándose, ya que tuvo otros cinco hermanos: dos varones y tres chicas, aunque solo con Theo, dos años menor que él, mantuvo una relación de camaradería, tal como se refleja en la correspondencia que ambos hermanos sostuvieron durante muchos años.

Como es de suponer, su vida en el seno de la familia estaba marcada por las estrictas pautas religiosas. Así, las lecturas diarias de la Biblia eran un rito que la cohesionaban. Estas lecturas crearon un fervor religioso en el pequeño Vincent, de modo que pronto le hicieron creer en la posibilidad de salvar de la pobreza a sus convecinos a través del amor y las oraciones. Y es que la enorme pobreza en la que vivían los campesinos y los mineros de la zona le empezó a angustiar desde muy temprano.



Izquierda: 5. Autorretrato. Otoño, París, 1887.
Derecha: 6. Autorretrato con sombrero de fieltro gris. Invierno, París, 1887.


Con el paso del tiempo comprobaría que con oraciones no se salía de la pobreza. No obstante, su sincera simpatía por los trabajadores que vivían de la tierra la plasmaría en las temáticas de sus primeros lienzos, en los que reflejaba la dureza de la vida de las familias más modestas de su pequeño pueblo.

Cuando cumple los 16 años, sus padres le envían a trabajar a La Haya como dependiente de la galería de arte Goupil, donde pasará tres años. Comprueba que la vida en la ciudad es muy distinta a la de su pequeño pueblo, por lo que su naturaleza retraída le aísla de una gente que tiene unas costumbres y valores muy distintos a los suyos. El carácter taciturno y huraño que durante estos años va forjándose empezaba a adueñarse de su rostro, que, como veremos, lo expresará en sus futuros autorretratos.

Cansado del trabajo en La Haya, Vincent pidió ser trasladado a la sucursal de Goupil en París, y, poco después, a la de Londres. Allí, en la gran ciudad inglesa, se enamora de una chica llamada Úrsula Loyer, hija de la patrona de la pensión en la que se aloja.

Muy pronto conoce lo que es la decepción amorosa, puesto que sus pretensiones de acercamiento son rechazadas por Úrsula. Esto le causa una profunda depresión. Busca salir de este estado de postración alejándose de quien le ha desdeñado, por lo que decide volver a París para distanciarse de la persona que le ha hundido anímicamente.

Decepcionado, decide dar un giro en su vida y encauzarla hacia la religión. Es por lo que, en 1876, y con veintitrés años, retorna al Reino Unido, pero en esta ocasión para trabajar con un pastor metodista en las afueras de Londres.



Izquierda: 7. Autorretrato (dedicado a Paul Gauguin). Arles, septiembre de 1888.
Derecha: 8. Autorretrato. Arles, noviembre-diciembre de 1888.


De nuevo, el contacto con la pobreza da lugar a que su misticismo aumente día a día. Ahora se encuentra convencido de que su vida está destinada a servir a Dios, y la mejor forma es haciéndose sacerdote como su padre.

Para lograrlo, se desplaza a Ámsterdam con el fin de realizar los estudios de Teología necesarios para alcanzar el reconocimiento como pastor protestante. Allí, sin embargo, conocerá otro de los fracasos que marcarán su vida: finalmente es suspendido por el tribunal que lo examina.

El gran desengaño que siente al ver que las puertas hacia los estudios de Teología se le cierran es el origen de que Vincent pierda la fe y empiece a enfocar su vida a través de la pintura. Se inicia, pues, con ese doble fracaso íntimo, el nuevo camino del que sería uno de los mayores pintores que ha dado el mundo del arte. Pero también el tortuoso camino hacia la locura.

* * * * *

Quisiera apuntar que los autorretratos presentados corresponden, lógicamente, a su última etapa pictórica, que es cuando comienza a plasmar su rostro en los lienzos.

1. Autorretrato con pipa. París, primavera de 1886.
2. Autorretrato. París, otoño de 1886.

El rostro retraído, distante y triste será una constante a lo largo de los muchos autorretratos que Vincent van Gogh se hizo en sus últimos cuatro años de vida. Como podemos observar en los números 1 y 2, ambos corresponden a 1886, cuando había cumplido 33 años. El primero en la primavera y el segundo en el otoño de ese mismo año. En ambos casos se muestra con abundancia de tonalidades ocres y fondos oscuros, cromatismos que evitará en los siguientes trabajos.

3. Autorretrato con sombrero de paja. París, verano de 1887.
4. Autorretrato con sombrero de paja. París, verano de 1887.

Durante su estancia en París en el verano de 1887, Vincent realizó varios autorretratos que mantienen bastante similitud entre ellos, de ahí que reciban la misma denominación. A diferencia de los realizados en el año precedente, la luminosidad se muestra al acudir al color amarillo como gran protagonista del nº 3, al tiempo que, en el nº 4, incluye un tono azul cerúleo en la camisa que porta.

5. Autorretrato. Otoño, París, 1887.
6. Autorretrato con sombrero de fieltro gris. Invierno, París, 1887.

Pasado el verano, los retratos que Van Gogh realiza de sí mismo difieren de los del tiempo veraniego. En los nº 5 y 6 lo encontramos con rostro frontal, aunque su mirada sea esquiva. En ambos casos aparece portando un sombrero de fieltro. La imagen 6 es de gran potencia, dado que desde su mirada parecen surgir rayos que se dispersan por el rostro, al tiempo que el fondo está construido con pinceladas que giran alrededor de su cabeza.

7. Autorretrato (dedicado a Paul Gauguin). Arles, septiembre de 1888.
8. Autorretrato. Arles, noviembre-diciembre de 1888.

La última etapa de su vida, tal como veremos en la siguiente entrega, Vincent la pasa en Arles, pueblo del sur francés. Es su período más fructífero desde el punto de vista de la producción pictórica, aunque el más dramático para el artista holandés.

AURELIANO SÁINZ
  • 10.8.19
Aire que entra por la mañana e invita a sabanita de algodón suave. Cielo que se resiste a abandonar el sueño de la oscuridad. Estrellas que se desperezan y desaparecen. Pajaritos que cantan a los rayos del sol dorado; murciélagos que buscan penumbras; colores que despiertan a la luz. Verde hoja, blanca pared, gris acera, marrón ladrillo y gente que anda entre bostezos que se pegan.



Autobús callado, cabeza que busca una almohada en el respaldo del duro asiento de plástico. Ojos que tratan de amoldarse a la claridad brillante de los amaneceres de verano. Ojos que miran sin ver; ojos abiertos que aún están cerrados en el sueño. Olor a café que se escapa de los pocos bares abiertos.

Autobús que se desplaza como si lo hiciera sobre una superficie pulida, sin frenazos, sin miles de paradas. Tráfico ausente y solicitudes de bajadas que apenas suenan. Somos pocos los despiertos. Ciudad libre que invita a pasear y a sentir el fresquito matutino en la piel desnuda. Pensamientos que vuelven como olas a la orilla de una cama blanca de sabanitas acariciadoras.

Se activa el cerebro para contar las horas que aún restan hasta volver al abrigo del sofá, lugar donde reposar el cansancio de la canícula. Fuera del bus, las piernas se ven obligadas a moverse, a realizar el juego de un paso tras otro. Ya todo es de color, un pato en el río pasea sobre una superficie que es un espejo en calma.

Miras alrededor y el tiempo se ha parado, La ausencia de carreras ha atrancado las manecillas del reloj. Hay que andar, pero todo invita a sentarse y a contemplar. Un instante, un solo instante de los pocos instantes que somos. Solo tiempo, no somos otra cosa. "¡Cómo pasa el tiempo!", decía la vecina. Y mi abuela siempre le contestaba: "Pasamos nosotros".

Empieza el ajetreo, las tareas, las obligaciones... Y la tranquilidad de la mañana se convierte en un sueño, en un anhelo imposible.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ
  • 6.8.19
En nuestros gustos y costumbres, sucumbimos de buen grado a lo fácil y cómodo que el mercado, siempre atento a nuestras tendencias como consumidores, nos ofrece en bandeja de manera constante. Rehuimos del esfuerzo y complicaciones, aunque sean la manera más segura de coronar nuestras metas y ambiciones (tanto de ocio como de formación o trabajo), para entregarnos a lo ligero y asequible, a sabiendas de que esa facilidad va en perjuicio precisamente de la calidad y la satisfacción duraderas, y no garantiza ningún objetivo.



Como consumistas compulsivos, valoramos más al sustituto que el original en muchos aspectos de nuestros comportamientos y apetitos cotidianos. Es por ello que preferimos hablar por el teléfono móvil antes que conversar directamente con una persona física. De hecho, es posible que constituyan una mayoría los que interrumpen una conversación para atender con entusiasmo una llamada telefónica, a la que conceden prioridad.

También, a la hora de conservar un buen estado físico, sean muchos los que se decantan por el gimnasio y sus máquinas antes que correr al aire libre por un parque o levantar mancuernas en su casa. Sin el estímulo del sudor gregario, competitivo y hasta exhibicionista del gimnasio, algunos abandonarían su preocupación por los músculos y la figura corporal. La soledad les resulta aburrida.

De igual modo, son legión los que eligen una película frente al libro del que se extrae la historia, incluso aguardan a la versión cinematográfica del mismo, a sabiendas de que el relato literario pierde riqueza, complejidad y detalles en su traducción audiovisual. Se excusan con el tópico de que una imagen vale más que mil palabras. Pero no deja de ser una consecuencia de aquellas vagancias infantiles que nos hacían adictos a las viñetas de los tebeos y reacios a los textos escritos.

Una tendencia a lo simple que, en última instancia, nos ha empujado masivamente a sustituir el whatsapp escrito y leído por el dictado y escuchado, el antiguo mensajito sin límite por el tuit de 280 caracteres, y la arcaica carta de correos por todo lo anterior. Nos hemos vuelto vulnerables –y manipulables– por lo fácil y cómodo, aunque ello nos obligue a modificar costumbres y olvidar los buenos modales. Modernos pero incívicos individualistas.

Ese afán por la copia fácil que sustituye a lo original y complicado va a peor. Lo último será, al parecer, comer carne sin que sea carne, sino un manufacturado vegetal que, aseguran, servirá para abaratar costes, disminuir sacrificios de animales y librar de complicaciones la cocina. Carne vegetal con apariencia, sabor y hasta olor de la carne original, que tanta grasa suelta, ensucia y engorda. Pero su precio, ya lo verán, será equivalente al de la carne animal, si no más caro.

Se trata de un paso más hacia ese futuro, en el que ya estamos, en que las copias y las sustituciones nos harán olvidar lo original y auténtico. Entonces tomaremos, como lo más natural del mundo, hamburguesas de carne artificial, café descafeinado, leche desnatada, sacarina, refrescos que no se extraen de ninguna fruta, vasos de cartón, cubiertos de plástico, vistamos tejidos sintéticos, nos desplacemos en patinetes eléctricos y paguemos todo ello con bitcoins o tarjetas en vez de dinero en efectivo, mientras charlamos por el móvil con ese amigo virtual que tanto nos entretiene la existencia. ¡Qué asco!

DANIEL GUERRERO
  • 4.8.19
Indagando en las numerosas líneas de diseño de las portadas de discos, inevitablemente algún día tenía que aparecer la que Robert Crumb, uno de los grandes dibujantes del cómic ‘underground’, realizó allá por el año 1968 para la de Cheap Thrills, primer álbum de la banda estadounidense Big Brothers and The Holding Company, en la que militaba por entonces la malograda Janis Joplin.



Para los amantes del rock, en este espléndido disco se encontraba la inolvidable versión de Summertime, que la desgarradora voz de Janis Joplin recreaba el aria de la ópera Porgy and Bess del compositor George Gershwin. Pero, para nuestro caso, en esta ocasión nos interesa destacar que con esta portada se habría una estética gráfica que, aunque minoritaria dentro de las miles que se han editado, no ha dejado de aparecer hasta fechas recientes.

Indudablemente, este disco es el punto de arranque para aquellos diseñadores que tomaron como referencia la idea de utilizar el dibujo de cómic, en vez de la fotografía que es el medio predominante en las portadas de los discos.

Como veremos, el propio Robert Crumb volvió a emplear sus identificables dibujos para las carátulas de otros grupos, pero sin aplicar las características viñetas que secuencian los relatos gráficos, sino utilizando el propio cuadro de la portada como si fuera una viñeta de gran tamaño.



Si uno se fija detenidamente en las viñetas que componen la portada de Cheap Thrills comprobará que, tras el título y el nombre de la banda que aparecen en la parte superior, en la primera se muestra un dibujo de Janis Joplin como si fuera la que va citando los títulos de los siete temas que componen el disco, comenzando por ‘Combination Of The Two’ y acabando en el círculo central con ‘Ball And Chain’. En las viñetas siguientes se va presentando a los miembros de la banda, cerrando con el logotipo de San Francisco (Frisco).



El grupo británico The Deviants había sacado también en el año 1968 un disco cuyo título Ptooff! era una onomatopeya, muy acorde con el estilo su líder, el cantante y también escritor Mick Farren. La actividad de la banda se desarrolla a finales de los sesenta, aunque de manera irregular van saliendo grabaciones de sus actuaciones en vivo o recopilaciones hasta que en el 2002 sacaron Dr. Crow. La portada de este primero responde a la estética que divulgó el pintor estadounidense Roy Lichtenstein cuando sus cuadros eran traslaciones de las imágenes viñetas de cómics a sus grandes lienzos.



The Mothers of Invention, la banda estadounidense liderada por Frank Zappa, hizo su aparición en 1966 con Freak Out! Su frenética actividad dio lugar a que en solo nueve años publicaran nada menos que catorce álbumes. El séptimo de ellos lleva por título Weasels Ripped My Flesh, cuya portada fue realizada por la agencia de diseño Neon Park XIII, como si fuera una gran viñeta cuadrada en la que aparece el rostro de un personaje encorbatado y sonriente, que se encuentra afeitándose con una maquinilla eléctrica convertida en una comadreja que le va dejando un sangriento rasguño en la mejilla.



La portada de uno de los mejores discos de Elton John, Goodbye Yellow Brick Road, de 1973, fue diseñada por Ian Beck. En la misma, aparece con técnica mixta (acuarela, grafitos y tintas), la figura de su protagonista penetrando por la pared, un tanto desvencijada, de un muro que le conduce a un camino de color amarillo que se cierra en el lugar de un sol rojo. Cierto que no es exactamente la viñeta de un cómic; de todos modos, la técnica empleada por Ian Beck es la misma que llevan adelante algunos autores de historietas. Como todos sabemos, este disco contiene ‘Candle in the Wind’, la inolvidable canción que Elton John cantó en el funeral de Lady Di.



El trabajo de Robert Crumb como dibujante de cómics y diseñador de portadas de discos no se acabó con Cheaps Thrills, sino que tuvo continuidad con otros trabajos, como el que realizó para el grupo estadounidense Grateful Dead para el álbum Shakedown Street, el que hace el número quince de la banda de Jerry García. Dado que es posible que para la gente más joven no conozca bien a este grupo, y puesto que soy un incondicional de “La muerte agradecida”, les recomendaría que escuchara esa maravilla que fue American Beauty. Sería un buen comienzo para penetrar en la música de los mejores años de la psicodelia.



¿Tiene sentido que uno de los grupos pioneros del movimiento punk, como fue Sex Pistols, presentara la portada de uno de sus discos con el diseño de un cómic con la estética propia de chicos y chicas adolescentes? Sí, claro, siempre que en los temas que componen el álbum se hable con una fuerte carga de ironía, tal como acontece en la canción ‘Holidays in the Sun’, que se encuentra como primero de los temas que componen Never Mind the Bollocks, su álbum emblemático del año 1977.



El nihilismo de Sex Pistols en el grupo británico The The se transforma en rabia política que se plasma en su álbum Infected. Y es que su líder Matt Johnson descarga toda su ira por el panorama que contempla en 1986, el de la salida del disco. No soporta que su país se convierta en el perrito faldero de Estados Unidos. Si a ello se le añaden sus ataques a Margaret Thatcher y la expansión del Sida, que por entonces se extendía sin control, no es de extrañar que esa rabia se exprese también en la portada, que, a modo de cómic expresionista, nos muestra el rostro de un ser torturado que quiere taparse y aislarse de la realidad con los brazos que lo rodean.



Pero si queremos encontrar el cómic más irreverente plasmado en la portada de un disco tenemos que acudir al de Joe Coleman en su álbum Infernal Machine, que publicaría en el año 1990. El propio Coleman se encargaría de pintar la insolente imagen de sí mismo, con el detallismo del Bosco y la procacidad de los expresionistas europeos como George Groz, ya que, en realidad, Joe Coleman era un artista que utilizaba pinceles de un solo cabello para lograr esos lienzos minuciosos tan admirados por Johnny Depp, Jim Jarmush, Iggy Pop o Leonardo DiCaprio.



La estética del comic de Robert Crumb, posteriormente, es retomada por el rapero, cantante, productor y actor estadounidense Calvin Cordozar Broadus Jr., alias Snoop Dogg, para su primer álbum, Doggystyle, de 1993. Tras pasar seis meses en la cárcel por posesión de cocaína, de nuevo se vio envuelto en problemas con la justicia mientras grababa Doggystyle, por la muerte de un miembro de una banda rival. Y a pesar de ser absuelto, estuvo durante tres años en procesos judiciales. Esto nos da una visión de un personaje muy conflictivo que no ha parado de grabar hasta hoy, mientras se encuentra metido en líos de modo habitual.



Avanzamos un año y nos situamos en 1994, puesto que en él aparecería Dookie, el tercer disco del grupo estadounidense Green Day, que liderado por Billie Joe Amstrong, alcanzaría a ser una de las bandas más reconocibles dentro del punk de los noventa. No es de extrañar, pues, que la portada que el dibujante Richie Bucher, con una estética de cómic ingenuo fuera rechazado por sus seguidores que no comprendían que los catorce temas fueran representados por un avión arrojando bombas en las que llevan escritas la palabra ‘dookie’.



Cerramos este recorrido por una serie de álbumes que han acudido a la estética del cómic para ubicarnos en el 2006, año en el que apareció Illinoise, del cantante folk estadounidense Sufjan Stevens. La delicadeza de Stevens, que parece un continuador de Simon & Garfunkel, contrasta con la música de los discos citados previamente, y es que con su quinto trabajo intentó hacer una especie de ópera alrededor del estado de Illinois. No es de extrañar que, escuchando su música, la portada fuera una especie de collage de cómic en el que aparecen Superman, Al Capone, un carnero y platillos volantes que sobrevuelan el perfil de la ciudad. Un maravilloso disco que supera con creces el ingenuo diseño que se nos propone en la carátula.

AURELIANO SÁINZ

DEPORTES - MONTALBÁN DIGITAL

FIRMAS
Montalbán Digital te escucha Escríbenos